(Pido al lector o lectora, a ser posible, abrir este enlace
y escuchar la música mientras se lee el artículo https://www.youtube.com/watch?v=VbxgYlcNxE8
)
Los siete pecados capitales fueron creados para que la gente
siguiese una serie de normas que nos ayudasen a todos a convivir en cierta
armonía. La vida nos iba a dar por culo a todos por igual, pero la
igualdad no es siempre justa. Quitar 100 euros a un rico no es como quitárselos
a un pobre.
El pecado de la soberbia es conocido como el pecado original
según algunas religiones, y es el peor de todos ellos, el que cometió Lucifer o
Shaitán al pensar que podía aspirar a algo más de lo que en realidad era capaz.
Un ser ambicioso que algunas religiones lo conciben como un ángel caído, y
otras como un genio en el sentido malo de la palabra. Pese a esta pequeña
diferencia, en todas las religiones monoteístas, el pecado de la soberbia es
común, y relacionado con este ser que quiso ser igual a dios. Como cuando se dice que Adán y Eva comieron del árbol del conocimiento, pudiéndose conformar con el de la vida, y cometieron así también el pecado original.
“Agradezco esta magnífica clase de teología y moral, pero
¿qué demonios tiene que ver esto con la entrada?”.
Las religiones fueron creadas en su base, a partir de una
idea primaria del hombre como es la existencia de dios. Hoy en día una persona
puede ser atea o agnóstica pero el concepto de “dios” cada uno lo conoce porque
socialmente está inculcado en nuestras diversas culturas, y así ha sido
siempre. A partir de esa idea y para mejorar la convivencia, se crearon los
valores morales y religiosos en los que se basa nuestra sociedad.
Ahora bien, y volviendo al tema principal. El pecado de la
soberbia, el motivo por el cual una persona ha de ser modesta no solo en
público y de cara a los demás, sino también en su forma de pensar y actuar. Ese
pecado gracias al cual todos somos iguales y tenemos la concepción que gozamos
de las mismas oportunidades pues como humanos somos indistintos entre nosotros.
Falso.
La desigualdad es obvia en una sociedad como la nuestra, e
incluso remontándonos años atrás, veíamos como los que promulgaban los
principios morales, eran los que más poder tenían. No eran iguales y pese a eso
daban lecciones a los demás. Como ahora los políticos, como ahora las clases
burguesas, como ahora los hijos de buenas familias que deciden ir de pobres
para dar lecciones a los que realmente son pobres.
“Aquí una canción de “Sons of Aguirre” quedaría realmente
bien”.
Pero no desesperemos, la historia de la humanidad ha estado
siempre regida por autoridades que han ejercido su poder para inclemencia del
pobre, para subyugarnos en sus valores morales y nunca llegar a ser iguales a
ellos. A esos el pecado original no se les aplica, pues ellos sí son mejores
que nosotros. A ellos simplemente se les puede suplicar clemencia y dar gracias
por respirar los humos de sus producciones industriales.
Decía Voltaire que todos los hombres son iguales entre
ellos, y la única diferencia entre ellos no está en su nacimiento, sino en su
virtud. Voltaire era un burgués que exaltó a las clases pobres con el pecado
original para que estas se revelasen contra la nobleza, y conseguir que la
burguesía lograse el poder, final obvio de la tan vanagloriada Revolución
Francesa. Murieron muchos pobres, carnaza simple para una Revolución Francesa
que suscita muchas alabanzas.
Pero algo ha pasado en medio de esta hecatombe histórica.
Una mota de luz se abrió paso en el túnel que barra el paso entre los pobres y
la libertad de un mundo desigual. La era de la comunicación nos da el mismo
acceso a ricos y pobres a la información. Y eso es lo que temen algunos, que
tratan de poner trabas a una red que no diferencia de manos desnudas sucias o nobles
y limpias, a la hora de teclear, mal que le pese a algunos.
Ciertamente cada vez hay más maneras de monitorizar a las
masas a través de internet, pero no deja de ser verdad que no existe método
alguno para controlar millones de personas, ni en las calles, ni delante de una
pantalla de ordenador.
¿Es internet el pecado original del que tanto han huido
nobles, religiosos y burgueses? Puede ser. Lo que está claro es que la igualdad
en internet es patente, y más allá de él, algún día puede que lo llegue a ser
en las calles.