En este blog hablaré de las cosas que pasan en nuestro día a día y que no nos paramos a analizar por pereza a calentarnos la cabeza en demasía y parecer gente demasiado seria.
domingo, 9 de septiembre de 2018
Se han cargado la sanidad
jueves, 9 de marzo de 2017
El sentido de la vida
Puntualizo que me parece lamentable dedicar tanto a algo que queda a una distancia bestial, para buscar vida en el universo, cuando no damos importancia a la que tenemos en la Tierra, y ya ni hablo de animales en peligro de extinción, me refiero a humanos como nosotros. En fin. La hipocresía del primer mundo. Ya hablaré más del tema cuando acabe de leer un libro que tengo a medias titulado "El hombre mojado no teme a la lluvia" que me está dejando de piedra.
Ahora os voy a contar una cosa, cambiando totalmente la dirección de la entrada, que nunca he contado a nadie, pero es cierta. De pequeño era mucho de mirar documentales, y eso llevó a que me cuestionase desde muy pronta edad cosas como el significado de la vida, cómo sería el mundo si yo no estuviese, o qué papel puede jugar una única persona en la historia del universo.
Estamos horas, días, semanas, en Facebook, chateando, dando "me gusta" a cosas que no nos gustan, mirando fotos de Instagram y dando "me gusta" a fotos que nos importan un bledo, leyendo artículos de las redes que olvidamos en segundos, preocupándonos por quien nos ha dejado de seguir, quien nos ha borrado de "amigo" de Facebook, o quien nos ha bloqueado en Whatsapp. Pensamos en una vida que no es la nuestra porque la nuestra es demasiado fría, y podemos hablar con más gente a través del móvil que en la realidad de carne y huesos, porque también es más sencillo, y te ahorras ver la cara de tu interlocutor.
Nos acostumbramos a hablar por escrito, sonreír en las fotos de las redes sociales, contar lo bien que nos lo pasamos, y esperamos que la gente se alegre por ello. Y lo compartimos porque creemos que es normal, y necesitamos ese respaldo del resto del grupo para sentirnos integrados. Todo el mundo lo hace, claro, cómo no lo íbamos a hacer.
Te sientas en una mesa, entablas conversación con un desconocido y se creen que estás loco. Claro, supongo que porque en Facebook, Twitter, Instagram o Tinder también se hace, pero como no ves los ojos de tu interlocutor mientras le hablas, no estás invadiendo su zona de seguridad.
¿Es esto evolución, o involución? No parece que nos estemos adaptando a la realidad, más bien estamos creando una realidad que nos parece más bonita cuando la verdad es que estamos huyendo de nuestros problemas para concentrarnos en algo más sencillo. Hablamos entre nosotros sin tener que ver los gestos de los demás, los imperfectos rostros, los tic, los errores dialectales... Somos conscientes que no tenemos la otra persona delante y podemos hablar de lo que se nos antoje, pero cuando tenemos delante a alguien, la cosa cambia, tenemos un humano como nosotros. Una vida.
Cuando uno conoce la importancia de su vida, pueden pasar dos cosas. La primera es que todo siga igual. La segunda es que quiera cambiar las cosas, y cuando uno quiere cambiar algo, acaba de hacer el primer paso para conseguirlo.
jueves, 26 de enero de 2017
Ley de vida
sábado, 31 de diciembre de 2016
Un 2016 de tontos
Con este título no pretendo mofarme de todas aquellas personas que se despiden del 2016, un número, una cifra. Sí, podría hacerlo, ¿pero no sería eso ensañarse con una parte desprotegida de la sociedad, un eslabón vulnerable de mentes inconscientes sin sentido que se dedican a dar un cuidado humano a una simple cifra? Pobres.
Cosas que he aprendido del 2017:
- Todos somos humanos, seas rico, pobre, tengas 8 carreras, o solo la ESO, todos podemos tener buenas ideas, y es preciso saber poner las diferencias a un lado para escuchar a los demás como iguales que somos.
- Las cosas mejor decirlas a la cara, de forma directa y cuanto antes posible. Si la cagas, te ahorras tiempo y angustias, si no la cagas, aprovechas más el tiempo.
- Por mucho que te esfuerces en las cosas, a veces no hay esfuerzo que valga, y puede que ni valga el esfuerzo. Pero eso es algo que no sabrás hasta que lo hayas intentado porque el futuro no lo sabemos (a no ser que seas Sandro Rey y te dediques a estafar octogenarias por TV).
- Cuando pareces tonto, la gente se sorprende de que despuntes en algo. Cuando saben que no eres tonto pero lo parece, te intentan dar lecciones para poder compartir tu éxito. Cuando no creen que seas tonto ni que lo parezcas, trabajarán contigo de igual a igual y el éxito será realmente compartido.
Porque si algo me ha enseñado el 2016 es que, cuando empiezas algo diferente al resto de cosas que se han hecho, te llaman loco, y muy amablemente te invitan a dejarlo estar y a centrarte en algo más productivo y pragmático que te de de comer mañana. Como si mañana solo nos dedicásemos a comer y nuestros sueños, esperanza y emociones no fuesen más que una capa de pintura de nuestra vida.
Cuando has empezado y te faltan muchas horas de trabajo, te observarán y pensarán que no lo lograrás, que ya has llegado muy lejos, y que si fuese tan fácil, otra persona lo habría hecho.
Y en el momento de acabar, es cuando te dicen el típico "ya lo sabía que lo lograrías", "suerte que seguiste mis consejos" o "sabes que sin mí no lo hubieses logrado". Pero eso ya dará igual, porque lo habréis logrado.
PD: Y a todo esto Omar, ¿de verdad no cambiarías nada de este año?
Sinceramente, querida cursiva, no cambiaría ni un ápice. No me arrepiento de nada.
jueves, 24 de noviembre de 2016
¿Qué es la felicidad?
"O así sería si no fuese porque la sociedad en la que vivimos nos vende un modelo de felicidad irrealizable que nos obliga a ser infelices por siempre dado que todo acaba siendo artificial y de eso no nos damos cuenta hasta que comprendemos el verdadero valor de las cosas que nos rodea, y entendemos qué sería del mundo si nosotros no estuviésemos en él".
jueves, 13 de octubre de 2016
Internet, el pecado original
jueves, 31 de marzo de 2016
¿Por qué vale la pena?
miércoles, 25 de noviembre de 2015
El destino y cuándo Dios te guiña el ojo
¡Hola! ¿Qué tal? ¿Todo bien? Yo genial, gracias.
Hoy hablaré de cosas no relacionadas con la política, e intentaré filosofar sobre las reglas universales, la suerte, etc. Este tema es algo que siempre ha rondado en mi cabeza y nunca he contado todo lo que he experimentado con ello pese a que podría explicar muchas cosas. Quizás alguna vez he explicado algo a algún ente de sexo femenino en pleno cortejo con mal final, pero vamos, como el que habla con las paredes.
“Menudo loser LOL OMG LMFAO”.
El caso es que no creo en un destino predeterminado, pero no puedo evitar sentirme afortunado con mi vida, y suelo relacionar mis logros con la casualidad y la suerte. No es que me infravalore, pero he vivido ciertas experiencias tan raras que te planteas si tantas casualidades en una misma vida son posibles (lo estoy releyendo y suena raro de cojones).
Un ejemplo es haber entrado en la carrera de enfermería con la nota de corte de la promoción (es decir, la nota mínima que se pidió), después de decidir que quizás no era lo mío, y habiendo pasado un año sabático tras no haber entrado al primer intento. Otro ejemplo es no haber repetido nunca una asignatura pese a haberme presentado a más de 20 recuperaciones en toda mi vida. Otro ejemplo es que cambien los parámetros del examen por una incidencia aliena a mí, y acabar aprobando por la mínima gracias a ello y de forma totalmente rocambolesca. O como la vez que fui escogido "hereu" de la UdG (un concurso de popularidad por así decirlo) por un punto de las bases del concurso. O la vez que...
"VALE, VALE, CREO QUE HA QUEDADO CLARO, ERES UN TÍO CON SUERTE".
Mi vida está totalmente llena de casualidades de ese tipo y a veces son tan raras que me asusto. Seguramente alguien que me conozca y esté leyendo esto, igual ha vivido alguna experiencia casual de estas que me pasan.
Muchas veces me he planteado que a todo el mundo le pasan cosas de este calibre, y tan frecuentemente como a mí. Y no. Se ve que soy muy suertudo, hay algún ente sobrenatural controlando mis acciones, un genio maligno tiene un plan para mí, o igual soy un gilipollas que presta demasiada atención a las casualidades.
“Yo apuesto por la última opción”.
El caso es que, la misma chica a quien se lo comenté, me dijo que no habían casualidades y que lo que conseguía era por méritos propios. Supongo que es la típica frase que dice alguien que no cree en las casualidades y que todo lo que consigue lo hace con esfuerzo y sacrificio. Algo así como estar contento porque te ha tocado la lotería, pero pensar que te lo mereces por haber invertido 20 euros.
Contada toda la historia, os voy a explicar mi versión. Una vez mi padre me contó que en esta vida hay que ser positivo para que las cosas vayan bien, y no lo entendí hasta que lo medité con profundidad. Se refería al positivismo. El hecho de ver las cosas positivas por encima de las negativas, prestar atención a las cosas buenas por encima de las malas y pensar que todo lo malo puede mejorar y que somos afortunados. Esa es la clave para que las cosas vayan bien.
Pensadlo. ¿Quién es más feliz, alguien que piensa que todo le va a ir mal y que se merece lo que tiene porque se lo ha ganado con mucho esfuerzo, o alguien que cree que todo irá bien y que más que esforzarse y sacrificarse, lo suyo es divertirse con lo que se hace y que pase a ser un buen recuerdo?
En definitiva. No estamos predestinados. No hay nadie tocado con una varita ni guiado por los ángeles. Solo hay diferentes realidades y formas de mirar nuestras propias vidas. Recordad que la realidad es relativa y que nuestras mejores memorias se crean a base de emociones positivas. Suena muy metafísico, pero es más bien algo psicológico. Aunque tu vida sea basura para ti, será impresionante para otra persona en la otra punta del mundo, y eso ya de por sí es motivo suficiente para no despreciar los detalles increiblemente casuales de nuestra vida y sentirnos afortunados por ello.



















