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jueves, 24 de noviembre de 2016

¿Qué es la felicidad?


Decía Béquer, “¿Qué es poesía?, dices mientras clavas en mi pupila tu pupila azul. ¿Qué es poesía? ¿Y tú me lo preguntas? Poesía... eres tú”.

Pues lo siento Gustavo, pero no hablaré de lo que es la poesía, porque precisamente es un término ya acuñado en el diccionario, y este blog es más de prosa.

Gustavo Adolfo Bécquer: “¡Maldito seas Omar, he pactado con el diablo la venta de mi alma por tal de viajar en el tiempo y saber qué opina alguien de tu calibre, sobre mi poesía!”

Sorry Gus.

Hoy voy a explicar de forma larga y extensa lo que es la felicidad. Y me he documentado mirando una película como “En busca de la felicidad” o “El Padrino” (sé que muchos pensaréis que ver El Padrino no es documentarse para hablar de la felicidad. La verdad es que, si uno ve la cara de Michael después de suceder a su padre, y matar a cierta persona, en cierto coche, con cierto estrangulamiento, se entiende todo a la perfección).

Ser feliz significa hacer algo.

Y hasta aquí el blo…

“Espera, espera, ¿ya?”.

Bueno, no creo que haga falta decir demasiado más para explicar lo que es la felicidad. Felicidad es querer y sentirse correspondido, trabajar y sentirse realizado, o incluso se puede ser feliz con simplemente una cena de familia de esas que nunca sabes cuándo va a ser la última en la que os reunáis todos y por tanto decides disfrutarla al máximo.

En definitiva, uno no puede ser feliz si no hace nada o hace lo mismo de siempre. Por eso hay gente a la que ir a trabajar le hace feliz, otra que necesita vacaciones y viajar para ser feliz, otra a la que estar en casa tranquilo, después de un día ajetreado le hace feliz… La concepción de felicidad depende de cada persona. 

A Will Smith en “En busca de la felicidad”, le hacía feliz entrar en una empresa y trabajar siendo explotado probablemente, por unos jefes autoritarios, pero consiguiendo así suficiente dinero para mantener a su hijo en unas condiciones estables. Pero para su hijo, igual que para la mayoría de niños, la felicidad es jugar. A las parejas de adolescentes les hace feliz estar con su pareja, y les da igual el resto de mundo (lo cual es bastante poco racional, pero cada uno con sus trastornos de conducta, no voy a juzgar a nadie).

Ahora bien, ¿la felicidad tiene algún tipo de sentido evolutivo que nos haga pensar que ha sido concebida para mantenernos con vida? Obviamente la infelicidad no parece la mejor manera para vivir lo suficiente para reproducirse. Aun así, pensar que Bambí no se consiguió reproducir porque vivía en un estado permanente de depresión ante el trauma de ver a su madre morir asesinada delante de él, tampoco parece muy de sentido común.

Con esta última referencia grandilocuente (me referiero a Bambi), quiero decir que, la felicidad, pese a ser importante para nosotros, no la incluye como uno de los instintos básicos de los seres vivos, como son el reproductivo, o el de supervivencia. Esto está claro a no ser que sufras alguna patología psíquica que te induzca, por ejemplo, a tener tendencias suicidas, o a la promiscuidad sin control.

"O así sería si no fuese porque la sociedad en la que vivimos nos vende un modelo de felicidad irrealizable que nos obliga a ser infelices por siempre dado que todo acaba siendo artificial y de eso no nos damos cuenta hasta que comprendemos el verdadero valor de las cosas que nos rodea, y entendemos qué sería del mundo si nosotros no estuviésemos en él".

¿Y vosotros qué opináis? ¿Qué es la felicidad para vosotros? Comentad lo que os hace felices, si queréis, que os leeré con mucho gusto.

La semana que viene resulta que el jueves coincide con el día mundial del Sida, y mi cumpleaños (no sé por qué siempre acaban coincidiendo estas dos fechas), así que miraré de hacer algún blog especial de esos que marcan un antes y un después en la historia de la humanidad, como cuando Amstrong pisó la luna, Einstein publicó la teoría de la relatividad, o John Cobra se agitó el paquete en televisión.

miércoles, 25 de noviembre de 2015

El destino y cuándo Dios te guiña el ojo

¡Hola! ¿Qué tal? ¿Todo bien? Yo genial, gracias.

Hoy hablaré de cosas no relacionadas con la política, e intentaré filosofar sobre las reglas universales, la suerte, etc. Este tema es algo que siempre ha rondado en mi cabeza y nunca he contado todo lo que he experimentado con ello pese a que podría explicar muchas cosas. Quizás alguna vez he explicado algo a algún ente de sexo femenino en pleno cortejo con mal final, pero vamos, como el que habla con las paredes.

Menudo loser LOL OMG LMFAO”.

El caso es que no creo en un destino predeterminado, pero no puedo evitar sentirme afortunado con mi vida, y suelo relacionar mis logros con la casualidad y la suerte. No es que me infravalore, pero he vivido ciertas experiencias tan raras que te planteas si tantas casualidades en una misma vida son posibles (lo estoy releyendo y suena raro de cojones).

Un ejemplo es haber entrado en la carrera de enfermería con la nota de corte de la promoción (es decir, la nota mínima que se pidió), después de decidir que quizás no era lo mío, y habiendo pasado un año sabático tras no haber entrado al primer intento. Otro ejemplo es no haber repetido nunca una asignatura pese a haberme presentado a más de 20 recuperaciones en toda mi vida. Otro ejemplo es que cambien los parámetros del examen por una incidencia aliena a mí, y acabar aprobando por la mínima gracias a ello y de forma totalmente rocambolesca. O como la vez que fui escogido "hereu" de la UdG (un concurso de popularidad por así decirlo) por un punto de las bases del concurso. O la vez que...

"VALE, VALE, CREO QUE HA QUEDADO CLARO, ERES UN TÍO CON SUERTE".

Mi vida está totalmente llena de casualidades de ese tipo y a veces son tan raras que me asusto. Seguramente alguien que me conozca y esté leyendo esto, igual ha vivido alguna experiencia casual de estas que me pasan.

Muchas veces me he planteado que a todo el mundo le pasan cosas de este calibre, y tan frecuentemente como a mí. Y no. Se ve que soy muy suertudo, hay algún ente sobrenatural controlando mis acciones, un genio maligno tiene un plan para mí, o igual soy un gilipollas que presta demasiada atención a las casualidades.

Yo apuesto por la última opción”.

El caso es que, la misma chica a quien se lo comenté, me dijo que no habían casualidades y que lo que conseguía era por méritos propios. Supongo que es la típica frase que dice alguien que no cree en las casualidades y que todo lo que consigue lo hace con esfuerzo y sacrificio. Algo así como estar contento porque te ha tocado la lotería, pero pensar que te lo mereces por haber invertido 20 euros.

Contada toda la historia, os voy a explicar mi versión. Una vez mi padre me contó que en esta vida hay que ser positivo para que las cosas vayan bien, y no lo entendí hasta que lo medité con profundidad. Se refería al positivismo. El hecho de ver las cosas positivas por encima de las negativas, prestar atención a las cosas buenas por encima de las malas y pensar que todo lo malo puede mejorar y que somos afortunados. Esa es la clave para que las cosas vayan bien.

Pensadlo. ¿Quién es más feliz, alguien que piensa que todo le va a ir mal y que se merece lo que tiene porque se lo ha ganado con mucho esfuerzo, o alguien que cree que todo irá bien y que más que esforzarse y sacrificarse, lo suyo es divertirse con lo que se hace y que pase a ser un buen recuerdo?

En definitiva. No estamos predestinados. No hay nadie tocado con una varita ni guiado por los ángeles. Solo hay diferentes realidades y formas de mirar nuestras propias vidas. Recordad que la realidad es relativa y que nuestras mejores memorias se crean a base de emociones positivas. Suena muy metafísico, pero es más bien algo psicológico. Aunque tu vida sea basura para ti, será impresionante para otra persona en la otra punta del mundo, y eso ya de por sí es motivo suficiente para no despreciar los detalles increiblemente casuales de nuestra vida y sentirnos afortunados por ello.