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martes, 10 de diciembre de 2019

Entrada de respuesta: “podrías hablar de Dios”. PUES CLARO


Estaba yo haciendo mi aburrida y monótona vida tranquilo, fracasando como siempre y trabajando como nunca, y ya me había olvidado que yo, en algún pasaje de mi vida, escribía algo más que prácticas para la Universidad (donde ahora compagino mi trabajo en el hospital de enfermero, con la carrera de Ciencias políticas y de la Administración).

Bueno. Pues eso que desayuno, y yo que soy un reloj. A los pocos minutos viene el apretón que limpia mi intestino grueso haciendo de mi vida intestinal una de las más saludables que conozco. Y mientras lo hago cada día, pues reviso el correo. En esas que veo un mail del blog. Un comentario de una lectora antigua, que en su día (18 de septiembre del 2017) me pidió que, por favor, hablase sobre Dios.


Bueno, para qué nos vamos a engañar. Sudé de la muchacha. Siempre he sido muy déspota con mis lectores. De hecho, en mi libro, que encontraréis en Amazona muy buen precio (aquí dejo el link), insulto a quien lo lee. Y mirándolo bien, me pagan por insultar al lector. La vida puede ser maravillosa.

Dicho esto, la insistente lectora, esta semana me mandaba otro comentario, DOS AÑOS DESPUÉS, para preguntarme sobre Dios. Como con rintintín, ¿sabéis?

“Amy None 8 de diciembre de 2019, 21:06
Quizá tardas otro año en leerlo pero para cuando sea,me gustaría conocer tu opinión, así que por favor??”

Se refiere a mi opinión sobre Dios.



Bueno. Vamos a ver. Ejem. ¿Qué diantres lleva a una persona, dos años y dos meses después, a acordarse de que un tonto que escribe en un blog, no le contestó una pregunta? Parad un momento a imaginar la paciencia de Amy esperando dos años y dos meses a que yo, un tío que, siendo realistas, me olvidé hasta de que tengo un blog, le responda una pregunta de un tema que no interesa a nadie en un blog que tenía una media de 100 lecturas por entrada, y eran entradas de “uy voy a ver esto, mucho texto, me voy”; y ella esperando pacientemente a que yo le responda algún día de estos, cuando si eso tenga tiempo.

No voy a regodearme en el tiempo que llevas esperando mi respuesta, estimada Amy. Creo que mereces una respuesta clara y concisa sobre qué opino yo de Dios, y te la daré. No sin antes explicarte que mira, la vida en ocasiones nos deja muchas preguntas sin contestar. Como, por ejemplo, por qué mi ex me dejó, por qué alguien abandonó la perra que adopté siendo la mejor perra del planeta, por qué hay gente que me odia, siendo yo el tipo más simpático, guapo, y modesto del planeta, o por qué existe el derecho si es más fácil matarnos a machetazos por la calle.
Preguntas sin respuesta.



Dicho esto, querida Amy, te respondo. No creo realmente que sea importante lo que yo opine de Dios, sino que es más importante lo que opine esta entidad sobre mí. Seguro que de existir y tener capacidad de percibir algo, se está descojonando viendo cómo mi vida va de mal en peor. Pero bueno. Qué puedes esperar de un ente que permite que muera gente de enfermedades crueles, que haya guerras injustas, hambre, destrucción de la naturaleza, y pobreza.  Ojo, no digo que no exista, que puede existir o no existir. Eso se lo dejo a los teóricos de la física que indagan en el origen de la existencia energética de todo. Solo digo que, de existir algo que pueda ser considerado como creador del todo, seria raro que le importase lo que hagas o dejes de hacer en tu día a día.

Por otro lado, las religiones fundamentadas en la creencia de un Dios con atributos humanos, simplemente tienen su sentido en un estado preconstitucional que no tiene apenas seguridad jurídica, y, por lo tanto, necesitadas de un marco legal, se inventaron un marco ético a partir de reflexiones morales que permitiesen a sus “fieles” cumplir con los ideales sociales de la época. Que igual, en algunas ocasiones han quedado algo desfasados, pero ahí también reside en la actualidad la cultura de las sociedades diversas que componen nuestra realidad, es decir, que cuando acaba de tener sentido ético la religión como norma social, pues es cuando se acepta o no, como norma cultural para formar parte de un colectivo.



No sé si te he contestado, apreciada Amy. Espero que sí. Y gracias por insistir y acordarte del Blog más que el propio autor. 

jueves, 17 de agosto de 2017

¡He venido aquí a hablar de mi libro!

Hace quizás un año y algo, que publiqué una entrada en la que comentaba mi intención de escribir un libro. Pues bien, ese que había empezado a escribir entonces, lo dejé colgado a la espera de inspirarme algún día lo suficiente como para poder tirarlo adelante.


Pues bien, hace un par de semanas acabé de escribir (¡AL FIN!), mi primer libro. Tiene apenas 150 páginas de texto, y tengo pensado añadirle ilustraciones, pero texto, lo que es texto, ya está, y después de leerlo para corregir fallos, estoy bastante satisfecho. Tiene todo, absolutamente todo, mi estilo de escribir, y es como leer un blog, pero sin memes, sin lloriqueos, y con un tema que engloba bastantes cosas.

No es de ficción. Bueno, sí, una parte sí, pero el resto es de observaciones, anécdotas, información de cultura general que no nos queda lejos a nadie, y todo en un mix, mezclado con mi característica simpatía (huehe).


Espero poderlo publicar antes que se acabe el año. Una vez corregido, tengo pensado añadirle ilustraciones hechas por mí mismo, y después pensaré en las diferentes opciones de publicar que tengo. Las hay en papel, y en formato libro electrónico, y claro, siendo el primero y previendo que tampoco creo que me den el premio Nobel por él (creo, pero vamos, que igual se animan y me lo dan), hay que ver en qué medio puede estar mejor.

No os preocupéis por la falta de información. La mayor parte de la gente a quien le digo que he escrito un libro se sorprenden porque no saben de dónde he sacado el tiempo, pero es que resulta que le he dedicado muchas noches de verano, y cuando no hacía 3 páginas, hacía 14 del tirón, dependiendo de la inspiración del momento. Además, son escasas las personas que saben de qué va el libro y cuál es el objetivo final de este.


Dicho esto, muchas gracias a todos los que habéis apoyado este proyecto. Escribir es algo que me encanta, y tener un libro casi acabado es como ver la cima de una montaña que hemos intentado escalar muchísimas veces pero que jamás lo logramos, y que, pese a que pensamos que sí, algún día lo lograremos, ese día no llega porque estamos demasiado ocupados haciendo otras cosas. La pragmática vida nos engulle en su monotonía, y no, no nos podemos permitir pensar en aquella cima a la que soñamos llegar, pero quien sabe si algún día, en algún resquicio de tiempo libre, con motivación y energía logremos subir ahí. Lo que más se disfruta es el camino, y lo que más valoraremos, será el hecho de haber encontrado tantas y tantas trabas en el camino que nos han imposibilitado llegar hasta la cúspide de nuestras ilusiones.

Y me callo ya.

viernes, 4 de agosto de 2017

100 entradas, y 100 agradecimientos

Pues sí, llevamos (llevo) ya 100 entradas de blog. Hace ya dos años que empecé este proyecto, y no solo he alcanzado los dos años en Julio, sino que también las 100 entradas, y sí, me encantan los números redondos, soy así.


Pero para llegar a las 100 entradas de blog, he necesitado la ayuda de muchas personas, que, de algún modo u otro, han inspirado mi día a día y me han dado alas para seguir escribiendo las chorradas que nos han llevado a celebrar lo que en esta entrada se celebra. 100 entradas. ¿He dicho ya que esta entrada es la 100? ¡Qué barbaridad!


Empecé pensando que seguramente no le iba a dar continuidad, que eso de escribir es para otros con más conocimientos y más intelectuales que yo. Gente de esa que ha leído libros de los que, la gente como yo, consideramos “ladrillo”. Esa gente es la que suele tener un blog y lo actualizan cada mes o dos meses. La verdad, realmente no me veía capaz ni de llegar a las 20 entradas, y seguramente muchos de los que me conocéis debíais pensar lo mismo, aunque, por respeto, no lo dijerais.

Con este blog he descubierto una parte de mí que desconocía totalmente, y es que me encanta contar las cosas que me pasan. Lo que también es cierto, es que he aprendido a no contarlo todo, y a exagerar un poco las cosas. ¿He dicho “exagerar”? Quise decir “hacer mi vida más comercial”.

Entradas como la que aún es la más leída del blog “Me han roto el corazón”, “Adiós a los debates” o “Dulce Ramadán” son buen muestra de ello. Os he mostrado mi vida de una manera diferente a como realmente es. Una manera, espero, más divertida, entretenida, fácil de leer, y con humor del mío, sí, del simple.

A veces hacen falta más cosas como estas, y por eso lo he hecho tal y como es. Me refiero a que, el blog, en sí, contando las cosas como son en la realidad, pues, no sé, pero personalmente, me viene un tío a contarme su vida, cómo le han dado calabazas, cómo hace el Ramadán, o cómo ha dejado los debates universitarios, pues igual, me daría un poquitín igual, a no ser que le conozca mucho y diga “ay, pobrecillo, voy a leer su blog”, que es el caso de mucha gente que lee este blog, pero realmente, por lo que veo en la estadística, no toda.

Vivimos en un mundo con muchísima información de todo tipo, por todos lados, y sin respiro alguno. No podemos procesar, y mucho menos tenemos la capacidad de leerlo todo. Por eso, hace falta más gente que escriba de forma próxima y con un estilo cercano a las personas que lo leen. Está muy bien escribir una novela de ficción en la que desgranas todo el diccionario y describes hasta la más simple esquina con pelos y señales, pero eso hoy en día es inútil. A la gente no le importan los pequeños detalles, a la gente le importa la información que les es próxima y que les llama a reaccionar de una forma determinada. Y por eso fallan profesores, fallan escritores, fallan científicos, y en cambio, vence Playground, vence el ClickBait, y vencen los twitteros.

Iba a dar las gracias a mucha gente, pero creo que lo dejaré estar, primero, porque sería revelar quien inspira cada entrada, lo cual sería a su vez, exponer mi opinión exagerada de las cosas, y eso solo nos llevaría a equívocos.

Creo que lo dejaré en dar las gracias a los que me han seguido estos dos años, a aquellos que han leído esta entrada, o cualquiera de las que he escrito, y también a aquellas personas que empezaron en algún momento a leerme, y lo dejaron porque la vida, ¡ay la vida! Demasiada vuelta da.


Lo dicho, muchas gracias, y no os preocupéis, seguiré tocando las narices mientras me quede inspiración o acabe en la cárcel. Espero que sea la primera. 

sábado, 31 de diciembre de 2016

Un 2016 de tontos


Uy, qué rápido ha pasado el 2016, eh. hahahahahah NO.


Con este título no pretendo mofarme de todas aquellas personas que se despiden del 2016, un número, una cifra. Sí, podría hacerlo, ¿pero no sería eso ensañarse con una parte desprotegida de la sociedad, un eslabón vulnerable de mentes inconscientes sin sentido que se dedican a dar un cuidado humano a una simple cifra? Pobres.

Este ha sido en muchos sentidos un año de éxitos que quizás no pueda volver a repetir, y otros que seguro que acabaré superando. Ahora os podría hacer nuevamente la lista de logros…


“Mira Omar, yo voy dejando ya de leer esto porque me huele que…”

Pero hoy no será ese día.

Hoy quiero traeros una reflexión sobre este último año. No será la típica reflexión que hace la gente en su Facebook para ganarse unos likes y subirse la autoestima. No. Esta va más allá del bien y del mal, y sin llegar al nivel sifilítico de Nietzsche.

Este año hemos podido decir todos muchas cosas, algunas de las que nos arrepentimos, otras de las que no. Hemos podido dejar atrás muchas personas, algunas a las que echaremos de menos, otras a las que no. Y sobre todo, hemos cerrado etapas de nuestra vida, algunas que recordaremos con nostalgia, otras que recordaremos con ira desenfrenada y cuya memoria nos perturbará a media noche, levantándonos sudados y empuñando el revolver que guardamos bajo la almohada desde que Jonny murió en aquel loco accidente con los mafiosos que no debió ocurrir si hubiésemos tenido los refuerzos necesarios no.

Pero si con algo nos hemos de quedar de este año, es con esos momentos de libertad que hemos tenido en ocasiones, olvidando nuestros quehaceres. Perdón, ¿he dicho “olvidando nuestros quehaceres”? Quise decir “dejando de lado”, porque algunas cosas, por más que quieras, no te las puedes quitar de la cabeza.

Creo, sinceramente, que cuanto más tiempo pasamos solos, pensando en lo que hemos hecho, tanto lo bien hecho como lo mal hecho, al final, aprendemos más de nosotros mismos y de nuestras reacciones ante determinados estímulos. Esto último es la base del estudio experimental que es la vida para nosotros mismos.

Mucha gente os puede vender la milonga que, para conocerse a uno mismo, hay que vaciar la mente, respirar hondo incienso, y porquerías varias para sacaros dinero.


“A ver, cuéntanos, oh gurú de la vida, ¿cómo nos podemos conocer a nosotros mismos?”.

Hoy es un buen día para hacer una lista de las cosas buenas y malas, de los aciertos y los errores, y de lo que nos arrepentimos de hacer, y de lo que no hemos hecho, mes por mes. Una vez hecho eso, además de ejercitar de forma magnífica la memoria, podemos descubrir quien somos realmente a partir del comportamiento que hemos tenido durante el año. Uno puede que, ante determinadas situaciones, actúe de un modo u otro, pero en global, es imposible no comprender quien somos.

Por mi parte, veo que soy un tío obcecado, iluso, infantil, y malvado. Pero además también respeto las demás opiniones, me gusta hacer reír, y me gusta compartir la felicidad.

Este año ha estado lleno de cagadas monumentales, pero también he de reconocer que he tenido una suerte impresionante en muchas ocasiones, y en eso también influye el interés que dedicas a las cosas.

Cosas que he aprendido del 2017:

- Todos somos humanos, seas rico, pobre, tengas 8 carreras, o solo la ESO, todos podemos tener buenas ideas, y es preciso saber poner las diferencias a un lado para escuchar a los demás como iguales que somos.

- Las cosas mejor decirlas a la cara, de forma directa y cuanto antes posible. Si la cagas, te ahorras tiempo y angustias, si no la cagas, aprovechas más el tiempo. 

- Por mucho que te esfuerces en las cosas, a veces no hay esfuerzo que valga, y puede que ni valga el esfuerzo. Pero eso es algo que no sabrás hasta que lo hayas intentado porque el futuro no lo sabemos (a no ser que seas Sandro Rey y te dediques a estafar octogenarias por TV).

- Cuando pareces tonto, la gente se sorprende de que despuntes en algo. Cuando saben que no eres tonto pero lo parece, te intentan dar lecciones para poder compartir tu éxito. Cuando no creen que seas tonto ni que lo parezcas, trabajarán contigo de igual a igual y el éxito será realmente compartido. 

Porque si algo me ha enseñado el 2016 es que, cuando empiezas algo diferente al resto de cosas que se han hecho, te llaman loco, y muy amablemente te invitan a dejarlo estar y a centrarte en algo más productivo y pragmático que te de de comer mañana. Como si mañana solo nos dedicásemos a comer y nuestros sueños, esperanza y emociones no fuesen más que una capa de pintura de nuestra vida.

Cuando has empezado y te faltan muchas horas de trabajo, te observarán y pensarán que no lo lograrás, que ya has llegado muy lejos, y que si fuese tan fácil, otra persona lo habría hecho.

Y en el momento de acabar, es cuando te dicen el típico "ya lo sabía que lo lograrías", "suerte que seguiste mis consejos" o "sabes que sin mí no lo hubieses logrado".  Pero eso ya dará igual, porque lo habréis logrado.


A todo esto, solo os puedo aconsejar dos cosas para el 2017.

La primera, cagadla sin miedo, y cuando la caguéis, no os vengáis abajo.

La segunda, quered a quien quiera ser querido, y a quien no os quiera, no le queráis.


¡Y A TOPE CON EL 2017!

PD: Y a todo esto Omar, ¿de verdad no cambiarías nada de este año?

Sinceramente, querida cursiva, no cambiaría ni un ápice. No me arrepiento de nada.

miércoles, 28 de diciembre de 2016

Crónica de una mente suicida


Suena el despertador. Y, ¿para qué?

Toca levantarse, pero, ¿para qué?

El mundo sigue siendo la misma basura infecta de siempre, pase un día, otro, u otro más. Siempre el mismo martilleo, siempre la misma tortura. Todo sigue siendo un caos previsible del que no se puede escapar. ¿O sí?

Me levanto y busco las zapatillas. Un pie no entra a la primera. Buen presagio de cómo va a ir el día.
La ducha fría por el calentador estropeado, un desayuno simple, y a trabajar. La misma rutina día tras día, salvo los fines de semana. Esos se resumen en salir de la cama y volver a entrar en ella. Sin pareja, con escasa familia, y menos amigos que los dedos de una mano.

Trabajo, y cuando más trabajo, más me doy cuenta que esto no es lo mío. Papeleo, números, letras, siempre las mismas caras insípidas, siempre los mismos chistes sin gracia. Todo siempre igual.

Sales con los amigos y las fiestas ya no son lo de antes. La gente bebiendo para olvidar que la vida es aburrida y nada de lo que hacen les llena por dentro. Siempre la misma serenata triste que acompaña sus falsas sonrisas. Todo se mueve a cámara lenta mientras pierden su vida creyendo que se divierten. Todo igual.

Voy por la calle y ya no veo árboles. Veo palos donde colgarme. Ya no veo vasos de vidrio. Veo cristales para cortarme las venas. Ya no veo grandes edificios. Veo pisos desde donde saltar. 

“¡Oh, hola!”

Oigo una vocecilla.

“No soy una vocecilla, soy tu hado madrino, me llamo Omar”.

Debo estar experimentando algún tipo de trastorno que me produce alucinosis.

“No creas, ¿recuerdas el blog ese que leías cuando eras un simple estudiante y con el que te asfixiabas literalmente de la risa?”

¿Se referirá al blog ese que hablaba de sandeces cada semana escrito por un loco egocéntrico que hacía chistes malos?

“Sí, ese... Tampoco eran tan malos... Bueno, pues digamos que de tanto leer entradas acabaste afectado mentalmente, y de algún modo, te inseminaron el cerebro, hasta que nací yo”.

¿¡Me inseminaron el cerebro!? Ahora sí que alucino.

“No, ¡qué va! ¿No has visto Black Mirror? Pues algo así pero en plan cutrón”.

¿Y qué pretendes vocecilla?

“Te digo que soy tu hado madrino, si quieres imaginarme, ponme la cara de Omar, y un cuerpo de hada, con sus alas y su barita. E intenta no reír”.

Vale, ¿qué pretendes hado madrino?

“Pues evitar que te mates. Porque tu vida vale más de lo que tú crees para amargarte como lo haces”.

No me amargo yo, me amarga la vida.

“La vida es así, llena de luz, llena de color…”

¿Vas a estar ahí mucho tiempo?

“Lo justo y necesario. Cuando me necesites y para lo que me requieras. Aquí estaré para velar por ti”.

¿Entonces todo me empezará a ir bien?

“No te engañes, las cosas seguirán yendo como hasta ahora a no ser que cambies tú. Yo solo estaré para evitar que te hagas daño, porque recuerda que el peor de los enemigos habita dentro de nosotros, y si le dejamos vía libre, será cuando habremos caído en sus fauces. Y créeme, siempre nos quedan demasiadas cosas bellas por vivir, y nunca merece la pena dejar de hacerlo solo para evitarse sufrir”.

¿¡Cómo le puedes decir eso a alguien que lo ha perdido todo!?


“Precisamente porqué lo has perdido todo, es que lo tienes todo por ganar”.



--Lo sé, la foto era totalmente innecesaria--

martes, 12 de julio de 2016

Vosotros: El consultorio abierto

Hoy tengo ganas de hablar de algo muy importante para este blog, y sois vosotros. 

"Vaya, qué bonito. Me está gustando esta entrada. No la cagues"

Recibo de media casi cien lecturas por entrada, y en cambio, al margen de algún “like”, “recomendación”, algún comentario en Facebook, o algún comentario de algún colega, no interactuamos demasiado usted y yo, querida lectora o lector.

Cuando empecé a crear vídeos propios en YouTube, ahora hará 4 años, comencé haciendo vídeos disfrazado de Eduard Punset y creé el que fue “Enredados, el consultorio de Heduart Punseto”. Muy mítico, con croma, efectos especiales, música épica… Alguna colaboración con ciertos YouTubers de cierto éxito… Además, conocí a grandes amigos que aún conservo de esa época… Y por encima de todo me demostré a mí mismo que la vergüenza te impide desarrollarte como ser humano en muchas ocasiones.

Pero cosas de youtuber a parte, el objetivo de esta entrada sois vosotros, y es que de igual modo que en el blog tengo una serie de entradas que hablan sobre oriente próximo, con su orden y su idiosincrasia, quiero crear un nuevo apartado en el que vosotros sois los protagonistas.
A partir de ahora podéis mandar preguntas, comentarios o sugerencias a través del portal CuriousCat.me que además permitirá hacerlo de forma totalmente anónima.


De vez en cuando haré una entrada de blog para contestar preguntas y comentarios, da igual si son anónimos o no. Tampoco creo que haya mucho filtro, aquí todos somos mayorcitos para no empezar a llenar el espacio de preguntas y comentarios escatológicos, ofensivos o denigrantes, y si ese fuese el caso, siempre puedo hacer como Mao Zedong, es decir, fusila… censurarlo. Sí. Censurarlo. Exacto.



Y hasta aquí la breve, si buena dos veces breve, entrada de hoy. A partir de este preciso instante, este blog es algo más vuestro. 

martes, 2 de febrero de 2016

Queridos hijos...


El otro día pensaba en algo, y es que la despedida con mi padre fue simple y corta. “Cuidaros mucho” dijo. Creo que simboliza lo que mi padre fue para mi familia. Alguien que procuraba para que todo fuese bien, y bien fue siempre.

Aun así, esta última semana he estado reflexionando sobre el tema, y más allá de lo que mi padre contaba en su día a día, no plasmó lo que pensaba él en cada momento de su vida. No sé qué pasaba por la cabeza de mi padre cuando tenía mi edad, ni qué opinaba de la política de ese momento, ni tampoco cuáles eran sus sueños y aspiraciones en la vida. Incluso hoy en día, vemos por internet poca gente que lo plasme pese a que tienen la oportunidad de dejarlo para la posteridad.

A esto, hay que añadir que hace ya casi 6 meses que dejé YouTube con la pregunta de “¿cómo explicaré a mis hijos que he hecho los vídeos que he hecho para que entiendan por qué los he hecho?”.

El otro día tomé la decisión de volver a YouTube porque ya había solucionado mis dudas respecto a la justificación futura de estos vídeos. Tengo la teoría que, si algún día tengo hijos, estos entenderán los vídeos, y probablemente les acaben gustando. Como mínimo, si se parecen a mi seguro que se parten de risa.

Sí, como todos nosotros. Seguro que sí...

Detecto cierta ironía en tus palabras, Sr. Cursiva.

Aun así, creo que dejar un mensaje de tu yo joven, a tus futuros descendientes, para que, cuando ellos sean jóvenes, sepan qué piensas cuando eres joven, es una genial idea, así que ahí va.

“Queridos hijos, no sé ni cuántos seréis, ni si seréis. Pese a eso quiero deciros tres cosas que quiero que tengáis presente si algún día este blog cae en el olvido, y al buscar por internet un día lo acabáis encontrando.

La primera es que no hagáis caso a la gente imbécil. El mundo está lleno de fracasados que decidieron rendirse y hacer que los otros se rindan. Esos son los imbéciles. Los que os dirán que no podéis, cuando tienes las ganas y la ilusión para lograr algo. A esa gente lo mejor que puedes hacer es ignorarlos y seguir corriendo, avanzando hacia el mañana sin volver la vista atrás. Entonces, cuando logréis vuestro objetivo, entenderéis que, si se equivocaron una vez, se pueden equivocar el resto de veces.

La segunda es que, hagáis lo que hagáis, toméis la decisión que toméis, y aunque en ciertos momentos penséis que habéis fracasado en algo, no os arrepintáis de vuestras decisiones. Cierto es que rectificar es de sabios, pero eso no quita que de los errores se aprende, y que sin errores no aprenderíamos, ergo equivocarse está bien y por lo tanto arrepentirse de una mala decisión es erróneo. Cuando uno se equivoca ha de mirar hacia adelante, asumir su culpa y cargar con ella, y con ese peso, aprenderá una lección que le servirá para no equivocarse en el mañana.

La tercera y última. La vida puede ser maravillosa. No creo que haga falta explicarla demasiado. Hasta la rosa más hermosa tiene espinas, y no por ello deja de ser hermosa. La vida es así, con sus espinas que procuras evitar, pero en global, puede ser maravillosa. Aun así, como las rosas, para que se mantengan hermosas hay que dejarlas en el rosal. Si las cortas, dejarán de ser tan bellas como eran en su estado natural. Procura mantener una vida sana para que dure el disfrute de la vida, porque cuanto mayor seas, más apreciarás las maravillas de la vida.

Y para acabar, queridos hijos, solo deciros que, si algo no se puede ser en la vida, es pedante. La modestia es la clave para evitar hundirse al fracasar y para volverlo a intentar hasta que se consiga el objetivo. Uno no ha de presumir de lo que ha conseguido gracias al fracaso de los demás, ni tampoco de lo que ha logrado aprovechando las debilidades ajenas. Las mejores victorias se consiguen junto a tus iguales, y cuantos más ganan, más se disfruta.


Eso es todo, queridos hijos”.

miércoles, 2 de diciembre de 2015

Os presento mi libro


Hoy os voy a enseñar algo que para mí es muy importante. Nada más y nada menos que las primeras líneas del libro que llevo escribiendo desde hace unos meses. Estas líneas son simples y de hecho no explican prácticamente nada de la historia en sí, pero creo que son ilustrativas del tipo de texto que me llevo entre manos.
Sin más dilación, os dejo con él, no sin antes pedir que me dejéis vuestra más sincera opinión. Gracias.

“Las tuyas”.


(Aún no tiene título)

"Esta historia empieza donde el resto de historias acaban. Esta es la historia de alguien normal y corriente a quien le hubiese gustado vivir tranquilo y de forma pacífica, mas la vida a en ocasiones nos regala aventuras pese a no desearlas, y como dice el refrán “a caballo regalado, no le mires el dentado”. Empecemos por algo sencillo, apreciado o apreciada lector o lectora. Hagamos un pacto. Un trueque entre usted, que lee, y yo que escribo. Quisiera que si le gusta la historia aquí escrita, aprenda algo de ella. No le pido que la difunda ni que la recomiende (a no ser que le gustase en demasía, en tal caso, obviamente no le barraré el paso). Simplemente quiero que aprenda algo de ella, pues nada me haría más feliz que enseñar algo a alguien que no conozco en persona. Creo que eso sin duda sería lo mejor que usted me podría ofrecer. A cambio, yo prometo explicarle una historia jamás contada, fruto de mi aburrimiento y mi locura, mezcladas a partes iguales en un cazo cuya temperatura de ebullición se consiguió hace años. No estoy loco. Los locos son aquellos que viven influidos por unos parámetros ficticios a los que llaman cultura, y cuyas reglas banales se compaginan de forma clara con la vida y la muerte del individuo. Pero dejémonos de verborrea sin sentido y vayamos a la historia que seguramente usted debe estar deseándolo.
Toda buena historia que se precie empieza en un lugar tranquilo, donde el protagonista se halla en reposo hasta que un violento cambio de trama le obliga a demostrar sus capacidades ante los cambios que suceden en su vida. Pues bien. Esta historia, nuestra historia, empieza en una ciudad muy transitada por coches de muchos colores y tamaños, motos con 2 o 3 ruedas, y autobuses de todo tipo de longitudes. La típica urbe en la que todo funciona según lo calculado, cuyo asfalto es frío en invierno y ardiente en verano, cuyas plantas se vuelven agresivamente lascivas en primavera, e intoxican a los alérgicos, y cuya atmosfera exilió a los pájaros más sensibles hace décadas. Esa es la urbe en la que iniciamos la historia que nos atañe, apreciado lector. Llueve, llueve muchísimo. Las carreteras están llenas de agua. Las alcantarillas no dan abasto para absorber toda esa cantidad de fluidos. Además, el otoño ha hecho que los pocos árboles de nuestra urbe, hayan perdido las hojas, y estas han bloqueado las alcantarillas generando un atasco en las ya de por sí maltrechas cloacas, que se han colapsado. El pavimento es una piscina y los coches que circulan, lo hacen como en su día hizo Moisés al separar las aguas del Mar Rojo. Agua, agua y más agua. Así es imposible circular si eres peatón, a no ser que lleves contigo un buen par de botas que te alcancen las rodillas y, junto a ellas, un chubasquero que te proteja de las inclemencias del tiempo. Agua, agua y más agua. Algún inocente perdido en el desierto oró en la dirección equivocada y en lugar de llover ahí, llovió en donde el agua ya era una moda. Las farolas de las calles que aún aguantan, chispean luces inconexas como si en algún punto de sus circuitos, alguien hubiese extirpado el cable equivocado y en ellas se fuera a detonar una bomba. Los polluelos que vivían encima de más de una farola, han muerto ya abnegados por semejante turba del líquido de la vida, el mismo disolvente en el que hace miles de millones de años, las primeras proteínas formaron la vida según algunas teorías. El agua de la vida, y el agua de la muerte. Y de esa muerte, vuelve a resurgir la vida para morir y renacer.

En medio de la calle, un grupo de jóvenes embriagados por su edad, andan sin protección alguna, con sus ropajes pegados al cuerpo y mojados hasta el tuétano, pero felices y vivos como nadie en esa ciudad. Ciertamente, andar bajo la lluvia sin protegerse le confiere a uno de la capacidad de sentirse libre de todo juicio moral. Sabes que aparentas ser un loco, pero da igual. Estás vivo. Los muertos no sienten la humedad de la lluvia, igual que tampoco la siente alguien con botas, chubasquero y paraguas. Eres un homínido y te sientes como tal, en una ciudad que ha evolucionado muchísimo, en un asfalto realizado con fósiles de seres prehistóricos, y rodeado de coches cuya pieza más natural es la piel de los zapatos del que lo conduce. Nos preguntamos constantemente si somos libres, y puede que la ley nos ampare para serlo, pero jamás lo seremos tanto como alguien que pasea bajo la lluvia, sin miedo a mojarse. "

domingo, 30 de agosto de 2015

¡Me cambio de Servidor y vuelvo!


Así es. Después de un par de semanas sin escribir nada, en las que he buscado otros blogs en los que poder observar las estadísticas de visitas y poder así mejorar el contenido, he decidido que me cambio de servidor. Me paso de Hispavista (donde he empezado en el mundillo de blogguer), a Blogger de Google (donde podré controlar las estadísticas además de diversas herramientas muy útiles.
Desde el punto de vista estético, no cambia nada. Desde el punto de vista interactivo, mejora sustancialmente, pues ahora estará el blog, asociado a Google+, y eso previsiblemente generará más interacción con la gente que lee las entradas (sí es que hay alguien que las lee).
 Además, he pasado todas las entradas antiguas al blog por si a alguien le interesan, o tiene ganas de leerlas.

¡Así pues, bienvenidos (de nuevo) al blog políticamente correcto de Omar Habbab! 
"No hacía falta que volvieses..."
¡Yo también te he echado de menos, querido comentario troll!