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jueves, 31 de marzo de 2016

¿Por qué vale la pena?


Ahora mismo que estoy escribiendo esto son las 10 de la noche y lo que me pide el cuerpo es estirarme en la cama a dormir. Me he pasado todo el día haciendo cosas que debía hacer y por las cuales sé ciertamente que vale la pena luchar. He dado todo lo que he podido para lograrlo, y para lograrlo todo, y no solo gastar todo el esfuerzo en algo para abandonar otras cosas que a mi entender valen la pena también.

“Bueno, va, cuéntame algo que me interese”.

Todos hemos tenido la sensación de haber tenido un día muy largo y hemos percibido la necesidad del cuerpo de descansar. Pero al estirarnos en la cama en ocasiones acabamos leyendo o mirando el móvil cuando podríamos estar haciendo otras cosas para mejorar nuestro día a día.  Os propongo algo (sin erótico resultado).

Pensad cada noche que os tumbéis a dormir, si lo que habéis hecho ese día ha valido la pena. Pensad si repetiríais todos y cada uno de los gestos, frases y acciones, si tomaríais las mismas decisiones y si cargaríais con el peso de las responsabilidades que habéis asumido.

Pensad también en por qué habéis elegido lo que habéis elegido, y si creéis que quizás había otras opciones. Recordad los momentos que os han angustiado y si quizás era tan angustiante como en realidad lo habéis percibido en ese momento.

Luego meditad sobre los objetivos a largo término que tenéis y si lo que vais a hacer mañana es más de lo mismo. Si mañana va a valer la pena, o si vais a introducir cambios a partir de lo que habéis aprendido hoy.

Y, por último. Pensad el por qué vale la pena lo que hacéis.

“Ya está idealizando las vidas de la gente el irresponsable este…”.

Muchas veces cuando indagas en las causas que lleva a la gente a tomar la decisión de estudiar algo o trabajar de algo, acabas descubriendo que lo que realmente sueñan, sus ambiciones y sus metas no tienen nada que ver con lo que hacen en su día a día. Están centrando sus esfuerzos diarios en hacer algo sin saber por qué lo hacen.

Ojo, no digo que solo se pueda trabajar de lo que has soñado siempre. No pretendo que ahora la gente que trabaja de reponedora en el supermercado empiece a dejar sus empleos para iniciar sus carreras de futbolistas o diseñador de moda. No quisiera que el señor Mercadona o la señora Lidl me viniesen a buscar a casa para culparme de su incapacidad para encontrar mano de obra barata.

En la vida hay que tener muy claros los objetivos por los cuales nos movemos y debemos tener unas metas bien definidas. Si no, somos como un barco sin rumbo que simplemente de deja llevar por el viento, es decir, acabamos trabajando en algo que no nos gusta por un motivo que ya hemos olvidado.
 
Una vez hice un taller de autoconocimiento y al margen de las amistades que saqué de ahí, solo me dejó una cosa muy clara y no era precisamente lo que enseñaba la persona que lo dirigía.


Aunque te digan que no te conoces, si sabes qué quieres y por qué lo quieres, ya sabes quien eres. 

jueves, 5 de noviembre de 2015

Un día nuevo, una historia nueva.

Hay días en los que mejor no levantarse de la cama. Por otro lado hay días en los que parece que somos capaces de convertir en oro todo lo que tocamos. La cuestión es, ¿cómo podemos ser capaces de saber qué día será de una manera y qué día será de otra? La respuesta es sencilla e imagino que todos la conocéis. No hay manera de saberlo. De hecho esa es la gracia de vivir. Esa incógnita de no saber qué va a pasar. El principio de incertidumbre es lo que da emoción a la física cuántica. 

De pequeño me preguntaba por qué no me podían pasar todas las cosas buenas que les pasaban a los niños en la tele. Imaginaba que la vida del resto de niños era fan molona como la de los críos de las series, y que no era muy afortunado en según que cosas, pero que por otro lado, tener unos padres que te quieran y un plato caliente en la mesa no es algo que tuviese todo el mundo. De pequeño me pregunté muchas veces el por qué de estas diferencias entre lo que se ve en los medios y la realidad.

Ya de mayor veo que la sociedad, estando polarizada entre ricos y pobres, siempre tiende a confundir quién está en un polo y quién en el otro, porque nos gusta mucho ostentar poder y aparentar ser felices pese a que no lo seamos. Algo así pasa en las series de televisión, donde se magnifica la vida de la gente con problemas comunes y banales con solución. En cambio, en ocasiones en la vida no hay solución a nuestros problemas, y si educamos a nuestros hijos con una utopía televisiva de sociedad, no los preparamos precisamente para afrontar los problemas del día a día.

Pero volvamos al tema principal. Hay días en los que todo va de lujo,  y otros en los que solo falta que llueva, te pille sin paraguas y andando dirección al trabajo o a la escuela. Y un mal día no ha de hacernos infelices. Todos tenemos malos días, y todos tenemos baches en la vida. Unos más graves que otros, a unos les damos más importancia que a otros. El caso es que, si no somos capaces de entender que un día malo no existe más que en nuestra mente, y que los días buenos o malos no existen, no seremos nunca felices y nuestra felicidad se verá reducida a una realidad falaz sujeta a una versión del mundo ficticia.

Aunque las cosas te vayan mal, no es motivo para dejar de hacer las cosas que haces. Al revés. Es el momento para seguir con ello y mejorar para que todo vaya mejor.

Un día en la cama es un día perdido.


Un día malo es un día que has aprendido.

No aprender de un día malo es de fracasados.

miércoles, 14 de octubre de 2015

Que te jodan, Maslow.


Hoy me apetecía escribir algo diferente.
El otro día en clase de catalán (sí, hago catalán, concretamente me estoy sacando el nivel C2), la profesora nos contaba sobre el miedo de muchas personas a enfrentarse a una hoja en blanco. A mi me pareció curioso. Nunca me ha pasado eso de no saber qué escribir en una página en la que se supone que he de contar algo. Quizás me haya pasado algo así en algún examen, cuando he de contestar una pregunta justificada y no tengo ni idea de la respuesta, pero no he tenido nunca reparos en inventarme alguna solución al respecto.
Como ya os conté hace unas cuantas entradas ya, estoy escribiendo un libro. Pues bien. Ahora mismo lo tengo estancado. No por falta de ideas, tampoco por falta de ganas. Cuando uno es perfeccionista, tiene tendencia a hacer las cosas cuando sabe que van a salir bien. Yo soy muy dejado para algunas cosas, y muy muy muy perfeccionista para otras. Este libro es una de esas cosas que, más allá de querer que el resultado sea bueno, lo necesito.
Hablemos de la necesidad de conseguir algo. Las necesidades humanas las podríamos clasificar en la típica pirámide de Maslow y permitirnos parecer muy listos. No obstante el ser humano tiene la necesidad de sentirse realizado y en ocasiones es capaz de anteponerla al resto de necesidades que, según Maslow, son necesariamente realizables antes de autorealizarse.
-Querido Maslow. Viviste cuando comer era el objetivo del 95% del planeta. No te culpo por no saber lo que es "autorealizarse" en el siglo XXI.
Volvamos al miedo a la hoja en blanco. Igual (y digo “igual” porque aquí vierto mi opinión) el miedo a la hoja en blanco viene causado por una obvia necesidad de autorealizarse que puede ser completada al escribir esa hoja en blanco. Es quizás el miedo a sentirnos autorealizados con algo, que nos impide expresarnos en una hoja en blanco. Pudiese ser esa incapacidad del ser humano de sentir su mente como suya propia, la poca confianza en uno mismo, y el hecho de no conocernos a nosotros mismos, que nos impide coger esa hoja y llenarla de ideas.
Maslow decía que para llegar a la cúspide de la pirámide, hay que cubrir el resto de necesidades. Y yo le digo, ¡QUE TE JODAN MASLOW!
“¡Qué haces loco! ¿¡A caso no es este un blog “políticamente correcto"!? ¡Quizás un "tú no sabes nada Jon Maslow" sería más friki y por tanto más adecuado para este blog!”
¿Quién son los demás para dictarnos a nosotros qué debemos hacer, cómo debemos reaccionar y cuando debemos hablar? ¿No somos a caso dueños de nosotros mismos? ¿Es el miedo a dejar de ser nosotros mismos el que nos lleva a dejar de ser nosotros mismos? Pensad esto último. Yo llevo haciéndolo toda la semana.

domingo, 30 de agosto de 2015

Carta para mi yo del futuro

Querido Omar,
Puede que estés buscando una respuesta al por qué de tus fracasos y hayas recurrido a esta entrada de Blog en la que tu “yo” del pasado te habla, para de algún modo sentirte consolado.
Bien. Hablemos de tus fracasos a lo largo de la vida. Ciertamente has fracasado mucho. Incluso me atrevería a decir que eres de las personas que más veces ha fracasado de los de tu entorno. Si en el diccionario hubiese una foto en la definición de “fracaso” puede que los miembros de la RAE se moviesen para colar tu foto a modo de ejemplo. Desde pequeño, hasta al ser mayor, y de forma más repetida en la actualidad, los fracasos han formado parte de tu vida.
Y pese a todo esto, no eres un fracasado. Para ser un fracasado hay que rendirse al fracasar, y conformarse con un fracaso. Ese es el “fracasado”. En cambio tú has fracasado muchas veces pero has seguido adelante aunque no hayas tenido apenas posibilidades de tener éxito. Como la vez aquella que, con el hombro dislocado (el cual los médicos se sorprendieron que te hubiese durado tanto) conseguiste aprobar el examen de piscina después de aguantar 45 minutazos nadando pese a que te podrías haber esperado al curso siguiente tal y como te sugirió la profesora. O la vez aquella en la que suspendiste inglés en la selectividad y no paraste hasta conseguir el nivel FCE. O cuando tuviste que hacer un año sabático por no haber entrado en Enfermería en la primera convocatoria, y al año siguiente lograste entrar, acabaste la carrera sin que te quedase nunca ninguna asignatura y te graduaste con buena nota. O la vez aquella en la que, pese a no conseguir demasiado éxito en YouTube, hiciste el tutorial para pedir las becas, que a tantos estudiantes ha ayudado. O la vez en que te operaste el hombro y no te dejaron hacer prácticas, y después de saber cómo se sentía un estudiante discapacitado, acabaste consiguiendo que se aprobase un reglamento de evaluaciones para discapacitados en tu facultad. O la vez aquella en la que…
Me podría pasar así horas, y es que, aunque no te lo parezca, querido Omar del futuro, hemos fracasado mucho, pero para fracasar, hay que intentarlo, y no todo el mundo llega a intentar las cosas por miedo al fracaso. Tú eres un miedica. Un gato asustadizo al que no le gusta fracasar pese a que tienes tu vida llena de fracasos. Y pese a ser un cobarde, eres menos cobarde de lo que te crees, y bastante menos de lo que la gente piensa.
Puede que llegue el día en el que todo en tu vida sean victorias, y no vuelvas a fracasar. Yo, desde tu pasado, quiero que nunca llegue ese día, pues significará que tu vida se ha vuelto aburrida y monótona. Que no aprovechas las oportunidades, ni las creas. Que has dejado de creer que lo imposible es posible y que buscas tener una vida asegurada sin tener grandes sueños e ilusiones.
Seamos sinceros Omar. Fracasas constantemente, pero de vez en cuando logras cosas importantes que te deberían hacer sentir orgulloso de quien eres y confiado en que puedes conseguir lo que te propongas. Y lo más importante, si fracasas es porque lo intentas, y cuando lo intentas, ya quedas por encima de los que ni tan siquiera lo probaron.
No se trata de ser el mejor en algo pues siempre habrá alguien por encima de ti. Se trata de ser mejor que tu yo del pasado y demostrarte que por mucho que fracases, no serás un fracasado hasta que te rindas. Porque el verdadero éxito es tener el valor de hacer las cosas aunque puedas fracasar en el proceso.
Ánimo Omar del futuro, y recuerda. “Cree en ti mismo. No en mí creyendo en ti. No en ti creyendo en míCree en ti, solo por ti”.

Atentamente,

Omar del pasado.