En este blog hablaré de las cosas que pasan en nuestro día a día y que no nos paramos a analizar por pereza a calentarnos la cabeza en demasía y parecer gente demasiado seria.
Recuerdo perfectamente ese día, demasiado incluso. Cada
detalle, cada palabra, cada textura, cada color, cada esquina y cada recta. Era
12 de noviembre del 2014, y después de una formación previa a la liga de debate
de la UdG me dijeron por WhatsApp que mi padre estaba en el hospital. Fui pitando
y al llegar me senté al lado de mi padre, que estaba en una camilla en un box
de urgencias del hospital de Girona, a las 23h mientras esperaba resultados por
un dolor abdominal.
En ese momento, sentado con mi padre tumbado mirando hacia
mí, le empecé a explicar lo que había hecho ese día, como siempre hacíamos
cuando llegaba a casa de la universidad. Él me escuchaba como poca gente hace,
y me aconsejaba como nadie. Ese día escuchaba más callado intentando
entretenerse y dejar de pensar así en su dolor.
Ahí fue cuando le prometí algo que siempre pienso
cumplir pase lo que pase. Además también le dije que seguramente ganaríamos la liga de debate. Esa
cuenta ha quedado pendiente, y debo saldarla, aunque me cueste sangre, sudor, y
lágrimas.
7-12-2016
Hemos superado las eliminatorias como primeros de grupo. La
alegría es contenida. Aún nos quedan dos debates decisivos y no podemos fallar.
Además, para semis nos toca un rival durísimo que no nos lo pondrá nada fácil.
Habrá que trabajar mucho.
16-12-2016
Ayer pasamos a la gran final. No estoy nervioso. Me siento
como el león al que ponen la presa delante y se la quitan para hacerlo rabiar.
Tengo unas ganas locas de salir ahí y hacerlo bien, dejar a todo el mundo
pasmado y vencer. Tenemos un magnífico equipo, y los rivales son buenos. Pero
eso no me pone nervioso. Esta vez sí. Esta vez ganaremos. No se trata de que podamos o no podamos. Se trata de que debemos ganar. Y lo haremos.
21-12-2016
Vale, hemos ganado, pero tampoco nos pasemos. La entrada de
blog estaba quedando súper bonita y emotiva, pero vamos a bajar un poco el
nivel.
El jurado estaba comprado, habíamos puesto trampas al equipo
rival y nos copiamos totalmente la línea argumental de otros equipos (todo esto
es mentira, pero mi vileza me impide ganar algo de forma honrada, así que,
imaginad que no hemos ganado el debate de forma justa y que sigo siendo el ser
malvado que acostumbro. De hecho, pensad que iba al debate con capa y colmillos
de vampiro, por favor).
Ahora mismo, más allá del debate, tengo una sensación
curiosa. Nunca en mi vida había ganado un primer premio. Nunca había sido campeón
de nada. Es una sensación rara… ¿cómo describirla? Me siento… ¡DE PUTA MADRE!
No, ahora en serio, es un respiro. Me he quitado una espina
importante. Estoy muy y muy contento por haber podido compartir una liga de
debate con unos colegas de equipo como los que he tenido, y haber competido con
la gente con la que he competido. De hecho, esto no tendría mérito alguno si no
hubiese participado la gente que ha participado, muy grandes y con mucho valor
todos.
"¡Menudo egocéntrico estas hecho! ¡Si has ganado ha sido gracias a tu equi... espera... ¿¡qué!?"
Dicho esto, no sé qué va a ser de mí, pero algo tengo claro.
Algún día le enseñaré a mis nietos esto, y les explicaré mis peripecias entre
debate y debate, desde que empecé hace 3 años, hasta que la finalice, ya sea
hoy, mañana, o de aquí unos años. Es muy bonito esto, y lo que ha costado hace
que lo valore más ahora.
PD: Y prometo no repetirlo y regodearme en la victoria,
aunque ya sabéis que soy muy pesado (juejeje).
PD2: Hoy publico, pero es que tenía pensado subir el sábado un especial de nochebuena, y además estaba esto entre medio, así que...
Esta última semana he estado con el equipo de la
Universidad de Girona, en una competición de debate que se disputaba en
Valencia. Concretamente era el capitán, pero al fin de cuentas todos acabamos
asumiendo el rol que hacía falta cuando es necesario, y es aquí donde empieza la historia.
La Universidad de Girona llevaba dos años seguidos llegando
a las semifinales de la competición, y este año nos podíamos dar con un canto
en los dientes si repetíamos por tercera vez las semifinales. Aun así, al
principio de la competición no todo dependía de nosotros, sino que el resto de
equipos también jugaba un papel importante en esta difícil tarea.
Habíamos estado trabajando las líneas argumentales desde
febrero, y el trabajo era evidente en tanto que nunca anulamos ninguna
preparación y nos dedicamos a hincar codos desde el principio. Renunciamos a muchísimas cosas y mucho tiempo para preparar todo. No obstante,
hasta que no estás ahí, delante del público y el jurado, por mucho que prepares
algo, puede que no salga como te lo esperabas.
Habiendo perdido el primer debate os podéis imaginar que los
ánimos del equipo no fueron demasiados, pero sabíamos que por perder un debate
no quedábamos fuera. Era algo que nos podíamos permitir relativamente, y que si
ganábamos el resto de debates podíamos clasificarnos para semis. No dependíamos de nosotros solos, pero podíamos lograrlo.
Y así hicimos. Nos pusimos a trabajar duro en ello toda la
tarde, y trabajamos muchísimo todos los aspectos que habían fallado. Nos
reorganizamos y empezamos a focalizar esfuerzos donde era necesario ponerlos.
Una derrota no acabaría con nosotros.
En esta foto estamos penúltimos, pero luego la URV ganó a la URL y nos avanzó.
Habíamos trabajado mucho y ya no
llegaríamos donde queríamos. Símplemente no podíamos.
Y es aquí donde entra Sam Sagaz:
“Pero henos aquí. Igual que en las
grandes historias, las que realmente importan, llenas de oscuridad y de
constantes peligros, esas de las que no quieres saber el final por que… ¿cómo
van a acabar bien?
Pero al final todo es
pasajero, como estas sombras, incluso la oscuridad se acaba para dar paso a un
nuevo día y cuando el sol brilla, brilla más radiante aún.
Esas son las historias
que llenan el corazón, porque tienen mucho sentido, aun cuando eres demasiado
pequeño para entenderlas, pero creo, que ya lo entiendo, ahora lo entiendo, los
protagonistas de esas historias se rendirían si quisieran, pero no lo hacen, siguen
adelante, porque todos luchan por algo”.
En efecto, todos luchábamos por algo. Éramos un equipo y
equipo íbamos a acabar, así que decidimos acabar la liga de debate de forma
digna pese a no tener posibilidades de llegar a semifinales después de dos
derrotas. Pero el caprichoso destino siempre guarda una última bala en la
recámara, la que los desesperados usan para acabar con su sufrimiento y los
valientes intentan jugar a su favor.
Así pues, esa tarde nos dimos cuenta que, si ganábamos los
dos últimos debates con suficiente diferencia, por una carambola de aquellas
que solo pasan una de cada mil veces, podíamos entrar a semifinales. Esto nos
pilló cuando ya estábamos trabajando para acabar dignamente la liga, y solo
hizo que nos lo tomásemos más enserio. Obviamente éramos conscientes de la
dificultad de algo así. Era una auténtica proeza desbancar a los dos únicos
equipos que habían ganado dos debates y solo habían perdido uno, nosotros que
los dos que habíamos disputado en ese momento, los habíamos perdido. Y como
proeza que era, nosotros simples mortales, no acostumbrados a grandes ni heroicas
gestas, no sabíamos sí podríamos o no.
Y pese a esa desconfianza luchábamos por algo, algunos incluso por alguien, lo cual nos
daba fe para seguir adelante. Además, puede que no confiásemos en nosotros
mismos, pero confiábamos en nuestros compañeros de equipo, y eso es algo de lo
que siempre guardare un buen recuerdo. Un equipo unido, por mucho que pierda,
jamás será vencido.
Pero volvamos a la historia en sí. El mismo jueves teníamos
dos debates, uno por la mañana y otro por la tarde, y estábamos obligados a
ganar los dos con muy buena puntuación, y que como mínimo uno fuese por 3-0 (en
cada debate hay 3 jueces y cada juez emite un veredicto propio, así que uno de
los debates lo debíamos ganar por unanimidad de jueces).
Sí, sí era posible lograr lo que el día antes era
impensable. Del pozo miramos al cielo y pensamos “esas estrellas han de ser
mías”, y avanzamos. Toda la tarde trabajamos en mejorar los argumentos,
arreglar detalles y practicar la oratoria, corregir tics, etc. No nos dimos por
vencidos en ningún momento. Sabíamos que ganar 3-0 a la segunda mejor universidad
del grupo, que había ganado todo y que solo había perdido un debate por un
ajustado resultado, era algo muy y muy difícil, pero para nada imposible, porque
ni antes éramos tan malos, ni ahora éramos tan buenos.
Como capitán me dio la sensación que ganábamos pero que
difícilmente conseguiríamos un 3-0. Ellos eran muy buenos oradores, y eso
dificultaba más la faena de convencer al jurado que nosotros éramos mejores en
el debate. Cuán fue mi sorpresa cuando el cabeza de jueces nos dio las
puntuaciones y vi obrada la gesta. Habíamos ganado 3-0 y pasábamos a
semifinales. En ese momento mantuve la mente fría, saludé a la capitana rival,
le di la enhorabuena por el trabajo que habían hecho durante la liga, y
felicité al equipo rival por el trabajo hecho. Realmente lo hice con completa
sinceridad. Cuando pierdes, es cuando valoras el trabajo que cuesta ganar, y
cuando luego ganas, entiendes por lo que pasa el rival al perder. Es otra de
las lecciones que aprendimos en esta liga.
Al llegar donde mis compañeros, exploté en júbilo. Lo
habíamos logrado. Habíamos superado la fría y oscura noche, y el sol empezaba a
brillar. La sensación era indescriptible. Todos lo habíamos pasado mal, y en
ese momento toda la tensión de los últimos días se acabó liberando en una
explosión de felicidad. Felicidad en equipo, que se disfruta más y mejor.
Volvimos al hotel, preparamos la semifinal (que además nos
tocaba con nuestros amigos de la Universidad Jaume I a quienes mando un saludo desde aquí), y fuimos a dormir
pronto. Sabíamos que el camino había sido duro, pero que aún nos faltaba un
último paso, quizás el más duro.
Nos levantamos temprano. Era la última jornada de liga de
debate, y pasase lo que pasase, ya habíamos logrado lo imposible, aquello por
lo que cualquiera hubiese tirado la toalla. Nosotros no. Teníamos la ilusión de ver al sol brillar con más fuerza después de la noche oscura.
Sin trampa ni cartón, superamos las adversidades y lo hicimos juntos, dejando atrás los reproches y trabajando unidos, remando en una misma dirección, como en las mejores películas. Aquellas en las que salen equipos cuyos miembros son distintos entre sí pero se complementan a la perfección. Aquellas películas en las que los protagonistas fracasan pero lejos de rendirse, vuelven a intentarlo, y muchas veces pese a darlo todo, vuelven a fracasar, pero no se rinden, porque tienen las agallas para seguir luchando porque tienen un objetivo claro.
Mis 30 segundos de gloria en la entrega de premios.
Y puede que después de tomar otra vez la determinación de luchar, vuelvan a fracasar, pero lo seguirán intentando hasta agotar todas las posibilidades, esforzándose hasta el límite de sus fuerzas, hasta que finalmente logran el objetivo. Es entonces cuando miras atrás y te das cuenta que valió la pena. Todo aquello que perdiste por el camino, todo aquello que invertiste en ello, todo lo que sacrificaste y todo en lo que te apoyaste. Todo eso valió la pena porque lo has logrado, y puede que no logres lo máximo, pero si consigues superar a tu yo de ayer, ya estarás listo para mañana, poder superar a tu yo de hoy.
Porque en una competición, superas a equipos rivales (y en este caso amigos), pero el
más grande rival eres tú, y superarse a uno mismo es la mayor proeza que se
puede lograr, tanto en una liga de debate como en la vida en sí.
Pd: Otra de las cosas que he aprendido en mi paso por la liga de debate es que no es racional quejarse de los jueces, porque eso es algo que no se puede cambiar. Es como intentar mover una montaña porque te obstaculiza el paso. Lo más inteligente es rodearla, o en el caso de los jueces, cambiar tu argumento, que en definitiva es lo único que se puede hacer. Si los estudias al detalle y mejoras tu técnica y argumentación hasta la perfección, por mucha antipatía que provoques al juez, acabará aceptando tus argumentos.
Como en el fútbol, quejarse de los árbitros es poco inteligente, lo suyo es entrenar más. El resto son escusas que nos ponemos a nosotros mismos para justificar nuestra pereza o nuestra falta de motivación.