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jueves, 22 de junio de 2017

Dulce ramadán


Querida lectora o lector. Hablemos del ramadán. Ese mes en el que todo musulmán o partícipe de la cultura musulmana se dedica a no comer durante el día, para solo comer y beber durante la noche. Hablemos pues de ello, porque este fin de semana se acaba.

Yo hago el ramadán...

"¡¡¡¡OOOOOOH, NO LO SABÍA, VAYA, ¿ASÍ QUE NO PUEDES COMER DURANTE EL DÍA? ¿NI TAMPOCO BEBER? ¡VAYA, QUE BESTIA! ¡YO NO PODRÍA! ¡ADEMÁS TAMPOCO PODÉIS FUMAR NI TAMPOCO FOLL..."

...y la verdad es que lo he hecho desde hace muchos años, y la gente, como ha de ser, pregunta y hace juicios. No pasa nada. Se acepta y se tira adelante. Como cuando tus dos apellidos son iguales y te preguntan si tus padres eran hermanos. Sí, esa pregunta se hace. Yo la he hecho.

Normalmente cuando alguien te pregunta si haces el ramadán, primeramente, lo hace porque ha leído tu nombre (que muy occidental no será), y también ha visto que tu aspecto o color de piel tampoco parece muy caucásico. En mi caso es la primera opción, porque pese a que muy ario no soy, sí que soy bastante caucásico. Creo. ¿No? A veces me preguntan si soy argentino, otras si soy italiano, yo suelo presumir de ser medio etíope... 

La pregunta suele ir dirigida primero, a descubrir si haces el ramadán. Algo tan simple como “¿tú haces el ramadán?”. Y le respondes que sí. Ningún problema. Todo el mundo tiene sus cosas. Todo correcto. Circulen. Hay a quien le gusta la escalada, otros son más de lujos, yates y viajes exóticos, y a ti te da por no comer durante el día, todo un mes. Cosas más raras se han visto en culturas del mundo. Los Masái saltando, los Mursi se ponen un plato en la boca, los turcos fingen golpes de estado...

La siguiente pregunta suele ir más encarada a la religión. O te preguntan “¿eres musulmán?”, o bien “¿pero tú crees en dios?”. Está bien la pregunta, sea cual sea de las dos. No voy a entrar a contestarla, porque me daría para un libro entero de revisión sobre el significado de la palabra "Dios", y suficiente hago esperando que alguien lea esta entrada entera. Ahora bien, quiero plantear algo diferente. ¿Qué pasaría si celebrar la navidad estuviese estrechamente ligado siempre en nuestra cultura actual, a los valores cristianos?

¿Os imagináis un mundo en el que solo se celebrasen cosas con motivo de la religión? Perdón. Pregunta errónea. ¿Os imagináis un mundo en pleno siglo XXI en el que solo se celebrasen las cosas con motivo de la religión? (En un contexto occidental y de país desarrollado, yo sobre países en vías de desarrollo y con gobiernos tarados como Arabia Saudí o Qatar, no hablo, como mínimo en esta entrada).

Os voy a contar por qué yo hago el ramadán, y si eso dejáis algún comentario de por qué vosotros celebráis la navidad, el hanukkah, o lo que sea, para que nos entendamos todos y no acabemos en un conflicto bélico.

Para mí, el mes del ramadán es algo especial. Es duro, ciertamente, pero más duro sería para mí, no hacerlo. Me explico. Durante el ramadán pasas hambre y pasas sed, no fumas, no bebes y no mantienes relaciones sexuales.

“Bueno, eso último no lo haces ni en ramadán ni el resto del año, listillo”.

El caso es que, para mí, es un mes en el que aprendes a valorar más las cosas y a ver el mundo que te rodea de forma diferente. Aprendes a disfrutar de los buenos momentos con los amigos, de la familia, de las oportunidades que tienes, y de las que se dejan pasar. Aprendes que vivimos en una sociedad que nos impide conseguir desarrollarnos completamente como personas porque nos obliga a parecer guay para adaptarnos a ella. Y también aprendes que en la vida uno se ha de valorar a sí mismo y a los demás por encima de las cosas materiales. Aprendes a tolerar, y a tener paciencia. Y, sobre todo, aprendes que hay soluciones para todo, salvo para aquellas cosas que no tienen solución, como la muerte, o retroceder en el tiempo.

Más allá de la explicación teológica que pueda tener el ramadán, en el siglo XXI concebirlo como tal, es como pensar que la navidad es solo una fiesta religiosa, y que solo lo puede celebrar la gente que va a misa los domingos.

Otra de las preguntas que suele hacer la gente cuando le dices que haces el ramadán es “¿cómo aguantas todo el día?” y ahí viene uno de los motivos para hacer el ramadán, y es que aunque yo haga el ramadán un mes al año, hay millones de personas en el mundo contentándose con una sola comida al día porque no se pueden permitir más, y sé que para muchos esto no son más que palabras bonitas, pero es cierto, y desde nuestro punto de vista del primer mundo, no somos capaces de ver incluso lo que pasa en nuestras propias ciudades.

"Uuuuh, demagogia detected".

Prueba de ello es la gente que pasa al lado de otra persona tan humana como ella, y que se gana la vida buscando basura en el contenedor. Y ese panorama lo vivimos cada día de nuestra vida, y de ser tan común ahora ya pasa hasta desapercibido.

En definitiva, vivimos en un mundo lleno de injusticias, y que yo me pase el día sin comer ni beber, no soluciona este problema, ni tampoco lo empeora, pero a mí me ayuda a ser consciente de la situación que pasa tanta gente, y a obrar luego de una manera determinada.

Sí, ya sabéis que soy muy idealista. Cosas mías. 

Y el último motivo por el cual hago ramadán, es que, una vez que empiezas, dejarlo me dejaría en una posición de debilidad, y por tal de respetarme a mí mismo, he de ser capaz de acabar lo que empiezo, y en caso de dejarlo, que no sea por una escusa barata como "no tiene sentido hoy en día" o un "es más cómodo no hacerlo", porque en la vida la postura cómoda es la que siempre tenemos al alcance de la mano, pero la postura difícil, la que cuesta, es la que nos sirve para demostrarnos a nosotros mismos, que si creemos en nosotros, tendremos la voluntad para tirar adelante, sin importar las circunstancias. 
Y ese último es mi principal razón para hacer ramadán. 

Edición: Puede que bastante gente se sorprenda que yo haga el ramadán. Os juro que hacía tiempo que no veía a alguien alucinar tanto como cuando lo conté una vez en el hospital y una compañera me preguntó seriamente si era broma. El año que viene miraré de ponerme una banda en el brazo con una media luna que diga "estoy haciendo ramadán, no me alimentes", en una mezcla de letrero de zoo, y brazalete de nazis. 

sábado, 24 de diciembre de 2016

Cuento de Navidad en cursiva.


“Hola, soy el señor (o señora, la verdad es que nunca me había planteado cuál era mi sexo) cursivo, la voz en cursiva que comenta las entradas del blog de Omar. Hoy, aprovechando las fechas y que él está por ahí, leyendo algún libro de chistes malos, os voy a contar un cuento.
Había una vez, en una ciudad muy muy lejana, un señor muy y muy huraño y cruel, al que le gustaba hacer humor negro y reírse de todo, además de restregarnos sus premios a todos por la cara, y poner verde a la gente que conocía en su blog sin que nadie se diese cuenta de nada. Su nombre era Omar, y tenía lo que él llamaba “Blog Políticamente Correcto”, (donde un servidor comentaba en cursiva lo que todo el mundo pensaba al leerlo).

Se acercaba Nochebuena y el déspota de Omar preparaba una entrada en la que, el muy canalla, iba a despotricar de alguna de las múltiples chicas que le dan calabazas al ver el ser vil que es en realidad. Además, iba a publicar en Facebook un resumen de los premios que había ganado este año, como si no los hubiese contado ya miles de veces el sinvergüenza.

Al señor Omar, sus amigos lo habían invitado a salir por ahí de fiesta esa noche, a lo que él, con toda su antipatía, les había dicho que no, con un sonoro “¡paparruchas!”. Para él, las navidades no eran más que una serie de días en las que El Corte Inglés y el Carrefour, se hacían su agosto particular entre compras y más compras. Ese maldito degenerado solo veía dinero donde los demás veían personas”.

Espera. ¿Soy yo ese?

“Vaya, esto no lo tenía calculado… ¡Omar, mira, te he comprado el último tomo de Ataque a los Titanes, donde se descubre la verdad del sótano de Eren!”.

¡Oh, genial! A ver que hay por aquí…

Perfecto, esto le distraerá mientras yo prosigo con la historia.

Ese ser vil, se iba a pasar la Nochebuena jugando al PC y leyendo cómics mientras comía turrones y carbón de azúcar. Pero como la diabetes es un castigo a largo plazo, algo estaban preparando los espíritus de las navidades pasadas, presentes y futuras para esa noche.

Tocaron las doce de la madrugada y por arte de birlí viroque, nuestro malhechor cayó derrotado sobre su cama mientras leía “El Principe” de Maquiavelo en formato manga (sí, porque le daba pereza leerlo en su versión normal).

Fue entonces cuando, desde una rendija de la ventana, entró un aire que se diferenciaba del resto de aires exteriores, por su calidez. Ese era el espíritu de las navidades pasadas, que dio unos toques en la espalda a Omar para despertarlo. Al romper el sueño, éste levantó la cabeza y vio un ser conocido para él, un amigo suyo para ser precisos. Pensó que estaba soñando, así que buscó algún tipo de arma, pero al no hallarla, el espíritu le espetó:

- Oye, Omar, bonito, que soy el espíritu de las navidades pasadas y vengo a llevarte al pasado para que veas cómo eras.

- Madre mía, qué sueño tan real. ¿Será de aquellos con stripers?

- ¡Ay mi madre! ¡Pero vístete, cerdo! – mientras el espíritu amigo le atizó con una sonora hostia.

- ¡Uh! Pues para ser un sueño, duele bastante…

- Calla que no tenemos todo el día… - y dicho esto, el espíritu amigo chasqueó sus dedos y en un abrir y cerrar de ojos se hallaron en la misma habitación, pero con las paredes limpias de posters, y el suelo sin basura.

- Ah, ya lo entiendo. Eres el espíritu de las navidades pasadas y vienes a llevarme al pasado.

- Eres más lento de lo que me habían dicho. Bueno. Calla, que ahí viene.

Los dos seres anacrónicos se callaron mientras miraban cómo entraba un niño a la habitación. Era Omar, con 9 años, entraba a su habitación después de llegar del colegio, y sin tiempo para nada, volvía a salir para ir a jugar.

-No veas, qué joven y gordo estaba – dijo el Omar del futuro al verse 16 años más joven – qué malos eran los Bollicaos.

- ¿No te das cuenta? – replicó el espíritu de las navidades pasadas – En esa época no tenías preocupación alguna, y simplemente estabas interesado en divertirte y jugar.

-Bueno, no exactamente espíritu – contestó Omar – En esa época había suspendido el examen de matemáticas de dividir con dos decimales y estaba preocupado por si mi madre se enteraba. Además, me había pasado la liga Pokémon y creo que nada me preocupaba más que eso.

- ¿Y acaso no eras un niño feliz? Vamos Omar, muéstrame algo de actitud para ver más allá de lo que ven tus ojos... – dijo el espíritu sonrojado al no esperarse esa respuesta.

- Bueno. Era gordo. Si te vale eso…

- Veo que no arreglaremos nada contigo macho, eres mal estudiante, mal amigo, mal hermano, mal hijo, mal enfermero y mal amante, y eso último ya lo demuestras en tu blog. Vamos, un desastre de persona. – dicho esto, el espíritu, con chasquido de dedos, hizo volver a ambos al presente – me largo, ya se las apañará contigo el espíritu de las navidades presentes, aunque ya te avanzo que no hay solución para lo tuyo más que aceptarte como eres – y tras decir esto, desapareció en la nada.

Omar, al creer que era todo un sueño, y al recordar la versión de “Cuento de Navidad” de Disney, no se extrañó en absoluto, y siguió durmiendo. Cosas de ser milenial.

Al poco rato un espíritu en forma de aire algo apestoso, entró por la ventana. Al olerlo, Omar despertó de inmediato, y al materializarse este, Omar le dijo:
-¿Eres el espíritu de las navidades presentes? Ya te podrías haber duchado antes de venir a trabajar, cacho de guarro. Por cierto, ¿por qué tienes la cara de mi primo Naufel?



- A ver. Pelo moreno, delgado, acné, mala leche… Tú debes ser Okar. Encantado. Quiero pensar que sí, soy el espíritu de las navidades presentes. A ver… en verdad me hace la misma gracia que a ti estar aquí, así que vayamos al tajo – y una vez dijo esto, tras hacer sonar su axila de forma horrenda y desagradable, se teletransportó a él y a Omar al hospital de Girona.

- Bueno, ¿qué te parece? ¿Sabes dónde estamos? – preguntó el espíritu.

- Sí, claro. Haciendo horas extra en el hospital. A ver, espíritu, he trabajado aquí, nada de lo que vea me va a hacer enternecer ni llorar. Me han dado tantas calabazas y he vivido tantas putadas que nada me puede deshelar el frío corazón que me ha dado esta dura vida.

- Quiero pensar que oui, bueno Okar, sígueme – dijo el espíritu mientras andaba por el pasillo del hospital en busca de una habitación.

Al llegar, el espíritu se sentó en la cama, y mientras miraba a la mujer que yacía en ella, le preguntó a Omar:
-¿Reconoces a esta mujer? Y no me refiero de alguna reyerta de las típicas tuyas que luego cuelgas en the hil of violence. Fue tu paciente.

-No sé, espíritu, he tenido tantos pacientes que no los recuerdo a todos. Ahora no me suena. De hecho, me cuesta pillarte las referencias. ¿De verdad no eres mi primo Naufel? – contestó Omar sin mostrar signos de emoción.

-Uy, pues esta señora sí te recuerda a ti, sí. En su último ingreso te preocupaste de hacerla reír cuando estaba pasando por un mal momento, eh, payasote, y en su alta, preguntó por ti. Ahora ha vuelto a ingresar y todo apunta a que será la última vez… - dijo el espíritu con voz temblorosa.

-Bueno espíritu, qué quieres que te diga, la gente vive y muere. La vida es así, ¿no viste mi magnífico discurso de graduación? – dijo Omar mientras buscaba su teléfono para enseñarle el vídeo de YouTube.

- Quiero pensar que sí. No te preocupes, ya leí la entrada de blog. O más bien las entradas de blog. Eres pesado para este tipo de cosas, pero no para las que lo deberías de ser. Ojalá dedicases el tiempo que dedicas al blog, a estudiar, seguir formándote, y trabajar para mejorar el sistema sanitario – dijo el espíritu con voz grave mientras se levantaba.

-¡Mira espíritu, demagogia aquí no, macho, que esto no es una liga de debate! – decía Omar mientras gesticulaba para mostrar su indignación.

- ¡Tú que siempre quisiste cambiar el mundo, ahora te dedicas a ofuscarte con tus fracasos y no eres capaz de tirar adelante para mejorar tu vida de una vez y por todas! ¡Solo sabes llorar en tu blog que no lee nadie, fardar de listillo, y esperas que la suerte te siga sonriendo como ha hecho siempre, sin mover un solo dedo! ¡Tuviste suerte en la carrera, en el máster, en las oposiciones, en el Skyrim, y así siempre, pero tu vida no deja de ser una basura porque no te esfuerzas en nada! – decía el espíritu indignado mientras todo lo que le rodeaba a él y a Omar se tornaba oscuro, tenebroso y rodeado de un humo negro - ¡Deja de meterte con los demás, y céntrate en hacer las cosas bien, esforzarte, y trabajar para no tener que depender de la suerte siempre!

- Mira espíritu, te me relajas, que te veo muy subidito. Además, la vida no es tan sencilla como la pintas. A veces, por mucho que te esfuerces, todo sale mal. Todo. – replicó Omar sin argumentos.

-Eres burro - dijo de forma tajante el espíritu.

-Bueno. ya empiezan los insultos... - contestó Omar. 

-No lo has entendido. Te contaré la historia del burro y el pozo - dijo el espíritu mientras se teletransportaron a una aldea - esta es la historia de un burro que en un desafortunado accidente, cayó en un pozo seco. El amo del burro, al ver que el pozo estaba seco y el burro era viejo, decidió llamar a sus vecinos para, entre todos, sepultar al burro y tapiar el pozo. Así pues, cada vecino llevó consigo una pala de sus respectivas casas, y una vez congregados, empezaron a cargar las palas y a tirar tierra al pozo. El burro que de dio cuenta de todo, empezó a llorar suplicando que no lo hiciesen, que él no merecía tan desafortunado destino, que suficiente carga era ser burro, como para caer en un pozo, y encima morir enterrado vivo. Los vecinos desoyendo las súplicas del burro, siguieron echando tierra, hasta que de pronto, el burro dejó de llorar. Los vecinos, sorprendidos, se miraron pensando que no habían echado suficiente tierra como para sepultar al burro, y a continuación, miraron dentro del pozo. Resultó que el burro había aprendido a deslizar la tierra que le caía encima, por su lomo, y a pisar los montones que le tiraban. De este modo, el nivel del suelo fue subiendo, y el burro consiguió salir del pozo por su propio pie, gracias a la tierra que le habían tirado para acabar con su vida - concluyó el espíritu.

-Bueno. Muy bonito lo pintas, pero eres solo un espíritu y no sabes por lo que paso yo - reiteró Omar.

-¡Te voy a decir una cosa Omar, porque me estás cabreando ya con tus tonterías! – contestó el espíritu sin prácticamente dejar a nuestro protagonista acabar - ¡Todo lo que tienes, no lo aprecias y no lo mereces! ¡Gente con menos cosas que tú, aprecia lo que tiene y sabe disfrutarlo! ¡Deja esa mentalidad de perdedor y aprende a aceptarte tal y como eres!

Tras decir esto, el espíritu hizo el mismo sonido desagradable con la axila, y en un instante, Omar se encontraba en su cama como si nada hubiese pasado.

-Me habré quedado dormido otra vez. Qué sueños tan raros… Puto Disney, cómo juega con mi mente…

Dicho esto, Omar volvió a cerrar los ojos y a quedarse dormido.

Al cabo de unos minutos, un aire gélido entró por una pequeña rendija de la ventana. Este aire circuló por la habitación y se materializó en el borde de la cama de Omar, en forma de una joven muchacha. Al notar los pies fríos, Omar se despertó para intentarse abrigar pensando que, con tanto teletransporte, se habría caído la manta. Al levantar la cabeza y ver a la chica gélida, casi le dio un soponcio.

-¡Vamos, no me jodas! ¿Otro espíritu? ¡Ya podríais haber venido todos a la vez y dejarme dormir tranquilo, hostias! ¡Esto de dormir a trompicones debe producir cáncer cuanto menos! – refirió Omar a la joven.

Al girarse la muchacha con una sonrisa, Omar se estremeció. Esa cara la había visto antes. Sí, era una de las chicas que le habían dado calabazas a lo largo de su vida.

-Mira. Yo ya paso de ir a ningún lado y menos contigo, espíritu. Ya te podrías haber materializado en otra persona. Tanto tocarme las narices durante toda la noche, ahora encima a tocarlas con ganas – y acto seguido, Omar se tapó la cabeza con las mantas.

- Uy, pues yo pensaba que ya lo había superado... bueno...  Querido Omar. He venido a llevarte al futuro. Quiero que veas algo. – dijo la joven mientras miraba sonriente a nuestro protagonista.

Este la ignoró durante un rato, hasta que dijo:
-Bueno, pero que sea rapidito. Con esa cara no sé decirte que no… menudo pagafantas estoy hecho…

Acto seguido, el espíritu de las navidades futuras dio tres palmadas y se teletransportaron a un lugar luminoso. Se trataba de un pasillo que rápidamente reconoció Omar como la universidad donde estudió. Estaba vacío, pero pronto se abrió una puerta y empezó a salir gente. Al ser seres incorpóreos, eran constantemente atravesados por la multitud, pero el espíritu le hizo un gesto con el dedo a Omar para que se acercasen al interior del aula. Ahí, dos estudiantes sentados, hablaban mientras comían un bocadillo.

-Ahora escucha de lo que van a hablar estos estudiantes – dijo el espíritu de las calabazas futuras.

-Pues se ve que ha muerto, pobrecillo, descanse en paz. La verdad es que era buen profesor en el fondo – dijo un chico joven con aspecto imberbe.

-¡Qué dices, tío! A mí me hizo ir a las recuperaciones por sacar un cuatro con nueve. Menudo hijo de puta era. No me alegro que se haya muerto, pero vamos. Era un cabronazo. Además, sus chistes eran malísimos, ya no hablemos de cuando descubrimos su canal de YouTube de cuando era joven, buah, ¡qué patético! – contestó otro chico con evidentes problemas de sobrepeso y sudoración excesiva.

Omar, con lágrimas en los ojos cogió a la chica espíritu del brazo y le dijo:
-Por favor, vámonos. Ya he pillado que hablan de mí. No me gusta que se rían de esta forma sobre mi muerte. Es cruel. Quiero ir a casa – dijo Omar mientras una lágrima se desprendía de su párpado para fluir por su mejilla.

-Espera un poco y verás – dijo la chica espíritu del futuro.

-¡Qué cabrona, me haces sufrir en vida, y ahora en forma de espíritu materializado! – replicó Omar mientras volvía a dirigir su atención a los jóvenes.

-Ya ves… ¡O el blog donde contaba sus fracasos amorosos! ¡Fue la risa cuando llegó a clase y se encontró el blog abierto en el proyector! Como profesor un cero. Y más cuando nos puso vídeos de 4chan para explicarnos lo que era un traumatismo craneoencefálico. De verdad, es que no era serio.

-O cuando nos pasó las preguntas del examen en el Power Point, y resulta que eran falsas. Qué trollazo de profe. Eso sí, se enrolló mucho cuando en la recuperación colgó el examen en el Moodle el día antes del mismo examen, y sin avisar a nadie – dijo el chico imberbe mientras esbozaba una sonrisa entrañable.

-Ya. Era un cabronazo, pero era nuestro cabronazo. El típico profe con el que aprendes de verdad, y no uno de estos que leen la presentación, hacen un examen, y el resto de cosas les dan igual. Con él aprendías y te descojonabas en clase. Descanse en paz – dijo el chico con sobrepeso.

-¿Ves? Te lo dije. Te recuerdan por cómo eras y cómo les trataste. No tienen ningún rencor, porque con tu forma de ser es imposible que te lo guardasen. ¿Recuerdas a ese profesor que te dijo “nunca cambies, Omar”? Pues aquí tienes una muestra de cómo te verá la gente si sigues siendo el mismo. – dijo el espíritu dirigiéndose a un Omar sonriente.

-A veces cuesta ser así cuando ves que todo se va al garete. Con el corazón roto y un futuro incierto, cuesta creer que haya un futuro para sonreír – respondió Omar mientras aún contemplaba a los dos jóvenes.

-Lo hay Omar. La vida vale la pena precisamente porque las cosas nunca salen como las planeamos, incluso las que prevemos que irán mal. Ahí es donde reside la gracia de estar vivos – contestó la chica espíritu de las calabazas futuras, que después de decir esto, aplaudió nuevamente, y devolvió a nuestro protagonista a su cama de nuevo.

A partir de ese día, Omar aprendió una valiosísima lección. Nunca debemos sucumbir a las inclemencias de la vida, ni nos debemos dejar tumbar por las hostias que nos da nuestro aciago destino. La clave de ser feliz es entender que todo eso forma parte de nuestra vida. Y con esa lección aprendida, durmió toda la noche.


Hasta que apareció otro ser en la habitación…

- ¡Despierta Omar! ¡He venido a salvarte! – dijo el señor, trajeado y con aspecto de salir de un after.

- ¿Otro espíritu? Pero si ya han venido 3…

- ¡Mierda, llego tarde! – dijo el ente mientras se rascaba la nuca – Oye lo que te diré, no te fíes de esos seres, son Gelth, extraterrestres que pretendían controlar tu cuerpo, y puede que hayas sufrido alucinaciones, están formados por gas.

- Pero ¿qué…?

- Créeme, soy doctor – y acto seguido, el personaje salió corriendo, dejando tras de sí un sonido de ondas cósmicas.


- Menuda noche me están dando. Mañana pongo doble cerradura en la puerta…

Oye Cursiva, pues muy bien este episodio de Ataque a los Titanes. Me ha gustado.

“¡Oh, vaya, Omar! ¡Ya has vuelto!”

Sí, eso creo. Bueno. Me voy a poner a escribir la entrada de esta… uh, ¿y todo este tocho que has escrito?


“Nada. Una historia que me ha dado por escribir… Ya sabes que me encanta criticarlo todo”.

miércoles, 23 de diciembre de 2015

Navidad, navidad, dulce navidad.


Hoy jueves toca entrada. Sí. Se lo que estaréis pensando. Llevo dos semanas sin escribir nada. No ha sido cosa mía, ya sabéis que por estas fechas la gente tiene compromisos y se piden vacaciones en la faena, y a los pardillos como yo nos toca reemplazarlos en sus lugares de trabajo para que el universo siga pareciendo un sitio perfecto pese a que dista mucho de serlo.

El caso es que he empezado a trabajar como enfermero, y podría escribir muchísimas cosas al respecto. Enfermeras buenas, enfermeras menos buenas, calendario incesante, precariedad laboral, pacientes insistentes, otros que son quizás demasiado exigentes con un servicio recortado hasta la saciedad… No me apetece. Ya se habla demasiado del tema y este no es un blog normal y corriente.
Hoy os vengo a hablar de la Navidad. Navidad, por si no lo sabéis, es mañana.

“Vaya, sorpresa, sorpresa”.

Un día genial para trabajar porque cobras una suma bastante interesante, y si eres simpático como yo, hacer compañía a los pacientes que no pueden estar con sus familias por navidad es una experiencia gratificante.

La navidad es una fecha marcada con un alto contenido religioso en sus orígenes, dado que es el cumple de Jesus Christ, el protagonista del libro más vendido de la historia. Pese a este tipo de teología que envuelve a la navidad, es una fecha que otras culturas también celebran, y además es un día de reuniones familiares, cenas, fiestas, jubilo y diversión.

¿Pero por qué hay tanta gente que solo tiene el llamado “espíritu navideño” de generosidad y repartir amor por doquier, únicamente una serie de días al año?

Mi teoría está basada en la historia de “Cuento de Navidad” de Dickens. Los pobres son felices siempre que puedan seguir viviendo en unas condiciones simples y con estabilidad. A los ricos, más de lo mismo. Creo que la distinción normal no se hace entre la gente que tiene dinero y la que no la tiene, y decir que en “Cuento de Navidad” el señor Scrooge es malo porqué es rico me parece una falacia. Los ricos no siempre son malos. Simplemente quieren seguir siendo ricos.

Son los trepas y la gente que se aprovecha de la buena voluntad de los demás, los que realmente pudren a la sociedad. Me explico. En la historia, el señor Scrooge se aprovecha de sus trabajadores para ganar dinero, pero hay diversas formas de poder además del dinero. Por ejemplo, el poder político, o la fuerza física, o el atractivo físico.

Pero volviendo al espíritu navideño, creo que todo el mundo, ya sea un trepa o una persona con principios éticos, no puede ser de ese modo todo el año. Es decir, el ser humano necesita de los demás, y es en eso que llaman “espíritu navideño” que se muestra en las películas y series de televisión, ese sentimiento de compasión, amor o fraternidad hacia los demás, que demuestra un cierto grado de empatía que una persona con psicopatía no podría enseñar.

Igual después de Navidad, el señor Scrooge volvió a ser un cabrón egoísta. De hecho, es lo más probable, y más teniendo en cuenta la visión futurista que le enseña el fantasma del futuro. Aun así, el pequeño Timmy pudo pasar unas navidades con su familia, y si sobrevivió, quizás explicó a sus hijos y nietos cómo comportarse por Navidad, arraigando así este tipo de “espíritu navideño” en la cultura y sociedad.

En definitiva, la cultura es lo que hacemos en nuestro día a día, y eso del “espíritu navideño” es una milonga de las grandes multinacionales para consumir más. Lo que hace falta es un cambio cultural para extender esta manera de ver el mundo que tanta gente solo tiene por estas fechas, hacerlo duradero para todo el año, y así mejorar nuestra sociedad.


Dicho esto, ¡feliz navidad, felices fiestas! ¡La próxima entrada será la última del año!