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jueves, 22 de junio de 2017

Dulce ramadán


Querida lectora o lector. Hablemos del ramadán. Ese mes en el que todo musulmán o partícipe de la cultura musulmana se dedica a no comer durante el día, para solo comer y beber durante la noche. Hablemos pues de ello, porque este fin de semana se acaba.

Yo hago el ramadán...

"¡¡¡¡OOOOOOH, NO LO SABÍA, VAYA, ¿ASÍ QUE NO PUEDES COMER DURANTE EL DÍA? ¿NI TAMPOCO BEBER? ¡VAYA, QUE BESTIA! ¡YO NO PODRÍA! ¡ADEMÁS TAMPOCO PODÉIS FUMAR NI TAMPOCO FOLL..."

...y la verdad es que lo he hecho desde hace muchos años, y la gente, como ha de ser, pregunta y hace juicios. No pasa nada. Se acepta y se tira adelante. Como cuando tus dos apellidos son iguales y te preguntan si tus padres eran hermanos. Sí, esa pregunta se hace. Yo la he hecho.

Normalmente cuando alguien te pregunta si haces el ramadán, primeramente, lo hace porque ha leído tu nombre (que muy occidental no será), y también ha visto que tu aspecto o color de piel tampoco parece muy caucásico. En mi caso es la primera opción, porque pese a que muy ario no soy, sí que soy bastante caucásico. Creo. ¿No? A veces me preguntan si soy argentino, otras si soy italiano, yo suelo presumir de ser medio etíope... 

La pregunta suele ir dirigida primero, a descubrir si haces el ramadán. Algo tan simple como “¿tú haces el ramadán?”. Y le respondes que sí. Ningún problema. Todo el mundo tiene sus cosas. Todo correcto. Circulen. Hay a quien le gusta la escalada, otros son más de lujos, yates y viajes exóticos, y a ti te da por no comer durante el día, todo un mes. Cosas más raras se han visto en culturas del mundo. Los Masái saltando, los Mursi se ponen un plato en la boca, los turcos fingen golpes de estado...

La siguiente pregunta suele ir más encarada a la religión. O te preguntan “¿eres musulmán?”, o bien “¿pero tú crees en dios?”. Está bien la pregunta, sea cual sea de las dos. No voy a entrar a contestarla, porque me daría para un libro entero de revisión sobre el significado de la palabra "Dios", y suficiente hago esperando que alguien lea esta entrada entera. Ahora bien, quiero plantear algo diferente. ¿Qué pasaría si celebrar la navidad estuviese estrechamente ligado siempre en nuestra cultura actual, a los valores cristianos?

¿Os imagináis un mundo en el que solo se celebrasen cosas con motivo de la religión? Perdón. Pregunta errónea. ¿Os imagináis un mundo en pleno siglo XXI en el que solo se celebrasen las cosas con motivo de la religión? (En un contexto occidental y de país desarrollado, yo sobre países en vías de desarrollo y con gobiernos tarados como Arabia Saudí o Qatar, no hablo, como mínimo en esta entrada).

Os voy a contar por qué yo hago el ramadán, y si eso dejáis algún comentario de por qué vosotros celebráis la navidad, el hanukkah, o lo que sea, para que nos entendamos todos y no acabemos en un conflicto bélico.

Para mí, el mes del ramadán es algo especial. Es duro, ciertamente, pero más duro sería para mí, no hacerlo. Me explico. Durante el ramadán pasas hambre y pasas sed, no fumas, no bebes y no mantienes relaciones sexuales.

“Bueno, eso último no lo haces ni en ramadán ni el resto del año, listillo”.

El caso es que, para mí, es un mes en el que aprendes a valorar más las cosas y a ver el mundo que te rodea de forma diferente. Aprendes a disfrutar de los buenos momentos con los amigos, de la familia, de las oportunidades que tienes, y de las que se dejan pasar. Aprendes que vivimos en una sociedad que nos impide conseguir desarrollarnos completamente como personas porque nos obliga a parecer guay para adaptarnos a ella. Y también aprendes que en la vida uno se ha de valorar a sí mismo y a los demás por encima de las cosas materiales. Aprendes a tolerar, y a tener paciencia. Y, sobre todo, aprendes que hay soluciones para todo, salvo para aquellas cosas que no tienen solución, como la muerte, o retroceder en el tiempo.

Más allá de la explicación teológica que pueda tener el ramadán, en el siglo XXI concebirlo como tal, es como pensar que la navidad es solo una fiesta religiosa, y que solo lo puede celebrar la gente que va a misa los domingos.

Otra de las preguntas que suele hacer la gente cuando le dices que haces el ramadán es “¿cómo aguantas todo el día?” y ahí viene uno de los motivos para hacer el ramadán, y es que aunque yo haga el ramadán un mes al año, hay millones de personas en el mundo contentándose con una sola comida al día porque no se pueden permitir más, y sé que para muchos esto no son más que palabras bonitas, pero es cierto, y desde nuestro punto de vista del primer mundo, no somos capaces de ver incluso lo que pasa en nuestras propias ciudades.

"Uuuuh, demagogia detected".

Prueba de ello es la gente que pasa al lado de otra persona tan humana como ella, y que se gana la vida buscando basura en el contenedor. Y ese panorama lo vivimos cada día de nuestra vida, y de ser tan común ahora ya pasa hasta desapercibido.

En definitiva, vivimos en un mundo lleno de injusticias, y que yo me pase el día sin comer ni beber, no soluciona este problema, ni tampoco lo empeora, pero a mí me ayuda a ser consciente de la situación que pasa tanta gente, y a obrar luego de una manera determinada.

Sí, ya sabéis que soy muy idealista. Cosas mías. 

Y el último motivo por el cual hago ramadán, es que, una vez que empiezas, dejarlo me dejaría en una posición de debilidad, y por tal de respetarme a mí mismo, he de ser capaz de acabar lo que empiezo, y en caso de dejarlo, que no sea por una escusa barata como "no tiene sentido hoy en día" o un "es más cómodo no hacerlo", porque en la vida la postura cómoda es la que siempre tenemos al alcance de la mano, pero la postura difícil, la que cuesta, es la que nos sirve para demostrarnos a nosotros mismos, que si creemos en nosotros, tendremos la voluntad para tirar adelante, sin importar las circunstancias. 
Y ese último es mi principal razón para hacer ramadán. 

Edición: Puede que bastante gente se sorprenda que yo haga el ramadán. Os juro que hacía tiempo que no veía a alguien alucinar tanto como cuando lo conté una vez en el hospital y una compañera me preguntó seriamente si era broma. El año que viene miraré de ponerme una banda en el brazo con una media luna que diga "estoy haciendo ramadán, no me alimentes", en una mezcla de letrero de zoo, y brazalete de nazis. 

jueves, 1 de septiembre de 2016

Gente tóxica, la vida y las mentiras de autoayuda.

Hoy vengo a hablar de un colectivo social y no me gustaría centrarme en nadie en concreto, y si alguien se da por aludido, pues oye. Que se sienta gratificado de que le dedique una entrada de blog, que cuando este blog y yo seamos famosos, podrá presumir con sus mierda amigos y su asquerosa pareja .

Dicho esto, hoy hablare de la gente tóxica. 

Es tan estúpido que tenga que dedicar una entrada de blog a esto, que me avergüenzo a mí mismo. Deberíamos estar todos disfrutando de la vida, y no pensando en minucias como "esta persona no me ha hablado, debe estar enfadada", "este tío me esta usando", o "qué mala leche tiene tal". Es en realidad una puñetera vergüenza que nos dediquemos a buscar problemas donde no los hay, y por culpa de estas estupideces no seamos capaces de disfrutar de la vida con quien nos quiere, de nuestra familia y amigos que siempre estarán ahí, y de las cosas buenas que nos quedan, si es que nos queda algo después de haber leído libros de estos degenerados psicólogos que dicen ser portadores de la panacea mental, y no saben ni mantener una vida estable y feliz los muy desgraciados. De verdad que me da vergüenza que escritores imbéciles se dediquen a buscar pensamientos basura como la idea de la toxicidad de las personas, solo para vender libros y obsesionar a la gente con estas estupideces. Abramos los ojos de vez en cuando, por favor, que nos perdemos muchas cosas fantásticas de nuestro día a día por ir haciendo el anormal y buscando conflicto donde no lo hay.

Como iba diciendo, hoy hablaré de la gente toxica, un adjetivo no atribuido normalmente a las personas, hasta hace poco tiempo, cuando se ha popularizado su uso para referirnos a las personas que mejor mantener lejos para una mayor salud mental propia. O eso dicen los que se supone entienden sobre el tema.

Os cuento, a lo largo de mi vida he conocido a mucha gente de la llamada “toxica”, y en realidad no es tan malo si entiendes por qué son así. Lo que pasa es que hace falta un esfuerzo mental relativamente grande, y muchas personas de cerebro minúsculo con capacidad de escribir, no son capaces de realizarlo, con lo que simplemente se dedican a escribir libros diciendo “ay que mal las personas tóxicas, aléjalas de tu vida, que cuanto más lejos mejor y paga cuarenta euros por este libro que te soluciono la vida amigo y de regalo este boli para pintar en tu pared los días de imbecilidad que te quedan”.

Total. A lo que iba. No os fieis. Y lo digo en serio. La gente, por tal de conseguir trabajo y subsistir, son mucho de engañar a los demás, y hay mucho degenerado sin escrúpulos que os dirá que la persona que se preocupa por vosotros es una persona tóxica y que mejor os vayáis de casa al Himalaya, que casualmente su primo tiene una agencia de viajes que os lo dejará bien de precio.

“¡Pero a ver, Omar, que la gente tóxica existe!”.

Bueno, sí, pero no todo el monte es orégano.

Una persona tóxica de verdad sería un habitante de una ciudad distópica que no tiene ninguna esperanza en la humanidad, y como ese tipo de personas no las encontrarás fuera de un centro de salud mental, en una sociedad civilizada como la nuestra, en todo caso lo que sí es razonable es considerar una actitud como “tóxica” y no una persona. Y este último concepto es importante, pues muchos libros de autoayuda de mierda, nos incitan a olvidar a aquellas personas “tóxicas” por el mero hecho de adoptar una visión negativa de según qué acciones, y con negativa, me puedo referir a pesimista, o precavida, imaginad la ambigüedad de la palabra.

Eso es una estupidez. No puedes marcar a una persona por adoptar una actitud negativa en un momento determinado de su vida. Difícilmente haya gente en el mundo que tenga una actitud positiva los 365 días del año (a parte de mí, claro está). Entonces, ¿cómo demonios vas a apartar a una persona de tu vida porque haya adoptado una actitud negativa en ciertos momentos?

Es más, os doy un consejo. Si alguien en alguna ocasión decide apartaros de su vida, lo mejor que podéis hacer es apartaros vosotros, porque si una vez ha decidido que no sois suficientemente importante para formar parte de ella, es que igual no os ha valorado suficiente nunca. Y eso puede ser por dos cosas. O esa persona tiene complejo de superioridad hacia vosotros, y luego se ha dado cuenta que tampoco sois tan inferiores, o bien esa persona tiene un complejo de inferioridad que quiere ocultar y luego se da cuenta que os necesita para no ser tan inferior. En ambos casos no vale la pena.

Dicho esto, esa persona, como ya he dicho antes, no será toxica porque ese término no existe y solo se aplica para vender libros. Esa persona simplemente será imbécil, y, sinceramente, la gente imbécil no es que sea tóxica, sino que deberían crear un gremio de la imbecilidad y danzar cogidos de la mano, y así se entretendrían con sus iguales. Pero tampoco es que haya que alejarlos, son personas iguales que tú, querido lector (y algo inferiores que el escritor de este blog, pero esto lo mantendré rallado para evitar conflictos). 

PD: Como sé que después de leer esto, habrá quien seguirá pensando que la gente toxica existe, voy a poner un ejemplo final, que ya sabéis que me encantan los ejemplos clarificadores y además se me dan muy bien las similitudes.

Yo de pequeño siempre fui mucho de sacar notas justillas, y nunca pensé que la profesora me tuviese manía. Quizás por eso no me gusta echar la culpa a los demás de mis propios fracasos, ni tampoco diré que los demás son tóxicos cuando el mayor enemigo para ti, eres tú mismo.  Antes de fijarte en si la gente es tóxica o no, harías bien en mirar si el tóxico para ti no eres tú y tu actitud de fracasado. 

PD2: ¡Tú sí que eres tóxico, Bernardo Stamateas! ¡Imbécil!

PD3: Me han baneado del Pokémon Go y no pienso hablar del tema. Lo digo porque hay algún lector (y no digo nombres Parals que no haya represalias de fanboys), que me han insistido que raje sobre el juego y explique lo sucedido. Y no puedo. El caso está bajo secreto de sumario. 


Secreto del caso.

miércoles, 28 de octubre de 2015

Blog serio: Los sin-patria

Hoy hablaré de un tema serio y que me ha rondado por la cabeza desde pequeño. Espero que lo leáis de forma objetiva. No tengo intención de criticar a nadie ni pretendo que alguien se sienta aludido. Simplemente quiero expresar mi opinión sobre algo que me ha molestado desde que tengo uso de razón y que quizás os puede servir para comprender como nos sentimos muchos.

Partimos de la base que vivimos en una sociedad racista. Se pide a los inmigrantes que se adapten, pero como sociedad prácticamente no se aceptan como uno más. No todos somos considerados como iguales ni se nos trata por igual y creo que pocas objeciones puede haber respecto a eso. En caso que alguien discrepe, que me deje un comentario razonándome por qué cree que la sociedad no es racista.
Veréis, mis padres, como los padres de mucha y mucha gente, son inmigrantes, y de diferentes partes del mediterráneo. El caso es que mis raíces son musulmanas y mi nombre es Omar (nombre árabe) Habbab (apellido sirio) Mohamed (esto ya queda claro de donde es). Además he nacido aquí, en España, Cataluña, Girona, y he vivido, hablado, escrito, leído y cantado toda mi vida en la misma región con las mismas lenguas.

¿Se podría decir que soy de aquí? Para mucha gente jamás seré de aquí, por más que digan que sí. Algunos, cuando ven o escuchan mi nombre, me etiquetan como un “islamista radical”. Seguro que muchas personas se imaginan que vivo en una casa, que las mujeres de mi hogar son sometidas a la ley islámica, que llevan todo el día velo, que nos pasamos todo el día rezando y que nuestra vida se basa en los fundamentos del islam. Puede que incluso haya gente que piense que mi ideología es la de un islamista radical que quiere el éxito del ISIS por tal de volver a conquistar Al-Andalus. No entraré a juzgar este tipo de comentarios porque si me tuviese que ofender por ellos, creo que no saldría de casa.

El caso es que hay quien cree tener un origen claro, unos abuelos que son de toda la vida de una región, una nación de origen y unos ancestros milenarios que lucharon en muchas guerras por quien sabe qué estúpida guerra. Sienten una patria como suya y nadie duda que son de aquí. Claro, tienen el típico apellido “González”, “Fernandez”, “Pelayo”… O simplemente se llama “Enrique”, “Fernando”, “Margarita”… El nombre lo dice todo, ¿no?

Mirad. El hecho que haya gente de ideología de extrema derecha, que piense que yo no soy de aquí pese a ser nacido aquí, haber vivido aquí, y no conocer más lugar que este, no me importa en absoluto. Lo que me causa enfado es la gente que, pese a pensar en el fondo así, no lo dice, y simplemente te trata con desdén, como si al llamarte “Omar Habbab”, ya necesitases ayuda para el idioma y creyeses en un reino de los cielos con 40 vírgenes.

De pequeño veraneaba en Melilla, y cuando queríamos ir a la playa de Marruecos, en muchas ocasiones teníamos problemas al cruzar la frontera con una documentación que ponía como ciudad de origen “Girona”. No por llevar un DNI español, porque a la gente de Melilla bien les dejan pasar. Era por el hecho de no ser de un lugar que conocían.

Al llegar aquí, como me llamaba Omar Habbab y veraneaba en Melilla, ya debía ser extranjero. “Un moro que viene aquí a aprender de nosotros” debió pensar más de una persona. Alguno pensó igual “vienen aquí a quitarnos el trabajo y las ayudas”. Aún ahora, cuando me preguntan “de dónde eres” y les digo “de aquí”, me dicen “muy de aquí no serás llamándote Omar Habbab Mohamed”.

Con 8 años fui a Siria. Lugar natal de mi padre que vino a España con 21 años y vivió aquí hasta su muerte con 67. Ahí la gente hablaba en árabe, y la comunicación no era sencilla si no sabías el idioma. Así pues, tampoco era de ahí, ¿no? Por cierto, mi padre siempre fue mucho de leer a Bécquer, recitar poemas y escuchar a Julio Iglesias.

Mi pregunta es. Si no soy de ahí y no soy de aquí (porque socialmente no se me reconoce como tal), ¿de dónde soy? ¿Cuál es mi patria? ¿Tengo bandera?

Estas preguntas se las hacen muchos jóvenes con orígenes similares a los míos y que en ocasiones son discriminados por la sociedad, por su nombre. Este es el mundo en el que vivimos mal que le pese a mucha gente, y aunque muchos estén ciegos y no sean capaces de verlo a causa del velo de un mundo bonito y multicultural que proponen desde los medios a todo quien lo quiere. Es duro sentirse una persona sin patria ni bandera. Sin un sitio al que perteneces ni una patria que te represente. Es difícil ver un mundial de futbol sin saber qué colores son los tuyos. Es complicado vivir un conflicto como el de Cataluña y España sin saber si deberías ir con unos o con otros porque eres de aquí o de allí (Una vez quise opinar sobre la independencia de Cataluña en la página de Facebook de un diario digital. Me contestó una persona diciendo “si no te gusta, vete a tu país”). No es fácil no tener gente con tu mismo apellido en clase. E incluso cuesta que al leer tu nombre en clase o en la lista de espera del médico, no sepan pronunciar tu apellido. Duele mucho.

Dicho esto, he de decir que ya hace años que resolví esta cuestión en mi cabeza. Ya os he dicho que me rondaba desde que era pequeño. La conclusión es que soy de aquí y soy de allí. No necesito que nadie me diga de donde he de ser para llegar ser feliz. Al final, te miren como te miren, acabarás encontrando amigos que te aprecien por tu forma de ser, y no por si te llamas tal o Pascual, si eres de tal origen, o si tus abuelos eran de tal país. Al final acabas encontrando gente que mira más allá de tus datos, y se fije en la persona que hay detrás de toda esa carcasa.


Al final puedes ser de aquí, de allí, y puedes ser feliz. Todos acabamos encontrando un lugar al que regresar.

jueves, 1 de octubre de 2015

Mujeres y el dilema feminista


Ojo porque hoy toca ponerse serio. Se acabó de hablar de política banal, independencias, guerras y cosas que no importan a nadie. Hoy hablaré de las mujeres y un dilema feminista que me surgió en la cabeza el otro día. Ya sabéis que soy de ese tipo de gente que en ocasiones da vueltas a una cosa sin saber por qué, cual perro buscando la posición en la que dormir.
“¡Qué bien, por fin vuelven tus entradas machistas opresoras!”.

El otro día, escuchando un discurso político de un partido político cuyo nombre no quiero (ni puedo) acordarme, me di cuenta de una cosa curiosa, y es que en la propia base del feminismo, defendida desde una base antisistema resulta contradictoria en su totalidad.
“¿Antisistema? ¿No sería la CUP?”.
El feminismo dicta que hombre y mujeres somos iguales, y esto ha de ser aplicado a la sociedad que nos rodea para que haya igualdad. Obviamente siempre hay el típico gilipollas (todos conocemos algún gilipollas-caraculo) que confunde “feminismo” con “hembrismo” (el hembrismo sería algo así como el machismo, aplicado al sexo (cis (no se vaya a enfadar alguien)) opuesto).
Y es aquí donde, realizando este mismo razonamiento, me di cuenta de una gran contradicción, y es que en muchas ocasiones se dice que es necesaria una discriminación positiva hacia las mujeres, para favorecer la igualdad de género, y a esto algunas personas lo etiquetan de “feminismo”. Desde mi punto de vista, erróneamente.
Digamos que el feminismo en sí nació para que la mujer tuviese el mismo papel en la sociedad que el hombre. Bien. Hasta ahí todos de acuerdo. No obstante, y siempre desde mi opinión…
“Tu opinión machista opresora.”
Puede ser. Pero opinión al fin de cuentas.
Pues, como iba diciendo antes de interrumpirme a mí mismo, creo que la discriminación positiva es una muestra de hembrismo, la cual cosa no digo que me parezca mal. Muchas veces he pensado que si el mundo estuviese gobernado por mujeres en lugar de por hombres como ahora, todo sería muy diferente. No lo dudo.
Ahora bien, si jugamos con el hembrismo creo que ilegitimo escudarse en el feminismo para llevar a cabo medidas de ese tipo. Obviamente, contra el hembrismo, se recurriría al masculinismo (no me lo invento yo, existe).
Por poneros un ejemplo. En mi carrera (enfermería) te dan clase de “Persona Sana” y dentro de esa asignatura se hace “Mujer sana”. Curiosamente no se hace “Hombre sano”. Y ante mi asombro, una vez me dio por preguntar a una profesora de aspecto liberal (soy muy observador, nada de prejuicios). Cuál fue mi sorpresa cuando me respondió explicándome que la mujer era especial respecto al hombre, y por supuesto, mucho más compleja.
No me sentó mal, porque luego cuando acabas la carrera te das cuenta que hay mucha más complejidad y se profundiza mucho más en las patologías y cambios de la mujer (cis), que del hombre (cis). La cual cosa no significa que no se pudiese plantear hacer ambas cosas (otra cosa es que te hagan caso).
Y una vez llegados a este punto solo queda preguntarnos, ¿conseguiremos el estatus de iguales los hombres y las mujeres, o nuestras diferencias biológicas impedirán que consigamos la plena igualdad social?

A mí, mientras no sea la política la que lo impida, que la biología se ponga todo lo tonta que quiera.