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jueves, 15 de septiembre de 2016

Ha nacido un nuevo Omar


Tenía una entrada de blog lista desde la semana pasada sobre Playground para publicar hoy. Y no la voy a publicar.

Hace tres días escribí otra entrada hablando sobre el 11-S y la diada, y tampoco la voy a publicar de momento.

Imaginad lo meditada que está esta entrada de hoy que he descartado otras dos de interesantes y mucho más preparadas, porque me arde. Un fuego dentro de mí arde quemando tras él todo indicio que en mí había un ser humano con corazón y entrañas, que sufría y se divertía, una persona honrada que ayudaba a quien lo necesitaba sin esperar nada a cambio. Y se acabó. Ha nacido un nuevo Omar.

Hay momentos en la vida para todo, y creo que este de ahora, que tengo 23 años y a dos meses y medio de los 24, es un buen momento para cambiar y empezar a actuar de otra manera. Y lo haré porque si no, nunca mejoraré como persona, o más bien como individuo.

Os cuento porque igual alguien se ha perdido un poco.

“Sí, cuenta, que encima que tenemos que leer tus problemas mentales, esperas que deduzcamos las causas de ellos”.

Yo siempre he sido una persona de reír y hacer bromas. El típico simpático que cuando se cabrea, rara vez, todo el mundo se sorprende porque llama la atención dado que es una actitud extraña en él. A eso hay que añadir que no se me ha dado nunca demasiado bien eso de decir “no” a alguien que pide un favor. Todo viene de cuando era pequeño, apenas tendría 3 años, y mi padre nos daba de comer a mi hermana y a mí al mediodía para llevarnos por la tarde al colegio e irse a trabajar. Pues bien, cuando tardábamos mucho o no queríamos comer, mi padre suplicaba y se inventaba mil y una técnicas para incentivarnos. Una vez, recuerdo que casi llorando nos preguntó que por qué habíamos aprendido antes a decir que no queríamos comer, que decir que sí, que teníamos hambre. Es lo típico que recuerdas de cuando eres muy pequeño porque te marca.

No se me da bien decir que no a alguien que pide algo, y es así porque soy suficientemente tonto como para pensar que, si alguien pide algo, es porque lo necesita y no lo puede hacer solo. Sí, soy muy tonto, porque además no me gusta pedir favores ni ayuda, y cree el ladrón que todos son de su misma condición. Y no.

Se acabó lo que se daba. El otro día un muy buen amigo me abrió los ojos en un momento de desesperación, y me dijo que cambiase, que no se puede decir que sí a todo, y no se puede ayudar a todo el mundo porque la vida está llena de gente aprovechada. Y es verdad, porque, aunque no sea consciente que haya quien se aprovecha de mí, soy consciente que hay quien se aprovecha de los demás, y, por ende, también de mí.

Aprender a decir que no, no te convierte en peor persona, simplemente optimiza las acciones que haces y fomenta la autonomía de los demás. Os pongo un ejemplo. El otro día en el hospital, una mujer autónoma sin problemas físicos, pidió ayuda para acostarse en la cama, a lo que las auxiliaros me vinieron a preguntar si era necesario, y al ir a hablar con la paciente, me di cuenta que no, que no lo necesitaba realmente, que solo quería hablar con alguien, y que, según la paciente, esa era responsabilidad de las auxiliares, ayudarla.

En definitiva y para acabar ya esta entrada, hay tres tipos de gente en la vida. Los que se aprovechan de los demás porque creen que vivir en sociedad tiene sus ventajas y hay que sacar jugo de ello. Los que son aprovechados, pues necesitan a la sociedad y sienten que, si no se aprovechan de ellos, no serán parte de la sociedad y se les marginará como inútiles. Y finalmente los que, ni se aprovechan de los demás, ni dejan que se aprovechen de ellos. ¿Son estos últimos los que peor viven y que menos vida social tienen? Os lo diré en un futuro no muy lejano.


PD: Me encanta cuando la gente se da por aludida sobre mis blogs o creen que hablo de personas en concreto. Significa que lo estoy haciendo realmente bien. Un ejemplo es la entrada La historia [no tan bonita] de amor [no tan ideal]”, que no habla de mi lamentable vida amorosa, sino de una película que os recomiendo, llamada “500 days of Summer”. Así que no hagáis demasiado caso a las cosas que escribo, que se me da muy bien montarme mis películas, y además, difícilmente admitiré alguna semejanza de alguien con algo. La vida no es una obra de ficción, lo lo olvidéis. 

miércoles, 11 de noviembre de 2015

EL PAGAFANTEO y LOS PAGAFANTAS

Bien. Para hoy tenía una entrada super bonita y emotiva, pero creo que me la guardaré para mí. Hoy hablaré de uno de los grandes males de la sociedad. El “pagafanteo”. Un movimiento social y cultural que me atrevo a decir que trasciende al ser humano y que puede ser encontrado en diferentes especies de seres vivos de nuestro planeta.

La mantis religiosa es un claro ejemplo. La hembra se aprovecha del macho, y en la cópula, acaba con su vida después de obtener su esperma y ser fecundada. Pero ejemplifiquémoslo para que se entienda:

M. Macho: Hola, mi nombre es Norberto y soy un Mantis, encantado.

M. Hembra: Ah. Hola. Igualmente.

M. Macho: ¿Quedamos y te invito a algo?

M. Hembra: Oye, ¿podrías fecundarme? Es que debería expandir mi ADN de mantis por la biosfera.

M. Macho: Ah. Bueno. Vale. Y luego te invito a algo si quieres.

Mantis Hembra: Sí, sí, lo que tú digas.

(Después de ser fecundada, la mantis hembra decapitó al macho y devoró su cadáver cruelmente).

Otra historia sería la del caballito de mar:

Caballito: Hola, me llamo Rodolfo y soy un caballito de mar, encantado.

Caballita: Ah. Hola.

Caballito: Me pareces una caballita muy amable, sincera y guapa. ¿Crees que podríamos salir para conocernos más y pasar un buen rato charlando amigablemente?

Caballita: Estoy liada.

Caballito: Ah, tranqui. En otro momento entonces.

(7 días después la Caballita abre en privado al Caballito).

Caballita: Hola Rodoflo. J

Caballito: Es Rodolfo jeje

Caballita: Ah. Bueno. El caso es que he puesto unos huevos y quería pedirte que me los vigilases hasta que se abriesen.

Caballito: Vale, no te preocupes. ¡Yo me encargo!

Caballita: Ok. Gracias.

Caballito: Oye, ¿estás liada aún, o podemos quedar para tomar algo?

(45 días después, el Caballito no recibió respuesta de la Caballita y los huevos eclosionaron)

Así es como funciona el “pagafanteo”. Se trata que una chica o chico, se aproveche de los sentimientos de otra persona hacia él o ella, para obtener unos beneficios propios sin dar nada a cambio, y haciendo de todo solamente una relación unilateral.

No debería sorprendernos que pase algo así hoy en día. Hace centenares de miles de años, una australopiteca inventó el “amor” para que algún macho vigilase a los depredadores mientras esta iba al río a beber agua. Esto ya estaba inventado. Lo que pasa es que en una sociedad como la española, en la que parece que el aprovechamiento de unos con otros es vertical en la medida que los poderosos se aprovechan de los pobres, queda irrisorio que el aprovechamiento de unos con otros también sea horizontal por temas sentimentales.

Hay gente con poca dignidad en el mundo, y eso es un hecho. Lo que también es importante a tener en cuenta es que, el “pagafanteo”, dentro de la “frienzone” (zona cuyo límite está entre la amistad y la relación de pareja), acaba derivando en un “pagafanteo crónico”, lo cual comporta que puede llegar a ser más doloroso y difícil salir de ahí. 

Siendo una enfermedad crónica, como enfermero y apasionado de la investigación, es mi obligación explicaros cómo vivir con una enfermedad cronificada como el "pagafanteo". Si os encontráis en esa situación o tenéis algún amigo o amiga con este problema, lo mejor que podéis hacer es salir con él o ella, subir su autoestima y mostrarle lo grande que es el mundo. Explicarle que con lo grande que es el mar, quedarse anclado en un puerto que te cobra demasiados impuestos es una chorrada, y que una vez en la deriva del mar, al final se acaba encontrando una nueva costa donde atracar.

Dicho esto, y con todos los neologismos que he introducido en esta entrada de blog, estoy totalmente dispuesto a debatir sobre el tema y a responder vuestras dudas y sugerencias.