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jueves, 15 de junio de 2017

Muerto el perro, se acabó la rabia

Con este título tan poco animalista que habrá llamado la atención de mis lectores con cánidos como mascota, voy a indagar en lo que es un principio básico de supervivencia humana.

El otro día leía en Forocoches el caso de un chico cuyo perro, Rocky, debían operar porque se había comido unas bragas o algo por el estilo (dice “prenda de vestir”, lo de “bragas” es cosecha propia). El caso es que, en poco tiempo el forocochero recaudó suficiente dinero como para poder pagar la operación de su perro y así se recuperó este.



Pensando en ello, he llegado a la conclusión de que no quiero un perro. Y esto último lo voy a explicar con un ejemplo, como habitualmente hago.

“Bueno, como mínimo esta vez no hablas de amores y calabazas”.

Digamos que me enamoro de una chica y resulta ser recíproco. Somos muy diferentes, pero ahí está el amor.

“Mierda, he hablado antes de tiempo…”.

Yo sé que es recíproco porque ella me lo ha dicho, y además sé lo que siento. No obstante, decido decirle que no quiero nada con ella. Y aquí mi reflexión por qué no quiero perro (de hecho, tengo una tortuga, y aún me parece mucho).

Como he dicho antes, pese a que mis sentimientos sean unos, como percibo que la diferencia entre nosotros es tan abrumadora, decido no tirar adelante, por raciocinio. En esta vida no te puedes guiar nunca única y exclusivamente por tus sentimientos. Eso es algo muy primario y que sirve para diferenciar a las personas con dos dedos de frente, de los que actúan primero, y piensan después.

La cosa es que, si le digo que no a la chica, al cabo de un tiempo, ella encontrará alguien mejor, y yo probablemente (por estadística) también. Ambos llegaremos a ser felices sin necesidad de pasar juntos un tiempo en el que ninguno de los dos está bien, o puede que lo estemos, vayan ustedes a saber.

Soy Toby y mi amo se llama John Wick. 

Pero volvamos a la historia real. A mí me gustan los perros, y veo uno que es monísimo y lo quiero adoptar. Se llama Toby y es asquerosamente adorable. Pero en ese momento, Pepito Grillo me advierte:
- Ojo, Omar. No caigas en la trampa. Tu perrito Toby podría morir en un par de años por cualquiera de las enfermedades típicas de perro, y después de vivir con él, sacarlo a pasear pese al frío, gastarte la pasta en comidas, recoger sus cacas, y muchas operaciones súper caras, moriría, dejándote el corazón roto en mil pedazos. Si quieres ofrecer tu amor a un perro, mejor hazlo a uno que se a de algún amigo tuyo, así te ahorras darle de comer, sacarlo a pasear, recoger sus heces...

Así pues, decido no comprarme el perro.

“Menudo cobarde. Nunca sabrás lo que es tener un perro si no eres capaz de llegar a querer uno pese a los problemas que esto conlleva. Lo mismo con el amor, nunca llegarás a querer a alguien si no eres capaz de amar por miedo a dejar de ser amado”.

Ya está el típico comentario moralista. Pero sí, ahí te doy la razón. No obstante, permíteme refutar tu argumento con un ejemplo claro.

¿Cuántas de las personas que empezaron a jugar a Nintendogs, aún siguen jugando con ello? Nada más que añadir, señoría. 

jueves, 1 de junio de 2017

Amor digievolucionado

Hacía tiempo que no escribía nada sobre amor y desamor, con lo que le gusta a la gente que lee el blog. Pues bien, hoy me apetecía escribir sobre el tema. Por cierto, nunca pensé que pudiese llegar pensar un título que me diese vergüenza publicar, y bingo. Este es demasiado friki hasta para mí.

Sé cómo te sientes, Palmon. Realmente lo sé.

De todos modos, voy a hablar de una cosa que trasciende las pastelosidad primaveral que podemos ver por Facebook e Instagram, y es la necesidad de estar enamorado. Y sí, digo “la necesidad” porque parece que, si no lo estás, eres una persona rara y no apta para vivir en comunidad.

Lo que queda más allá de estar enamorado, no es el desamor por mucho que las películas de Hollywood nos lo muestren así. Como mínimo no en todos los casos. Y con esto llego a la cuestión principal, y es que, una persona suficientemente madura, no necesita estar enamorado de nadie ni tener pareja. Es lo típico que leemos en algunas frases o citas que pone alguien en Facebook sin saber nunca quién las dijo, ni en qué contexto. “No busques tu mitad, sé una entera y encuentra otra entera”. Y luego le damos a like sin saber qué significa, solo para parecer más guays.

Salto.

El otro día estaba delante del espejo mirándome, y me dio por fijarme en mis ojos, mi iris y su contorno, mis pupilas y mis escleróticas. Pensé en lo mucho que habían visto mis ojos, y todo lo que me faltaba aún por ver. En todos aquellos momentos que hubiese preferido no ver, y en todas aquellas personas que ves y recuerdas, pero que cuando ya no ves, aún recuerdas.

¿Soy el único que piensa en la gente que nunca piensa en mí? ¿Y cómo sé que no piensan en mí, si quizás sí lo hacen y puede que simplemente no se diga de igual modo que yo tampoco lo digo? ¿Y si piensas en alguien que piensa en ti, pero luego nadie dice nada? ¿Dónde va ese pensamiento? ¿Y si piensas que piensan en ti pero en realidad no piensan en ti, cuando tú estás pensando en ellos pero realmente nadie piensa en ti y si desaparecieses el universo seguiría dando vueltas y en tres generaciones máximo, tu recuerdo hubiese desaparecido, si es que alguien te recordaba después de la primera generación que dejaste?

"Error 404, "feelings" not found in "society" folder"

Dice la poesía “Los suspiros son aire y van al aire, las lágrimas con agua y van al mar, dime tú, ¿cuando el amor se acaba, sabes tú a dónde va?”.

Realmente darte cuenta de que pensar en gente que no piensa en ti, es como la hormiga que piensa en los humanos mientras los humanos no ven a la hormiga, es duro. Pero hay que hacerlo para evolucionar como persona, para valorarnos, y para ser conscientes que levantarse cada mañana vale la pena solo por poder seguir llenando de recuerdos nuestra mente, y mirando situaciones con nuestros ojos. Solo para nosotros mismos es que vale la pena levantarse por la mañana. Y puede parecer un pensamiento egoísta, lo sé, pero en ocasiones, cuando vivimos en sociedad, debemos aprender a mirar por nosotros, y eso no es madurar, eso está implícito en todo ser vivo y se llama "supervivencia". 

La culpa, en definitiva, no es de la hormiga por pensar en los humanos mientras ellos no piensan en ella. El problema es de los humanos, que, sin darse cuenta, se están perdiendo la hermosura de la vida, y eso se traslada a todos y cada uno de los momentos que vivimos.

Y no hablo solo del amor interpersonal. Me refiero también al amor por uno mismo y las ganas de vivir que tenemos. Vivimos rodeados de gente depresiva sin ánimo ni capacidad de entender su verdadero potencial, precisamente porque la sociedad nos está convirtiendo en máquinas precisas para realizar unas funciones determinadas que piensan más por los demás, su trabajo o su carrera, que por ellos mismos. La gente no sabe qué rol social asumir, y mientras se integren en un colectivo, ya les va bien. Y no deberíamos permitir que se siga este ritmo de vida en una sociedad en la que cada vez más prima la comunicación, que el contacto cara a cara.


Mientras digievolucionemos como especie, no hay que olvidar que por encima de todo, somos personas. 

jueves, 23 de febrero de 2017

Los "Reyes Magos" y las ilusiones

Hola, ¿qué tal lector?

“Bien, Omar, aquí andamos, perdiendo el tiempo leyendo este blog, como cada jueves, y tú qué t… bueno, da igual, lo ibas a contar de todos modos…”.

Yo bien, gracias por preguntar. Hoy cumplo un año de operado después de llevar gafas durante 20 años. Pero bien. De hecho, hoy no venía a hablar de mí. Vengo a contar una historia sobre los Reyes Magos. Sí, sí. Los que habéis leído otras entradas, entenderéis a qué me refiero, y los que no, pues ya lo iréis pillando.



El otro día pensaba en cuando mi padre me contó que los Reyes Magos no existían. Qué desolación me invadió por dentro (de hecho, no fue tanta, fue raro, pero no me entristecí ni nada). Esta historia ya la resumí en medio de una entrada, que os animo a leer.

La cosa es que, pese a que sabía que los Reyes Magos eran mi padre y mi madre, en el fondo siempre tenía esa ilusión de niño pequeño de pensar que los regalos eran fruto de la magia, y que, de algún modo, la noche de Reyes tenía algún secreto místico.

No obstante, la vida para los pobres, es como una temporada de Juego de Tronos. Empieza suave, tranquila, hasta aburrida, y al final, <<PAM>>, decapitación al canto. En el caso de los Reyes Magos, te das cuenta que si no regalas tú, no hay regalos, así que la “magia” se rompe totalmente. A tomar por culo el misticismo, las cartas, los pajes y toda la mandanga.

Lo mismo pasa con tantas y tantas cosas en la vida. Nos ilusionamos, como es normal, con tonterías. Luego nos damos cuenta que no, que es imposible, nuestro lado racional nos indica que es inviable. Aún queda algún resquicio de esperanza en nuestro cerebro (a los ilusos nos pasa más y es peor, cual heroína para un adicto). Y finalmente, viene, o la hostia de frente, o bien…

“¿O bien…?”.

Comprar los regalos.

Básicamente lo podríamos resumir en que, a veces es mejor cerrar una puerta de la que sabes que no va a entrar nadie, y abrir una ventana para que entre el aire fresco, que quedarte esperando y mirando la luz que asoma tras esa puerta que ya sabes que no lleva a ningún lado.

La realidad es como un agujero negro del que, si no te acercas demasiado, puedes vivir en una falsa felicidad de ensueño e ilusión. Si te acercas un poco, notas el ralentí del tiempo y la deformación del espacio. Y al final, si te metes en el horizonte de sucesos, es cuando te das cuenta que todo ha sido una auto-mentira.

El ejemplo del agujero negro queda mejor de lo que nos pensamos. Si uno se acerca a un agujero negro, el tiempo pasa más lento para él, pero más rápido para los demás. Es como cuando uno se come el coco, que parece que todo deba ser un drama, cuando en realidad, es una inmensa chorrada enorme visto en perspectiva.

En definitiva. Los Reyes Magos no existen, es una putada, pero es verdad. Cuando somos niños, está bien creer en ello, y más si vivimos en sociedad y el resto de críos también creen en ello. Eso sí, hay que saber que cuando uno crece, las ilusiones también cambian, el mundo se vuelve más áspero quieras o no, y las perspectivas dejan de ser tan bonitas.

De ahí la frase del Maestro Aemon a Jon Snow “Mata al niño, Jon Snow, mata al niño y deja nacer al hombre”.

“Me encanta porque acabas con una cita celebre”.


jueves, 16 de febrero de 2017

Así amó Zaratustra


Un joven llamado Zaratustra, Zara para los amigos, vivió toda su vida en una burbuja de fantasía, siendo un ángel sin sexo ni atracción por otros humanos. Así era nuestro Zara (espero que no me reporte Inditex por Copyright).

Cierto día, Zara conoció a una hermosa chica, y sin saber cómo calificar lo que sentía, se creyó enamorado perdido. Suspiraba y por cada suspiro, exhalaba anhelos de pasar tiempo con esa chica, un amor platónico por quien sí perdía horas pensando, y por quien, por el contrario, no sabía si existía reciprocidad. Y además estaba buena. 



Zara no sabía qué era amar, pero viéndose cegado por el amor, se vio dispuesto a superar los obstáculos que hicieran falta por tal de no estar solo en este frío mundo. No era tanto querer dedicarle tiempo, sino que más bien, debía dedicarle tiempo.

La chica, al ver que nuestro Zara le servía bien como muleta para un cojo, procuró aprovechar al máximo ese sentimiento que sentía Zara por ella. No le importaba estar con alguien a quien no amaba, pero como mínimo no pasaba sola su estada en este frío mundo.

"Siempre con papeles malos para las chicas en tus blogs, Omar. Eres un machista y un opresor".

Cierto día, apareció un joven más poderoso que nuestro querido Zara. Cuando digo “poderoso” me puedo referir a muchas connotaciones que podemos dar a esa palabra, como adinerado, guapo, fuerte, listo, etc. Zaratustra tampoco era el puto amo (no todos podemos ser como el escritor de este blog). Así que nuestra dama de hielo se desentendió de nuestro Zara. Así. En seco.



Zara había sido el camello que soportó el peso de un amor que no le era recíproco, y soportó, y soportó. Al final se acabó pegando una hostia del copón como no podía ser de otra manera. Pero no hay mejor manera de aprender que a base de errores. Así Zara, indignado, se decidió a vivir por y para él, a promover únicamente su libertad por encima de las demás, y a nunca más aguantar la carga de nadie.

Fue en ese estado de león en el que Zara recibió una visita. No en un lugar determinado, tampoco en un momento concreto, una visita omnipresente. Un dragón de brillantes escamas le dirigió su contundente y ardiente voz para culparlo de su soledad. Un dragón llamado Sociedad le culpó de no seguir las tendencias normales y la corriente del río de la civilización. Zara no se amedrentó, pues su espíritu de león se lo impedía. Si su espíritu siguiese siendo el de un camello que aguanta el peso de los demás, seguramente se hubiese acojonado un poco, pero no era el caso. No obstante algo se le removió por dentro. El dragón tenía parte de razón.

Zaratustra entendió entonces que el ser humano necesita el amor para vivir, pero también entendió que no se puede ser libre si uno carga con el peso de las acciones de los demás. Fue entonces cuando Zara volvió a ser un niño y empezó su andadura de nuevo. Ya estaba preparado para iniciar una nueva relación con alguien a quien verdaderamente pudiese amar. Solo dependía de él, volver a ser un camello que soportase una carga innecesaria, ser un león que fuese repudiado por una sociedad intolerante, o encontrar un nivel por encima de esas categorías, rompiendo así el eterno retorno y el ciclo de la infelicidad.

Conclusión. Solo de él dependía ser un hombre, o un súper-hombre.

martes, 14 de febrero de 2017

Especial San Valentín: Poema al amor de verdad

Foto muy idónea para la poesía. Sí, sí. 

Oh el amor. Qué gran cosa.
Ya estés enamorado de un orco romero,
del más listo, del más puerco sincero
o incluso de la persona más hermosa.

Oh amor, qué gran cagarruta acontecimiento.
Siempre pensé que era muy bonito
pero un vendaval desvió el destino
de la flecha de cupido a un puto o puta un esperpento.

Oh amor, qué bonito es el amor.
Salvo si te regala una cebolleta,
una fregona, una plancha, una bayeta
o cualquier cosa menos una flor.

Oh amor, qué sorpresa y qué destino.
A mí realmente se me cae la baba
cuando veo como una relación acaba
por culpa de unas copas de más de vino.

Oh amor, qué inspiración tan repentina.
Se me acaban las palabras de una forma
que ni el más atolondrado soñador se imagina.

Oh amor, una palabra que muy bien suena.
Ojalá dedicásemos los mismos días al año
a cosas que verdaderamente valen la pena.


Omar Habbab - Oda al amor de verdad.

jueves, 12 de enero de 2017

¿Querer o no querer? Esa es la cuestión.

Jajajaja ¡Muere Cupido, muere!
Antes que me odiéis eternamente por el título, lo sé, soy un blasfemo shakespeariano. Dicho lo cual, vayamos a ahondar en el tema que nos ocupa en esta entrada.


¿Querer o no querer? ¿Hacernos daño o ser cobardes? ¿Qué tipo de ser establece la invisible franja que divide el querer a alguien, o ser un cobarde por ni tan solo intentarlo? ¿O es, acaso, el querer a alguien, algo involuntario?

“Ahonda, ahonda, que me interesa”.

Si revisamos una entrada anterior (cuyo vínculo pondré aquí pero para los más vagos, resumiré), y respondiendo a la última de las cuestiones planteadas, no. Querer no es algo involuntario. Enamorarse quizás sí, pero de ahí a querer, con defectos y virtudes, no. Pongamos un ejemplo. Yo me enamoro, y veo a doña perfecta. Yo quiero a alguien, pese a sus defectos, comprendo que yo también los tengo (vaya, sorpresa, no soy el blogger demiurgo y perfecto que muchos creían), y por eso la quiero tal y como es, aunque sea una loca chiflada que frecuenta los cementerios para practicar la necromancia. Bueno... No tanto. Igual ahí ya me daría un poco de repelús.

Establecido el límite de lo que es querer, vayamos más allá y profundicemos el hecho de que sea algo voluntario. Una persona enamorada puede desenamorarse, o puede aceptar los defectos de la otra persona. Eso requiere cierto grado de madurez y autoconocimiento, pero también pide iniciativa, y si una persona no quiere querer a otra, no lo hará por mucho que haya estado enamorado.

“Anda, pues visto así, sí que es verdad, sí. Pero... un momento... ¿qué es el amor entonces?”.

Oh, la pregunta del millón que cientos de miles de personas han intentado explicar con hojas y hojas de prosa. Yo lo explicaré en un párrafo.

Pongamos que hace un frío que pela y queréis tomar algo calentito. Preparáis un Colacao, pero quedan grumos y sois de ese tipo de persona a la que los grumos les molesta (sí, el físico también importa, no nos engañemos). Lo bebéis, y empecinados a conseguir la fórmula para que el Colacao os salga sin grumos, hacéis otro. Y otro. Y otro. Cuando ya parece que se os acaba el Colacao y vuestras entrañas van a reventar de tanto beber, desesperados por crear el Colacao de vuestra vida, pegan en la puerta. Alguien os trae Nesquik. Eso es el amor. Descubrir una y mil veces lo que no funciona, hasta que comprendes qué es verdaderamente lo que buscas, lo encuentras y entiendes que es lo que querías. Por eso el amor de los padres tarda 9 meses en gestarse. Por eso el amor y el desamor están ligados.

Pero vayamos más mar a dentro, pues el océano de posibilidades es enorme, y no es oro todo lo que reluce. El amor y, por lo tanto, el hecho de querer a alguien, puede doler, y los desengaños son la cima del precipicio por el cual podemos caer y llevarnos una hostia del copón. Esto suele pasar a medida que conocemos a la otra persona, y por ello es importante conocerse a uno mismo antes que conocer a los demás.

“Pero vamos a ver, conocerse a uno mismo es imposible. Hay gente que hace viajes o requiere psicólogos y meditación para ello”.

Esa es una de las grandes mentiras de nuestra sociedad y está apoyada sobre la cultura del autoengaño. Desde que nacemos nos engañamos para pensar que somos de la manera que nuestros padres, profesores o ídolos, quieren que seamos. Vivimos años forjando una forma de ser que no es la nuestra, y enterrando nuestro yo debajo de una pila de escombros que nos convierten en lo mismo que los demás, solo y únicamente para encajar. Y luego nos dicen cuatro iluminados “es que no te conoces”, “es que no te quieres”, “es que no te cuidas”, “es que no piensas en ti”. Y yo les digo, CLARO QUE NO, JODER, CLARO QUE NO.

Nacemos y nos dicen que no lloremos, crecemos y nos dicen que seamos buenos, maduramos, y la infinita lista de cosas que debemos hacer engloba estudiar, trabajar, conseguir pareja, crear una familia, comprarse una casa, un coche, etc. Hasta que nos hacemos viejos y nos damos cuenta que todo ha sido efímero, que ya nada sirve para nada, y que hemos vivido toda la vida engañados. O no nos damos cuenta hasta que vamos a morir.

Imaginaros a vosotros, con 80-90 años, en la cama de un hospital, viendo que, primero, vuestros hijos están trabajando, vuestros nietos están estudiando, que los coches que comprasteis no os sirven de nada, que vuestra casa está vacía sin vosotros, y que vuestra pareja puede que siga con vosotros o puede que no. Ya nada sirve de nada. ¿Pero ha servido en algún momento?

Vivimos engañados. Sabemos quién somos, lo hemos sabido siempre, hemos sabido lo que queremos, y nos han intentado engañar. Somos lo más valioso que tenemos. SOMOS LO MÁS VALIOSO QUE TENEMOS.

“No sé si ha quedado claro eso último, ¿podrías repetirlo un par de veces más?”.

SOMOS LO MÁS VALIOSO QUE TENEMOS. Vale, ya. Creo que ha quedado claro.

Si no nos queremos a nosotros, ¿cómo diablos vamos a querer a alguien? Si no nos conocemos a nosotros mismos, ¿cómo diablos vamos a vivir sin tener un desengaño?

En definitiva. Querer, sí. Pero primero, ante todo, querernos a nosotros, aceptarnos como somos, y luego ya, si eso, si precisa, pues querer a los demás. Sin prisa tampoco, no queramos correr con estas cosas, que las carga el diablo.

 Y si no, recordad, todo el mundo es prescindible para todo el mundo menos nosotros mismos. 

jueves, 5 de enero de 2017

No controles mi forma de pensar porque es total

Con este título tan de Mecano, me dispongo a exponer una reflexión surgida de un par de conversaciones, alguna frase épica de algún profesor, y alguna foto de FB (Facebook para las víctimas de la brecha digital). Para situarnos, hoy hablaré de cambiar en general, porque ha llegado el 2017, la gente se hace propósitos de año nuevo y algunos conllevan cambiar de forma de ser o pensar. Y hay que meditarlo dos o más veces.


Ejemplo: Tu pareja dice que te quiere, pero que hay cosas que no le gustan de ti, por ejemplo, cuando hablas de política en las cenas y acabas invadiendo medio continente. O cuando se te va la castaña y empiezas a hacer humor negro racial. O cuando peinas las muñecas de tu colección mientras les hablas entre susurros. Ha pasado, por eso lo digo. No a mí.

Pensemos en la situación. Si fuese una opinión de tu pareja o amigos, sería aceptable. Todo el mundo tiene derecho a opinar sobre lo que quiere. De hecho, todo el mundo tiene derecho a despotricar y censurar aquello que no le gusta. El problema está cuando intentan cambiarte. Entonces piensa mal.
Cuando una persona quiere realmente a otra persona, significa que quiere sus virtudes y aprecia o como mínimo, respeta sus defectos, que, en definitiva, todos tenemos. De hecho, cuando estás enamorado, no percibes grandes defectos, y cuando quieres, es cuando los comprendes y los asumes. Esa es la diferencia entre enamorarse y querer.

El problema es cuando no es así, y tus defectos no son aceptados por la otra persona, que también tendrá sus defectos y que puede que aceptes. De hecho, querer cambiar a la otra persona y querer controlarla, es exactamente lo mismo, y muchas veces puede llevar a la persona a la que quieren cambiar, a entrar en una espiral autodestructiva depresiva.

Pero como veo que se está liando la entrada, voy a poner un ejemplo sencillo para que me entendáis.

“Gracias, ya me estaba liando con tanto cambiar”.

Mi nombre es Omar, soy pobre y tengo un Ford Focus C-Max con casi 15 años. La chica de la que estoy prenda (jerga de coleguis), es súper pija y le molan los coches de gama alta. Mi objetivo es que esté conmigo forever, pero con mi coche no tengo ni para empezar.

“¡Cáspita! Pues no sé qué decirte, si solo te quiere por tu coche, no parece una persona muy madura…”.

Solución, necesito un coche de gama alta, pero para eso me ha de tocar la lotería, pues soy pobre. O eso, o me pido un crédito, que igual no podré pagar y me acabarán embargando la casa porque repito que soy pobre y tal.

Pero dejemos a mi yo imaginario, y volvamos a analizar la situación. Controlar a una persona es hacer que cambie, en este ejemplo, que cambie de coche. Un ejemplo un tanto absurdo, pero llegamos a la misma situación que con los ejemplos anteriores.

A la chica con la que salgo no le gusta que peine muñecas mientras les susurro, y me pide que deje de hacerlo, que parezco raro, o me deja. Así que dejaré de hacerlo.

La chica con la que salgo odia el humor negro y me pide que deje de hacer chistes de etíopes mientras cenamos, o me deja. Así que dejaré de hacerlo.

La chica con la que salgo me pide que deje de hablar de lo magníficos que fueron Hitler y napoleón, o me deja. Así que dejo de hacerlo.

Y así me podría pasar horas, y es que, ejemplos como este son muy cotidianos, aunque no lo creamos. A mí, personalmente, me parece terrible que vivamos en un mundo en el que, dejamos de ser esclavos de la nobleza para someternos al yugo de alguien que quiere tener un control sobre nosotros simplemente porque en su vida nunca ha sentido el poder, o por el motivo que sea que alguien puede ser así. La verdad es que me trae sin cuidado.


Si te quiere, no te intentará cambiar. Te aceptará con tus defectos y virtudes, que todos tenemos, y del mismo modo, tú le aceptarás los suyos. Así es como funcionan las relaciones interpersonales y estables. El resto es basura hipócrita que durará poco porque alguno de sus miembros o los dos, no han madurado suficiente. 

PD: A veces sí que hace falta cambiar, por ejemplo, si peinas muñecas mientras les susurras cosas, pero eso ha de salir de dentro de uno mismo, nunca ha de ser objeto del chantaje emocional de otra persona.


jueves, 8 de diciembre de 2016

Me han roto el corazón


El otro día estaba pensando, y ya sabéis que pensar demasiado a veces no es muy bueno. En mi caso es peor, porque se me ocurren unas cosas que después acabo plasmando en el blog, y es ahí cuando empezáis a intuir que algo falla en esta cabecita que se aguanta sobre mis hombros. Intuición falsa, aquí no pasa nada, circulen.

El caso es que el otro día acudió a mi consulta del amor (o llamadle como queráis al hecho que te pida consejo un colega), una persona con el corazón roto en mil pedazos. Se ve que le dieron calabazas. Bueno. Después de explicarle muy amablemente que no preguntaba precisamente a la persona adecuada, se me encendió la bombilla.

Le planteé tres acciones que debía hacer después de sufrir unas calabazas como un campanario. Pero antes de entrar en materia, ¿qué son unas calabazas?

Una calabaza es el fruto de la planta Lagenaria, o bien dícese cuando una persona a la que profesas un sentimiento de afección relativamente profundo, te dice que no es recíproco. En ese momento, te está dando calabazas (que ojalá te las diese de verdad, porque así eso que te llevas, luego haces un puré de calabaza o algo, y se te van todas las penas).

Volviendo a los tres puntos/acciones que le propuse. Fueron los siguientes:

1. Llorar y arrepentirte. Este punto es terrible. A nadie le gusta aguantar todo el día a una persona que se pasa las mañanas y las noches llorando y preocupándose por algo que hizo, hizo mal, o simplemente no hizo. Este punto muerto yo lo solucionaría con un par de hostias consejos. Pese a mi buena voluntad, lo que necesita una persona en este estadio de la enfermedad calabazil, es la compañía de buenos amigos que le eviten entrar en una espiral autodestructiva. La vida va más allá de lo que piense de ti una persona en concreto. Levanta la cabeza y sonríe, princeso o princesa, que somos miles de millones en este planeta. Esto es solo un tropiezo en la inexpugnable cuesta que te llevará al éxito.

2. Olvidarte de él o ella. Cuesta olvidar a una persona que tienes incrustada en los sesos, y más cuando ha sido durante tiempo. Lo que sí ayuda es pensar que, mientras para ti ha sido una página del libro de tu vida, para la otra persona solo has sido una página de libreta, y de espiral, de las que se arrancan con suma facilidad. Si la otra persona no está mal, nada te debería preocupar. Olvida todo, empieza de nuevo y sé libre. Tú pierdes una persona que no te quería, pero la otra persona pierde alguien que sí le quería. Y parafraseando una afirmación de Game of Thrones, en el juego del amor, o se gana, o se muere. En este caso para olvidarte de la otra persona no hace falta que llegues al extremo de envenenar su bebida al estilo Joffrey Baratheon, pero sí te ayudará borrarla de tus redes sociales. Borrón y cuenta nueva.

“Estoy tomando apuntes, sensei del amor, pero, ¿y si queréis seguir de amigos?”.

A los cuatro años mi padre me contó que los Reyes Magos no existían. Yo sorprendido más que desilusionado, le pregunté si el ratoncito Pérez tampoco existía, a lo que me dijo que tampoco, que todos los regalos los pagaban él y mi madre con el dinero ganado del sudor de su frente. Así que no, amigo. Ni los Reyes Magos ni el ratoncito Pérez existe. No te engañes.

3. Este punto es algo polémico, así que a partir de ahora procuraré vigilar debajo del coche, no me vayáis a dejar algún artefacto explosivo tras lo que voy a decir. Ya me ha pasado muchas veces en el Democracy (un videojuego en el que simulas ser presidente de algún país, y en el que en su versión africana, siempre me acaba matando un grupo terrorista feminista).

Sé un pulpo.

Entiendo que pueda sonar raro, pero los pulpos son sentimentalmente felices (los machos, las hembras después de ser inseminadas, protegen los huevos, los oxigenan, y tras un mes sin alimentarse, muere cuando se abren los huevos (sorry girls).

Me explico, los pulpos tienen tres corazones. Más allá de la explicación biológica que tiene, el caso que nos ocupa es que tienen tres. No uno como los humanos. Tres.

Si le rompes el corazón a un pulpo, da igual, le quedan dos, y mientras se le cura uno, aún puede vivir como un pulpo normal sin que, por culpa de unas calabazas, este deje de vivir como hasta ese momento.


Sé un pulpo. No te dejes amedrentar porque una persona no te corresponda. Aún te quedan 2 corazones. 

PD: Si no me mata un grupo terrorista feminista, me matarán unos biólogos enfurecidos. Esta entrada me ha quedado demasiado estilo Playground. Lo reconozco. Soy un malote.

PD2: Otra cosa que puedes hacer es crecer. Crece como persona, usa un poco la empatía, y entiende que la otra gente también puede decir que no. Y, al igual que tú, cuando dicen que no, no es un "sí, pero insísteme". Un no es un no, tanto si eres tío, como si eres tía. Acéptalo, crece, enfádate si quieres, pero si tú eres libre, los demás también lo son. Así que crece, deja de sentirte el centro del Universo y aprende que no todo depende de ti. En ocasiones, por mucho que hagas, no hay nada que hacer.

Y nada de venirse a bajo.


Hay un momento en la vida en la que es muy y muy importante saber decir que no, saber aceptar un no, o saber interpretar las señales para provocar ese no. Y es justo cuando una relación supera el lindar de lo psicológicamente sano, y una de las dos personas empieza a aprovecharse de la otra a sabiendas que esa persona está enamorada, es en ese momento cuando hay que dejar el gilipollismo del enamoramiento de lado, y pensar en uno mismo. Hay relaciones que te dejan el autoestima por el suelo, y es mejor saber cortar cuanto antes una relación con alguien gilipollas/caraculo/subnormal, que acabarse haciendo más daño de la cuenta.

Al final ese o esa gilipollas/caraculo/subnormal, acabará creciendo, y puede que una vez haya madurado, siga siento gilipollas/caraculo/subnormal, pero entonces ya no será problema vuestro, porque habréis sabido cortar ese vínculo cuanto antes, y ojalá esa persona se quede eternamente sola hasta que aprenda que no se va a ningún lado siendo gilipollas/caraculo/subnormal. Y si no lo aprende, para eso cobramos los profesionales sanitarios.

Sugerencia de peli que debéis apuntar. 500 days of Summer.

Dicho esto, solo añadiré una cosa más. No dejéis nunca que la actitud o los comentarios de nadie, os minen el autoestima. Nunca. Más vale un "que te jodan" a tiempo, que un "que gilipollas he sido". Sinceramente y con el corazón en la mano.

jueves, 1 de diciembre de 2016

Mi regalo de cumpleaños: Gracias y adiós


Antes que penséis lo que no es por el título…

“¡Sí, al fin cierras este endiablado blog y te dedicas a tus cosas para dejarnos definitivamente en paz!”.

No. Esta entrada es un especial porque hoy es mi cumpleaños, hago 24, y he decidido tomar las riendas de mi vida sin miedo a equivocarme. La entrada va dedicada a unas personas que ojalá se den por aludidas porque tampoco voy a decir sus nombres. (No te flipes, lector cursiva, que el blog seguirá).

Además, creo que esta entrada de blog es totalmente necesaria. Cuando sea un señor mayor de estos que miran obras y refunfuñan todo el día, quiero leer esto con mis gafas de señor mayor desmejorado, y pensar en lo mucho que hice, y lo poco que me valoraba a mí mismo. Quiero enfadarme, y luego quiero dar la lección a mis nietos para que aprendan que sí, solo se vive una vez, que sí, hay que aprovechar el tiempo, pero que sobre todo, hagan las cosas con el convencimiento suficiente para no arrepentirse nunca. Y ahora sí.

Gracias. Muchísimas gracias. De todo corazón. 

Como ya he dicho, hoy es mi cumpleaños, y como últimamente me da mucho por revisar fotos antiguas, estuve mirando fotos mías de hace tiempo y dándome cuenta de cómo he llegado a cambiar al largo de los años. Seguramente más en los últimos de la carrera y sobretodo estos dos últimos, por cosas de la vida, he cambiado mucho.

He aprendido cosas, he ampliado mi círculo de amistades, pero si algo he cambiado de verdad, ha sido mi forma de ser y actuar. En esencia sigo siendo el mismo, pero de carácter, he cambiado totalmente, y eso se lo debo a la gente que ha aparecido en mi vida, pero también a los que han desaparecido.

Solo puedo y quiero tener palabras de gratitud en este momento, y lo cierto es que podría no tenerlas, y este blog podría bien ser un blog donde invocase a mil diablos para que hiciesen justicia a cambio de toda mi maldita suerte.


Pero no. No me sale de dentro. Lo único que puedo hacer es dar las gracias y decir adiós. Y ojalá las personas a las que me refiero, se den por aludidas. Decían en Love Story que amor significa no tener que decir nunca un "lo siento". La película era de las favoritas de mi padre, pero realmente no tiene coherencia porque el final es terriblemente malo, y si uno es un capullo, pues un "lo siento" no soluciona, pero tampoco está de más.

La gente entra en la vida de uno sin que éste se dé cuenta, y cierto es que sale también sin que uno se imagine que será la última vez que verá a esa persona. Un día conoces a una persona, quedas, y ya nunca más vuelves a saber de aquella persona precisamente por un cúmulo de circunstancias llamado generalmente como “vida”. “La vida es así” dije en el discurso de graduación donde me despedí de muchísimos amigos a los que veía cada día y algunos con los que puede que no me vuelva a cruzar. La vida es así, llena de luz, llena de color...

La vida y el tiempo. El tiempo y la vida. ¿Estamos aprovechando el tiempo a sabiendas que vamos a morir? El ser humano tiene más preocupaciones que esta, y gracias a eso, es posible ser feliz con las cosas que hacemos.

El tiempo pasa incansable,
bajo la lluvia de noviembre.
Espero tu mirar amable,
y descansar para siempre.

Mil noches en vilo pasé
pensando en lo que hice mal,
la verdad fue que ignoré
que tú no estabas igual.

La vida de todo ser son dos días,
medio ya creo que lo he pasado
aguantando todas estas tonterías.

No vale frustrarse si no fragua
el amor que pronto empezó tonto
y se ahogó en un vaso de agua.

Y adiós.

¿Y adiós por qué? Adiós porque hay que saber soltar aquello que no es nuestro y no necesitamos ni nos necesita. Decía un proverbio chino que, si realmente amas una flor, la dejarás dónde la viste, precisamente porque, si la arrancas, se pudrirá y morirá. En cambio, si la dejas en la tierra, vivirá lo que debe y donde debe. Puede que no la disfrutes tanto como te gustaría, pero cierto es que la otra opción es demasiado egoísta. Obsérvala, riégala cuando lo creas conveniente, y no intentes poseerla, porque será entonces cuando todo se estropeará. 

Este proverbio lo leí de pequeño en un libro de relatos cortos, y desde entonces no me lo pude quitar de la cabeza.

“Un poquito pagafantas ese proverbio, ¿vas a culpar a un asiático medieval de tus fracasos amorosos?”.

Así pues, como decía, la gente entra en nuestra vida, y se va sin decir nada. Lo mejor que podemos hacer es aprender de todo el mundo que por casualidad y fortuna, se ha cruzado con nosotros, y saber decir adiós cuando es oportuno. Porque nunca se sabe cuándo puede ser la última vez que veamos a alguien, y si realmente ha sido alguien que ha influido en nuestra forma de ser, hemos de ser capaces de decir adiós.

Si te vas te pido algo,
vete sin ningún reparo.
La puerta, ciérrala bien,
yo diré cuándo la abriré.

No necesito compasión,
para nada eres mi obsesión.
La vida apenas he perdido,
pues de mis errores he aprendido.

Las oscuras becquerianas golondrinas,
se aburrieron muy temprano al saber,
sobre nuestras acomplejadas vidas.

Me callo ya suponiendo que para vos,
me estoy haciendo ya muy cansino.

Sin más alargo pues, gracias y adiós.

¿Por qué? No hay nadie en este mundo mejor para influirnos que nosotros mismos. No hay nada en este mundo más importante para nosotros que nosotros, ni a nadie hemos de querer más que a nosotros. Esa es la verdad y todo el resto de cosas es basura. El qué dirán, el cómo nos mirarán, el qué estarán pensando o el qué pasará. El momento es ahora, la persona eres tú mismo. Todo el resto son cosas artificiales y basura mental que hay que sacar antes que pase el camión y se quede dando peste. Esa es la realidad.


Nos levantamos cada mañana pensando en las cosas que hemos de hacer porque vivimos en una sociedad en la que, si no haces lo que debes, eres repudiado, miran mal, piensan mal. Da igual. Lo importante eres tú mismo. Da igual lo que piense el resto, da igual lo que te digan, da igual que no te valoren por quien eres ni por cómo eres. El mundo es cruel y lo seguirá siendo, aunque bajes la cabeza y te rindas. No les des ese gusto. Sigue adelante, piensa en ti y disfruta del ahora porque nada ni nadie merece robarte tu valioso tiempo más que tú mismo. 

No tomes un consejo como una ley firme. Piensa tú, y actúa en consecuencia. Solo así podrás tomar las riendas de tu vida y ser realmente quien quieres ser. Solo así serás feliz.

PD: Me embarga una extraña sensación de tranquilidad después de publicar esto. 

martes, 26 de julio de 2016

La historia [no tan bonita] de amor [no tan ideal].

Bien. Tenía preparada una entrada de blog brutal y agresiva en la cual me desahogaría por ciertos acontecimientos de mi vida. Todo ello de forma políticamente correcta, claro está. Aun así, creo que no voy a publicar jamás esa entrada (como otras que quedarán en “borradores” para siempre).

Hoy os voy a contar una historia de amor entre un chico y una chica. Sí, lo sé, podría haber dicho entre una chica y una chica, o entre un chico y un chico. Espero que el hecho de hacerlo entre una chica y un chico no ofenda a ninguno de mis lectores gay.

Volviendo a la historia, digamos que este chico y esta chica se conocieron por una de esas cosas que suceden en todas las historias de amor fantásticas y que resulta que son tan increíblemente apasionantes que luego se escriben libros y entradas de blogs políticamente correctos.

“Buah, Omar. ¿Se viene entrada pastelosa? Yo me voy antes que…"

Espera.

Típico acontecimiento adjudicado a algo más que el simple azahar por el que se creó la palabra “destino”, dos personas se enamoran y tienen una relación que dura un tiempo determinado, son felices y puede que jamás nunca se acabe su amor. Genial, fantástico. Qué historia tan bonita. Me encanta. Creo que me dedicaré a escribir un libro de 500 páginas de cómo esta pareja mantiene relaciones sexuales sadomasoquistas y lo titularé “400 sombras de…”, ¿Gray? No. Mejor que sean 500.

Perdonad mi difamación. Volviendo a la historia de amor, digamos que chica y chico tienen diferentes conceptos de la relación que mantienen. Una lo ve más como una amistad. El otro lo ve más como una relación unida por el destino que además será inquebrantable y seguro que tienen muchos hijos porque claro, resulta que el otro día hablaban de una serie de conceptos terminológicos sobre la concepción y coincidieron en ciertos aspectos en la materia, y además la fertilidad es un término que ciertamente…

Vamos, que mientras una no pensaba en una relación seria, el otro se flipaba un poquitín.

No obstante, el hecho que el chico se flipase echó a la chica atrás, y le dejó claro los términos de su relación contractual, cosa que entristeció al chico. Así pues, la chica y el chico se distanciaron, y el chico, que como buen iluso ya se había ilusionado, se deprimió seriamente, cosa que después repercutió en su trabajo, en su trato con los amigos, su familia, etc. Vamos, que se sentía muy y muy mal y realmente le afectó mucho.

Por su lado, a la chica no le pareció importar demasiado pues ella nunca lo vio como una relación estable ni seria, y por esa condición, tampoco le costó demasiado conocer a alguien más que ocupase el sitio de nuestro protagonista, con quien esta vez sí mantuvo una relación seria hasta el punto de casarse, tener hijos, y todas esas cosas tan protocolizadas que toda persona seria y normal ha de hacer en la vida para ser respetado por sus iguales.

Pero volvamos a la historia del chico. Este al ser un flipadillo de la vida, no pudo rehacerse del golpe, y vagó y vagó por las calles, buscando una pared donde apoyarse. Se apoyó en alguna barandilla, pero cuando lo hacía, se daba cuenta que jamás encontraría una pared tan segura como de la que había dependido tiempo atrás. Y vagó y vagó. Triste y sin ánimo alguno vagó por las calles de la soledad sin saber dónde hallar una luz de esperanza que le ayudase a tirar adelante. Perdió su faena, se distanció de sus amigos y se dedicó a su decadencia.

Pero oh, casualidad de la vida. Resulta que el hecho de perder la faena le impulsó a buscar otra, en la que, oh casualidad de la vida, encontró una chica. Fue entonces cuando se dijo a sí mismo “esto debe ser el destino, nada pasa por casualidad”. Pero cierta sombra del ayer invadió su mente y corrompió la idea que había ocupado su masa encefálica.

“No es el destino” se dijo. “El destino no existe. Si no hubiese perdido la faena, jamás hubiese venido a buscarla aquí, y jamás hubiese conocido a esa chica. Además, puede que esa chica tampoco sea lo que busco realmente. El mundo está lleno de oportunidades y personas con quien congeniar. Simplemente hace falta el suficiente valor y autoestima para salir ahí, a la jungla de la sociedad, a tantear la suerte, y quien sabe si algún día, entre esas oportunidades encuentre una que realmente esté hecha a mi medida. Seré yo el que la encuentre. No puedo esperar a que un ente llamado “destino” lo haga por mí”.

Fue entonces cuando nuestro protagonista halló la respuesta en sus propios errores y supo sobreponerse a las adversidades del destino para alcanzar el éxito (concepto un tanto relativo) en las facetas que se propuso a partir de ese día.

“Bueno, final feliz para todos. Ahora cuéntanos, ¿a qué viene esta historia?”.

Si la cáscara del huevo no se rompe, el polluelo morirá sin haber nacido.

“¿Esa es tu respuesta? ¿Solo eso?”.


No creo que se necesiten palabras para describirlo realmente. Solo hay que salir y verlo con tus propios ojos. No dejes que los demás lo vean por ti.

miércoles, 18 de mayo de 2016

La amorosa teoría del coche fantástico de Omar Habbab


Hoy vengo con una entrada sobre el amor porque sí, en este blog también se habla del amor. He hecho en la segunda entrada, recuerdo haber intentado formular una serie de frases para ligar parafraseando a Mao Zedong.

Como ya comenté en la anterior entrada, yo por cosas de la vida, realicé un año sabático en el cual pude reflexionar sobre diversas cuestiones relacionadas con la sociedad y el rol que jugamos las personas en ella. Anteriormente he hablado de mi teoría de “El Banco de Peces”, y hoy os traigo amor.

“Bueno, yo como lector crítico que soy he de decir que tú dando lecciones de amor, suena raro”.

Todo empieza con un sueño que tuve en el cual una chica me decía una frase muy interesante. Es decir, no me la decía nadie. Era mi subconsciente que se inventó todo. No sé por qué, siempre suelo soñar y francamente, mis sueños suelen ser ciertamente reales, así que parecen películas. De hecho, muchos de los vídeos que he hecho a lo largo de mi experiencia en YouTube, están basados en ideas de sueños que he tenido.

Pero volviendo al sueño en cuestión. Esa chica que, de hecho, nunca llegó a existir, me dijo “el amor no es ciego, el amor te ciega”.

La frase es cuanto menos curiosa porque reformula de algún modo la idea que siempre hemos tenido pululando en el subconsciente colectivo sobre la ceguera del amor, que todo el mundo se puede enamorar de todo el mundo y esas cosas que parecen más bien sacadas de la película “Love Story” pero sin ese final tan… ¿Cómo decirlo sin hacer spoiler…? Tan curioso.

Aquí hay que hacer previamente dos consideraciones a esta premisa básica de “el amor es ciego”. Creo, y aquí vierto mi opinión personal, que para llegarte a enamorar de alguien o algo (y aquí abro un paréntesis para explicar que una persona también se puede enamorar de su trabajo, de alguna afición o de su casa, por ejemplo), primero te ha de gustar la persona o cosa. Es decir, que aquello conocido como “amor a primera vista” no existe. Es una mera invención para justificar el “por qué” de que algo nos guste en la primera impresión, y todos sabemos que la primera impresión es muy importante.

Una vez aclarada la diferencia entre “amor” y “gustar”, queda patente que el amor no puede ser ciego pues en la línea temporal, previamente a enamorarse, ha de gustarte eso, y sin conocimiento para poder decir "me gusta", no puede saber si quieres estar con esa persona o dedicarte a eso. Por poner un ejemplo, antes de decir "me gustan las patatas chips", has de haber comido patatas chips. De igual modo antes de llegar a decir "me pasaría toda la vida comiendo patatas chips", te han de gustar las patatas chips, porque las has de haber probado. Pero, y aquí viene la parte importante de la cuestión, ¿qué pasa si lo que te gusta tiene defectos, pero prefieres sus cosas buenas a sus cosas malas?

Una vez que ya has visto que algo te gusta, y a partir de ahí has conocido más en profundidad el tema o la persona en cuestión, es cuando te enamoras. Ahí es cuando el amor te ciega y hace que los defectos de la cosa o persona pasen a segundo plano. No los dejarás de ver ni percibir, pero preferirás centrarte solo en sus cosas buenas, a no ser que descubras algo terriblemente malo, cosa que desequilibrará ligeramente ese pensamiento hasta incluso romperlo todo y acabar con esa “ceguera parcial”.

Pero con tantos conceptos es realmente fácil liarse. Voy a poner un ejemplo.

“Sería de agradecer la verdad. Me está costando pillar tus sueños de nini”.

Ha salido un nuevo modelo de coche y tú lo miras en una revista de coches, en YouTube o en cualquier web donde ofrezcan sus prestaciones. Y cuando lo ves, te gusta. Algún analfabeto lo llamaría “amor a primera vista”. Incluso algún infeliz que no hubiese leído esta entrada de blog pensaría “vaya, con lo que gasta ese coche, está claro que el amor es ciego”.

Vas al concesionario, y lo pruebas, verificas que te gustaba y lo compras. A partir de ahí vives tu idilio amoroso con tu coche. Has de pagar su combustible, lo cual te deja arruinado, pero como estás enamorado del coche, pues no pasa nada. Hasta renuncias a pagar tus alimentos, el colegio de tus hijos o la hipoteca, por tal de mantener tu amorío. En ocasiones hay que sacrificarse por tal de disfrutar en pareja (aunque tu pareja tenga más plástico en las ruedas que Pamela Anderson).

Y ahí reside el problema. ¿En qué momento el perjuicio que aguantas por amor, acaba siendo superado por tus expectativas previas, haciéndote una persona infeliz?


Es ahí donde llegamos al principio de la teoría. El amor no es ciego, el amor te ciega, y en ocasiones tanto que acaba sobrepasando el lindar de la infelicidad. 

miércoles, 11 de noviembre de 2015

EL PAGAFANTEO y LOS PAGAFANTAS

Bien. Para hoy tenía una entrada super bonita y emotiva, pero creo que me la guardaré para mí. Hoy hablaré de uno de los grandes males de la sociedad. El “pagafanteo”. Un movimiento social y cultural que me atrevo a decir que trasciende al ser humano y que puede ser encontrado en diferentes especies de seres vivos de nuestro planeta.

La mantis religiosa es un claro ejemplo. La hembra se aprovecha del macho, y en la cópula, acaba con su vida después de obtener su esperma y ser fecundada. Pero ejemplifiquémoslo para que se entienda:

M. Macho: Hola, mi nombre es Norberto y soy un Mantis, encantado.

M. Hembra: Ah. Hola. Igualmente.

M. Macho: ¿Quedamos y te invito a algo?

M. Hembra: Oye, ¿podrías fecundarme? Es que debería expandir mi ADN de mantis por la biosfera.

M. Macho: Ah. Bueno. Vale. Y luego te invito a algo si quieres.

Mantis Hembra: Sí, sí, lo que tú digas.

(Después de ser fecundada, la mantis hembra decapitó al macho y devoró su cadáver cruelmente).

Otra historia sería la del caballito de mar:

Caballito: Hola, me llamo Rodolfo y soy un caballito de mar, encantado.

Caballita: Ah. Hola.

Caballito: Me pareces una caballita muy amable, sincera y guapa. ¿Crees que podríamos salir para conocernos más y pasar un buen rato charlando amigablemente?

Caballita: Estoy liada.

Caballito: Ah, tranqui. En otro momento entonces.

(7 días después la Caballita abre en privado al Caballito).

Caballita: Hola Rodoflo. J

Caballito: Es Rodolfo jeje

Caballita: Ah. Bueno. El caso es que he puesto unos huevos y quería pedirte que me los vigilases hasta que se abriesen.

Caballito: Vale, no te preocupes. ¡Yo me encargo!

Caballita: Ok. Gracias.

Caballito: Oye, ¿estás liada aún, o podemos quedar para tomar algo?

(45 días después, el Caballito no recibió respuesta de la Caballita y los huevos eclosionaron)

Así es como funciona el “pagafanteo”. Se trata que una chica o chico, se aproveche de los sentimientos de otra persona hacia él o ella, para obtener unos beneficios propios sin dar nada a cambio, y haciendo de todo solamente una relación unilateral.

No debería sorprendernos que pase algo así hoy en día. Hace centenares de miles de años, una australopiteca inventó el “amor” para que algún macho vigilase a los depredadores mientras esta iba al río a beber agua. Esto ya estaba inventado. Lo que pasa es que en una sociedad como la española, en la que parece que el aprovechamiento de unos con otros es vertical en la medida que los poderosos se aprovechan de los pobres, queda irrisorio que el aprovechamiento de unos con otros también sea horizontal por temas sentimentales.

Hay gente con poca dignidad en el mundo, y eso es un hecho. Lo que también es importante a tener en cuenta es que, el “pagafanteo”, dentro de la “frienzone” (zona cuyo límite está entre la amistad y la relación de pareja), acaba derivando en un “pagafanteo crónico”, lo cual comporta que puede llegar a ser más doloroso y difícil salir de ahí. 

Siendo una enfermedad crónica, como enfermero y apasionado de la investigación, es mi obligación explicaros cómo vivir con una enfermedad cronificada como el "pagafanteo". Si os encontráis en esa situación o tenéis algún amigo o amiga con este problema, lo mejor que podéis hacer es salir con él o ella, subir su autoestima y mostrarle lo grande que es el mundo. Explicarle que con lo grande que es el mar, quedarse anclado en un puerto que te cobra demasiados impuestos es una chorrada, y que una vez en la deriva del mar, al final se acaba encontrando una nueva costa donde atracar.

Dicho esto, y con todos los neologismos que he introducido en esta entrada de blog, estoy totalmente dispuesto a debatir sobre el tema y a responder vuestras dudas y sugerencias.



domingo, 30 de agosto de 2015

El amor, los australopitecos y las vacas


Bien. Hoy tenía el body para hacer una entrada de blog, así que ahí va.
Una vez acabadas las prácticas de la carrera, que acabé en el departamento de investigación contra el cáncer del Instituto Catalán de Oncología, una vez presentado por 3era vez consecutiva al concurso de cortos TuPunto.org, una vez presentado el Trabajo de Fin de Grado al tutor y haber sido evaluado por él, faltando solo grabar un vídeo para adjuntar al trabajo, y encuadernarlo y entregar las copias, una vez superada la semana de Girona Temps de Flors, una vez acabada la simulación clínica con muñecos el caso de urgencias el cual he sido el único de la promoción al que se le ha muerto el paciente por un error informático, y con solo faltándome la defensa del TFG; POR FIN PUEDO DECIR QUE ME SIENTO LIBRE.
Hoy amigos vengo a hablaros del amor. Sí amigos, el amor. Esa sensación de apego a alguien o a algo que es tan propia de algunos animales. Sé que muchos estaréis sorprendidos que no vaya a hablar de la campaña electoral, ni de los toros, ni del aborto ni ninguna memez de esas. No. Hoy vengo a hablar del amor.
El amor puede ser eso que profesáis por vuestro querido o querida, eso que da un padre o madre a sus hijos, una simple relación de amistad, o incluso esas caricias que dais a vuestras mascotas. Eso es amor, amigas y amigos. Eso. Es. Amor.
Ahora que ya sabemos qué es el amor, analicemos por qué existe y qué comporta.
En un capítulo de Doctor House cuyo número no quiero acordarme, House decía que el amor era la excusa que tenían los Australopitecos para acompañar el uno al otro para que mientras uno bebía agua del río, el otro vigilaba los depredadores. Bien. Esto es una opción. No obstante si bajamos en lo que a volumen encefálico se refiere, vemos que hay otros animales que seguramente, con menos masa cerebral, también sentirán amor. Igual no como lo siente un ser humano y lo demuestra yendo al cine y llorando con Titanic, pero no creo que a una vaca le haga demasiada gracia que te comas a su ternerito.
Así pues, sabemos que el amor es una relación de apego que por las leyes de Darwin han posibilitado que los animales gregarios tiendan a sobrevivir más que los que van a su rollo y se la cascan de espaldas al mundo.
Y muchos (tampoco lee el blog tanta gente, pero ya me entendéis), diréis “wah, qué cabrón el Omar, se cree que todo es ciencia y el amor no lo explica tus conocimientos, así estás sin novia”. Bueno. Acabas de herir mi corazón, voz en OFF.
El amor, además de ser un argumento muy recurrente de película, también nos hace liberar Oxitocina, una hormona que vamos soltando cuando socializamos, además de la Feniletiamina y la Adrenalina. Esas hormonas influyen en el ciclo de la dopamina, la hormona que nos hace sentir placer (como cuando leéis este blog o os metéis rallas de coca con vuestros colegas en la disco que frecuentáis).
Así pues, amigos y amigas. Love is in the air. ¡Disfrutad de la vida, y recordad que vivir enamorado es vivir más!


PD: Si leéis esta entrada y no entendéis por qué la hago, os explico antes que saquéis conclusiones precipitadas. Sigo soltero por desgracia para el Universo. Amor se escribe con las mismas letras que “Roma”, “Ramo”, y “Omar”. Jaque mate, ateos.