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miércoles, 18 de mayo de 2016

La amorosa teoría del coche fantástico de Omar Habbab


Hoy vengo con una entrada sobre el amor porque sí, en este blog también se habla del amor. He hecho en la segunda entrada, recuerdo haber intentado formular una serie de frases para ligar parafraseando a Mao Zedong.

Como ya comenté en la anterior entrada, yo por cosas de la vida, realicé un año sabático en el cual pude reflexionar sobre diversas cuestiones relacionadas con la sociedad y el rol que jugamos las personas en ella. Anteriormente he hablado de mi teoría de “El Banco de Peces”, y hoy os traigo amor.

“Bueno, yo como lector crítico que soy he de decir que tú dando lecciones de amor, suena raro”.

Todo empieza con un sueño que tuve en el cual una chica me decía una frase muy interesante. Es decir, no me la decía nadie. Era mi subconsciente que se inventó todo. No sé por qué, siempre suelo soñar y francamente, mis sueños suelen ser ciertamente reales, así que parecen películas. De hecho, muchos de los vídeos que he hecho a lo largo de mi experiencia en YouTube, están basados en ideas de sueños que he tenido.

Pero volviendo al sueño en cuestión. Esa chica que, de hecho, nunca llegó a existir, me dijo “el amor no es ciego, el amor te ciega”.

La frase es cuanto menos curiosa porque reformula de algún modo la idea que siempre hemos tenido pululando en el subconsciente colectivo sobre la ceguera del amor, que todo el mundo se puede enamorar de todo el mundo y esas cosas que parecen más bien sacadas de la película “Love Story” pero sin ese final tan… ¿Cómo decirlo sin hacer spoiler…? Tan curioso.

Aquí hay que hacer previamente dos consideraciones a esta premisa básica de “el amor es ciego”. Creo, y aquí vierto mi opinión personal, que para llegarte a enamorar de alguien o algo (y aquí abro un paréntesis para explicar que una persona también se puede enamorar de su trabajo, de alguna afición o de su casa, por ejemplo), primero te ha de gustar la persona o cosa. Es decir, que aquello conocido como “amor a primera vista” no existe. Es una mera invención para justificar el “por qué” de que algo nos guste en la primera impresión, y todos sabemos que la primera impresión es muy importante.

Una vez aclarada la diferencia entre “amor” y “gustar”, queda patente que el amor no puede ser ciego pues en la línea temporal, previamente a enamorarse, ha de gustarte eso, y sin conocimiento para poder decir "me gusta", no puede saber si quieres estar con esa persona o dedicarte a eso. Por poner un ejemplo, antes de decir "me gustan las patatas chips", has de haber comido patatas chips. De igual modo antes de llegar a decir "me pasaría toda la vida comiendo patatas chips", te han de gustar las patatas chips, porque las has de haber probado. Pero, y aquí viene la parte importante de la cuestión, ¿qué pasa si lo que te gusta tiene defectos, pero prefieres sus cosas buenas a sus cosas malas?

Una vez que ya has visto que algo te gusta, y a partir de ahí has conocido más en profundidad el tema o la persona en cuestión, es cuando te enamoras. Ahí es cuando el amor te ciega y hace que los defectos de la cosa o persona pasen a segundo plano. No los dejarás de ver ni percibir, pero preferirás centrarte solo en sus cosas buenas, a no ser que descubras algo terriblemente malo, cosa que desequilibrará ligeramente ese pensamiento hasta incluso romperlo todo y acabar con esa “ceguera parcial”.

Pero con tantos conceptos es realmente fácil liarse. Voy a poner un ejemplo.

“Sería de agradecer la verdad. Me está costando pillar tus sueños de nini”.

Ha salido un nuevo modelo de coche y tú lo miras en una revista de coches, en YouTube o en cualquier web donde ofrezcan sus prestaciones. Y cuando lo ves, te gusta. Algún analfabeto lo llamaría “amor a primera vista”. Incluso algún infeliz que no hubiese leído esta entrada de blog pensaría “vaya, con lo que gasta ese coche, está claro que el amor es ciego”.

Vas al concesionario, y lo pruebas, verificas que te gustaba y lo compras. A partir de ahí vives tu idilio amoroso con tu coche. Has de pagar su combustible, lo cual te deja arruinado, pero como estás enamorado del coche, pues no pasa nada. Hasta renuncias a pagar tus alimentos, el colegio de tus hijos o la hipoteca, por tal de mantener tu amorío. En ocasiones hay que sacrificarse por tal de disfrutar en pareja (aunque tu pareja tenga más plástico en las ruedas que Pamela Anderson).

Y ahí reside el problema. ¿En qué momento el perjuicio que aguantas por amor, acaba siendo superado por tus expectativas previas, haciéndote una persona infeliz?


Es ahí donde llegamos al principio de la teoría. El amor no es ciego, el amor te ciega, y en ocasiones tanto que acaba sobrepasando el lindar de la infelicidad. 

domingo, 8 de mayo de 2016

La sosa y aburrida teoría del banco de peces de Omar Habbab


A raíz de los atentados de Bélgica, han vuelto a surgir voces reclamando respuestas a la pregunta sobre la causa por la que un chico de aquí de religión musulmana, se radicaliza y mata a gente como él.

“¡Qué huevos hay que tener para que alguien que se ha criado aquí, acabe matándonos!”

Ante todo, esta entrada no es una justificación en absoluto de los atentados. Simplemente un vídeo me abrió el apetito de redacción y una cosa llevó a la otra. No es lo que parece.

“Mi esposa me dijo lo mismo mientras buscaba las llaves del coche de mi vecino en nuestra cama y tuvo que desnudarse junto a él para no manchar las sábanas”.

Concretamente el señor del minuto 5:00 
Nadie sabe ni por qué ni cómo se han llegado a radicalizar de ese modo. Bueno, sí, los supuestos expertos afirman que se radicalizan siendo captados a través de internet, pero antes que alguien se dedicase a captar a la gente por internet, alguien debía captarlo a él. Ahí algunos supuestos expertos afirman que fueron captados en mezquitas.

No es por deslegitimar a esos expertos. Obviamente parte de razón tienen, pero como cargarse internet o cerrar todas las mezquitas no es la solución, aún nos falta indagar más en el tema para comprender el motivo social que lleva a esto. Está claro que un mensaje convincente no es el único motivo por el que alguien va a matar a otros humanos.

“Ya, supongo que como mucho te pueden convencer para votar a un partido que entre en una guerra y así acabar matando indirectamente”.

Pues bien, os voy a contar una parte de mi vida y espero que la cojáis con pinzas porque soy muy melodramático con mi biografía. Al acabar bachiller no entré en la universidad hasta el año siguiente y tuve que hacer un año sabático, que no fue tan sabático porque estudié inglés, me saqué el teórico del carnet de conducir, y tuve mucho tiempo para reflexionar acerca de todo. Para mí fue un año en el que aprendí muchísimas cosas, y aunque suene muy típico de alguien que justifica su fracaso académico, aprendí cosas que no se enseñan ni en la escuela ni encontrarás en ningún libro.

Una de mis reflexiones fue la que llamo “Teoría del banco de peces”. Por aquel entonces solo era una idea que comentaba a algunas personas de mi entorno, pero no me atreví a plasmarla en papel con una extensa y metódica explicación hasta años después.

Los peces forman lo que se conoce como “cardumen” o “banco de peces” cuando se desplazan en grupo a través de kilómetros y kilómetros en el océano. Esto les proporciona ventajas y desventajas. No obstante, también hay peces que se aíslan del banco, y estos también tienen ventajas, e inconvenientes.

La aplicación en la sociedad actual es bien simple y está relacionada con la marginalidad social. La gente que se aleja de la sociedad, según ellos, lo hacen por su bien, mientras que verán la sociedad como algo de lo que alejarse por no poder sacar beneficio de vivir ahí, algo sucio y muy manido. En cambio, la sociedad los verá como individuos desplazados y marginales, nadie sabrá por qué se han alejado con lo genial y fabulosa que es la sociedad, y verá su modo de vida como algo horrendo.

Esta teoría ya la he aplicado en trabajos de la universidad, y algo me dice que mis profesores creen que estoy loquísimo por inventarme algo tal que comparar a humanos con peces. Yo creo que, en definitiva, el comportamiento humano en la sociedad es tan básico que no necesita más que una comparación así de simple para explicarla. No somos peces, pero tampoco nos comportamos socialmente como homínidos.