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jueves, 8 de diciembre de 2016

Me han roto el corazón


El otro día estaba pensando, y ya sabéis que pensar demasiado a veces no es muy bueno. En mi caso es peor, porque se me ocurren unas cosas que después acabo plasmando en el blog, y es ahí cuando empezáis a intuir que algo falla en esta cabecita que se aguanta sobre mis hombros. Intuición falsa, aquí no pasa nada, circulen.

El caso es que el otro día acudió a mi consulta del amor (o llamadle como queráis al hecho que te pida consejo un colega), una persona con el corazón roto en mil pedazos. Se ve que le dieron calabazas. Bueno. Después de explicarle muy amablemente que no preguntaba precisamente a la persona adecuada, se me encendió la bombilla.

Le planteé tres acciones que debía hacer después de sufrir unas calabazas como un campanario. Pero antes de entrar en materia, ¿qué son unas calabazas?

Una calabaza es el fruto de la planta Lagenaria, o bien dícese cuando una persona a la que profesas un sentimiento de afección relativamente profundo, te dice que no es recíproco. En ese momento, te está dando calabazas (que ojalá te las diese de verdad, porque así eso que te llevas, luego haces un puré de calabaza o algo, y se te van todas las penas).

Volviendo a los tres puntos/acciones que le propuse. Fueron los siguientes:

1. Llorar y arrepentirte. Este punto es terrible. A nadie le gusta aguantar todo el día a una persona que se pasa las mañanas y las noches llorando y preocupándose por algo que hizo, hizo mal, o simplemente no hizo. Este punto muerto yo lo solucionaría con un par de hostias consejos. Pese a mi buena voluntad, lo que necesita una persona en este estadio de la enfermedad calabazil, es la compañía de buenos amigos que le eviten entrar en una espiral autodestructiva. La vida va más allá de lo que piense de ti una persona en concreto. Levanta la cabeza y sonríe, princeso o princesa, que somos miles de millones en este planeta. Esto es solo un tropiezo en la inexpugnable cuesta que te llevará al éxito.

2. Olvidarte de él o ella. Cuesta olvidar a una persona que tienes incrustada en los sesos, y más cuando ha sido durante tiempo. Lo que sí ayuda es pensar que, mientras para ti ha sido una página del libro de tu vida, para la otra persona solo has sido una página de libreta, y de espiral, de las que se arrancan con suma facilidad. Si la otra persona no está mal, nada te debería preocupar. Olvida todo, empieza de nuevo y sé libre. Tú pierdes una persona que no te quería, pero la otra persona pierde alguien que sí le quería. Y parafraseando una afirmación de Game of Thrones, en el juego del amor, o se gana, o se muere. En este caso para olvidarte de la otra persona no hace falta que llegues al extremo de envenenar su bebida al estilo Joffrey Baratheon, pero sí te ayudará borrarla de tus redes sociales. Borrón y cuenta nueva.

“Estoy tomando apuntes, sensei del amor, pero, ¿y si queréis seguir de amigos?”.

A los cuatro años mi padre me contó que los Reyes Magos no existían. Yo sorprendido más que desilusionado, le pregunté si el ratoncito Pérez tampoco existía, a lo que me dijo que tampoco, que todos los regalos los pagaban él y mi madre con el dinero ganado del sudor de su frente. Así que no, amigo. Ni los Reyes Magos ni el ratoncito Pérez existe. No te engañes.

3. Este punto es algo polémico, así que a partir de ahora procuraré vigilar debajo del coche, no me vayáis a dejar algún artefacto explosivo tras lo que voy a decir. Ya me ha pasado muchas veces en el Democracy (un videojuego en el que simulas ser presidente de algún país, y en el que en su versión africana, siempre me acaba matando un grupo terrorista feminista).

Sé un pulpo.

Entiendo que pueda sonar raro, pero los pulpos son sentimentalmente felices (los machos, las hembras después de ser inseminadas, protegen los huevos, los oxigenan, y tras un mes sin alimentarse, muere cuando se abren los huevos (sorry girls).

Me explico, los pulpos tienen tres corazones. Más allá de la explicación biológica que tiene, el caso que nos ocupa es que tienen tres. No uno como los humanos. Tres.

Si le rompes el corazón a un pulpo, da igual, le quedan dos, y mientras se le cura uno, aún puede vivir como un pulpo normal sin que, por culpa de unas calabazas, este deje de vivir como hasta ese momento.


Sé un pulpo. No te dejes amedrentar porque una persona no te corresponda. Aún te quedan 2 corazones. 

PD: Si no me mata un grupo terrorista feminista, me matarán unos biólogos enfurecidos. Esta entrada me ha quedado demasiado estilo Playground. Lo reconozco. Soy un malote.

PD2: Otra cosa que puedes hacer es crecer. Crece como persona, usa un poco la empatía, y entiende que la otra gente también puede decir que no. Y, al igual que tú, cuando dicen que no, no es un "sí, pero insísteme". Un no es un no, tanto si eres tío, como si eres tía. Acéptalo, crece, enfádate si quieres, pero si tú eres libre, los demás también lo son. Así que crece, deja de sentirte el centro del Universo y aprende que no todo depende de ti. En ocasiones, por mucho que hagas, no hay nada que hacer.

Y nada de venirse a bajo.


Hay un momento en la vida en la que es muy y muy importante saber decir que no, saber aceptar un no, o saber interpretar las señales para provocar ese no. Y es justo cuando una relación supera el lindar de lo psicológicamente sano, y una de las dos personas empieza a aprovecharse de la otra a sabiendas que esa persona está enamorada, es en ese momento cuando hay que dejar el gilipollismo del enamoramiento de lado, y pensar en uno mismo. Hay relaciones que te dejan el autoestima por el suelo, y es mejor saber cortar cuanto antes una relación con alguien gilipollas/caraculo/subnormal, que acabarse haciendo más daño de la cuenta.

Al final ese o esa gilipollas/caraculo/subnormal, acabará creciendo, y puede que una vez haya madurado, siga siento gilipollas/caraculo/subnormal, pero entonces ya no será problema vuestro, porque habréis sabido cortar ese vínculo cuanto antes, y ojalá esa persona se quede eternamente sola hasta que aprenda que no se va a ningún lado siendo gilipollas/caraculo/subnormal. Y si no lo aprende, para eso cobramos los profesionales sanitarios.

Sugerencia de peli que debéis apuntar. 500 days of Summer.

Dicho esto, solo añadiré una cosa más. No dejéis nunca que la actitud o los comentarios de nadie, os minen el autoestima. Nunca. Más vale un "que te jodan" a tiempo, que un "que gilipollas he sido". Sinceramente y con el corazón en la mano.

domingo, 30 de agosto de 2015

El amor, los australopitecos y las vacas


Bien. Hoy tenía el body para hacer una entrada de blog, así que ahí va.
Una vez acabadas las prácticas de la carrera, que acabé en el departamento de investigación contra el cáncer del Instituto Catalán de Oncología, una vez presentado por 3era vez consecutiva al concurso de cortos TuPunto.org, una vez presentado el Trabajo de Fin de Grado al tutor y haber sido evaluado por él, faltando solo grabar un vídeo para adjuntar al trabajo, y encuadernarlo y entregar las copias, una vez superada la semana de Girona Temps de Flors, una vez acabada la simulación clínica con muñecos el caso de urgencias el cual he sido el único de la promoción al que se le ha muerto el paciente por un error informático, y con solo faltándome la defensa del TFG; POR FIN PUEDO DECIR QUE ME SIENTO LIBRE.
Hoy amigos vengo a hablaros del amor. Sí amigos, el amor. Esa sensación de apego a alguien o a algo que es tan propia de algunos animales. Sé que muchos estaréis sorprendidos que no vaya a hablar de la campaña electoral, ni de los toros, ni del aborto ni ninguna memez de esas. No. Hoy vengo a hablar del amor.
El amor puede ser eso que profesáis por vuestro querido o querida, eso que da un padre o madre a sus hijos, una simple relación de amistad, o incluso esas caricias que dais a vuestras mascotas. Eso es amor, amigas y amigos. Eso. Es. Amor.
Ahora que ya sabemos qué es el amor, analicemos por qué existe y qué comporta.
En un capítulo de Doctor House cuyo número no quiero acordarme, House decía que el amor era la excusa que tenían los Australopitecos para acompañar el uno al otro para que mientras uno bebía agua del río, el otro vigilaba los depredadores. Bien. Esto es una opción. No obstante si bajamos en lo que a volumen encefálico se refiere, vemos que hay otros animales que seguramente, con menos masa cerebral, también sentirán amor. Igual no como lo siente un ser humano y lo demuestra yendo al cine y llorando con Titanic, pero no creo que a una vaca le haga demasiada gracia que te comas a su ternerito.
Así pues, sabemos que el amor es una relación de apego que por las leyes de Darwin han posibilitado que los animales gregarios tiendan a sobrevivir más que los que van a su rollo y se la cascan de espaldas al mundo.
Y muchos (tampoco lee el blog tanta gente, pero ya me entendéis), diréis “wah, qué cabrón el Omar, se cree que todo es ciencia y el amor no lo explica tus conocimientos, así estás sin novia”. Bueno. Acabas de herir mi corazón, voz en OFF.
El amor, además de ser un argumento muy recurrente de película, también nos hace liberar Oxitocina, una hormona que vamos soltando cuando socializamos, además de la Feniletiamina y la Adrenalina. Esas hormonas influyen en el ciclo de la dopamina, la hormona que nos hace sentir placer (como cuando leéis este blog o os metéis rallas de coca con vuestros colegas en la disco que frecuentáis).
Así pues, amigos y amigas. Love is in the air. ¡Disfrutad de la vida, y recordad que vivir enamorado es vivir más!


PD: Si leéis esta entrada y no entendéis por qué la hago, os explico antes que saquéis conclusiones precipitadas. Sigo soltero por desgracia para el Universo. Amor se escribe con las mismas letras que “Roma”, “Ramo”, y “Omar”. Jaque mate, ateos.