jueves, 9 de febrero de 2017

¿Quien lee el blog? Respondiendo preguntas.

Como lo prometido es deuda, hoy os traigo los comentarios (solo han sido dos) referentes al blog que han llegado, y ya os aviso que esta entrada va a ser cuanto menos interesante.

Bernat Falcón: “Tenc la sensació de ser l'única persona que ho llegeix la majoría del temps, però la cualitat en sí em sembla maravitupenda :)

Lo traduzco por si acaso: “Tengo la sensación de ser la única persona que lo lee la mayoría del tiempo, pero la calidad en sí me parece maravitupenda”.

Bueno, primero de todo, muchas gracias Bernat por tu comentario. Ya dije una vez que el blog realmente no está hecho para atraer visitas, sino más bien para poder expresarme de forma escrita regularmente, y poder practicar y pulir la redacción. No obstante, sin alguien que lo lea, no tendría sentido publicarlo, así que se agradecen comentarios así.

Respondiendo a la reflexión, no, no eres el único. De hecho, el blog acumula unos cuantos miles de visitas ya entre las 80 entradas que tiene.

Aprovecho la ocasión para explicar cuáles entradas han sido las más leídas del blog, porque realmente mucha gente me ha dicho “tu blog no lo lee nadie” o “el tiempo que dedicas a eso lo podrías dedicar a cosas más productivas" (realmente obtengo una media de 80 visitas por entrada, nada mal teniendo en cuenta que la mayoría vienen de Facebook). Veamos.

¡TOP 5 DE ENTRADAS MÁS LEÍDAS DEL BLOG!

5- En quinta posición encontramos “Crónica de una mente suicida” (126 visitas), entrada en la que relato el pensamiento de una menta suicida, y cómo gracias al blog y a mi imagen de hado madrino, acabamos entendiendo (no sé cómo) que vale la pena vivir. O eso creo.


4- En el cuarto lugar tenemos “Mi regalo de cumpleaños: Gracias y adiós” (132 visitas). En esta entrada me despido de todas aquellas personas que, por un motivo u otro, acaban desapareciendo de nuestras vidas. Realmente, es de mis entradas favoritas porque me animó hasta a escribir poesías con métricas precisas. Obviamente, y esto lo repetiré luego, algunas entradas de blog están basadas en hechos de mi vida cotidiana, esta es un ejemplo.


3- La medalla de bronce se la lleva “Crónica de una liga de debate: A la tercera, va la vencida” (132 visitas), donde expongo el diario de la liga interna de debate de la Universidad de Girona, motivaciones y final.


2- El segundo lugar es para “Anorexia, TLP y tocar fondo” (165 visitas). Esta entrada es resultado de un congreso de trastornos de conducta alimentaria al que asistí y presenté un poster. Realmente fueron muy interesantes las conferencias, y como tampoco soy muy experto en nada en general, mi explicación espero que os fuera útil para comprender los entresijos de las enfermedades de este tipo.


¡Y LA ENTRADA MÁS LEÍDA DEL BLOG ES…! “¡Me han roto el corazón” (270 visitas), PUBLICADA EL 8 DE DICIEMBRE!


Ahora voy a contar la historia verdadera de esa entrada, más que nada para aquellos que no se hayan aburrido de leer esto y quieran saber la verdad.

Realmente esa entrada no está basada en mis consejos a un tercero al que han roto el corazón, como mínimo no todos. A mí también me han roto el corazón, y todo el mundo es buen consejero, o así nos creemos. Así pues, pensé en hacer una entrada recompilando consejos que me había dado la gente, y llegué a la conclusión que le faltaba algo. Entonces añadí lo de “sé un pulpo”, un toque muy personal.

Además, también añadí los párrafos del final en la última edición porque realmente lo entendí todo, y es que la única historia de amor que nunca ha de acabarse es la que se tiene con uno mismo. Esa es la clave de la felicidad. Claro, que luego te llaman “narcisista” y se acabó la fiesta, pero siempre es mejor eso, que no perder la autoestima por un par de desengaños amorosos.

Dicho esto, espero haber contestado tu reflexión, Bernat. Ha quedado una pregunta del Curiouscat en el tintero, que en todo caso ya contestaré la semana que viene.


Besis.

viernes, 3 de febrero de 2017

Os quiero a vosotros


En esta entrada pido vuestra interacción. Os quiero a vosotros, quiero mensajes, quiero muchísimos mensajes, toneladas a poder ser, ya sean anónimos o no anónimos, quiero saber vuestra opinión, ya sea de haters, como de gente a la que le guste el blog, y quiero saber cuál es la entrada que más os ha gustado, y cuál la que menos, cuál recordáis con cariño, y cuál odiáis con furia.

Acabo esta breve entrada diciendo que sí, las más de 80 entradas que he escrito hasta hoy, todas y cada una de ellas han hablado de alguna experiencia de mi vida, y por ende, me conocéis bien. Ahora, quiero conoceros a vosotros. Por favor.

Enviad vuestros comentarios a https://curiouscat.me/OmarHabbab


Por supuesto que todos serán anónimos si así lo marcáis en la casilla.
¡Gracias!

PD: Realmente podéis comentar donde queráis, la semana que viene en el blog comentaré todos los mensajes que reciba. Besis.

jueves, 26 de enero de 2017

Ley de vida


Hay cierto momento en la vida en el que has de decidir si ser mayor, tener un trabajo, un coche, mujer e hijos, o SER EL PUTO AMO. A decir verdad, en la vida de todo joven, este momento puede repetirse muchas veces, y uno ha de decidir si tirar hacia una vida pragmática y segura, sencilla y sin complicaciones, o VIVIR AL PUTO LÍMITE PORQUE SOLO SE VIVE UNA VEZ Y A LA MIERDA CON TODO YO NACÍ PARA SER ALGUIEN.

Al final, a cierta edad lo más sencillo y práctico es ser pragmático, dejar un relevo generacional y completar el ciclo de la vida. Lo que pasa es que entre la infancia y la edad adulta (así llamaré al estadio pragmático de vida en el que necesitamos estabilidad en todos los ámbitos), hay como un abismo cuyo único puente es una cuerda floja. En esa cuerda, o avanzas, o retrocedes, pero si te quedas en medio, seguro que caerás. O eso pensamos.

Si algo nos enseñó Eddie Murphy en “Súper detective en Hollywood”, es que solo se vive una vez, y que más vale arriesgarse y equivocarse, que jamás intentarlo. De hecho, no, pero es una buena escusa para poner este temazo:

Además, según un estudio realizado en la universidad de Alabama, la mayoría de pacientes terminales no se arrepentían de sus errores en la vida, sino de no haber cometido más por miedo a equivocarse.

“¿Ese estudio dónde lo puedo encontrar? A ver, que yo lo vea.”.

CITO TEXTUALMENTE: "Ojalá hubiera tenido el coraje de hacer lo que realmente quería hacer y no lo que los otros esperaban que hiciera".

Todos hemos oído aquello de “la vida es corta, disfrútala”, y acto seguido quien lo decía se bebía su cerveza mientras cada vez más, perdía la consciencia y la percepción de sus acciones, lo cual es más que contradictorio.

“A ver, esto está muy bien, pero no todo el mundo tiene la oportunidad de elegir”.

Esa es la típica escusa que nos ponemos a nosotros mismos para no arriesgarnos a tomar una decisión que nos puede dejar en la miseria más absoluta y suponer dar 20 pasos atrás, por solo conseguir dar uno delante. Y me parece lamentable.

De todas las personas que han triunfado en la vida, de todas aquellas que consiguieron grabar su nombre en letras de oro en la historia de la humanidad, ninguna de ellas lo hizo sin arriesgarse en cierto momento de su vida. ¿Por qué tener miedo? 

Ahí dejo la pregunta al aire. Creo que todos en cierto momento de nuestras vidas nos la hemos planteado, y algunas veces nos hemos equivocado al arriesgarnos, pero es muy fácil juzgar a alguien después de saber qué pasará. Lo difícil es arriesgarse sin saber el porvenir que nos espera y para eso sí hace falta valor.

jueves, 19 de enero de 2017

Mira las estrellas y pide un deseo

Dato certificado por la NASA.

Pese al título de la entrada, ésta va a ir más hacia el estilo que os suele gustar. Sí, voy a rajar, y mucho. Porque ya está bien de tanta tontería. Os juro que las pseudociéncias me están produciendo una úlcera como mínimo. Ya no duermo tranquilo por las noches sabiendo que hay gente imbécil que se dedica a engañar a otros con milongas sin sentido.

Miras al firmamento de noche y ves estrellas, que no son más que bolas incandescentes de hidrógeno que iluminaron tanto en su día, que sus fotones aún nos llegan, y eso es lo que ves, fotones que han viajado a la velocidad de la luz durante millones de años, así que la estrella que ves, pudiendo existir aún, podría haber desaparecido mucho antes de que nacieras. Pero tú pídele un deseo, no sé, por ejemplo, pídele dejar de ser un zoquete. A ver si cuela.

Están estos, y luego los y las del signo del zodíaco. Típica persona que, para ligar, te pide el signo del zodíaco y te dice que sois compatibles. Típica persona que se dedica a mirar los zodíacos del diario para ver qué le depara el futuro. Típica persona que dice que los Sagitario somos impulsivos, que los Tauro son pensadores, y que los Acuario son liberales. Pues nada, ¿quién quiere estudio de mercado si ya tenemos los signos del zodíaco?

Parad ya, de verdad, parad. No doy abasto. Soy una persona pacífica, pero no puedo más.

“Omar, pero la acupuntura… “


Es que, de verdad, la ciencia no es lo que muchas personas se creen que es. Hay personas que piensan que la ciencia es un arma del gobierno para manipular las masas. Que la evolución es una invención del patriarcado para preservar el modelo patriarcal sobre el darwinismo. Que la biotecnología es mala porque modificar genéticamente los alimentos no es para aumentar la producción y evitar usar pesticidas innecesarios sin jugarse lo conreado, no. Hay quien piensa que los transgénicos están hechos para manipular nuestra mente, que le echan flúor al agua para mantener a la población tranquila, y que las vacunas son malas porque nos inoculan el virus, nos esterilizan o vete tú a saber qué.

CLARO, CLARO, MIL VECES MEJOR TENER LA PÓLIO QUE ESTAR MANIPULADO POR EL GOBIERNO POR MEDIO DE UNA VACUNA, SÍ, SÍ.

“Omar, estás un poco agresivo…”

No, para nada. Si yo respeto las formas de hacer de la gente inculta y analfabeta que no tiene criterio alguno y luego se dedican a difamar contra la ciencia mientras conducen coches, usan un iPhone y fuman. Hay hasta profesionales sanitarios que hacen estas cosas y luego despotrican de las vacunas, de los transgénicos y de todas esas teorías conspiranóicas más propias de MundoDesconocido.es que de un profesional que ha de procurar por tu salud en tu estancia en el hospital.

Mirad, hay gente que, sin ánimo de ofender (aunque si ofendo a alguien que se joda lo siento), se merece un par de hostias bien dadas al estilo Cara Anchoa. La humanidad avanza, y haríamos bien en dejar atrás a aquellos que no son capaces de comprender que progresamos como humanos para llegar a un futuro mejor. Y quien se quiera morir, o quiera matar a sus hijos de Polio, Tos Ferina, o Paperas, que lo haga. Ahora mismo dudo entre cualificarlo como Selección Natural de Darwin o herencia de caracteres adquiridos de Lamarck. 

PD: Qué a gusto me he quedado.

jueves, 12 de enero de 2017

¿Querer o no querer? Esa es la cuestión.

Jajajaja ¡Muere Cupido, muere!
Antes que me odiéis eternamente por el título, lo sé, soy un blasfemo shakespeariano. Dicho lo cual, vayamos a ahondar en el tema que nos ocupa en esta entrada.


¿Querer o no querer? ¿Hacernos daño o ser cobardes? ¿Qué tipo de ser establece la invisible franja que divide el querer a alguien, o ser un cobarde por ni tan solo intentarlo? ¿O es, acaso, el querer a alguien, algo involuntario?

“Ahonda, ahonda, que me interesa”.

Si revisamos una entrada anterior (cuyo vínculo pondré aquí pero para los más vagos, resumiré), y respondiendo a la última de las cuestiones planteadas, no. Querer no es algo involuntario. Enamorarse quizás sí, pero de ahí a querer, con defectos y virtudes, no. Pongamos un ejemplo. Yo me enamoro, y veo a doña perfecta. Yo quiero a alguien, pese a sus defectos, comprendo que yo también los tengo (vaya, sorpresa, no soy el blogger demiurgo y perfecto que muchos creían), y por eso la quiero tal y como es, aunque sea una loca chiflada que frecuenta los cementerios para practicar la necromancia. Bueno... No tanto. Igual ahí ya me daría un poco de repelús.

Establecido el límite de lo que es querer, vayamos más allá y profundicemos el hecho de que sea algo voluntario. Una persona enamorada puede desenamorarse, o puede aceptar los defectos de la otra persona. Eso requiere cierto grado de madurez y autoconocimiento, pero también pide iniciativa, y si una persona no quiere querer a otra, no lo hará por mucho que haya estado enamorado.

“Anda, pues visto así, sí que es verdad, sí. Pero... un momento... ¿qué es el amor entonces?”.

Oh, la pregunta del millón que cientos de miles de personas han intentado explicar con hojas y hojas de prosa. Yo lo explicaré en un párrafo.

Pongamos que hace un frío que pela y queréis tomar algo calentito. Preparáis un Colacao, pero quedan grumos y sois de ese tipo de persona a la que los grumos les molesta (sí, el físico también importa, no nos engañemos). Lo bebéis, y empecinados a conseguir la fórmula para que el Colacao os salga sin grumos, hacéis otro. Y otro. Y otro. Cuando ya parece que se os acaba el Colacao y vuestras entrañas van a reventar de tanto beber, desesperados por crear el Colacao de vuestra vida, pegan en la puerta. Alguien os trae Nesquik. Eso es el amor. Descubrir una y mil veces lo que no funciona, hasta que comprendes qué es verdaderamente lo que buscas, lo encuentras y entiendes que es lo que querías. Por eso el amor de los padres tarda 9 meses en gestarse. Por eso el amor y el desamor están ligados.

Pero vayamos más mar a dentro, pues el océano de posibilidades es enorme, y no es oro todo lo que reluce. El amor y, por lo tanto, el hecho de querer a alguien, puede doler, y los desengaños son la cima del precipicio por el cual podemos caer y llevarnos una hostia del copón. Esto suele pasar a medida que conocemos a la otra persona, y por ello es importante conocerse a uno mismo antes que conocer a los demás.

“Pero vamos a ver, conocerse a uno mismo es imposible. Hay gente que hace viajes o requiere psicólogos y meditación para ello”.

Esa es una de las grandes mentiras de nuestra sociedad y está apoyada sobre la cultura del autoengaño. Desde que nacemos nos engañamos para pensar que somos de la manera que nuestros padres, profesores o ídolos, quieren que seamos. Vivimos años forjando una forma de ser que no es la nuestra, y enterrando nuestro yo debajo de una pila de escombros que nos convierten en lo mismo que los demás, solo y únicamente para encajar. Y luego nos dicen cuatro iluminados “es que no te conoces”, “es que no te quieres”, “es que no te cuidas”, “es que no piensas en ti”. Y yo les digo, CLARO QUE NO, JODER, CLARO QUE NO.

Nacemos y nos dicen que no lloremos, crecemos y nos dicen que seamos buenos, maduramos, y la infinita lista de cosas que debemos hacer engloba estudiar, trabajar, conseguir pareja, crear una familia, comprarse una casa, un coche, etc. Hasta que nos hacemos viejos y nos damos cuenta que todo ha sido efímero, que ya nada sirve para nada, y que hemos vivido toda la vida engañados. O no nos damos cuenta hasta que vamos a morir.

Imaginaros a vosotros, con 80-90 años, en la cama de un hospital, viendo que, primero, vuestros hijos están trabajando, vuestros nietos están estudiando, que los coches que comprasteis no os sirven de nada, que vuestra casa está vacía sin vosotros, y que vuestra pareja puede que siga con vosotros o puede que no. Ya nada sirve de nada. ¿Pero ha servido en algún momento?

Vivimos engañados. Sabemos quién somos, lo hemos sabido siempre, hemos sabido lo que queremos, y nos han intentado engañar. Somos lo más valioso que tenemos. SOMOS LO MÁS VALIOSO QUE TENEMOS.

“No sé si ha quedado claro eso último, ¿podrías repetirlo un par de veces más?”.

SOMOS LO MÁS VALIOSO QUE TENEMOS. Vale, ya. Creo que ha quedado claro.

Si no nos queremos a nosotros, ¿cómo diablos vamos a querer a alguien? Si no nos conocemos a nosotros mismos, ¿cómo diablos vamos a vivir sin tener un desengaño?

En definitiva. Querer, sí. Pero primero, ante todo, querernos a nosotros, aceptarnos como somos, y luego ya, si eso, si precisa, pues querer a los demás. Sin prisa tampoco, no queramos correr con estas cosas, que las carga el diablo.

 Y si no, recordad, todo el mundo es prescindible para todo el mundo menos nosotros mismos. 

jueves, 5 de enero de 2017

No controles mi forma de pensar porque es total

Con este título tan de Mecano, me dispongo a exponer una reflexión surgida de un par de conversaciones, alguna frase épica de algún profesor, y alguna foto de FB (Facebook para las víctimas de la brecha digital). Para situarnos, hoy hablaré de cambiar en general, porque ha llegado el 2017, la gente se hace propósitos de año nuevo y algunos conllevan cambiar de forma de ser o pensar. Y hay que meditarlo dos o más veces.


Ejemplo: Tu pareja dice que te quiere, pero que hay cosas que no le gustan de ti, por ejemplo, cuando hablas de política en las cenas y acabas invadiendo medio continente. O cuando se te va la castaña y empiezas a hacer humor negro racial. O cuando peinas las muñecas de tu colección mientras les hablas entre susurros. Ha pasado, por eso lo digo. No a mí.

Pensemos en la situación. Si fuese una opinión de tu pareja o amigos, sería aceptable. Todo el mundo tiene derecho a opinar sobre lo que quiere. De hecho, todo el mundo tiene derecho a despotricar y censurar aquello que no le gusta. El problema está cuando intentan cambiarte. Entonces piensa mal.
Cuando una persona quiere realmente a otra persona, significa que quiere sus virtudes y aprecia o como mínimo, respeta sus defectos, que, en definitiva, todos tenemos. De hecho, cuando estás enamorado, no percibes grandes defectos, y cuando quieres, es cuando los comprendes y los asumes. Esa es la diferencia entre enamorarse y querer.

El problema es cuando no es así, y tus defectos no son aceptados por la otra persona, que también tendrá sus defectos y que puede que aceptes. De hecho, querer cambiar a la otra persona y querer controlarla, es exactamente lo mismo, y muchas veces puede llevar a la persona a la que quieren cambiar, a entrar en una espiral autodestructiva depresiva.

Pero como veo que se está liando la entrada, voy a poner un ejemplo sencillo para que me entendáis.

“Gracias, ya me estaba liando con tanto cambiar”.

Mi nombre es Omar, soy pobre y tengo un Ford Focus C-Max con casi 15 años. La chica de la que estoy prenda (jerga de coleguis), es súper pija y le molan los coches de gama alta. Mi objetivo es que esté conmigo forever, pero con mi coche no tengo ni para empezar.

“¡Cáspita! Pues no sé qué decirte, si solo te quiere por tu coche, no parece una persona muy madura…”.

Solución, necesito un coche de gama alta, pero para eso me ha de tocar la lotería, pues soy pobre. O eso, o me pido un crédito, que igual no podré pagar y me acabarán embargando la casa porque repito que soy pobre y tal.

Pero dejemos a mi yo imaginario, y volvamos a analizar la situación. Controlar a una persona es hacer que cambie, en este ejemplo, que cambie de coche. Un ejemplo un tanto absurdo, pero llegamos a la misma situación que con los ejemplos anteriores.

A la chica con la que salgo no le gusta que peine muñecas mientras les susurro, y me pide que deje de hacerlo, que parezco raro, o me deja. Así que dejaré de hacerlo.

La chica con la que salgo odia el humor negro y me pide que deje de hacer chistes de etíopes mientras cenamos, o me deja. Así que dejaré de hacerlo.

La chica con la que salgo me pide que deje de hablar de lo magníficos que fueron Hitler y napoleón, o me deja. Así que dejo de hacerlo.

Y así me podría pasar horas, y es que, ejemplos como este son muy cotidianos, aunque no lo creamos. A mí, personalmente, me parece terrible que vivamos en un mundo en el que, dejamos de ser esclavos de la nobleza para someternos al yugo de alguien que quiere tener un control sobre nosotros simplemente porque en su vida nunca ha sentido el poder, o por el motivo que sea que alguien puede ser así. La verdad es que me trae sin cuidado.


Si te quiere, no te intentará cambiar. Te aceptará con tus defectos y virtudes, que todos tenemos, y del mismo modo, tú le aceptarás los suyos. Así es como funcionan las relaciones interpersonales y estables. El resto es basura hipócrita que durará poco porque alguno de sus miembros o los dos, no han madurado suficiente. 

PD: A veces sí que hace falta cambiar, por ejemplo, si peinas muñecas mientras les susurras cosas, pero eso ha de salir de dentro de uno mismo, nunca ha de ser objeto del chantaje emocional de otra persona.


sábado, 31 de diciembre de 2016

Un 2016 de tontos


Uy, qué rápido ha pasado el 2016, eh. hahahahahah NO.


Con este título no pretendo mofarme de todas aquellas personas que se despiden del 2016, un número, una cifra. Sí, podría hacerlo, ¿pero no sería eso ensañarse con una parte desprotegida de la sociedad, un eslabón vulnerable de mentes inconscientes sin sentido que se dedican a dar un cuidado humano a una simple cifra? Pobres.

Este ha sido en muchos sentidos un año de éxitos que quizás no pueda volver a repetir, y otros que seguro que acabaré superando. Ahora os podría hacer nuevamente la lista de logros…


“Mira Omar, yo voy dejando ya de leer esto porque me huele que…”

Pero hoy no será ese día.

Hoy quiero traeros una reflexión sobre este último año. No será la típica reflexión que hace la gente en su Facebook para ganarse unos likes y subirse la autoestima. No. Esta va más allá del bien y del mal, y sin llegar al nivel sifilítico de Nietzsche.

Este año hemos podido decir todos muchas cosas, algunas de las que nos arrepentimos, otras de las que no. Hemos podido dejar atrás muchas personas, algunas a las que echaremos de menos, otras a las que no. Y sobre todo, hemos cerrado etapas de nuestra vida, algunas que recordaremos con nostalgia, otras que recordaremos con ira desenfrenada y cuya memoria nos perturbará a media noche, levantándonos sudados y empuñando el revolver que guardamos bajo la almohada desde que Jonny murió en aquel loco accidente con los mafiosos que no debió ocurrir si hubiésemos tenido los refuerzos necesarios no.

Pero si con algo nos hemos de quedar de este año, es con esos momentos de libertad que hemos tenido en ocasiones, olvidando nuestros quehaceres. Perdón, ¿he dicho “olvidando nuestros quehaceres”? Quise decir “dejando de lado”, porque algunas cosas, por más que quieras, no te las puedes quitar de la cabeza.

Creo, sinceramente, que cuanto más tiempo pasamos solos, pensando en lo que hemos hecho, tanto lo bien hecho como lo mal hecho, al final, aprendemos más de nosotros mismos y de nuestras reacciones ante determinados estímulos. Esto último es la base del estudio experimental que es la vida para nosotros mismos.

Mucha gente os puede vender la milonga que, para conocerse a uno mismo, hay que vaciar la mente, respirar hondo incienso, y porquerías varias para sacaros dinero.


“A ver, cuéntanos, oh gurú de la vida, ¿cómo nos podemos conocer a nosotros mismos?”.

Hoy es un buen día para hacer una lista de las cosas buenas y malas, de los aciertos y los errores, y de lo que nos arrepentimos de hacer, y de lo que no hemos hecho, mes por mes. Una vez hecho eso, además de ejercitar de forma magnífica la memoria, podemos descubrir quien somos realmente a partir del comportamiento que hemos tenido durante el año. Uno puede que, ante determinadas situaciones, actúe de un modo u otro, pero en global, es imposible no comprender quien somos.

Por mi parte, veo que soy un tío obcecado, iluso, infantil, y malvado. Pero además también respeto las demás opiniones, me gusta hacer reír, y me gusta compartir la felicidad.

Este año ha estado lleno de cagadas monumentales, pero también he de reconocer que he tenido una suerte impresionante en muchas ocasiones, y en eso también influye el interés que dedicas a las cosas.

Cosas que he aprendido del 2017:

- Todos somos humanos, seas rico, pobre, tengas 8 carreras, o solo la ESO, todos podemos tener buenas ideas, y es preciso saber poner las diferencias a un lado para escuchar a los demás como iguales que somos.

- Las cosas mejor decirlas a la cara, de forma directa y cuanto antes posible. Si la cagas, te ahorras tiempo y angustias, si no la cagas, aprovechas más el tiempo. 

- Por mucho que te esfuerces en las cosas, a veces no hay esfuerzo que valga, y puede que ni valga el esfuerzo. Pero eso es algo que no sabrás hasta que lo hayas intentado porque el futuro no lo sabemos (a no ser que seas Sandro Rey y te dediques a estafar octogenarias por TV).

- Cuando pareces tonto, la gente se sorprende de que despuntes en algo. Cuando saben que no eres tonto pero lo parece, te intentan dar lecciones para poder compartir tu éxito. Cuando no creen que seas tonto ni que lo parezcas, trabajarán contigo de igual a igual y el éxito será realmente compartido. 

Porque si algo me ha enseñado el 2016 es que, cuando empiezas algo diferente al resto de cosas que se han hecho, te llaman loco, y muy amablemente te invitan a dejarlo estar y a centrarte en algo más productivo y pragmático que te de de comer mañana. Como si mañana solo nos dedicásemos a comer y nuestros sueños, esperanza y emociones no fuesen más que una capa de pintura de nuestra vida.

Cuando has empezado y te faltan muchas horas de trabajo, te observarán y pensarán que no lo lograrás, que ya has llegado muy lejos, y que si fuese tan fácil, otra persona lo habría hecho.

Y en el momento de acabar, es cuando te dicen el típico "ya lo sabía que lo lograrías", "suerte que seguiste mis consejos" o "sabes que sin mí no lo hubieses logrado".  Pero eso ya dará igual, porque lo habréis logrado.


A todo esto, solo os puedo aconsejar dos cosas para el 2017.

La primera, cagadla sin miedo, y cuando la caguéis, no os vengáis abajo.

La segunda, quered a quien quiera ser querido, y a quien no os quiera, no le queráis.


¡Y A TOPE CON EL 2017!

PD: Y a todo esto Omar, ¿de verdad no cambiarías nada de este año?

Sinceramente, querida cursiva, no cambiaría ni un ápice. No me arrepiento de nada.