jueves, 8 de junio de 2017

Alí Babá, el ISIS y la indiferencia occidental IX

No pensaba que fuese a tardar tan poco en hacer otra entrada de estas, y mira tú por donde, que ya toca hacer una nueva.



A esto hay que añadir los coletazos que da un pescado sin cabeza como es el ISIS, hoy por hoy, en Europa, como en el atentado de Londres de la semana pasada, y Afganistán, así como tantos otros en Siria e Irak, pero como son países en guerra, pues tampoco nos llama tanto la atención que muera gente, no sé, no me pidáis que me meta en la mente del colectivo occidental, que además, es diverso.

La cosa es que, además, algo importante está pasando en el golfo pérsico, y poco se está hablando de ello para la relevancia que puede llegar a tener para todo el mundo. 


Pongámonos en situación.


El golfo pérsico engloba desde Irán, Arabia, Omán, Emiratos Árabes, Qatar, Bahréin, Kuwait, e Irak. En la zona, también podemos encontrar, como vecinos, Egipto, Siria, Israel, Jordania, Líbano, Afganistán… Una zona, como vemos, que es recordada sobre todo por los conflictos que ha habido en los últimos veinte o treinta años.

Israel es el esquimal en el desierto de la zona, la pieza que no encaja en un puzzle en el que, teóricamente, estaría compuesto por países de mayoría musulmana, pero como hemos visto tantas otras veces, incluso en el islam, existen diversas divisiones, que, a su vez, están en conflicto. Por lo que a alianzas se refiere, Egipto, Arabia, Qatar, Emiratos Árabes y Bahréin, formaban una alianza como musulmanes sunitas. En cambio, veíamos a Irán, un poco alejada del grupo, junto a Irak (con mayoría poblacional Chiita (que fue perseguida por Sadam Hussein, aliado de Arabia Saudí)), y Siria, que, si bien tiene mayoría Sunita en la población, pese a que también en su caso, siempre ha sido muy diversa, el gobierno es Chiita.

Así pues, en la Guerra Civil siria, el aliado del gobierno era Irán, y los aliados de los que lo querían derrocar, y financiando las armas de estos, encontrábamos a Arabia Saudí, Qatar, Bahréin, o Emiratos Árabes. Sí, financiando al ISIS y Al Nusra.

Entonces, ¿qué demonios hace Arabia Saudí, promoviendo ahora la desconexión con Qatar, y denunciándolos como mecenas del terrorismo? Todo tiene una explicación razonable, y es que no ha sido en un momento y lugar al azar.

No hace muchas semanas, nuestro amigo Donald Trump visitaba al Rey de Arabia. En esa reunión que mantuvieron antes que el bueno de Donnie se fuese a Israel, se trataron muchos temas, entre los cuales, el conflicto de Israel con Irán, el precio del petróleo (árabe), y cómo no, el precio del gas (qatarí).

Dicho de otro modo, la estrategia es obvia a más no poder.

-          Primero, hackear los medios de comunicación qataríes para difundir noticias falsas que sirviesen como excusa para cortar relaciones.

-          Segundo, aislar Qatar física y económicamente. Con ese ahogo se consigue una bajada del precio del gas, que, a su vez, perjudica a Rusia e Irán.

-          Tercero, con los anteriores puntos, Arabia se asegura el monopolio de la competitividad energética de la zona, se limpia las manos en lo referente a la financiación de Estado Islámico, y a su vez, guiña el ojo a Israel para desvincularse de Irán.

Es una estrategia muy simple y efectiva si nos paramos a pensar en la imagen que se tiene esos países en occidente. La mayoría de gente no tiene ni idea de la división política de la zona, ni de los tipos de gobierno que hay. Además, el cambio de Rey que próximamente tendrá lugar en Arabia, puede servir a Estados Unidos para acabar de afianzar su alianza con el mayor importador de armas de la zona.



Así está la cosa. Realmente está todo muy y muy interesante, y pese a que espero que no lleguen a las manos, realmente unos regímenes monárquicos y absolutistas como los que tienen ahí, ya sería hora que cayesen. Claro que, tampoco es algo deseable al cien por cien, viendo lo que sucede cuando hay cambios políticos en la región…

jueves, 1 de junio de 2017

Amor digievolucionado

Hacía tiempo que no escribía nada sobre amor y desamor, con lo que le gusta a la gente que lee el blog. Pues bien, hoy me apetecía escribir sobre el tema. Por cierto, nunca pensé que pudiese llegar pensar un título que me diese vergüenza publicar, y bingo. Este es demasiado friki hasta para mí.

Sé cómo te sientes, Palmon. Realmente lo sé.

De todos modos, voy a hablar de una cosa que trasciende las pastelosidad primaveral que podemos ver por Facebook e Instagram, y es la necesidad de estar enamorado. Y sí, digo “la necesidad” porque parece que, si no lo estás, eres una persona rara y no apta para vivir en comunidad.

Lo que queda más allá de estar enamorado, no es el desamor por mucho que las películas de Hollywood nos lo muestren así. Como mínimo no en todos los casos. Y con esto llego a la cuestión principal, y es que, una persona suficientemente madura, no necesita estar enamorado de nadie ni tener pareja. Es lo típico que leemos en algunas frases o citas que pone alguien en Facebook sin saber nunca quién las dijo, ni en qué contexto. “No busques tu mitad, sé una entera y encuentra otra entera”. Y luego le damos a like sin saber qué significa, solo para parecer más guays.

Salto.

El otro día estaba delante del espejo mirándome, y me dio por fijarme en mis ojos, mi iris y su contorno, mis pupilas y mis escleróticas. Pensé en lo mucho que habían visto mis ojos, y todo lo que me faltaba aún por ver. En todos aquellos momentos que hubiese preferido no ver, y en todas aquellas personas que ves y recuerdas, pero que cuando ya no ves, aún recuerdas.

¿Soy el único que piensa en la gente que nunca piensa en mí? ¿Y cómo sé que no piensan en mí, si quizás sí lo hacen y puede que simplemente no se diga de igual modo que yo tampoco lo digo? ¿Y si piensas en alguien que piensa en ti, pero luego nadie dice nada? ¿Dónde va ese pensamiento? ¿Y si piensas que piensan en ti pero en realidad no piensan en ti, cuando tú estás pensando en ellos pero realmente nadie piensa en ti y si desaparecieses el universo seguiría dando vueltas y en tres generaciones máximo, tu recuerdo hubiese desaparecido, si es que alguien te recordaba después de la primera generación que dejaste?

"Error 404, "feelings" not found in "society" folder"

Dice la poesía “Los suspiros son aire y van al aire, las lágrimas con agua y van al mar, dime tú, ¿cuando el amor se acaba, sabes tú a dónde va?”.

Realmente darte cuenta de que pensar en gente que no piensa en ti, es como la hormiga que piensa en los humanos mientras los humanos no ven a la hormiga, es duro. Pero hay que hacerlo para evolucionar como persona, para valorarnos, y para ser conscientes que levantarse cada mañana vale la pena solo por poder seguir llenando de recuerdos nuestra mente, y mirando situaciones con nuestros ojos. Solo para nosotros mismos es que vale la pena levantarse por la mañana. Y puede parecer un pensamiento egoísta, lo sé, pero en ocasiones, cuando vivimos en sociedad, debemos aprender a mirar por nosotros, y eso no es madurar, eso está implícito en todo ser vivo y se llama "supervivencia". 

La culpa, en definitiva, no es de la hormiga por pensar en los humanos mientras ellos no piensan en ella. El problema es de los humanos, que, sin darse cuenta, se están perdiendo la hermosura de la vida, y eso se traslada a todos y cada uno de los momentos que vivimos.

Y no hablo solo del amor interpersonal. Me refiero también al amor por uno mismo y las ganas de vivir que tenemos. Vivimos rodeados de gente depresiva sin ánimo ni capacidad de entender su verdadero potencial, precisamente porque la sociedad nos está convirtiendo en máquinas precisas para realizar unas funciones determinadas que piensan más por los demás, su trabajo o su carrera, que por ellos mismos. La gente no sabe qué rol social asumir, y mientras se integren en un colectivo, ya les va bien. Y no deberíamos permitir que se siga este ritmo de vida en una sociedad en la que cada vez más prima la comunicación, que el contacto cara a cara.


Mientras digievolucionemos como especie, no hay que olvidar que por encima de todo, somos personas. 

viernes, 26 de mayo de 2017

Alí Babá, el ISIS y la indiferencia occidental VIII

No escribía una entrada sobre esto desde hace unos cuantos meses, y mira tú por donde, creo que hacía falta, porqué con la de chorradas que estoy leyendo últimamente en internet, hace falta explicar unas cuantas cosas.


La cosa estaba en que, Siria e Irak estaban ganando terreno al ISIS tanto en Mosul como en Raqqa, y que el gobierno sirio había conquistado Alepo y ahora iban a por Idlib. Y todo después de haber asistido a una conferencia en la que un vasco que trabajaba en Venezuela para Russian Today, explicaba que había escrito un libro sobre lo guay que es Al Assad.

Bueno. La cosa es la siguiente. Ha habido algunos atentados de por medio en Europa, y unos cuantos muchos más en Siria en Irak. Pero algo me ha llevado a escribir una nueva entrada, y eso ha sido el supuesto ataque con armas químicas en Idlib. Y digo “supuesto” porque aún no se ha ni investigado. Esos sí, ya se ha respondido con un bombardeo, muy estilo tejano, disparar antes de preguntar. Si es que ya lo hacen con la población afro-americana, no sé de qué me sorprende que lo hagan con países como Siria.

Analicemos la situación. Hace un año que las milicias de AlNusra y otras derivadas de Al Qaeda, están perdiendo terreno en Siria (para quien no lo sepa, estos grupos paramilitares son lo que se considera por la prensa occidental como “rebeldes sirios”). Estos fueron en su día, armados por EEUU y Europa a través de Turquía, y desde la aparición del ISIS y el temido temor de que los europeos que iban a luchar al ISIS, volviesen con armas europeas a atentar aquí, se dejó de armar de forma directa a estos grupos, pero pese a eso, aún se les nutre de financiación a través de Arabia Saudí y Turquía.

La cosa es que, ya hace unos años, también se produjo un supuesto ataque con armas químicas, y pese a que tampoco se demostró que fuese el gobierno de Al Assad el causante, se decidió que la ONU se desharía del arsenal por si acaso. Y así se hizo.

Entonces nos encontramos en un momento en el que, el gobierno de Al Assad es prácticamente ganador de la guerra civil siria, según la ONU, se habían destruido sus armas químicas, y ahora todos los ojos estaban centrados en el ISIS. Pues bien, en este contexto, ¿cómo encajamos un ataque con armas prohibidas sobre población civil?

Puede que a algunos ya os hubiese olido a chamusquina, pero no es lo que nos está vendiendo la prensa. De hecho, la prensa ya da por hecho que el atacante es Al Assad, y que el bombardeo yanqui es totalmente legítimo (bombas salvando preciosos bebés, claro que sí Donald).

Para que os hagáis a la idea. Es como si yo fuese ganando una partida de ajedrez, y en medio de la partida, que estoy apuntito de ganar, me diese por hacer trampas.

Y ojo, no defiendo en absoluto al gobierno sirio. De hecho, creo que el pueblo sirio ha de ser soberano y no se le debe imponer nada, ni desde dentro, ni desde fuera. Lo que sí creo, es que nos hace falta un poquito de visión crítica de las cosas, porque si no, somos como seres con el cráneo perforado y un embudo para que nos echen toda la basura que quepa sin filtro. Cuando vemos alguna noticia, o algún vídeo de algún ataque, más nos valdría pensar dos veces sobre el tema, buscar información, y detenernos a analizar la situación.

A nadie le puede gustar ver lo que hemos visto estos últimos vídeos. Niños ahogados, convulsionando, llorando, muerte, cadáveres por el suelo… Es lo que llevamos viendo durante estos seis años de guerra en Siria, junto a los refugiados y los niños ahogados en las costas. Niños, y más niños. Sí, son población vulnerable, pero ya basta de que se usen para generar impacto en la gente. Ya basta de usar el sufrimiento de la población para justificar bombardeos que acaban significando un incremento de la rentabilidad en bolsa de empresas armamentísticas y de seguridad. Ya basta.

Alepo, desde que se ha reestablecido el gobierno de Al Assad, ha vuelto a ser una ciudad relativamente estable. ¿Dónde está eso en las noticias? Igual es que, por culpa de los imputs que recibimos, no somos conscientes que en el resto del mundo existen otras formas de gobierno que mantienen la estabilidad de los países extranjeros. Igual es que, en un mundo controlado por el poder económico, nos es imposible ver más allá de lo que nos quiere mostrar la gente que tiene intereses económicos de por medio, y además controlan los medios de comunicación con los que nos informamos día tras día. 


Me preocupa que la población siria sea gaseada, tanto por propios como por extraños, pero también me preocupa que la población de aquí se deje inducir ideas por los medios de comunicación, con una facilidad tan sorprendente y sin preguntarse si lo que dicen es verdad o no. Nos hace falta abrir la mente en un mundo que nos conduce por donde quieren que vayamos, un peñasco que, si seguimos ciegos, iremos cayendo sin remedio. 

Por eso, siempre que escribo una entrada de este tipo, os cito fuentes. Para que veáis, que la solución no es informarse por un solo medio, sino contrastar información de diversas fuentes.

Dejad de compartir basura en Facebook, que vuestros hashtags no van a salvar el mundo ni vais a salvar la vida a nadie con cuatro entradas en una red social ni firmando en un portal de internet. Las vidas las salváis cada 4 años con vuestro voto, y si no os gusta, reclamad otras formas de democracia directa.

Y pensad por vosotros mismos más allá de la ideología que tengáis, que es gratis.

Editado: El otro día, buceando por Forocoches, me encontré esto. Resulta que los cascos blancos ya sabían que habría un ataque químico antes que hubiese ningún ataque de ningún tipo. Es cuanto menos raro. Además, no parece una locura de un chaval enajenado. Adjunta capturas de pantallas, Tweets, entradas de Facebook... Es un poco turbio...

Editado2: Esta semana a habido un atentado en Manchester donde han muerto 22 personas, la mayoría niños que iban a un concierto. Os cuento. La estrategia del ISIS es que, cualquier atentado, lo cometa el loco que lo cometa, será reivindicado por ellos, aunque no tenga vínculo alguno que les una. Un loco que se llame "Gonzalo Gonzalez" que mata a algunas personas, no está atentando, está asesinando en un acto de locura. Un loco que se llama "Mohamed Salim" que mata a algunas personas, es un puto terrorista, y aunque sea un loco recién salido del manicomio, el ISIS dirá que es uno de ellos.

En esta ocasión no ha sido un atentado más, porque han atacado niños, y han muerto muchos. Que sí, que en Siria e Iraq mueren niños cada dos por tres, en atentados súper masivos y asesinatos en masa, como los que cometían las tropas estadounidenses en la invasión de Iraq, pero vamos, decir eso sería demasiado despótico y demagogo, porque todos sabemos que los muertos de ahí no son iguales que los muertos de aquí. ¿No? ¿¡NO!?


jueves, 4 de mayo de 2017

Adiós a los debates

Sé que hace mucho que no publico nada, cosa que no significa que no haya escrito nada. De hecho, tengo muchas entradas por publicar que se han quedado en el tintero, pero por falta de tiempo no he publicado.

Llevo un par de meses a tope de faena. Trabajando en el hospital, con el doctorado, grabando el vídeo contra las drogas de este año, además de algún que otro concurso más, y, como los últimos tres años, liado con la Liga de debate interuniversitaria de la Xarxa Vives. Todo supongo que en búsqueda de algo que de sentido a mi vida, no vaya a ser que un día me levante por la mañana sin nada que hacer, y resulte que mi vida ha perdido su sentido.

Esta edición de la liga de debate ha supuesto mi punto y final a 4 años disputando debates y competiciones de este tipo. Cuatro años en los que he podido evolucionar como orador, aprender a expresarme en público, y he perdido el miedo al qué dirán (si es que lo he tenido alguna vez).



Pero como en todo en esta vida, igual que se abren etapas en la vida, hay que saber cerrarlas. Así es como he acabado mi periplo como orador en ligas de debate. Un camino que he acabado con la liga de debate que tuvo lugar en Barcelona la semana pasada, en la que quedamos 6tos de 14 universidades de habla catalana, en la que disfrutamos mucho, nos lo pasamos genial durante todos los debates, conocimos gente alucinante, y nos reencontramos con grandes amigos del debate.

Han sido cuatro años en los que, pese a que tampoco le suelo dar demasiada relevancia, visto en perspectiva, las competiciones de debate han influido muchísimo en mi día a día, en mis amistades, y en mi forma de comprender y adaptarme a la vida y los cambios que transcurren en ella.

“Uf, menudo tostón de entrada”.

Lo sé. No me alargaré demasiado. Solo quería animar a todas aquellas personas que lo ven lejos. 

No tengáis miedo a adentraros como yo hice en su día, en competiciones que exigen un nivel de oratoria como las competiciones de debate de cualquier lengua o región. Debatir es salir ahí, con unos conocimientos que, realmente son necesarios, y aplicarlos en una disputa retórica, contra unos argumentos con los que puedes estar a favor, o en contra, y siempre recordando que la otra persona que defiende la otra postura, es como tú.

Esto último es importante. En las competiciones de debate, no sabes qué postura defenderás hasta unos minutillos antes de empezar, ergo necesitas saber cómo defender ambas posiciones, y por ello, entiendes, empatizas, y sabes lo que pretende el contrario. Creo que esa es la gracia de las competiciones de debate, ir más allá de defender tu postura, para aprender de la otra, y comprender que más allá de ideas, hay personas.

Al margen de eso, también se aprende a ganar y a perder, cosa necesaria hoy en día, que estamos más acostumbrados a ganar siempre, que nuestros padres o abuelos. Y digo necesaria, porque la frustración de perder cuando has ganado antes, es algo realmente duro, y que pide práctica.

Está claro que cuando ganas, no te generas frustración, pero sí se crea frustración en la mente de quien ha perdido, y es ahí donde hay que saber ganar, del mismo modo que perder.


Dicho esto, y a sabiendas que esta entrada no me ha quedado para nada tan épica como la del año pasado, acabo este episodio de mi vida sobre debates. Que igual acabo escribiendo un epílogo, pero eso ya no dependerá solo de mí. 


jueves, 30 de marzo de 2017

Los sin-patria II: El racismo de verdad.

Me toca mucho las narices este tema, pero quiero explicarme, porque parece que el racismo es un tema de “o blanco o negro” y realmente no es así por mucho que nos lo pinten como tal.

“Se te ve nervioso, tranquilo, te leemos, paz”.

Vemos constantemente en los medios, noticias sobre los refugiados (ahora ya menos, habrá pasado un poco de moda). A su vez, vemos gente en Siria o Irak muriendo día tras día, sin descanso, por coches bomba o atentados en general, y lejos de decirte “ha habido X cifra de muertos”, en los medios de aquí dicen un “ha habido decenas de muertos”. ¡VAYA, YA ME QUEDO MÁS TRANQUILO SABIENDO QUE HAN SIDO UN NÚMERO TAN CONCRETO COMO “DECENAS”!

El ser humano es hipócrita. Simulamos que nos interesa lo que pasa en Siria, y que queremos acoger refugiados, y a los de aquí que saltan la valla de la frontera sur, los acogemos con pelotazos de goma y levantando alambradas de tres metros con cuchillas.

Llegan inmigrantes, tienen hijos, y cuando estos alcanzan una edad madura, lo primero que hacemos es preguntarles “¿de dónde eres?” al ver un nombre raro pese a que físicamente tampoco parecen muy de fuera. Interés, mero interés. Tampoco parecían demasiado de aquí, ¿no?

Me muero de rabia, principalmente porque lo que pasa es que no somos conscientes de lo que realmente es el racismo. Racismo no es poner la etiqueta a alguien de “negro”, “moro”, “gitano” o “sudaca”. Racismo es acompañar esos adjetivos con estereotipos que engloben a todo un grupo poblacional.

Os voy a poner un ejemplo. En un lugar determinado, en un momento concreto, en mi presencia, se llevó a cabo la siguiente conversación:

-          El moro este, que no se quiere duchar, el muy guarro.
-          Sí, es que yo creo que todos son iguales. Debe ser cosa de su cultura o algo.
-          Si lo quieren hacer en su país que lo hagan, pero aquí hay unas normas.

“A cuadros me dejas”.

Esta conversación la tuvieron dos personas delante de mí, sin saber seguramente mi nombre ni mi ascendencia. Y no dije nada. No soy el tipo de persona que se dedica a salvar el mundo ante las injusticias de la gente inepta. Si fuese un superhéroe, igual les patearía la boca, pero tampoco es que me importe demasiado esto. Realmente si me tuviese que parar a enfadarme y reaccionar cada vez que oigo una cosa de estas, o simplemente la intuyo de alguien que sabe quien soy, quizás no saldría de casa. 

Y cosas como estas pasan a diario, y se dicen como quien no quiere la cosa, con convicción y sin siquiera hacer un intento de parecer humor. Yo reconozco que muchas veces hago humor racial con mis amigos, pero es humor. Es como si le digo a alguien negro que come chocolate “cuidado no te muerdas los dedos”. ¿Me vais a etiquetar como racista? ¿Y si nos reímos los dos? ¿Acaso no entenderemos que es una broma y lo diferenciaremos de la realidad? ¿No es absurdo que alguien se muerda los dedos por el hecho de comer chocolate? ¿Y qué hay de la gente que no hace chistes, pero piensa de forma suficientemente estereotipada como para creerse superior intelectualmente a un inmigrante o alguien de ascendencia extranjera? Ya no hablo de la diferencia de clase social entre un pobre y un rico, estoy hablando de la gente que se cree superior por el hecho de ser de un lugar determinado, tener ascendencia de un país o quizás tener un color de piel más claro. 

¿Welcome Refugees pero luego nos pensamos que somos superiores a ellos, que trabajarán para nosotros y que, cuando vengan, les podemos dar un cobertizo, unas herramientas, y ale, a arreglar tuberías que es lo que hacéis los moros? Sé que puede parecer exagerado esto que estoy diciendo, pero desde luego habrá quien lo verá lo más normal del mundo, y eso es lo que me quema por dentro. 

¡Por el amor de dios, si soy el primero en reírme cuando alguien me hace un chiste sobre el hecho de que no coma jamón! ¡Pero odiar a alguien por algo que no puede controlar, es del todo absurdo! Es como si yo odiase un árbol por el hecho de estar arraigado en la tierra, o un pez por el hecho de vivir en el agua. 
Esto por ejemplo, también me hizo mucha gracia. 

Pues bien, hay una diferencia grande entre hacer una broma entre colegas, y decir una afirmación de forma seria a alguien que además te da la razón. Es como si un médico dijese a su colega de consulta “todos los negros tienen sida, no hace falta que le hagas esa prueba”, o una asistenta social dijese “es gitano, mejor quitamos el hijo a los padres, que deben ser delincuentes”, o como si en una tienda dijesen “¿el pasillo de la fruta? Mejor le llevo al de los frejoles que es más para usted”. Esto me recuerdo a un comentario de una persona, que al ver un niño con obesidad, lo primero que pensó y así nos lo hizo saber, era que lo mejor era esterilizarlo para que no tuviese descendencia. Y no diré el cargo que ocupaba ni tampoco el lugar en el que lo dijo, porque lo dejaré para otra entrada en la que trate el tema más en profundidad.

Como si me dijesen a mi “el jamón es típico de aquí, así que, si no lo comes, no eres de aquí”. Y sí, me lo han dicho seriamente.

En el anterior blog de “Los Sin-patria” hablé de la hipocresía de la gente con los inmigrantes o los hijos de los inmigrantes. En este os quiero evidenciar la causa de esa hipocresía, y es que, en muchas ocasiones, los autóctonos de un país, no ven a la gente inmigrante como iguales, y eso es muy triste. Aunque no nos consideremos racistas, si no somos capaces de ver a la gente de otra procedencia, color de piel o nacionalidad, como iguales, sí, realmente somos racistas. Mejor dicho, somos asquerosos y despreciables racistas que no deberían salir de sus casas por el bien de la sociedad hasta que aprendan que los humanos somos todos iguales y merecemos las mismas oportunidades, sin ser estereotipados por motivos de raza, nacionalidad o género.
"Señor cursiva está confuso. Tan confuso que se hiere a sí mismo".

Nos dedicamos a decir a la gente que huye de un país en guerra, que venga aquí, que les recibimos con los brazos abiertos, y a la que llegan, les ponemos una etiqueta, unos estereotipos, y por mucho que no seas así, da igual, te trataremos como lo que eres, inmigrante. Y lo que más duele es que lo haga gente que te acoge, pero que nunca te considerará un igual. 

¿Sabéis? Eso que dicen de "adaptarse al lugar al que vas" es diferente a "integrarse", porque uno es cambiar tu cultura, tu religión, tus hábitos, perder tus tradiciones y que tu yo se pierda en la cultura autóctona, y el otro es coger tus hábitos, tus tradiciones y tu cultura, seguir con ella, y establecer unos límites que te permitan expresar tu forma de ser con libertad, siguiendo así, siendo quien verdaderamente eres.

Y esta realidad duele a mucha gente.

jueves, 16 de marzo de 2017

La gente hipócrita (parte II)


Esta entrada va a estar graciosa, pero quien me conozca, sabe que no me gusta decir las cosas directamente, tanto para lo bueno como para lo malo. Así pues, os voy a contar un cuento.

“Lo has vuelto a hacer, mago de las palabras, acabas de captar la atención de mis sentidos de nuevo”.

La historia se titula “el rey y el mendigo”… no, no, mejor… “el explotador y el obrero”. Mmm…

EL EXPLOTADOR Y EL PARADO

Típica visión aérea de Gironastán
Hace muchos, muchísimos años, en un lugar muy y muy remoto llamado Gironastán, vivía un joven parado con tantos otros. Estos, habían venido de un país muy lejano a ganarse la vida en la impronunciable ciudad de Bagdsalt. El protagonista, buscando faena, encontró un lugar donde se ofrecía trabajo para inmigrantes. Contento y feliz como una perdiz, se fue a apuntar, y al día siguiente recibió una llamada de un patrón de la obra, que le ofrecía trabajo para construir uno de los edificios más altos de la ciudad.

La ciudad de Bagdsalt era muy y muy rica porque tenía muchos y muchos yacimientos de petróleo. No obstante, la riqueza estaba muy mal repartida, y de igual modo que había muchos ricos, también había muchísimos pobres que no tenían dinero para vivir sin que su trabajo se pudiese dejar de considerar como una esclavitud moderna. Además, tampoco había derechos laborales para estos pobres asalariados, y cuídese alguno que quisiera reivindicarlos, pues sería deportado a su país de origen.

Nuestro protagonista, al que llamaremos Abdul (porque me parece un nombre sonoramente gracioso), se presentó a su lugar de trabajo el día que debía, y empezó a trabajar, 12 horas al día, 7 días a la semana, 30 días al mes, 12 meses al año. Todo con un sueño, llegar a trabajar lo suficiente para algún día poder ser considerado un ciudadano de Gironastán.
Aquí está Abdul recogiendo vete tu a saber qué. 


No obstante, lo que no sabía era que el propietario de la empresa en la que trabajaba, Karim Bahalacara, también conocido como “El Usurero”, no tenía pensado permitir que ninguno de sus trabajadores consiguiera la nacionalidad y, por tanto, los derechos del país. ¿¡Qué locura sería esa!? Eso sí, cada viernes, Karim no faltaba a la Mezquita a rezar, no vaya a ser que se le olvide pedir perdón por ser un ser ruin.

Así invertía el dinero Karim El Usurero
Nuestro Abdul siguió trabajando sin descanso hasta que falleció y su cuerpo fue enviado a su país sin ser nunca así, considerado un habitante de Gironastán.

Su hijo, Marwan, sabedor de la historia, viajó a Gironastán para ganarse la vida como su padre. Este, no obstante, no era como su progenitor, pues era conocedor de la lucha de clases, y que esta, por mucho que la pintasen de colores bonitos, siempre era existente en un país capitalista como Gironastán.

Una vez allí, fue directamente a la empresa de Karim El Usurero, y vestido con sus mejores galas, pidió hora con él, haciéndose pasar por un gran inversor.

Típica sala de espera de Gironastán con sus bailarinas del Raluy
Su plan era acabar con la vida de la persona que había explotado a su padre y se había aprovechado así, de tantas otras personas.

No obstante, mientras esperaba en la sala de espera, vio una chica que se acercó a él y se sentó a su lado. Sin saber quiénes eran, empezaron a hablar entre ellos, y siempre con el pretexto de ser un inversor, Marwan descubrió que ella era la hija de Karim El Usurero. Tenía delante la persona más importante para el hombre al que más odiaba, un disparo difícil de fallar.

No obstante, algo pasó en esa conversación que llamó la atención a Marwan. Resulta que la hija de Karim El Usurero, pese a ser consciente de que su padre explotaba a sus trabajadores, tenía la concepción que estos eran libres, y que si trabajaban en esas condiciones laborales era porque ellos querían, no porque el sistema les obligase. Tampoco creía que las condiciones de trabajo fuesen tan duras, ni veía malestar alguno en las caras de los trabajadores, puesto que, si tenían algún problema, se podrían haber quejado. En definitiva, que Gironastán estaba muy bien, y que ellos iban allí a ganarse la vida como buenos pobres.

Fue en ese preciso instante que Marwan confesó ser quien era, opción que nunca debió haber seguido. Pasó de ser considerado un rico más en aquel pastel de cerezas, a ser echado cual hormiga ante un insecticida.

Marwan, horrorizado ante tales palabras y sorprendido por la concepción de “libertad” que tenían en aquel país, entendió algo que nunca olvidó jamás y que se repitió en el camino de vuelta hacia su casa una vez descartó su plan.


Los ricos nunca verán al pobre como un humano igual que ellos. Los pobres nunca creerán que puedan llegar a ser igual que los ricos. En definitiva, el sistema crea personas que más que vivir, lo que más anhelan es ganar dinero. 

PD: Las mil y una noches, un relato que se quedó corto.

jueves, 9 de marzo de 2017

El sentido de la vida


El otro día salía la NASA anunciando que habían encontrado 7 planetas como la Tierra, en un sistema planetario cercano que iba a durar suficiente para esperar a que lleguemos. Que era probable que hubiese vida, o como mínimo, condiciones para la vida. Esta noticia la comentaba incluso mi madre al transportista que nos trajo una lavadora nueva la semana pasada. Sí, sí. "¿Dónde le dejo la lavadora? Oh, vaya, nuevo sistema planetario, sí, sí, siete planetas uf, usted le da al botón y ajusta las revoluciones, sí, sí, vida por ahí, ya ve, qué locura, el suavizante ahí".

Puntualizo que me parece lamentable dedicar tanto a algo que queda a una distancia bestial, para buscar vida en el universo, cuando no damos importancia a la que tenemos en la Tierra, y ya ni hablo de animales en peligro de extinción, me refiero a humanos como nosotros. En fin. La hipocresía del primer mundo. Ya hablaré más del tema cuando acabe de leer un libro que tengo a medias titulado "El hombre mojado no teme a la lluvia" que me está dejando de piedra.

Ahora os voy a contar una cosa, cambiando totalmente la dirección de la entrada, que nunca he contado a nadie, pero es cierta. De pequeño era mucho de mirar documentales, y eso llevó a que me cuestionase desde muy pronta edad cosas como el significado de la vida, cómo sería el mundo si yo no estuviese, o qué papel puede jugar una única persona en la historia del universo.

"Es el típico pensamiento que todos tenemos cuando nos levantamos por la mañana y fijamos la vista en un punto, nos empanamos, y lo acabamos lamentando cuando llegamos tarde".

Esto me lo planteaba con, quizás, 7 u 8 años, y desde entonces muchas cosas han pasado a lo largo de mi vida. Demasiadas incluso, a veces pienso que ojalá hubiese podido tener una vida normal y corriente.

Y aquí llego a la respuesta del significado de la vida. Sí, no la voy a guardar para el final, ni tampoco quiero crear un hype excesivo por algo que tampoco es que sea algo revolucionario. La respuesta a la pregunta es, que es irrelevante.

“¿Eso te parece una respuesta?”.

Nos pasamos años de nuestra vida, décadas incluso, dedicándonos a conseguir una faena estable, a estudiar, a discutir por dinero, y comprar cosas efímeras. Sexo, drogas, comida, juego… Buscamos constantemente excusas para abstraernos de la realidad, privándonos así de ver más allá del castillo de ilusiones que la sociedad y la cultura ha creado para que nos dediquemos a algo más que no sea ver qué somos.

Estamos horas, días, semanas, en Facebook, chateando, dando "me gusta" a cosas que no nos gustan, mirando fotos de Instagram y dando "me gusta" a fotos que nos importan un bledo, leyendo artículos de las redes que olvidamos en segundos, preocupándonos por quien nos ha dejado de seguir, quien nos ha borrado de "amigo" de Facebook, o quien nos ha bloqueado en Whatsapp. Pensamos en una vida que no es la nuestra porque la nuestra es demasiado fría, y podemos hablar con más gente a través del móvil que en la realidad de carne y huesos, porque también es más sencillo, y te ahorras ver la cara de tu interlocutor.

Nos acostumbramos a hablar por escrito, sonreír en las fotos de las redes sociales, contar lo bien que nos lo pasamos, y esperamos que la gente se alegre por ello. Y lo compartimos porque creemos que es normal, y necesitamos ese respaldo del resto del grupo para sentirnos integrados. Todo el mundo lo hace, claro, cómo no lo íbamos a hacer.

Te sientas en una mesa, entablas conversación con un desconocido y se creen que estás loco. Claro, supongo que porque en Facebook, Twitter, Instagram o Tinder también se hace, pero como no ves los ojos de tu interlocutor mientras le hablas, no estás invadiendo su zona de seguridad.

¿Es esto evolución, o involución? No parece que nos estemos adaptando a la realidad, más bien estamos creando una realidad que nos parece más bonita cuando la verdad es que estamos huyendo de nuestros problemas para concentrarnos en algo más sencillo. Hablamos entre nosotros sin tener que ver los gestos de los demás, los imperfectos rostros, los tic, los errores dialectales... Somos conscientes que no tenemos la otra persona delante y podemos hablar de lo que se nos antoje, pero cuando tenemos delante a alguien, la cosa cambia, tenemos un humano como nosotros. Una vida.

El significado de la vida es que todo eso es irrelevante. Estamos vivos y eso es lo que verdaderamente importa. Tenemos la posibilidad en nuestra mano de hacer cosas grandes, primero para nosotros, y luego para todos los demás. Para eso hay, primero que ser consciente de ello.

Podemos alcanzar aquello imposible, y hacerlo posible, que nos vean y piensen que tampoco era tan difícil, y así avanzar. Ser el primer paso para algo y a su vez un gran paso para la humanidad, o no, porque a quien demonios le importa la humanidad, pero siempre sin dejar de entender que es un primer paso vuestro más allá de lo que quieran los interesados.

La vida no es fruto de la casualidad, amigos, no seamos necios, la vida es fruto del esfuerzo por sobrevivir de unos microorganismos que se tuvieron que adaptar a los cambios que veían, que sufrieron mil y una piedras del camino hasta alcanzar el hecho de cuestionarse, qué somos y donde vamos. Eso es la vida. El resto es irrelevante.

Es irrelevante el dinero, porque sí, un rico es rico a base de explotar, y un pobre es pobre porque el mundo está mal repartido, pero nada de ello le da o quita al otro la posibilidad de hacer cosas grandes. Lo único que lo impide es la sociedad, la cultura, el egoísmo y la falta de visión más allá del cegador dinero.

Tenemos dos manos, un cerebro, y un corazón, y eso nos ha de bastar para lograr hacer de este un mundo mejor, tanto para nosotros, como para la gente que nos rodea, como para los que no nos rodean, pero ¿qué demonios es rodear en un mundo globalizado?

El sentido de la vida es que no tiene sentido de por sí. Tú le has de dar el sentido. Tú la haces grande, si quieres.

¿Pudo haber existido el universo sin vida? Por supuesto. ¿Pudo haber existido un universo sin ti? Por supuesto. ¿Pudo haber existido un universo en el que tu no estuvieses leyendo esto? Está claro.

“Entonces, ¿por qué estoy aquí leyendo esto?”.

Lo estás leyendo precisamente porque has creído conveniente leerlo, de igual modo que una bacteria pensó (bueno, ya me entendéis…) que era importante sobrevivir. Años después, años y años después, desastres naturales, muertes, desapariciones de especies, selecciones naturales, años y años después, aquí estás tú, leyendo que tu vida tiene el sentido que tú le quieras dar. Ese es el significado de la vida.

Hagas lo que hagas, le estarás dando un significado a tu vida, en un universo intrascendente ante lo que puedas hacer. Así pues, adelante y sin miedo.

Cuando uno conoce la importancia de su vida, pueden pasar dos cosas. La primera es que todo siga igual. La segunda es que quiera cambiar las cosas, y cuando uno quiere cambiar algo, acaba de hacer el primer paso para conseguirlo.