En este blog hablaré de las cosas que pasan en nuestro día a día y que no nos paramos a analizar por pereza a calentarnos la cabeza en demasía y parecer gente demasiado seria.
Cuando escribí esta entrada hace un mes y poco, para explicar el porqué del vídeo, dije
textualmente “El objetivo de este vídeo
no es ganar. Ni tan solo es aprender a grabar ni a editar. El objetivo principal de mi última
participación en ese concurso es quejarme de la bazofia sin sentido que se hace
una vez y otra, para concienciar a los jóvenes que no se droguen. Lo hace gente
que no tiene ni idea de por qué se drogan ni qué son las drogas realmente, y
pretenden explicar a alguien que sí sabe lo que son las drogas (parcialmente),
qué creen ellos que son las drogas.”
No me lo explico aún, pero hemos ganado el 4arto premio del
concurso. El jurado ha considerado que el vídeo es el 4arto mejor de 118 cortos
presentados. Un vídeo en el que nos metemos directamente con el jurado, en el
que criticamos todos aquellos vídeos que se hacen siempre, y en el que
educamos. Sí, educamos, y no de forma obvia, sino con mensajes subliminales (Esteve,
el actor que hace la referencia del azúcar glas como cocaína, no está comiendo
un triángulo de chocolate porque sí).
Victor tampoco hace de presentador obsesionado con ganar
porque sí, lo hace para criticar el sistema de competición del propio concurso.
Oscar no hace el papel de persona de fundamentos teóricos
fuertes porque sí. Lo hace porque ciertamente la teoría es necesaria, pero si
se abusa, acaba aberrando el propio contenido.
Josep no hace el papel de persona que pretende infundir
miedo para evitar el consumo de drogas, lo hace porque es de los recursos más
habituales.
Don Jara no hace el papel de persona cuyas ideas son
ignoradas porque sí. Lo hace porque es lo que pasa cuando de tantos
participantes, solo unos con unas ideas determinadas son elegidos, mientras que
los otros pueden tener grandes ideas y ser ignorados.
Didac no hace el papel de persona cuya intención es educar
porque sí. Lo hace porque esa es la basa en la que se debería centrar todo
vídeo pese a los edulcorantes que luego se le añadan.
Incluso yo, no hago el papel de bedel con ganas de que
acaben de hacer el vídeo ya porque sí. Lo hago porque en ocasiones, nos
centramos tanto en cómo hacer algo, que se nos olvida el objetivo por el cual
lo hacemos.
Dicho todo esto he de confesar algo. Hace dos meses dije una
frase que me salió del alma, y es que estoy acostumbrado a perder. Un ejemplo
claro es este concurso de cortos, en el que me he presentado cuatro años seguidos
con la ilusión por las nubes y la hostia siempre ha sido importante. Este año
no tenía expectativas. Lo primero que hice al hablar con las personas que
después de preguntar en Facebook, se ofrecieron de forma totalmente altruista a
ayudarme, fue “mirad, el objetivo no es para nada ganar, sino criticar al
concurso y los vídeos que se presentan en él”, y esto os lo puede corroborar
cualquiera de ellos, e incluso las personas que vieron el guion previo (que
llevo escribiendo desde noviembre pasado), y los que han visto el vídeo durante
la postproducción.
Yo ya no quería ganar, quería destrozar los registros y que
el jurado que lo viese se sintiese tan ofendido e increpado, que me deseasen lo
peor. Quería además que el resto de compañeras y compañeros que presentan
vídeos al concurso se diesen cuenta al ver el vídeo que los enfoques de siempre
ya no valen. Hay que cambiar la forma de pensar.
Pero si quería algo por encima de todo, era, es y será nunca
fallar a mi estilo. Mi estilo casero, con algún chistecillo, juegos de palabras
y bromichuelas que saquen una sonrisa a quien lo vea más allá del contenido del
propio vídeo. Uno nunca puede defraudarse a sí mismo, y creo que esa es la
verdadera clave de que esté tan y tan satisfecho por este 4arto premio.
No es un 1ero, ni un 2do, ni un 3ero, pero para mí, es el
más glorioso de los premios que hemos conseguido estos dos meses (Subcampeones
de la Liga de Debate (Cataluña Valencia y Baleares), 3er premio en el festival de cortos de Temps de Flors (Girona),
2do premio en el concurso de relatos cortos contra la desigualdad de género (UdG) y 4art premio en el Concurso de Cortos contra las drogas de TuPunto (territorio español).
“¡Deja de ganar cosas ya, puto pesado!”. Ya que estoy, aprovecho para dar las gracias a todos. No creo que hubiese una mejor manera de cerrar mi etapa universitaria, y hubiese sido imposible sin tanta gente magnífica. Yo nunca he creído que tenga ninguna habilidad especial, así que quieras o no, y los que me conocen lo saben, estos premios los he ganado porque he participado con gente genuina en sus campos. Muchas gracias a todos ellos y ya dejo de dar la brasa con tanto premio y tanta cosa, que me empiezo a dar asco.
Este gato era un felino muy bien entrenado. En su juventud
estaba un poco asilvestrado, pero pronto aprendió a vivir en comunidad y
descubrió rápido los mejores trucos, llegando a ser el más veloz de sus colegas
gatunos, e incluso era capaz de saltar desde una altura que los demás no podían.
Para él no era suficiente. Él quería llegar a poder saltar
de lugares cada vez más altos, y lo seguía intentando pese al riesgo que podía
correr. Para él, imponerse un límite era de débiles, y siempre intentaba
superarse, pese a que alguna que otra vez se había lesionado alguna extremidad.
Así pues, con este ritmo de vida, nuestro gato llegó a ser
respetado entre los que, en su asilvestrada juventud, le llamaban salvaje.
Obviamente esto le gratificaba, pero el reconforte era mínimo pues él no sabía
hasta donde podía llegar, y no estaba dispuesto a pararse.
Un buen día apareció una gata.
“Bueno, cómo no…”
Esa gata era bastante normal, y eso sin duda llamó la atención
de nuestro felino. Acostumbrado a grandes proezas, veía en ella lo normal y
corriente, y de alguna manera eso alteraba sus sentidos y le conducía a
preguntarse si él podría llegar a vivir de forma normal y corriente como esa
gata.
El minino investigó a la gata de forma sigilosa como solo
los gatos saben hacer. Y la investigó. Y la investigó. Y por mucho que la
investigaba, no lograba entenderla. Era una gata ávida y brillante, pero muy normal por fuera.
Ante tal intriga y desconcierto, el gato se sintió extrañado
y decidió ir a hablar con la gata. Hablaron entre maullidos, tampoco me
preguntéis qué dijeron. Probablemente hablaron de cosas banales y sin sentido.Quizás de Whiskas, o puede que de la última viñeta de Garfield. Yo qué se.
El caso es que el gato salió de esa conversación tal y como había entrado, sin
saber nada de la gata.
Al día siguiente el felino se decantó por la opción que
siempre había usado y que ya le había funcionado para demostrarse un miembro
más del grupo. Se propuso saltar de la altura que nadie saltó jamás, y así
impresionar a la gata misteriosa.
De ese modo, nuestro protagonista decidió subir las
escaleras de uno de los edificios más altos de la ciudad, y mientras lo hacía,
se corrió la voz (en maullidos) entre todos los gatos de la ciudad de aquello
que el gato pretendía. Como podéis imaginar, hasta la gata se enteró de eso, y
junto a toda la comunidad gatuna, fueron a ver cómo el gato intentaba tal
proeza.
Una vez arriba del edificio, el gato miró hacia abajo.
“A ver si lo entiendo. ¿Todo es una metáfora para decir que
tienes vértigo?”
Se podría decir que sí, pero sigamos con la historia.
Con su vista de lince, vio a la gata y animado con todo el
valor que su imagen le dio, se decidió a saltar.
No se me dan bien los finales tristes de las historias, pero
os podéis imaginar que los gatos no tienen alas, y por muy bien que pudiese
saltar, y por mucho que digan que uno no puede volar si no lo intenta, lo
cierto es que, si lo intenta y no puede volar, puede que se vaya a matar. Así
es como acabó nuestro protagonista.
“Bueno, ya nos has puesto tristes a todos. ¿Y la moraleja?”
La moraleja es que, nadie vale tanto la pena para
desperdiciar una vida.
Bien, hoy os voy a contar el secreto para ser extremadamente
creativo en todo. El secreto es que no hay secreto. Fin de la entrada.
“¡Oh, gracias por iluminarnos con tu sabiduría, Omar!”.
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Ahora que ya se han ido muchos de los que solo buscan soluciones sencillas, os contaré a los pocos que
quedáis el verdadero truco que uso yo para que se me ocurran ideas. No es que
me vea como alguien especialmente bueno en esto, pues la mayoría de ideas que
se me ocurren cuando intento ser creativo acaban siendo demasiado locas como
para llevarlas a cabo, y del resto, muchas son solo ideas sin fundamento que
nunca llegarán a ser relevantes para nada.
Para llegar a ese momento en el que ser realmente creativo,
mucha gente cree que hay que descansar, despejarse, llegar a un punto de
catarsis en el que nada influya en tu pensamiento, un punto de paz espiritual y
calma emocional en el que poder expandir tus horizontes y evolucionar hacia
otro ente que… Todo eso es mentira. Haciendo esas cosas tienes las mismas
posibilidades de tener una buena idea que si te sientas en una mesa y te pones
a buscar cosas en Google.
El punto clave desde mi punto de vista, para llegar a tener
una buena idea es la saturación de lo mismo una y otra vez. Me explico.
El ser humano por naturaleza es bastante complejo y simple a
la vez. Si estamos en una situación de calma y estabilidad, no tendemos a
buscar el peligro y la inseguridad física. No digo que la rutina sea buena para
tener ideas geniales. De hecho, cuando uno vive en una rutina constante, no
suele tener ideas que le hagan cambiar a no ser que se sature, y ese es el
punto donde quería llegar.
Todo valor es una constante hasta que varía, entonces será una
variable, y de ese valor final dependerá lo que haya influido en ese cambio
(vamos, que de matemáticas soy un analfabeto, pero a esto llego).
Pero volvamos al tema de la creatividad. Para tener una
buena idea hay que saturarse de ideas iguales siguiendo la misma premisa que,
para desviarse del camino, primero hay que seguir el camino. La mente funciona
de igual modo.
La gente tiende a repetir lo mismo que ha funcionado a otros
para que les funcione a ellos, y de ese modo se aseguran que, pese a que no
funcione lo que van a intentar, como mínimo no harán el ridículo. Entonces,
queda claro que para hacer algo diferente, no hay que tener miedo al ridículo
ni vergüenza por lo que vayamos a hacer (aunque vaya a ser vergonzoso).
“No me sirve de nada que me digas esto porque ya lo sé. Dime
como ser creativo. ¡DÍMELO!”.
La clave, y esto que diré es el punto más importante de la
entrada, es que, si dominas un tema y aún no se te ha ocurrido nada creativo,
igual es que no te has saturado suficiente del tema. Es en el momento de
saturación total de algo, que se te van a ocurrir las ideas más brillantes, que
ciertamente luego tendrás que pulir, pero que sin duda serán diferentes.
Otra cosa es que funcionen o no, como ya he dicho la gente
tiende a buscar siempre lo mismo, que se repita, y las cosas nuevas y
diferentes no suelen ser bien valoradas a no ser que la persona que la vea esté
también saturada de información igual.
Como ya comenté en la anterior entrada, yo por cosas de la
vida, realicé un año sabático en el cual pude reflexionar sobre diversas
cuestiones relacionadas con la sociedad y el rol que jugamos las personas en
ella. Anteriormente he hablado de mi teoría de “El Banco de Peces”, y hoy os
traigo amor.
“Bueno, yo como lector crítico que soy he de decir que tú dando lecciones de amor, suena raro”.
Todo empieza con un sueño que tuve en el cual una chica me
decía una frase muy interesante. Es decir, no me la decía nadie. Era mi
subconsciente que se inventó todo. No sé por qué, siempre suelo soñar y
francamente, mis sueños suelen ser ciertamente reales, así que parecen películas.
De hecho, muchos de los vídeos que he hecho a lo largo de mi experiencia en
YouTube, están basados en ideas de sueños que he tenido.
Pero volviendo al sueño en cuestión. Esa chica que, de
hecho, nunca llegó a existir, me dijo “el amor no es ciego, el amor te ciega”.
La frase es cuanto menos curiosa porque reformula de algún modo
la idea que siempre hemos tenido pululando en el subconsciente colectivo sobre
la ceguera del amor, que todo el mundo se puede enamorar de todo el mundo y
esas cosas que parecen más bien sacadas de la película “Love Story” pero sin
ese final tan… ¿Cómo decirlo sin hacer spoiler…? Tan curioso.
Aquí hay que hacer previamente dos consideraciones a esta
premisa básica de “el amor es ciego”. Creo, y aquí vierto mi opinión personal,
que para llegarte a enamorar de alguien o algo (y aquí abro un paréntesis para
explicar que una persona también se puede enamorar de su trabajo, de alguna
afición o de su casa, por ejemplo), primero te ha de gustar la persona o cosa.
Es decir, que aquello conocido como “amor a primera vista” no existe. Es una
mera invención para justificar el “por qué” de que algo nos guste en la primera
impresión, y todos sabemos que la primera impresión es muy importante.
Una vez aclarada la diferencia entre “amor” y “gustar”,
queda patente que el amor no puede ser ciego pues en la línea temporal,
previamente a enamorarse, ha de gustarte eso, y sin conocimiento para poder decir "me gusta", no puede saber si quieres estar con esa persona o dedicarte a eso. Por poner un ejemplo, antes de decir "me gustan las patatas chips", has de haber comido patatas chips. De igual modo antes de llegar a decir "me pasaría toda la vida comiendo patatas chips", te han de gustar las patatas chips, porque las has de haber probado. Pero, y aquí viene la parte
importante de la cuestión, ¿qué pasa si lo que te gusta tiene defectos, pero
prefieres sus cosas buenas a sus cosas malas?
Una vez que ya has visto que algo te gusta, y a partir de
ahí has conocido más en profundidad el tema o la persona en cuestión, es cuando
te enamoras. Ahí es cuando el amor te ciega y hace que los defectos de la cosa
o persona pasen a segundo plano. No los dejarás de ver ni percibir, pero preferirás
centrarte solo en sus cosas buenas, a no ser que descubras algo terriblemente
malo, cosa que desequilibrará ligeramente ese pensamiento hasta incluso
romperlo todo y acabar con esa “ceguera parcial”.
Pero con tantos conceptos es realmente fácil liarse. Voy a
poner un ejemplo.
“Sería de agradecer la verdad. Me está costando pillar tus
sueños de nini”.
Ha salido un nuevo modelo de coche y tú lo miras en una
revista de coches, en YouTube o en cualquier web donde ofrezcan sus
prestaciones. Y cuando lo ves, te gusta. Algún analfabeto lo llamaría “amor a
primera vista”. Incluso algún infeliz que no hubiese leído esta entrada de blog
pensaría “vaya, con lo que gasta ese coche, está claro que el amor es ciego”.
Vas al concesionario, y lo pruebas, verificas que te gustaba
y lo compras. A partir de ahí vives tu idilio amoroso con tu coche. Has de
pagar su combustible, lo cual te deja arruinado, pero como estás enamorado del
coche, pues no pasa nada. Hasta renuncias a pagar tus alimentos, el colegio de tus hijos o la hipoteca, por tal de mantener tu amorío. En ocasiones hay que sacrificarse por tal de
disfrutar en pareja (aunque tu pareja tenga más plástico en las ruedas que
Pamela Anderson).
Y ahí reside el problema. ¿En qué momento el perjuicio que
aguantas por amor, acaba siendo superado por tus expectativas previas,
haciéndote una persona infeliz?
Es ahí donde llegamos al principio de la teoría. El amor no
es ciego, el amor te ciega, y en ocasiones tanto que acaba sobrepasando el
lindar de la infelicidad.
Hará algo más de 5 años, leí “El fantasma de la ópera”. En
ese libro, más allá de las peripecias de un señor deformado que secuestra una
chica, también se habla de una pieza musical, el “Don Juan Triunfante”,
compuesta por el mismo fantasma y que jamás vio la luz. Una pieza musical que
según la persona que relata la historia, es quizás la pieza musical más bella
que jamás había oído. Desafortunadamente, según la novela, nunca quedaron
restos de esa composición y por ello nunca se pudo volver a oír. No olvidemos
este punto del relato.
Cuando vamos a la escuela, en clase de historia nos cuentan
cómo ha avanzado la humanidad, desde que los primeros homínidos bajaron del
árbol para vivir en las praderas, hasta la formación de las primeras colonias,
la transmisión de la cultura y el conocimiento, los diferentes mecanismos de
escritura que han existido, los inventos que han sido creados por manos humanas
hasta la actualidad, y hasta los niños más pequeños se dan cuenta que hemos
avanzado muchísimo en las últimas décadas comparado con cómo se vivía antes.
Otro dato que podemos apreciar son las cifras de analfabetismo
mundial, que en el último siglo se ha reducido exponencialmente hasta las
cifras actuales (86% de alfabetismo mundial).
Tener nociones de lectura y escritura capacita a una persona
de aprender y enseñar de forma más eficaz y simple, y no hace falta ser muy ávido
para darse cuenta que el progreso de la humanidad en los últimos años ha estado
estrechamente ligado a la reducción del analfabetismo mundial.
No obstante, creo que podría ser mejor. Algo me dice que el
hecho o no de ser analfabeto no es lo único que permite a una persona conseguir
alcanzar un objetivo que ciertamente acaba comportando un avance para la
sociedad en su conjunto, y es ahí donde entra el Fantasma de la Ópera, y es que
todo el mundo tiene la típica idea, el típico sueño, o el típico proyecto que
acaba guardado en un cajón porque no se ve capacitado para llevarlo a cabo por
el motivo que sea.
Permitidme volver al ejemplo del Fantasma de la Ópera. Si en
lugar de encerrarse en las más profundas cámaras de la Ópera para ocultar su
deformado rostro, hubiese decidido salir, mostrarse, y demostrar sus
capacidades, seguramente en un principio hubiese contado con el rechazo de la mayoría
de personas que le viesen, pero estoy convencido que una vez demostrase sus
capacidades musicales y de composición, la gente se hubiese rendido a sus pies.
Obviamente es una novela de ficción, pero lo que no es ficción es lo que nos
pasa a todos nosotros.
Todos tenemos miedo a que se nos rechace en algún momento
por alguna idea que es demasiado loca, quizás demasiado transgresora o puede
que incluso inoportuna. Acabamos escribiendo la idea quizás, y la guardamos en
un cajón, puede que con la esperanza que algún día reunamos el suficiente valor
como para hacerla pública. Yo también me he encontrado muchas veces en esa
situación, y es bastante frustrante, porque tengo los cajones llenos de ideas y
cuando quiero hacer limpieza al final acabo desechando algunas de ellas pese a que
pudiesen ser buenas en otro momento y para otras personas. A todas las mentes
inquietas nos pasa.
Ahora, ¿qué pasaría si el primer ser humano hubiese pensado “¿quemar
la carne? ¡Qué barbaridad! ¡Así no habrá quien se la coma!”? ¿Hubiésemos
llegado donde estamos si los impulsores de las revoluciones hubiesen pensado “¿quitar
el poder a los poderosos? ¡Qué locura!”?
Mi teoría es que no. Si somos capaces de tener una idea,
plasmarla y darla a conocer, lo peor que podemos hacer es guardarla en un cajón
para siempre o desecharla como si no tuviese precio alguno. Al ser humano le
hacía y aún le hace falta mejorar sus tasas de alfabetismo, pero también le
hace falta recuperar su fe y confiar en sus ideas.
“Muy listo Omar, pero ¿y si Hitler hubiese guardado sus
ideas nazis en un cajón? ¿No sería este un mundo mejor?”.
La historia es algo que no se puede cambiar, solo podemos
aprender de ella para no repetir los errores del pasado. Punto primero, el
alfabetismo nos llevará a la cultura. Punto segundo, la cultura nos llevará a
aprender del pasado para no cometer los mismos errores. Punto tercero, la fe en
nuestras ideas nos llevará a impulsarlas para hacer de este un mundo mejor. Y
punto cuarto y definitivo, la misma sociedad misma se encargará de corregir las
ideas que no estén en el lugar adecuado y en el momento adecuado, de otro modo
no se avanzaría.
A raíz de los atentados de Bélgica, han vuelto a surgir
voces reclamando respuestas a la pregunta sobre la causa por la que un chico de
aquí de religión musulmana, se radicaliza y mata a gente como él.
“¡Qué huevos hay que tener para que alguien que se ha criado
aquí, acabe matándonos!”
Ante todo, esta entrada no es una justificación en absoluto
de los atentados. Simplemente un vídeo me abrió el apetito de redacción y una
cosa llevó a la otra. No es lo que parece.
“Mi esposa me dijo lo mismo mientras buscaba las llaves del
coche de mi vecino en nuestra cama y tuvo que desnudarse junto a él para no
manchar las sábanas”.
Concretamente el señor del minuto 5:00
Nadie sabe ni por qué ni cómo se han llegado a radicalizar
de ese modo. Bueno, sí, los supuestos expertos afirman que se radicalizan
siendo captados a través de internet, pero antes que alguien se dedicase a
captar a la gente por internet, alguien debía captarlo a él. Ahí algunos
supuestos expertos afirman que fueron captados en mezquitas.
No es por deslegitimar a esos expertos. Obviamente parte de
razón tienen, pero como cargarse internet o cerrar todas las mezquitas no es la
solución, aún nos falta indagar más en el tema para comprender el motivo social
que lleva a esto. Está claro que un mensaje convincente no es el único motivo
por el que alguien va a matar a otros humanos.
“Ya, supongo que como mucho te pueden convencer para votar a
un partido que entre en una guerra y así acabar matando indirectamente”.
Pues bien, os voy a contar una parte de mi vida y espero que
la cojáis con pinzas porque soy muy melodramático con mi biografía. Al acabar
bachiller no entré en la universidad hasta el año siguiente y tuve que hacer un
año sabático, que no fue tan sabático porque estudié inglés, me saqué el
teórico del carnet de conducir, y tuve mucho tiempo para reflexionar acerca de
todo. Para mí fue un año en el que aprendí muchísimas cosas, y aunque suene muy
típico de alguien que justifica su fracaso académico, aprendí cosas que no se
enseñan ni en la escuela ni encontrarás en ningún libro.
Una de mis reflexiones fue la que llamo “Teoría del banco de
peces”. Por aquel entonces solo era una idea que comentaba a algunas personas
de mi entorno, pero no me atreví a plasmarla en papel con una extensa y
metódica explicación hasta años después.
Los peces forman lo que se conoce como “cardumen” o “banco
de peces” cuando se desplazan en grupo a través de kilómetros y kilómetros en
el océano. Esto les proporciona ventajas y desventajas. No obstante, también
hay peces que se aíslan del banco, y estos también tienen ventajas, e
inconvenientes.
La aplicación en la sociedad actual es bien simple y está relacionada
con la marginalidad social. La gente que se aleja de la sociedad, según ellos,
lo hacen por su bien, mientras que verán la sociedad como algo de lo que
alejarse por no poder sacar beneficio de vivir ahí, algo sucio y muy manido. En
cambio, la sociedad los verá como individuos desplazados y marginales, nadie
sabrá por qué se han alejado con lo genial y fabulosa que es la sociedad, y
verá su modo de vida como algo horrendo.
Esta teoría ya la he aplicado en trabajos de la universidad,
y algo me dice que mis profesores creen que estoy loquísimo por inventarme algo
tal que comparar a humanos con peces. Yo creo que, en definitiva, el
comportamiento humano en la sociedad es tan básico que no necesita más que una
comparación así de simple para explicarla. No somos peces, pero tampoco nos
comportamos socialmente como homínidos.
Esta última semana he estado con el equipo de la
Universidad de Girona, en una competición de debate que se disputaba en
Valencia. Concretamente era el capitán, pero al fin de cuentas todos acabamos
asumiendo el rol que hacía falta cuando es necesario, y es aquí donde empieza la historia.
La Universidad de Girona llevaba dos años seguidos llegando
a las semifinales de la competición, y este año nos podíamos dar con un canto
en los dientes si repetíamos por tercera vez las semifinales. Aun así, al
principio de la competición no todo dependía de nosotros, sino que el resto de
equipos también jugaba un papel importante en esta difícil tarea.
Habíamos estado trabajando las líneas argumentales desde
febrero, y el trabajo era evidente en tanto que nunca anulamos ninguna
preparación y nos dedicamos a hincar codos desde el principio. Renunciamos a muchísimas cosas y mucho tiempo para preparar todo. No obstante,
hasta que no estás ahí, delante del público y el jurado, por mucho que prepares
algo, puede que no salga como te lo esperabas.
Habiendo perdido el primer debate os podéis imaginar que los
ánimos del equipo no fueron demasiados, pero sabíamos que por perder un debate
no quedábamos fuera. Era algo que nos podíamos permitir relativamente, y que si
ganábamos el resto de debates podíamos clasificarnos para semis. No dependíamos de nosotros solos, pero podíamos lograrlo.
Y así hicimos. Nos pusimos a trabajar duro en ello toda la
tarde, y trabajamos muchísimo todos los aspectos que habían fallado. Nos
reorganizamos y empezamos a focalizar esfuerzos donde era necesario ponerlos.
Una derrota no acabaría con nosotros.
En esta foto estamos penúltimos, pero luego la URV ganó a la URL y nos avanzó.
Habíamos trabajado mucho y ya no
llegaríamos donde queríamos. Símplemente no podíamos.
Y es aquí donde entra Sam Sagaz:
“Pero henos aquí. Igual que en las
grandes historias, las que realmente importan, llenas de oscuridad y de
constantes peligros, esas de las que no quieres saber el final por que… ¿cómo
van a acabar bien?
Pero al final todo es
pasajero, como estas sombras, incluso la oscuridad se acaba para dar paso a un
nuevo día y cuando el sol brilla, brilla más radiante aún.
Esas son las historias
que llenan el corazón, porque tienen mucho sentido, aun cuando eres demasiado
pequeño para entenderlas, pero creo, que ya lo entiendo, ahora lo entiendo, los
protagonistas de esas historias se rendirían si quisieran, pero no lo hacen, siguen
adelante, porque todos luchan por algo”.
En efecto, todos luchábamos por algo. Éramos un equipo y
equipo íbamos a acabar, así que decidimos acabar la liga de debate de forma
digna pese a no tener posibilidades de llegar a semifinales después de dos
derrotas. Pero el caprichoso destino siempre guarda una última bala en la
recámara, la que los desesperados usan para acabar con su sufrimiento y los
valientes intentan jugar a su favor.
Así pues, esa tarde nos dimos cuenta que, si ganábamos los
dos últimos debates con suficiente diferencia, por una carambola de aquellas
que solo pasan una de cada mil veces, podíamos entrar a semifinales. Esto nos
pilló cuando ya estábamos trabajando para acabar dignamente la liga, y solo
hizo que nos lo tomásemos más enserio. Obviamente éramos conscientes de la
dificultad de algo así. Era una auténtica proeza desbancar a los dos únicos
equipos que habían ganado dos debates y solo habían perdido uno, nosotros que
los dos que habíamos disputado en ese momento, los habíamos perdido. Y como
proeza que era, nosotros simples mortales, no acostumbrados a grandes ni heroicas
gestas, no sabíamos sí podríamos o no.
Y pese a esa desconfianza luchábamos por algo, algunos incluso por alguien, lo cual nos
daba fe para seguir adelante. Además, puede que no confiásemos en nosotros
mismos, pero confiábamos en nuestros compañeros de equipo, y eso es algo de lo
que siempre guardare un buen recuerdo. Un equipo unido, por mucho que pierda,
jamás será vencido.
Pero volvamos a la historia en sí. El mismo jueves teníamos
dos debates, uno por la mañana y otro por la tarde, y estábamos obligados a
ganar los dos con muy buena puntuación, y que como mínimo uno fuese por 3-0 (en
cada debate hay 3 jueces y cada juez emite un veredicto propio, así que uno de
los debates lo debíamos ganar por unanimidad de jueces).
Sí, sí era posible lograr lo que el día antes era
impensable. Del pozo miramos al cielo y pensamos “esas estrellas han de ser
mías”, y avanzamos. Toda la tarde trabajamos en mejorar los argumentos,
arreglar detalles y practicar la oratoria, corregir tics, etc. No nos dimos por
vencidos en ningún momento. Sabíamos que ganar 3-0 a la segunda mejor universidad
del grupo, que había ganado todo y que solo había perdido un debate por un
ajustado resultado, era algo muy y muy difícil, pero para nada imposible, porque
ni antes éramos tan malos, ni ahora éramos tan buenos.
Como capitán me dio la sensación que ganábamos pero que
difícilmente conseguiríamos un 3-0. Ellos eran muy buenos oradores, y eso
dificultaba más la faena de convencer al jurado que nosotros éramos mejores en
el debate. Cuán fue mi sorpresa cuando el cabeza de jueces nos dio las
puntuaciones y vi obrada la gesta. Habíamos ganado 3-0 y pasábamos a
semifinales. En ese momento mantuve la mente fría, saludé a la capitana rival,
le di la enhorabuena por el trabajo que habían hecho durante la liga, y
felicité al equipo rival por el trabajo hecho. Realmente lo hice con completa
sinceridad. Cuando pierdes, es cuando valoras el trabajo que cuesta ganar, y
cuando luego ganas, entiendes por lo que pasa el rival al perder. Es otra de
las lecciones que aprendimos en esta liga.
Al llegar donde mis compañeros, exploté en júbilo. Lo
habíamos logrado. Habíamos superado la fría y oscura noche, y el sol empezaba a
brillar. La sensación era indescriptible. Todos lo habíamos pasado mal, y en
ese momento toda la tensión de los últimos días se acabó liberando en una
explosión de felicidad. Felicidad en equipo, que se disfruta más y mejor.
Volvimos al hotel, preparamos la semifinal (que además nos
tocaba con nuestros amigos de la Universidad Jaume I a quienes mando un saludo desde aquí), y fuimos a dormir
pronto. Sabíamos que el camino había sido duro, pero que aún nos faltaba un
último paso, quizás el más duro.
Nos levantamos temprano. Era la última jornada de liga de
debate, y pasase lo que pasase, ya habíamos logrado lo imposible, aquello por
lo que cualquiera hubiese tirado la toalla. Nosotros no. Teníamos la ilusión de ver al sol brillar con más fuerza después de la noche oscura.
Sin trampa ni cartón, superamos las adversidades y lo hicimos juntos, dejando atrás los reproches y trabajando unidos, remando en una misma dirección, como en las mejores películas. Aquellas en las que salen equipos cuyos miembros son distintos entre sí pero se complementan a la perfección. Aquellas películas en las que los protagonistas fracasan pero lejos de rendirse, vuelven a intentarlo, y muchas veces pese a darlo todo, vuelven a fracasar, pero no se rinden, porque tienen las agallas para seguir luchando porque tienen un objetivo claro.
Mis 30 segundos de gloria en la entrega de premios.
Y puede que después de tomar otra vez la determinación de luchar, vuelvan a fracasar, pero lo seguirán intentando hasta agotar todas las posibilidades, esforzándose hasta el límite de sus fuerzas, hasta que finalmente logran el objetivo. Es entonces cuando miras atrás y te das cuenta que valió la pena. Todo aquello que perdiste por el camino, todo aquello que invertiste en ello, todo lo que sacrificaste y todo en lo que te apoyaste. Todo eso valió la pena porque lo has logrado, y puede que no logres lo máximo, pero si consigues superar a tu yo de ayer, ya estarás listo para mañana, poder superar a tu yo de hoy.
Porque en una competición, superas a equipos rivales (y en este caso amigos), pero el
más grande rival eres tú, y superarse a uno mismo es la mayor proeza que se
puede lograr, tanto en una liga de debate como en la vida en sí.
Pd: Otra de las cosas que he aprendido en mi paso por la liga de debate es que no es racional quejarse de los jueces, porque eso es algo que no se puede cambiar. Es como intentar mover una montaña porque te obstaculiza el paso. Lo más inteligente es rodearla, o en el caso de los jueces, cambiar tu argumento, que en definitiva es lo único que se puede hacer. Si los estudias al detalle y mejoras tu técnica y argumentación hasta la perfección, por mucha antipatía que provoques al juez, acabará aceptando tus argumentos.
Como en el fútbol, quejarse de los árbitros es poco inteligente, lo suyo es entrenar más. El resto son escusas que nos ponemos a nosotros mismos para justificar nuestra pereza o nuestra falta de motivación.