viernes, 4 de agosto de 2017

100 entradas, y 100 agradecimientos

Pues sí, llevamos (llevo) ya 100 entradas de blog. Hace ya dos años que empecé este proyecto, y no solo he alcanzado los dos años en Julio, sino que también las 100 entradas, y sí, me encantan los números redondos, soy así.


Pero para llegar a las 100 entradas de blog, he necesitado la ayuda de muchas personas, que, de algún modo u otro, han inspirado mi día a día y me han dado alas para seguir escribiendo las chorradas que nos han llevado a celebrar lo que en esta entrada se celebra. 100 entradas. ¿He dicho ya que esta entrada es la 100? ¡Qué barbaridad!


Empecé pensando que seguramente no le iba a dar continuidad, que eso de escribir es para otros con más conocimientos y más intelectuales que yo. Gente de esa que ha leído libros de los que, la gente como yo, consideramos “ladrillo”. Esa gente es la que suele tener un blog y lo actualizan cada mes o dos meses. La verdad, realmente no me veía capaz ni de llegar a las 20 entradas, y seguramente muchos de los que me conocéis debíais pensar lo mismo, aunque, por respeto, no lo dijerais.

Con este blog he descubierto una parte de mí que desconocía totalmente, y es que me encanta contar las cosas que me pasan. Lo que también es cierto, es que he aprendido a no contarlo todo, y a exagerar un poco las cosas. ¿He dicho “exagerar”? Quise decir “hacer mi vida más comercial”.

Entradas como la que aún es la más leída del blog “Me han roto el corazón”, “Adiós a los debates” o “Dulce Ramadán” son buen muestra de ello. Os he mostrado mi vida de una manera diferente a como realmente es. Una manera, espero, más divertida, entretenida, fácil de leer, y con humor del mío, sí, del simple.

A veces hacen falta más cosas como estas, y por eso lo he hecho tal y como es. Me refiero a que, el blog, en sí, contando las cosas como son en la realidad, pues, no sé, pero personalmente, me viene un tío a contarme su vida, cómo le han dado calabazas, cómo hace el Ramadán, o cómo ha dejado los debates universitarios, pues igual, me daría un poquitín igual, a no ser que le conozca mucho y diga “ay, pobrecillo, voy a leer su blog”, que es el caso de mucha gente que lee este blog, pero realmente, por lo que veo en la estadística, no toda.

Vivimos en un mundo con muchísima información de todo tipo, por todos lados, y sin respiro alguno. No podemos procesar, y mucho menos tenemos la capacidad de leerlo todo. Por eso, hace falta más gente que escriba de forma próxima y con un estilo cercano a las personas que lo leen. Está muy bien escribir una novela de ficción en la que desgranas todo el diccionario y describes hasta la más simple esquina con pelos y señales, pero eso hoy en día es inútil. A la gente no le importan los pequeños detalles, a la gente le importa la información que les es próxima y que les llama a reaccionar de una forma determinada. Y por eso fallan profesores, fallan escritores, fallan científicos, y en cambio, vence Playground, vence el ClickBait, y vencen los twitteros.

Iba a dar las gracias a mucha gente, pero creo que lo dejaré estar, primero, porque sería revelar quien inspira cada entrada, lo cual sería a su vez, exponer mi opinión exagerada de las cosas, y eso solo nos llevaría a equívocos.

Creo que lo dejaré en dar las gracias a los que me han seguido estos dos años, a aquellos que han leído esta entrada, o cualquiera de las que he escrito, y también a aquellas personas que empezaron en algún momento a leerme, y lo dejaron porque la vida, ¡ay la vida! Demasiada vuelta da.


Lo dicho, muchas gracias, y no os preocupéis, seguiré tocando las narices mientras me quede inspiración o acabe en la cárcel. Espero que sea la primera. 

jueves, 27 de julio de 2017

Gente hipócrita (parte III)

En el título me ha faltado “y un poco imbéciles”, pero bueno, era por mantener un poco el título de la saga de entradas de blog sobre la gente hipócrita, y no pretendía venirme arriba.

Hoy hablaré de un tipo de persona, no una persona en concreto, ni tampoco os contaré un cuento sobre algo que me frustra. Hoy va de un análisis profundo de un tipo de homínido que igual demuestra un poco que Darwin no tenía ni idea de nada. Y viva Lamarck y la epigenética, joder.


Se ha hecho buen día para hablar de la gente que critica a otra gente, solo para parecer socialmente mejores que ellos, y pretendiendo que critiques tú también; y realmente, la gracia es que, si critican contigo, también criticarán sobre ti. Bam. Twisplot. ¿Cómo? ¿No te esperabas que aquellos que tanto critican a los demás contigo, te criticasen a ti con los demás? Ay, qué inocente...

A mí, personalmente me da mucha rabia este tipo de personas. La verdad es que soy una persona que cuando ha de criticar a alguien, intentaré decirlo de forma disimulada porque no me gusta ofender al personal, de igual modo que no me gusta que me ofendan, y si he de criticar, te habré criticado antes en la cara y posiblemente me haya reído de ti. Pero las cosas hay que decirlas, aunque sea de forma suave.

Hay personas, con problemas de autoestima posiblemente, que necesitan criticar otras personas, para sentirse integrados en el grupo. Es como si, con su crítica, ganase puntos en un tipo de “ranking social”, y se ganase la estima de los demás, lo cual es totalmente absurdo, porque criticando a los demás, cualquiera con dos dedos de frente esperaría que le criticases a él también a su espalda.

“¿Y lo de Darwin a qué venía? ¿Te crees científico?”.

Los humanos somos animales gregarios, y estamos obligados a vivir en comunidad. Cada vez interactuamos menos los unos con los otros por culpa de internet y las redes sociales. De hecho, estarme leyendo en un blog, en lugar de escuchándome dar una charla en una sala de conferencias (casi vacía), debería ser una muestra de cómo está cambiando la sociedad, lo cual no es malo del todo, pero sí surgen algunos fallos evolutivos que nos demuestran que no vamos por el buen camino.

Por ejemplo. La persona que critica las fotos de otra persona en su red social, con un amigo en común. ¿De verdad cree este amigo en común, que no hará lo mismo con sus fotos en esa red social, pero con otra gente? Y lo más importante, ¿qué tipo de adaptación social es el hecho de despotricar de los demás, a sus espaldas? 

Yo por ejemplo, lo pongo tan a huevo con mis canciones de Instagram y mis vídeos de YouTube, que mis haters ya deben pensar "este chico no necesita que le critiquemos, es una parodia de sí mismo, así ya no vale la pena".

Lo he intentado analizar desde el punto de vista de primates evolutivamente inferiores (espero que no se ofenda ninguno de los chimpancés que leen el blog).


Un gorila critica otro gorila que ha ido a por fruta, con los otros gorilas. Al volver el gorila con la fruta, el gorila criticón habla (o lo que demonios hagan los gorilas) con el gorila frutero, mientas que los otros gorilas, fingen que no han escuchado nada de críticas. Al rato, el gorila criticón, se pone a despotricar de los gorilas oyentes, con el gorila frutero.

Realmente, el gorila criticón es un pedazo de imbécil que no debería tener ni derecho a permanecer en el grupo. Pero el hecho es que, el resto de gorilas son tan manipulables y se tienen en tan mala consideración los unos con los otros, que acabarán elevando al gorila criticón, a un nivel de jefe de la manada gorilera. Y así funciona nuestra sociedad.

Así actuamos también los humanos, cuando no debería ser así. Desde mi punto de vista, la gente que se dedica a criticar a otra gente para que terceros piensen mal y denigren a otra persona, debería ser apartada del grupo. Eso sí son personas toxicas para la sociedad, y no la gente negativa. 

"Personas tóxicas para la sociedad... Me recuerda a algo... 

De todos modos, pese a que es algo muy feo, siempre se ha hecho, y como siempre se ha hecho, la influencia de las redes sociales en nuestra sociedad, solo ha ayudado a seguir haciéndolo. Realmente, si viviésemos en una sociedad primitiva, sin Facebook ni Instagram, seguiríamos criticándonos los unos a los otros, precisamente porque con ello, la gente pretende seguir con el refrán "mal de muchos, consuelo de tontos", y al criticar a los demás, lo que pretendemos es ponerlos a nuestro nivel o por debajo, pese a que, moralmente, no tiene por qué ser necesariamente así.

Lo dije en una entrada hace tiempo, los individuos no somos o dejamos de ser tóxicos, es la sociedad la que nos ayuda a serlo y promover esta conducta. Y difícilmente encontraremos algún estrato de la sociedad donde no se aplique esta norma básica y tan característica de los primates que nunca hemos dejado de ser.

jueves, 20 de julio de 2017

¿Cuándo ceder y cuándo no?

Bajo este extraño y ambiguo título se oculta una realidad, y es que, en muchas ocasiones, todos y cada uno de nosotros, nos vemos obligados a ceder en algo de lo que estamos en contra, de igual modo que esperamos que los otros cedan cuando creemos que tenemos la razón razonable, y puede que no sea así.

Tengamos o no la razón, la realidad es que el hecho de ceder o no hacerlo, implica varias cosas. No solo puede agilizar el acabar una discusión, cosa que es bastante obvia (como el que firma un armisticio después de verse inmerso en una guerra demasiado larga), sino que también implica ceder algo de nuestra autoestima, algo de nosotros, de nuestro yo que confía en nosotros. Y eso duele, porque el orgullo se encuentra en todo ser humano, sea más o menos presente, pero en todos está, y a todos nos duele, en mayor o menor medida, ceder en según qué temas.

Aún y con esas, es importante ser conocedor del momento exacto cuándo debemos ceder en una discusión, de igual modo que en una guerra hay que saber percibir cuando, un acuerdo de tregua es mejor solución que continuar con la batalla, gane quien gane, e incluso cuando creemos que vamos a ganar nosotros, pero el número de bajas es demasiado grande.

El otro día pensaba que, si en una discusión, uno cede, está permitiendo al otro lado llevar a cabo su idea, pese a que puede que sea una locura, y a veces es hasta conveniente.

Pongamos un ejemplo, que se entenderá mejor.

“Procura que no sea bélico, que siempre estás hablando de guerras en tu blog y ya se ha quejado la Asociación de Padres Lectores de Blogs”.

Tenemos un hijo. Usted, yo seré un ser omnipresente en esta escena que se desarrollará en su cabecita, entre conexión sináptica y conexión sináptica.

Como decía, tenemos un hijo, y nuestro hijo quiere ir en bici, a lo que nosotros, encantados de que haga deporte, le decimos que sí, que la coja y se vaya a hacer unas vueltas al parque, siempre y cuando se ponga el casco, las rodilleras y las coderas. Él insiste que no, que eso es muy de pringado (ciertamente es muy de pringado, pero nosotros sabemos que es por su seguridad). Así pues, nos enzarzamos en una discusión que dura lo suficiente para cansarnos nosotros. Él no, porque es un niño y todos sabemos que los niños son expertos en discutir por chorradas. De este modo, cedemos, y le soltamos un “haz lo que te dé la gana, luego no me vengas llorando” (yo como padre sería muy coloquial, pero a mí que me llamen “señor padre” o algo arcaico, que mola).

El caso es que nuestro hijo sale con la bici, y en la primera esquina, con piedras y asfalto, se pega un guarrazo del copón. No le ha dado tiempo ni a cruzar la calle, que ya vuelve a casa entre sollozos, y con las rodillas y los codos ensangrentados, despellejados y sucios de mugre callejera. Yo, ser omnipresente, le atizaría una buena colleja, pero como usted es un padre ejemplar, no solo le limpiará las heridas y se las curará con la povidona yodada correspondiente, sino que también le dirá aquello de “¿lo ves? Con rodilleras y coderas, esto no hubiese pasado. ¿Y si hubiese sido un coche?”.

Perfecto, ha conseguido que el niño tenga un trauma con las bicis, y desarrolle una agorafobia de mayor, pero bueno, eso no es importante en esta entrada de blog. Lo importante es que usted cedió, y ahora la historia (que este ser omnipresente se ha inventado) le ha acabado dando la razón.

Ese es el punto clave. Hay que ceder cuando, sabemos al 100% que tenemos razón, y cuando las consecuencias de ceder no tienen por qué ser graves. Para el resto de veces en las que realmente, insistir no es una opción, hay que ser perseverantes y nunca dejar caer aquello en lo que creemos realmente.
Una entrada de blog sin fotos de Hitler, no es entrada de blog.
Esta premisa se puede aplicar en absolutamente toda discusión o controversia que encontremos en nuestra interacción con otros humanos. Tome usted nota. 

jueves, 29 de junio de 2017

Fumar es malo, pero peor es ser imbécil

Hoy vengo a hablar de lo influenciables que somos nosotros, seres humanos, y lo haré con un par de ejemplos (como empieza a ser habitual), de mi vida.

Veréis, en la sociedad actual (de igual modo que hace 20 años) si eres un niño pequeño y no eres del Barça o del Madrid, no eres nadie. En mi caso, yo era del Barça, pese que a que mi padre siempre tuvo predilección por el Madrid. En casa ya os podéis imaginar que los derbis se vivían con intensidad hasta hace 6 años, que perdí la simpatía por el fútbol Cosas de la edad supongo, acabas dando más importancia a lo que realmente merece la pena (más allá que el fútbol se haya convertido en una herramienta política y económica, en lugar de una competición que promueva la vida saludable y el deporte entre los jóvenes). 

De todos modos, a los que nos gustaba el fútbol hace unos años, nos gustaban jugadores como Ronaldinho, Kluivert, Eto’o, Zidane, Raúl, etc. Personas que eran idolatradas por el simple hecho de dar patadas a un balón, y cuyas acciones eran tomadas por niños como referencia de un modelo de vida bueno. Y esto pasa con absolutamente todo. El ser humano es súper influenciable y si mi superhéroe favorito lleva zapatillas Nike, yo me las debo comprar para sentirme como un superhéroe. Por la misma regla de tres, yo quería comprarme la camiseta de un determinado jugador porque era lo más, pese a que me salía por sesenta euros (aunque en el mercadillo te sale tirada, pero claro, es del mercadillo, ya no vale, eres un pobraco y serás discriminado eternamente por tu estatus social, una muestra que la lucha de clases aún existe (chúpate esa Marx, y en solo un párrafo)).

Pero vayamos a otra anécdota, porque no solo nos hemos visto influidos a lo largo de nuestras vidas por ídolos, sino también por las series de televisión que hemos visto, por los libros que hemos leído y por los personajes de estas, de igual modo que por las personas carismáticas que hemos conocido a lo largo de nuestra vida, y como con los futbolistas, no necesariamente hemos cogido de ellos únicamente los hábitos correctos, sino que también vicios insalubres o defectos y tics que a la larga nos han hecho arrepentirnos de haber idolatrado a esa persona. Por ejemplo, alguien guay que fumaba y por lo cual nosotros también debíamos fumar para ser guay.


Somos vulnerables y frágiles a partes iguales, pero es ahí donde reside la gracia del ser humano y es empezando por esa parte, por donde podemos cambiar la sociedad a mejor (o a peor, si es usted, querido lector, un futuro dictador con planes para conquistar Europa, establecer su raza como la superior, y grabar su nombre con letras de fuego en los libros de historia como "el dictador que se inspiró en el Blog políticamente correcto de Omar Habbab", me haría muchísima ilusión).


Me explico. Cuando sabemos cuál es nuestro problema como personas, es más fácil arreglarlo, de igual manera que uno no cambia una rueda si no sabe que ha pinchado o que está muy gastada. La cosa es darnos cuenta de ello, y es ahí donde cada persona empieza a crear su modelo de personalidad único y exclusivo.

Sí, ciertamente lo más seguro es que se acabe pillando cosas de aquí y de ahí, detalles que puedan ayudarnos en nuestro día a día, cosas buenas, y puede que alguna cosa mala. El caso es que, si sabes que es malo algún hábito imitado, has de ser consciente que es únicamente responsabilidad tuya no caer en los mismos errores que ya cometió la persona de quien los has copiado en el pasado.

“¿Te refieres a apoderarnos a nosotros mismos?”.

O no. Me refiero a que la genética no determinará si vas a fumar toda tu vida o no. La genética puede determinar el tiempo que vayas a durar fumando antes que un cáncer te mate o te amputen las piernas por problemas vasculares. Quien deberá aprender que fumar es malo, y deberá parar de fumar eres tú, y ser consciente de eso es lo que te dará poder para tirar adelante.

Y cuando digo fumar, me puedo referir a mil otras cosas que imitamos de gente a quien sobrevaloramos, y resulta que son tan humanos, frágiles y maleables como nosotros. Igual que nosotros caímos en la trampa de “fumar”, ellos también cayeron en la misma trampa, y quizás no se dieron cuenta que solo estaba en sus manos el apropiarse de las cosas buenas de los demás, construir su propia personalidad y conseguir así concebir una vida más real y propia.

jueves, 22 de junio de 2017

Dulce ramadán


Querida lectora o lector. Hablemos del ramadán. Ese mes en el que todo musulmán o partícipe de la cultura musulmana se dedica a no comer durante el día, para solo comer y beber durante la noche. Hablemos pues de ello, porque este fin de semana se acaba.

Yo hago el ramadán...

"¡¡¡¡OOOOOOH, NO LO SABÍA, VAYA, ¿ASÍ QUE NO PUEDES COMER DURANTE EL DÍA? ¿NI TAMPOCO BEBER? ¡VAYA, QUE BESTIA! ¡YO NO PODRÍA! ¡ADEMÁS TAMPOCO PODÉIS FUMAR NI TAMPOCO FOLL..."

...y la verdad es que lo he hecho desde hace muchos años, y la gente, como ha de ser, pregunta y hace juicios. No pasa nada. Se acepta y se tira adelante. Como cuando tus dos apellidos son iguales y te preguntan si tus padres eran hermanos. Sí, esa pregunta se hace. Yo la he hecho.

Normalmente cuando alguien te pregunta si haces el ramadán, primeramente, lo hace porque ha leído tu nombre (que muy occidental no será), y también ha visto que tu aspecto o color de piel tampoco parece muy caucásico. En mi caso es la primera opción, porque pese a que muy ario no soy, sí que soy bastante caucásico. Creo. ¿No? A veces me preguntan si soy argentino, otras si soy italiano, yo suelo presumir de ser medio etíope... 

La pregunta suele ir dirigida primero, a descubrir si haces el ramadán. Algo tan simple como “¿tú haces el ramadán?”. Y le respondes que sí. Ningún problema. Todo el mundo tiene sus cosas. Todo correcto. Circulen. Hay a quien le gusta la escalada, otros son más de lujos, yates y viajes exóticos, y a ti te da por no comer durante el día, todo un mes. Cosas más raras se han visto en culturas del mundo. Los Masái saltando, los Mursi se ponen un plato en la boca, los turcos fingen golpes de estado...

La siguiente pregunta suele ir más encarada a la religión. O te preguntan “¿eres musulmán?”, o bien “¿pero tú crees en dios?”. Está bien la pregunta, sea cual sea de las dos. No voy a entrar a contestarla, porque me daría para un libro entero de revisión sobre el significado de la palabra "Dios", y suficiente hago esperando que alguien lea esta entrada entera. Ahora bien, quiero plantear algo diferente. ¿Qué pasaría si celebrar la navidad estuviese estrechamente ligado siempre en nuestra cultura actual, a los valores cristianos?

¿Os imagináis un mundo en el que solo se celebrasen cosas con motivo de la religión? Perdón. Pregunta errónea. ¿Os imagináis un mundo en pleno siglo XXI en el que solo se celebrasen las cosas con motivo de la religión? (En un contexto occidental y de país desarrollado, yo sobre países en vías de desarrollo y con gobiernos tarados como Arabia Saudí o Qatar, no hablo, como mínimo en esta entrada).

Os voy a contar por qué yo hago el ramadán, y si eso dejáis algún comentario de por qué vosotros celebráis la navidad, el hanukkah, o lo que sea, para que nos entendamos todos y no acabemos en un conflicto bélico.

Para mí, el mes del ramadán es algo especial. Es duro, ciertamente, pero más duro sería para mí, no hacerlo. Me explico. Durante el ramadán pasas hambre y pasas sed, no fumas, no bebes y no mantienes relaciones sexuales.

“Bueno, eso último no lo haces ni en ramadán ni el resto del año, listillo”.

El caso es que, para mí, es un mes en el que aprendes a valorar más las cosas y a ver el mundo que te rodea de forma diferente. Aprendes a disfrutar de los buenos momentos con los amigos, de la familia, de las oportunidades que tienes, y de las que se dejan pasar. Aprendes que vivimos en una sociedad que nos impide conseguir desarrollarnos completamente como personas porque nos obliga a parecer guay para adaptarnos a ella. Y también aprendes que en la vida uno se ha de valorar a sí mismo y a los demás por encima de las cosas materiales. Aprendes a tolerar, y a tener paciencia. Y, sobre todo, aprendes que hay soluciones para todo, salvo para aquellas cosas que no tienen solución, como la muerte, o retroceder en el tiempo.

Más allá de la explicación teológica que pueda tener el ramadán, en el siglo XXI concebirlo como tal, es como pensar que la navidad es solo una fiesta religiosa, y que solo lo puede celebrar la gente que va a misa los domingos.

Otra de las preguntas que suele hacer la gente cuando le dices que haces el ramadán es “¿cómo aguantas todo el día?” y ahí viene uno de los motivos para hacer el ramadán, y es que aunque yo haga el ramadán un mes al año, hay millones de personas en el mundo contentándose con una sola comida al día porque no se pueden permitir más, y sé que para muchos esto no son más que palabras bonitas, pero es cierto, y desde nuestro punto de vista del primer mundo, no somos capaces de ver incluso lo que pasa en nuestras propias ciudades.

"Uuuuh, demagogia detected".

Prueba de ello es la gente que pasa al lado de otra persona tan humana como ella, y que se gana la vida buscando basura en el contenedor. Y ese panorama lo vivimos cada día de nuestra vida, y de ser tan común ahora ya pasa hasta desapercibido.

En definitiva, vivimos en un mundo lleno de injusticias, y que yo me pase el día sin comer ni beber, no soluciona este problema, ni tampoco lo empeora, pero a mí me ayuda a ser consciente de la situación que pasa tanta gente, y a obrar luego de una manera determinada.

Sí, ya sabéis que soy muy idealista. Cosas mías. 

Y el último motivo por el cual hago ramadán, es que, una vez que empiezas, dejarlo me dejaría en una posición de debilidad, y por tal de respetarme a mí mismo, he de ser capaz de acabar lo que empiezo, y en caso de dejarlo, que no sea por una escusa barata como "no tiene sentido hoy en día" o un "es más cómodo no hacerlo", porque en la vida la postura cómoda es la que siempre tenemos al alcance de la mano, pero la postura difícil, la que cuesta, es la que nos sirve para demostrarnos a nosotros mismos, que si creemos en nosotros, tendremos la voluntad para tirar adelante, sin importar las circunstancias. 
Y ese último es mi principal razón para hacer ramadán. 

Edición: Puede que bastante gente se sorprenda que yo haga el ramadán. Os juro que hacía tiempo que no veía a alguien alucinar tanto como cuando lo conté una vez en el hospital y una compañera me preguntó seriamente si era broma. El año que viene miraré de ponerme una banda en el brazo con una media luna que diga "estoy haciendo ramadán, no me alimentes", en una mezcla de letrero de zoo, y brazalete de nazis. 

jueves, 15 de junio de 2017

Muerto el perro, se acabó la rabia

Con este título tan poco animalista que habrá llamado la atención de mis lectores con cánidos como mascota, voy a indagar en lo que es un principio básico de supervivencia humana.

El otro día leía en Forocoches el caso de un chico cuyo perro, Rocky, debían operar porque se había comido unas bragas o algo por el estilo (dice “prenda de vestir”, lo de “bragas” es cosecha propia). El caso es que, en poco tiempo el forocochero recaudó suficiente dinero como para poder pagar la operación de su perro y así se recuperó este.



Pensando en ello, he llegado a la conclusión de que no quiero un perro. Y esto último lo voy a explicar con un ejemplo, como habitualmente hago.

“Bueno, como mínimo esta vez no hablas de amores y calabazas”.

Digamos que me enamoro de una chica y resulta ser recíproco. Somos muy diferentes, pero ahí está el amor.

“Mierda, he hablado antes de tiempo…”.

Yo sé que es recíproco porque ella me lo ha dicho, y además sé lo que siento. No obstante, decido decirle que no quiero nada con ella. Y aquí mi reflexión por qué no quiero perro (de hecho, tengo una tortuga, y aún me parece mucho).

Como he dicho antes, pese a que mis sentimientos sean unos, como percibo que la diferencia entre nosotros es tan abrumadora, decido no tirar adelante, por raciocinio. En esta vida no te puedes guiar nunca única y exclusivamente por tus sentimientos. Eso es algo muy primario y que sirve para diferenciar a las personas con dos dedos de frente, de los que actúan primero, y piensan después.

La cosa es que, si le digo que no a la chica, al cabo de un tiempo, ella encontrará alguien mejor, y yo probablemente (por estadística) también. Ambos llegaremos a ser felices sin necesidad de pasar juntos un tiempo en el que ninguno de los dos está bien, o puede que lo estemos, vayan ustedes a saber.

Soy Toby y mi amo se llama John Wick. 

Pero volvamos a la historia real. A mí me gustan los perros, y veo uno que es monísimo y lo quiero adoptar. Se llama Toby y es asquerosamente adorable. Pero en ese momento, Pepito Grillo me advierte:
- Ojo, Omar. No caigas en la trampa. Tu perrito Toby podría morir en un par de años por cualquiera de las enfermedades típicas de perro, y después de vivir con él, sacarlo a pasear pese al frío, gastarte la pasta en comidas, recoger sus cacas, y muchas operaciones súper caras, moriría, dejándote el corazón roto en mil pedazos. Si quieres ofrecer tu amor a un perro, mejor hazlo a uno que se a de algún amigo tuyo, así te ahorras darle de comer, sacarlo a pasear, recoger sus heces...

Así pues, decido no comprarme el perro.

“Menudo cobarde. Nunca sabrás lo que es tener un perro si no eres capaz de llegar a querer uno pese a los problemas que esto conlleva. Lo mismo con el amor, nunca llegarás a querer a alguien si no eres capaz de amar por miedo a dejar de ser amado”.

Ya está el típico comentario moralista. Pero sí, ahí te doy la razón. No obstante, permíteme refutar tu argumento con un ejemplo claro.

¿Cuántas de las personas que empezaron a jugar a Nintendogs, aún siguen jugando con ello? Nada más que añadir, señoría. 

jueves, 8 de junio de 2017

Alí Babá, el ISIS y la indiferencia occidental IX

No pensaba que fuese a tardar tan poco en hacer otra entrada de estas, y mira tú por donde, que ya toca hacer una nueva.



A esto hay que añadir los coletazos que da un pescado sin cabeza como es el ISIS, hoy por hoy, en Europa, como en el atentado de Londres de la semana pasada, y Afganistán, así como tantos otros en Siria e Irak, pero como son países en guerra, pues tampoco nos llama tanto la atención que muera gente, no sé, no me pidáis que me meta en la mente del colectivo occidental, que además, es diverso.

La cosa es que, además, algo importante está pasando en el golfo pérsico, y poco se está hablando de ello para la relevancia que puede llegar a tener para todo el mundo. 


Pongámonos en situación.


El golfo pérsico engloba desde Irán, Arabia, Omán, Emiratos Árabes, Qatar, Bahréin, Kuwait, e Irak. En la zona, también podemos encontrar, como vecinos, Egipto, Siria, Israel, Jordania, Líbano, Afganistán… Una zona, como vemos, que es recordada sobre todo por los conflictos que ha habido en los últimos veinte o treinta años.

Israel es el esquimal en el desierto de la zona, la pieza que no encaja en un puzzle en el que, teóricamente, estaría compuesto por países de mayoría musulmana, pero como hemos visto tantas otras veces, incluso en el islam, existen diversas divisiones, que, a su vez, están en conflicto. Por lo que a alianzas se refiere, Egipto, Arabia, Qatar, Emiratos Árabes y Bahréin, formaban una alianza como musulmanes sunitas. En cambio, veíamos a Irán, un poco alejada del grupo, junto a Irak (con mayoría poblacional Chiita (que fue perseguida por Sadam Hussein, aliado de Arabia Saudí)), y Siria, que, si bien tiene mayoría Sunita en la población, pese a que también en su caso, siempre ha sido muy diversa, el gobierno es Chiita.

Así pues, en la Guerra Civil siria, el aliado del gobierno era Irán, y los aliados de los que lo querían derrocar, y financiando las armas de estos, encontrábamos a Arabia Saudí, Qatar, Bahréin, o Emiratos Árabes. Sí, financiando al ISIS y Al Nusra.

Entonces, ¿qué demonios hace Arabia Saudí, promoviendo ahora la desconexión con Qatar, y denunciándolos como mecenas del terrorismo? Todo tiene una explicación razonable, y es que no ha sido en un momento y lugar al azar.

No hace muchas semanas, nuestro amigo Donald Trump visitaba al Rey de Arabia. En esa reunión que mantuvieron antes que el bueno de Donnie se fuese a Israel, se trataron muchos temas, entre los cuales, el conflicto de Israel con Irán, el precio del petróleo (árabe), y cómo no, el precio del gas (qatarí).

Dicho de otro modo, la estrategia es obvia a más no poder.

-          Primero, hackear los medios de comunicación qataríes para difundir noticias falsas que sirviesen como excusa para cortar relaciones.

-          Segundo, aislar Qatar física y económicamente. Con ese ahogo se consigue una bajada del precio del gas, que, a su vez, perjudica a Rusia e Irán.

-          Tercero, con los anteriores puntos, Arabia se asegura el monopolio de la competitividad energética de la zona, se limpia las manos en lo referente a la financiación de Estado Islámico, y a su vez, guiña el ojo a Israel para desvincularse de Irán.

Es una estrategia muy simple y efectiva si nos paramos a pensar en la imagen que se tiene esos países en occidente. La mayoría de gente no tiene ni idea de la división política de la zona, ni de los tipos de gobierno que hay. Además, el cambio de Rey que próximamente tendrá lugar en Arabia, puede servir a Estados Unidos para acabar de afianzar su alianza con el mayor importador de armas de la zona.



Así está la cosa. Realmente está todo muy y muy interesante, y pese a que espero que no lleguen a las manos, realmente unos regímenes monárquicos y absolutistas como los que tienen ahí, ya sería hora que cayesen. Claro que, tampoco es algo deseable al cien por cien, viendo lo que sucede cuando hay cambios políticos en la región…