jueves, 26 de enero de 2017

Ley de vida


Hay cierto momento en la vida en el que has de decidir si ser mayor, tener un trabajo, un coche, mujer e hijos, o SER EL PUTO AMO. A decir verdad, en la vida de todo joven, este momento puede repetirse muchas veces, y uno ha de decidir si tirar hacia una vida pragmática y segura, sencilla y sin complicaciones, o VIVIR AL PUTO LÍMITE PORQUE SOLO SE VIVE UNA VEZ Y A LA MIERDA CON TODO YO NACÍ PARA SER ALGUIEN.

Al final, a cierta edad lo más sencillo y práctico es ser pragmático, dejar un relevo generacional y completar el ciclo de la vida. Lo que pasa es que entre la infancia y la edad adulta (así llamaré al estadio pragmático de vida en el que necesitamos estabilidad en todos los ámbitos), hay como un abismo cuyo único puente es una cuerda floja. En esa cuerda, o avanzas, o retrocedes, pero si te quedas en medio, seguro que caerás. O eso pensamos.

Si algo nos enseñó Eddie Murphy en “Súper detective en Hollywood”, es que solo se vive una vez, y que más vale arriesgarse y equivocarse, que jamás intentarlo. De hecho, no, pero es una buena escusa para poner este temazo:

Además, según un estudio realizado en la universidad de Alabama, la mayoría de pacientes terminales no se arrepentían de sus errores en la vida, sino de no haber cometido más por miedo a equivocarse.

“¿Ese estudio dónde lo puedo encontrar? A ver, que yo lo vea.”.

CITO TEXTUALMENTE: "Ojalá hubiera tenido el coraje de hacer lo que realmente quería hacer y no lo que los otros esperaban que hiciera".

Todos hemos oído aquello de “la vida es corta, disfrútala”, y acto seguido quien lo decía se bebía su cerveza mientras cada vez más, perdía la consciencia y la percepción de sus acciones, lo cual es más que contradictorio.

“A ver, esto está muy bien, pero no todo el mundo tiene la oportunidad de elegir”.

Esa es la típica escusa que nos ponemos a nosotros mismos para no arriesgarnos a tomar una decisión que nos puede dejar en la miseria más absoluta y suponer dar 20 pasos atrás, por solo conseguir dar uno delante. Y me parece lamentable.

De todas las personas que han triunfado en la vida, de todas aquellas que consiguieron grabar su nombre en letras de oro en la historia de la humanidad, ninguna de ellas lo hizo sin arriesgarse en cierto momento de su vida. ¿Por qué tener miedo? 

Ahí dejo la pregunta al aire. Creo que todos en cierto momento de nuestras vidas nos la hemos planteado, y algunas veces nos hemos equivocado al arriesgarnos, pero es muy fácil juzgar a alguien después de saber qué pasará. Lo difícil es arriesgarse sin saber el porvenir que nos espera y para eso sí hace falta valor.

jueves, 19 de enero de 2017

Mira las estrellas y pide un deseo

Dato certificado por la NASA.

Pese al título de la entrada, ésta va a ir más hacia el estilo que os suele gustar. Sí, voy a rajar, y mucho. Porque ya está bien de tanta tontería. Os juro que las pseudociéncias me están produciendo una úlcera como mínimo. Ya no duermo tranquilo por las noches sabiendo que hay gente imbécil que se dedica a engañar a otros con milongas sin sentido.

Miras al firmamento de noche y ves estrellas, que no son más que bolas incandescentes de hidrógeno que iluminaron tanto en su día, que sus fotones aún nos llegan, y eso es lo que ves, fotones que han viajado a la velocidad de la luz durante millones de años, así que la estrella que ves, pudiendo existir aún, podría haber desaparecido mucho antes de que nacieras. Pero tú pídele un deseo, no sé, por ejemplo, pídele dejar de ser un zoquete. A ver si cuela.

Están estos, y luego los y las del signo del zodíaco. Típica persona que, para ligar, te pide el signo del zodíaco y te dice que sois compatibles. Típica persona que se dedica a mirar los zodíacos del diario para ver qué le depara el futuro. Típica persona que dice que los Sagitario somos impulsivos, que los Tauro son pensadores, y que los Acuario son liberales. Pues nada, ¿quién quiere estudio de mercado si ya tenemos los signos del zodíaco?

Parad ya, de verdad, parad. No doy abasto. Soy una persona pacífica, pero no puedo más.

“Omar, pero la acupuntura… “


Es que, de verdad, la ciencia no es lo que muchas personas se creen que es. Hay personas que piensan que la ciencia es un arma del gobierno para manipular las masas. Que la evolución es una invención del patriarcado para preservar el modelo patriarcal sobre el darwinismo. Que la biotecnología es mala porque modificar genéticamente los alimentos no es para aumentar la producción y evitar usar pesticidas innecesarios sin jugarse lo conreado, no. Hay quien piensa que los transgénicos están hechos para manipular nuestra mente, que le echan flúor al agua para mantener a la población tranquila, y que las vacunas son malas porque nos inoculan el virus, nos esterilizan o vete tú a saber qué.

CLARO, CLARO, MIL VECES MEJOR TENER LA PÓLIO QUE ESTAR MANIPULADO POR EL GOBIERNO POR MEDIO DE UNA VACUNA, SÍ, SÍ.

“Omar, estás un poco agresivo…”

No, para nada. Si yo respeto las formas de hacer de la gente inculta y analfabeta que no tiene criterio alguno y luego se dedican a difamar contra la ciencia mientras conducen coches, usan un iPhone y fuman. Hay hasta profesionales sanitarios que hacen estas cosas y luego despotrican de las vacunas, de los transgénicos y de todas esas teorías conspiranóicas más propias de MundoDesconocido.es que de un profesional que ha de procurar por tu salud en tu estancia en el hospital.

Mirad, hay gente que, sin ánimo de ofender (aunque si ofendo a alguien que se joda lo siento), se merece un par de hostias bien dadas al estilo Cara Anchoa. La humanidad avanza, y haríamos bien en dejar atrás a aquellos que no son capaces de comprender que progresamos como humanos para llegar a un futuro mejor. Y quien se quiera morir, o quiera matar a sus hijos de Polio, Tos Ferina, o Paperas, que lo haga. Ahora mismo dudo entre cualificarlo como Selección Natural de Darwin o herencia de caracteres adquiridos de Lamarck. 

PD: Qué a gusto me he quedado.

jueves, 12 de enero de 2017

¿Querer o no querer? Esa es la cuestión.

Jajajaja ¡Muere Cupido, muere!
Antes que me odiéis eternamente por el título, lo sé, soy un blasfemo shakespeariano. Dicho lo cual, vayamos a ahondar en el tema que nos ocupa en esta entrada.


¿Querer o no querer? ¿Hacernos daño o ser cobardes? ¿Qué tipo de ser establece la invisible franja que divide el querer a alguien, o ser un cobarde por ni tan solo intentarlo? ¿O es, acaso, el querer a alguien, algo involuntario?

“Ahonda, ahonda, que me interesa”.

Si revisamos una entrada anterior (cuyo vínculo pondré aquí pero para los más vagos, resumiré), y respondiendo a la última de las cuestiones planteadas, no. Querer no es algo involuntario. Enamorarse quizás sí, pero de ahí a querer, con defectos y virtudes, no. Pongamos un ejemplo. Yo me enamoro, y veo a doña perfecta. Yo quiero a alguien, pese a sus defectos, comprendo que yo también los tengo (vaya, sorpresa, no soy el blogger demiurgo y perfecto que muchos creían), y por eso la quiero tal y como es, aunque sea una loca chiflada que frecuenta los cementerios para practicar la necromancia. Bueno... No tanto. Igual ahí ya me daría un poco de repelús.

Establecido el límite de lo que es querer, vayamos más allá y profundicemos el hecho de que sea algo voluntario. Una persona enamorada puede desenamorarse, o puede aceptar los defectos de la otra persona. Eso requiere cierto grado de madurez y autoconocimiento, pero también pide iniciativa, y si una persona no quiere querer a otra, no lo hará por mucho que haya estado enamorado.

“Anda, pues visto así, sí que es verdad, sí. Pero... un momento... ¿qué es el amor entonces?”.

Oh, la pregunta del millón que cientos de miles de personas han intentado explicar con hojas y hojas de prosa. Yo lo explicaré en un párrafo.

Pongamos que hace un frío que pela y queréis tomar algo calentito. Preparáis un Colacao, pero quedan grumos y sois de ese tipo de persona a la que los grumos les molesta (sí, el físico también importa, no nos engañemos). Lo bebéis, y empecinados a conseguir la fórmula para que el Colacao os salga sin grumos, hacéis otro. Y otro. Y otro. Cuando ya parece que se os acaba el Colacao y vuestras entrañas van a reventar de tanto beber, desesperados por crear el Colacao de vuestra vida, pegan en la puerta. Alguien os trae Nesquik. Eso es el amor. Descubrir una y mil veces lo que no funciona, hasta que comprendes qué es verdaderamente lo que buscas, lo encuentras y entiendes que es lo que querías. Por eso el amor de los padres tarda 9 meses en gestarse. Por eso el amor y el desamor están ligados.

Pero vayamos más mar a dentro, pues el océano de posibilidades es enorme, y no es oro todo lo que reluce. El amor y, por lo tanto, el hecho de querer a alguien, puede doler, y los desengaños son la cima del precipicio por el cual podemos caer y llevarnos una hostia del copón. Esto suele pasar a medida que conocemos a la otra persona, y por ello es importante conocerse a uno mismo antes que conocer a los demás.

“Pero vamos a ver, conocerse a uno mismo es imposible. Hay gente que hace viajes o requiere psicólogos y meditación para ello”.

Esa es una de las grandes mentiras de nuestra sociedad y está apoyada sobre la cultura del autoengaño. Desde que nacemos nos engañamos para pensar que somos de la manera que nuestros padres, profesores o ídolos, quieren que seamos. Vivimos años forjando una forma de ser que no es la nuestra, y enterrando nuestro yo debajo de una pila de escombros que nos convierten en lo mismo que los demás, solo y únicamente para encajar. Y luego nos dicen cuatro iluminados “es que no te conoces”, “es que no te quieres”, “es que no te cuidas”, “es que no piensas en ti”. Y yo les digo, CLARO QUE NO, JODER, CLARO QUE NO.

Nacemos y nos dicen que no lloremos, crecemos y nos dicen que seamos buenos, maduramos, y la infinita lista de cosas que debemos hacer engloba estudiar, trabajar, conseguir pareja, crear una familia, comprarse una casa, un coche, etc. Hasta que nos hacemos viejos y nos damos cuenta que todo ha sido efímero, que ya nada sirve para nada, y que hemos vivido toda la vida engañados. O no nos damos cuenta hasta que vamos a morir.

Imaginaros a vosotros, con 80-90 años, en la cama de un hospital, viendo que, primero, vuestros hijos están trabajando, vuestros nietos están estudiando, que los coches que comprasteis no os sirven de nada, que vuestra casa está vacía sin vosotros, y que vuestra pareja puede que siga con vosotros o puede que no. Ya nada sirve de nada. ¿Pero ha servido en algún momento?

Vivimos engañados. Sabemos quién somos, lo hemos sabido siempre, hemos sabido lo que queremos, y nos han intentado engañar. Somos lo más valioso que tenemos. SOMOS LO MÁS VALIOSO QUE TENEMOS.

“No sé si ha quedado claro eso último, ¿podrías repetirlo un par de veces más?”.

SOMOS LO MÁS VALIOSO QUE TENEMOS. Vale, ya. Creo que ha quedado claro.

Si no nos queremos a nosotros, ¿cómo diablos vamos a querer a alguien? Si no nos conocemos a nosotros mismos, ¿cómo diablos vamos a vivir sin tener un desengaño?

En definitiva. Querer, sí. Pero primero, ante todo, querernos a nosotros, aceptarnos como somos, y luego ya, si eso, si precisa, pues querer a los demás. Sin prisa tampoco, no queramos correr con estas cosas, que las carga el diablo.

 Y si no, recordad, todo el mundo es prescindible para todo el mundo menos nosotros mismos. 

jueves, 5 de enero de 2017

No controles mi forma de pensar porque es total

Con este título tan de Mecano, me dispongo a exponer una reflexión surgida de un par de conversaciones, alguna frase épica de algún profesor, y alguna foto de FB (Facebook para las víctimas de la brecha digital). Para situarnos, hoy hablaré de cambiar en general, porque ha llegado el 2017, la gente se hace propósitos de año nuevo y algunos conllevan cambiar de forma de ser o pensar. Y hay que meditarlo dos o más veces.


Ejemplo: Tu pareja dice que te quiere, pero que hay cosas que no le gustan de ti, por ejemplo, cuando hablas de política en las cenas y acabas invadiendo medio continente. O cuando se te va la castaña y empiezas a hacer humor negro racial. O cuando peinas las muñecas de tu colección mientras les hablas entre susurros. Ha pasado, por eso lo digo. No a mí.

Pensemos en la situación. Si fuese una opinión de tu pareja o amigos, sería aceptable. Todo el mundo tiene derecho a opinar sobre lo que quiere. De hecho, todo el mundo tiene derecho a despotricar y censurar aquello que no le gusta. El problema está cuando intentan cambiarte. Entonces piensa mal.
Cuando una persona quiere realmente a otra persona, significa que quiere sus virtudes y aprecia o como mínimo, respeta sus defectos, que, en definitiva, todos tenemos. De hecho, cuando estás enamorado, no percibes grandes defectos, y cuando quieres, es cuando los comprendes y los asumes. Esa es la diferencia entre enamorarse y querer.

El problema es cuando no es así, y tus defectos no son aceptados por la otra persona, que también tendrá sus defectos y que puede que aceptes. De hecho, querer cambiar a la otra persona y querer controlarla, es exactamente lo mismo, y muchas veces puede llevar a la persona a la que quieren cambiar, a entrar en una espiral autodestructiva depresiva.

Pero como veo que se está liando la entrada, voy a poner un ejemplo sencillo para que me entendáis.

“Gracias, ya me estaba liando con tanto cambiar”.

Mi nombre es Omar, soy pobre y tengo un Ford Focus C-Max con casi 15 años. La chica de la que estoy prenda (jerga de coleguis), es súper pija y le molan los coches de gama alta. Mi objetivo es que esté conmigo forever, pero con mi coche no tengo ni para empezar.

“¡Cáspita! Pues no sé qué decirte, si solo te quiere por tu coche, no parece una persona muy madura…”.

Solución, necesito un coche de gama alta, pero para eso me ha de tocar la lotería, pues soy pobre. O eso, o me pido un crédito, que igual no podré pagar y me acabarán embargando la casa porque repito que soy pobre y tal.

Pero dejemos a mi yo imaginario, y volvamos a analizar la situación. Controlar a una persona es hacer que cambie, en este ejemplo, que cambie de coche. Un ejemplo un tanto absurdo, pero llegamos a la misma situación que con los ejemplos anteriores.

A la chica con la que salgo no le gusta que peine muñecas mientras les susurro, y me pide que deje de hacerlo, que parezco raro, o me deja. Así que dejaré de hacerlo.

La chica con la que salgo odia el humor negro y me pide que deje de hacer chistes de etíopes mientras cenamos, o me deja. Así que dejaré de hacerlo.

La chica con la que salgo me pide que deje de hablar de lo magníficos que fueron Hitler y napoleón, o me deja. Así que dejo de hacerlo.

Y así me podría pasar horas, y es que, ejemplos como este son muy cotidianos, aunque no lo creamos. A mí, personalmente, me parece terrible que vivamos en un mundo en el que, dejamos de ser esclavos de la nobleza para someternos al yugo de alguien que quiere tener un control sobre nosotros simplemente porque en su vida nunca ha sentido el poder, o por el motivo que sea que alguien puede ser así. La verdad es que me trae sin cuidado.


Si te quiere, no te intentará cambiar. Te aceptará con tus defectos y virtudes, que todos tenemos, y del mismo modo, tú le aceptarás los suyos. Así es como funcionan las relaciones interpersonales y estables. El resto es basura hipócrita que durará poco porque alguno de sus miembros o los dos, no han madurado suficiente. 

PD: A veces sí que hace falta cambiar, por ejemplo, si peinas muñecas mientras les susurras cosas, pero eso ha de salir de dentro de uno mismo, nunca ha de ser objeto del chantaje emocional de otra persona.


sábado, 31 de diciembre de 2016

Un 2016 de tontos


Uy, qué rápido ha pasado el 2016, eh. hahahahahah NO.


Con este título no pretendo mofarme de todas aquellas personas que se despiden del 2016, un número, una cifra. Sí, podría hacerlo, ¿pero no sería eso ensañarse con una parte desprotegida de la sociedad, un eslabón vulnerable de mentes inconscientes sin sentido que se dedican a dar un cuidado humano a una simple cifra? Pobres.

Este ha sido en muchos sentidos un año de éxitos que quizás no pueda volver a repetir, y otros que seguro que acabaré superando. Ahora os podría hacer nuevamente la lista de logros…


“Mira Omar, yo voy dejando ya de leer esto porque me huele que…”

Pero hoy no será ese día.

Hoy quiero traeros una reflexión sobre este último año. No será la típica reflexión que hace la gente en su Facebook para ganarse unos likes y subirse la autoestima. No. Esta va más allá del bien y del mal, y sin llegar al nivel sifilítico de Nietzsche.

Este año hemos podido decir todos muchas cosas, algunas de las que nos arrepentimos, otras de las que no. Hemos podido dejar atrás muchas personas, algunas a las que echaremos de menos, otras a las que no. Y sobre todo, hemos cerrado etapas de nuestra vida, algunas que recordaremos con nostalgia, otras que recordaremos con ira desenfrenada y cuya memoria nos perturbará a media noche, levantándonos sudados y empuñando el revolver que guardamos bajo la almohada desde que Jonny murió en aquel loco accidente con los mafiosos que no debió ocurrir si hubiésemos tenido los refuerzos necesarios no.

Pero si con algo nos hemos de quedar de este año, es con esos momentos de libertad que hemos tenido en ocasiones, olvidando nuestros quehaceres. Perdón, ¿he dicho “olvidando nuestros quehaceres”? Quise decir “dejando de lado”, porque algunas cosas, por más que quieras, no te las puedes quitar de la cabeza.

Creo, sinceramente, que cuanto más tiempo pasamos solos, pensando en lo que hemos hecho, tanto lo bien hecho como lo mal hecho, al final, aprendemos más de nosotros mismos y de nuestras reacciones ante determinados estímulos. Esto último es la base del estudio experimental que es la vida para nosotros mismos.

Mucha gente os puede vender la milonga que, para conocerse a uno mismo, hay que vaciar la mente, respirar hondo incienso, y porquerías varias para sacaros dinero.


“A ver, cuéntanos, oh gurú de la vida, ¿cómo nos podemos conocer a nosotros mismos?”.

Hoy es un buen día para hacer una lista de las cosas buenas y malas, de los aciertos y los errores, y de lo que nos arrepentimos de hacer, y de lo que no hemos hecho, mes por mes. Una vez hecho eso, además de ejercitar de forma magnífica la memoria, podemos descubrir quien somos realmente a partir del comportamiento que hemos tenido durante el año. Uno puede que, ante determinadas situaciones, actúe de un modo u otro, pero en global, es imposible no comprender quien somos.

Por mi parte, veo que soy un tío obcecado, iluso, infantil, y malvado. Pero además también respeto las demás opiniones, me gusta hacer reír, y me gusta compartir la felicidad.

Este año ha estado lleno de cagadas monumentales, pero también he de reconocer que he tenido una suerte impresionante en muchas ocasiones, y en eso también influye el interés que dedicas a las cosas.

Cosas que he aprendido del 2017:

- Todos somos humanos, seas rico, pobre, tengas 8 carreras, o solo la ESO, todos podemos tener buenas ideas, y es preciso saber poner las diferencias a un lado para escuchar a los demás como iguales que somos.

- Las cosas mejor decirlas a la cara, de forma directa y cuanto antes posible. Si la cagas, te ahorras tiempo y angustias, si no la cagas, aprovechas más el tiempo. 

- Por mucho que te esfuerces en las cosas, a veces no hay esfuerzo que valga, y puede que ni valga el esfuerzo. Pero eso es algo que no sabrás hasta que lo hayas intentado porque el futuro no lo sabemos (a no ser que seas Sandro Rey y te dediques a estafar octogenarias por TV).

- Cuando pareces tonto, la gente se sorprende de que despuntes en algo. Cuando saben que no eres tonto pero lo parece, te intentan dar lecciones para poder compartir tu éxito. Cuando no creen que seas tonto ni que lo parezcas, trabajarán contigo de igual a igual y el éxito será realmente compartido. 

Porque si algo me ha enseñado el 2016 es que, cuando empiezas algo diferente al resto de cosas que se han hecho, te llaman loco, y muy amablemente te invitan a dejarlo estar y a centrarte en algo más productivo y pragmático que te de de comer mañana. Como si mañana solo nos dedicásemos a comer y nuestros sueños, esperanza y emociones no fuesen más que una capa de pintura de nuestra vida.

Cuando has empezado y te faltan muchas horas de trabajo, te observarán y pensarán que no lo lograrás, que ya has llegado muy lejos, y que si fuese tan fácil, otra persona lo habría hecho.

Y en el momento de acabar, es cuando te dicen el típico "ya lo sabía que lo lograrías", "suerte que seguiste mis consejos" o "sabes que sin mí no lo hubieses logrado".  Pero eso ya dará igual, porque lo habréis logrado.


A todo esto, solo os puedo aconsejar dos cosas para el 2017.

La primera, cagadla sin miedo, y cuando la caguéis, no os vengáis abajo.

La segunda, quered a quien quiera ser querido, y a quien no os quiera, no le queráis.


¡Y A TOPE CON EL 2017!

PD: Y a todo esto Omar, ¿de verdad no cambiarías nada de este año?

Sinceramente, querida cursiva, no cambiaría ni un ápice. No me arrepiento de nada.

miércoles, 28 de diciembre de 2016

Crónica de una mente suicida


Suena el despertador. Y, ¿para qué?

Toca levantarse, pero, ¿para qué?

El mundo sigue siendo la misma basura infecta de siempre, pase un día, otro, u otro más. Siempre el mismo martilleo, siempre la misma tortura. Todo sigue siendo un caos previsible del que no se puede escapar. ¿O sí?

Me levanto y busco las zapatillas. Un pie no entra a la primera. Buen presagio de cómo va a ir el día.
La ducha fría por el calentador estropeado, un desayuno simple, y a trabajar. La misma rutina día tras día, salvo los fines de semana. Esos se resumen en salir de la cama y volver a entrar en ella. Sin pareja, con escasa familia, y menos amigos que los dedos de una mano.

Trabajo, y cuando más trabajo, más me doy cuenta que esto no es lo mío. Papeleo, números, letras, siempre las mismas caras insípidas, siempre los mismos chistes sin gracia. Todo siempre igual.

Sales con los amigos y las fiestas ya no son lo de antes. La gente bebiendo para olvidar que la vida es aburrida y nada de lo que hacen les llena por dentro. Siempre la misma serenata triste que acompaña sus falsas sonrisas. Todo se mueve a cámara lenta mientras pierden su vida creyendo que se divierten. Todo igual.

Voy por la calle y ya no veo árboles. Veo palos donde colgarme. Ya no veo vasos de vidrio. Veo cristales para cortarme las venas. Ya no veo grandes edificios. Veo pisos desde donde saltar. 

“¡Oh, hola!”

Oigo una vocecilla.

“No soy una vocecilla, soy tu hado madrino, me llamo Omar”.

Debo estar experimentando algún tipo de trastorno que me produce alucinosis.

“No creas, ¿recuerdas el blog ese que leías cuando eras un simple estudiante y con el que te asfixiabas literalmente de la risa?”

¿Se referirá al blog ese que hablaba de sandeces cada semana escrito por un loco egocéntrico que hacía chistes malos?

“Sí, ese... Tampoco eran tan malos... Bueno, pues digamos que de tanto leer entradas acabaste afectado mentalmente, y de algún modo, te inseminaron el cerebro, hasta que nací yo”.

¿¡Me inseminaron el cerebro!? Ahora sí que alucino.

“No, ¡qué va! ¿No has visto Black Mirror? Pues algo así pero en plan cutrón”.

¿Y qué pretendes vocecilla?

“Te digo que soy tu hado madrino, si quieres imaginarme, ponme la cara de Omar, y un cuerpo de hada, con sus alas y su barita. E intenta no reír”.

Vale, ¿qué pretendes hado madrino?

“Pues evitar que te mates. Porque tu vida vale más de lo que tú crees para amargarte como lo haces”.

No me amargo yo, me amarga la vida.

“La vida es así, llena de luz, llena de color…”

¿Vas a estar ahí mucho tiempo?

“Lo justo y necesario. Cuando me necesites y para lo que me requieras. Aquí estaré para velar por ti”.

¿Entonces todo me empezará a ir bien?

“No te engañes, las cosas seguirán yendo como hasta ahora a no ser que cambies tú. Yo solo estaré para evitar que te hagas daño, porque recuerda que el peor de los enemigos habita dentro de nosotros, y si le dejamos vía libre, será cuando habremos caído en sus fauces. Y créeme, siempre nos quedan demasiadas cosas bellas por vivir, y nunca merece la pena dejar de hacerlo solo para evitarse sufrir”.

¿¡Cómo le puedes decir eso a alguien que lo ha perdido todo!?


“Precisamente porqué lo has perdido todo, es que lo tienes todo por ganar”.



--Lo sé, la foto era totalmente innecesaria--

sábado, 24 de diciembre de 2016

Cuento de Navidad en cursiva.


“Hola, soy el señor (o señora, la verdad es que nunca me había planteado cuál era mi sexo) cursivo, la voz en cursiva que comenta las entradas del blog de Omar. Hoy, aprovechando las fechas y que él está por ahí, leyendo algún libro de chistes malos, os voy a contar un cuento.
Había una vez, en una ciudad muy muy lejana, un señor muy y muy huraño y cruel, al que le gustaba hacer humor negro y reírse de todo, además de restregarnos sus premios a todos por la cara, y poner verde a la gente que conocía en su blog sin que nadie se diese cuenta de nada. Su nombre era Omar, y tenía lo que él llamaba “Blog Políticamente Correcto”, (donde un servidor comentaba en cursiva lo que todo el mundo pensaba al leerlo).

Se acercaba Nochebuena y el déspota de Omar preparaba una entrada en la que, el muy canalla, iba a despotricar de alguna de las múltiples chicas que le dan calabazas al ver el ser vil que es en realidad. Además, iba a publicar en Facebook un resumen de los premios que había ganado este año, como si no los hubiese contado ya miles de veces el sinvergüenza.

Al señor Omar, sus amigos lo habían invitado a salir por ahí de fiesta esa noche, a lo que él, con toda su antipatía, les había dicho que no, con un sonoro “¡paparruchas!”. Para él, las navidades no eran más que una serie de días en las que El Corte Inglés y el Carrefour, se hacían su agosto particular entre compras y más compras. Ese maldito degenerado solo veía dinero donde los demás veían personas”.

Espera. ¿Soy yo ese?

“Vaya, esto no lo tenía calculado… ¡Omar, mira, te he comprado el último tomo de Ataque a los Titanes, donde se descubre la verdad del sótano de Eren!”.

¡Oh, genial! A ver que hay por aquí…

Perfecto, esto le distraerá mientras yo prosigo con la historia.

Ese ser vil, se iba a pasar la Nochebuena jugando al PC y leyendo cómics mientras comía turrones y carbón de azúcar. Pero como la diabetes es un castigo a largo plazo, algo estaban preparando los espíritus de las navidades pasadas, presentes y futuras para esa noche.

Tocaron las doce de la madrugada y por arte de birlí viroque, nuestro malhechor cayó derrotado sobre su cama mientras leía “El Principe” de Maquiavelo en formato manga (sí, porque le daba pereza leerlo en su versión normal).

Fue entonces cuando, desde una rendija de la ventana, entró un aire que se diferenciaba del resto de aires exteriores, por su calidez. Ese era el espíritu de las navidades pasadas, que dio unos toques en la espalda a Omar para despertarlo. Al romper el sueño, éste levantó la cabeza y vio un ser conocido para él, un amigo suyo para ser precisos. Pensó que estaba soñando, así que buscó algún tipo de arma, pero al no hallarla, el espíritu le espetó:

- Oye, Omar, bonito, que soy el espíritu de las navidades pasadas y vengo a llevarte al pasado para que veas cómo eras.

- Madre mía, qué sueño tan real. ¿Será de aquellos con stripers?

- ¡Ay mi madre! ¡Pero vístete, cerdo! – mientras el espíritu amigo le atizó con una sonora hostia.

- ¡Uh! Pues para ser un sueño, duele bastante…

- Calla que no tenemos todo el día… - y dicho esto, el espíritu amigo chasqueó sus dedos y en un abrir y cerrar de ojos se hallaron en la misma habitación, pero con las paredes limpias de posters, y el suelo sin basura.

- Ah, ya lo entiendo. Eres el espíritu de las navidades pasadas y vienes a llevarme al pasado.

- Eres más lento de lo que me habían dicho. Bueno. Calla, que ahí viene.

Los dos seres anacrónicos se callaron mientras miraban cómo entraba un niño a la habitación. Era Omar, con 9 años, entraba a su habitación después de llegar del colegio, y sin tiempo para nada, volvía a salir para ir a jugar.

-No veas, qué joven y gordo estaba – dijo el Omar del futuro al verse 16 años más joven – qué malos eran los Bollicaos.

- ¿No te das cuenta? – replicó el espíritu de las navidades pasadas – En esa época no tenías preocupación alguna, y simplemente estabas interesado en divertirte y jugar.

-Bueno, no exactamente espíritu – contestó Omar – En esa época había suspendido el examen de matemáticas de dividir con dos decimales y estaba preocupado por si mi madre se enteraba. Además, me había pasado la liga Pokémon y creo que nada me preocupaba más que eso.

- ¿Y acaso no eras un niño feliz? Vamos Omar, muéstrame algo de actitud para ver más allá de lo que ven tus ojos... – dijo el espíritu sonrojado al no esperarse esa respuesta.

- Bueno. Era gordo. Si te vale eso…

- Veo que no arreglaremos nada contigo macho, eres mal estudiante, mal amigo, mal hermano, mal hijo, mal enfermero y mal amante, y eso último ya lo demuestras en tu blog. Vamos, un desastre de persona. – dicho esto, el espíritu, con chasquido de dedos, hizo volver a ambos al presente – me largo, ya se las apañará contigo el espíritu de las navidades presentes, aunque ya te avanzo que no hay solución para lo tuyo más que aceptarte como eres – y tras decir esto, desapareció en la nada.

Omar, al creer que era todo un sueño, y al recordar la versión de “Cuento de Navidad” de Disney, no se extrañó en absoluto, y siguió durmiendo. Cosas de ser milenial.

Al poco rato un espíritu en forma de aire algo apestoso, entró por la ventana. Al olerlo, Omar despertó de inmediato, y al materializarse este, Omar le dijo:
-¿Eres el espíritu de las navidades presentes? Ya te podrías haber duchado antes de venir a trabajar, cacho de guarro. Por cierto, ¿por qué tienes la cara de mi primo Naufel?



- A ver. Pelo moreno, delgado, acné, mala leche… Tú debes ser Okar. Encantado. Quiero pensar que sí, soy el espíritu de las navidades presentes. A ver… en verdad me hace la misma gracia que a ti estar aquí, así que vayamos al tajo – y una vez dijo esto, tras hacer sonar su axila de forma horrenda y desagradable, se teletransportó a él y a Omar al hospital de Girona.

- Bueno, ¿qué te parece? ¿Sabes dónde estamos? – preguntó el espíritu.

- Sí, claro. Haciendo horas extra en el hospital. A ver, espíritu, he trabajado aquí, nada de lo que vea me va a hacer enternecer ni llorar. Me han dado tantas calabazas y he vivido tantas putadas que nada me puede deshelar el frío corazón que me ha dado esta dura vida.

- Quiero pensar que oui, bueno Okar, sígueme – dijo el espíritu mientras andaba por el pasillo del hospital en busca de una habitación.

Al llegar, el espíritu se sentó en la cama, y mientras miraba a la mujer que yacía en ella, le preguntó a Omar:
-¿Reconoces a esta mujer? Y no me refiero de alguna reyerta de las típicas tuyas que luego cuelgas en the hil of violence. Fue tu paciente.

-No sé, espíritu, he tenido tantos pacientes que no los recuerdo a todos. Ahora no me suena. De hecho, me cuesta pillarte las referencias. ¿De verdad no eres mi primo Naufel? – contestó Omar sin mostrar signos de emoción.

-Uy, pues esta señora sí te recuerda a ti, sí. En su último ingreso te preocupaste de hacerla reír cuando estaba pasando por un mal momento, eh, payasote, y en su alta, preguntó por ti. Ahora ha vuelto a ingresar y todo apunta a que será la última vez… - dijo el espíritu con voz temblorosa.

-Bueno espíritu, qué quieres que te diga, la gente vive y muere. La vida es así, ¿no viste mi magnífico discurso de graduación? – dijo Omar mientras buscaba su teléfono para enseñarle el vídeo de YouTube.

- Quiero pensar que sí. No te preocupes, ya leí la entrada de blog. O más bien las entradas de blog. Eres pesado para este tipo de cosas, pero no para las que lo deberías de ser. Ojalá dedicases el tiempo que dedicas al blog, a estudiar, seguir formándote, y trabajar para mejorar el sistema sanitario – dijo el espíritu con voz grave mientras se levantaba.

-¡Mira espíritu, demagogia aquí no, macho, que esto no es una liga de debate! – decía Omar mientras gesticulaba para mostrar su indignación.

- ¡Tú que siempre quisiste cambiar el mundo, ahora te dedicas a ofuscarte con tus fracasos y no eres capaz de tirar adelante para mejorar tu vida de una vez y por todas! ¡Solo sabes llorar en tu blog que no lee nadie, fardar de listillo, y esperas que la suerte te siga sonriendo como ha hecho siempre, sin mover un solo dedo! ¡Tuviste suerte en la carrera, en el máster, en las oposiciones, en el Skyrim, y así siempre, pero tu vida no deja de ser una basura porque no te esfuerzas en nada! – decía el espíritu indignado mientras todo lo que le rodeaba a él y a Omar se tornaba oscuro, tenebroso y rodeado de un humo negro - ¡Deja de meterte con los demás, y céntrate en hacer las cosas bien, esforzarte, y trabajar para no tener que depender de la suerte siempre!

- Mira espíritu, te me relajas, que te veo muy subidito. Además, la vida no es tan sencilla como la pintas. A veces, por mucho que te esfuerces, todo sale mal. Todo. – replicó Omar sin argumentos.

-Eres burro - dijo de forma tajante el espíritu.

-Bueno. ya empiezan los insultos... - contestó Omar. 

-No lo has entendido. Te contaré la historia del burro y el pozo - dijo el espíritu mientras se teletransportaron a una aldea - esta es la historia de un burro que en un desafortunado accidente, cayó en un pozo seco. El amo del burro, al ver que el pozo estaba seco y el burro era viejo, decidió llamar a sus vecinos para, entre todos, sepultar al burro y tapiar el pozo. Así pues, cada vecino llevó consigo una pala de sus respectivas casas, y una vez congregados, empezaron a cargar las palas y a tirar tierra al pozo. El burro que de dio cuenta de todo, empezó a llorar suplicando que no lo hiciesen, que él no merecía tan desafortunado destino, que suficiente carga era ser burro, como para caer en un pozo, y encima morir enterrado vivo. Los vecinos desoyendo las súplicas del burro, siguieron echando tierra, hasta que de pronto, el burro dejó de llorar. Los vecinos, sorprendidos, se miraron pensando que no habían echado suficiente tierra como para sepultar al burro, y a continuación, miraron dentro del pozo. Resultó que el burro había aprendido a deslizar la tierra que le caía encima, por su lomo, y a pisar los montones que le tiraban. De este modo, el nivel del suelo fue subiendo, y el burro consiguió salir del pozo por su propio pie, gracias a la tierra que le habían tirado para acabar con su vida - concluyó el espíritu.

-Bueno. Muy bonito lo pintas, pero eres solo un espíritu y no sabes por lo que paso yo - reiteró Omar.

-¡Te voy a decir una cosa Omar, porque me estás cabreando ya con tus tonterías! – contestó el espíritu sin prácticamente dejar a nuestro protagonista acabar - ¡Todo lo que tienes, no lo aprecias y no lo mereces! ¡Gente con menos cosas que tú, aprecia lo que tiene y sabe disfrutarlo! ¡Deja esa mentalidad de perdedor y aprende a aceptarte tal y como eres!

Tras decir esto, el espíritu hizo el mismo sonido desagradable con la axila, y en un instante, Omar se encontraba en su cama como si nada hubiese pasado.

-Me habré quedado dormido otra vez. Qué sueños tan raros… Puto Disney, cómo juega con mi mente…

Dicho esto, Omar volvió a cerrar los ojos y a quedarse dormido.

Al cabo de unos minutos, un aire gélido entró por una pequeña rendija de la ventana. Este aire circuló por la habitación y se materializó en el borde de la cama de Omar, en forma de una joven muchacha. Al notar los pies fríos, Omar se despertó para intentarse abrigar pensando que, con tanto teletransporte, se habría caído la manta. Al levantar la cabeza y ver a la chica gélida, casi le dio un soponcio.

-¡Vamos, no me jodas! ¿Otro espíritu? ¡Ya podríais haber venido todos a la vez y dejarme dormir tranquilo, hostias! ¡Esto de dormir a trompicones debe producir cáncer cuanto menos! – refirió Omar a la joven.

Al girarse la muchacha con una sonrisa, Omar se estremeció. Esa cara la había visto antes. Sí, era una de las chicas que le habían dado calabazas a lo largo de su vida.

-Mira. Yo ya paso de ir a ningún lado y menos contigo, espíritu. Ya te podrías haber materializado en otra persona. Tanto tocarme las narices durante toda la noche, ahora encima a tocarlas con ganas – y acto seguido, Omar se tapó la cabeza con las mantas.

- Uy, pues yo pensaba que ya lo había superado... bueno...  Querido Omar. He venido a llevarte al futuro. Quiero que veas algo. – dijo la joven mientras miraba sonriente a nuestro protagonista.

Este la ignoró durante un rato, hasta que dijo:
-Bueno, pero que sea rapidito. Con esa cara no sé decirte que no… menudo pagafantas estoy hecho…

Acto seguido, el espíritu de las navidades futuras dio tres palmadas y se teletransportaron a un lugar luminoso. Se trataba de un pasillo que rápidamente reconoció Omar como la universidad donde estudió. Estaba vacío, pero pronto se abrió una puerta y empezó a salir gente. Al ser seres incorpóreos, eran constantemente atravesados por la multitud, pero el espíritu le hizo un gesto con el dedo a Omar para que se acercasen al interior del aula. Ahí, dos estudiantes sentados, hablaban mientras comían un bocadillo.

-Ahora escucha de lo que van a hablar estos estudiantes – dijo el espíritu de las calabazas futuras.

-Pues se ve que ha muerto, pobrecillo, descanse en paz. La verdad es que era buen profesor en el fondo – dijo un chico joven con aspecto imberbe.

-¡Qué dices, tío! A mí me hizo ir a las recuperaciones por sacar un cuatro con nueve. Menudo hijo de puta era. No me alegro que se haya muerto, pero vamos. Era un cabronazo. Además, sus chistes eran malísimos, ya no hablemos de cuando descubrimos su canal de YouTube de cuando era joven, buah, ¡qué patético! – contestó otro chico con evidentes problemas de sobrepeso y sudoración excesiva.

Omar, con lágrimas en los ojos cogió a la chica espíritu del brazo y le dijo:
-Por favor, vámonos. Ya he pillado que hablan de mí. No me gusta que se rían de esta forma sobre mi muerte. Es cruel. Quiero ir a casa – dijo Omar mientras una lágrima se desprendía de su párpado para fluir por su mejilla.

-Espera un poco y verás – dijo la chica espíritu del futuro.

-¡Qué cabrona, me haces sufrir en vida, y ahora en forma de espíritu materializado! – replicó Omar mientras volvía a dirigir su atención a los jóvenes.

-Ya ves… ¡O el blog donde contaba sus fracasos amorosos! ¡Fue la risa cuando llegó a clase y se encontró el blog abierto en el proyector! Como profesor un cero. Y más cuando nos puso vídeos de 4chan para explicarnos lo que era un traumatismo craneoencefálico. De verdad, es que no era serio.

-O cuando nos pasó las preguntas del examen en el Power Point, y resulta que eran falsas. Qué trollazo de profe. Eso sí, se enrolló mucho cuando en la recuperación colgó el examen en el Moodle el día antes del mismo examen, y sin avisar a nadie – dijo el chico imberbe mientras esbozaba una sonrisa entrañable.

-Ya. Era un cabronazo, pero era nuestro cabronazo. El típico profe con el que aprendes de verdad, y no uno de estos que leen la presentación, hacen un examen, y el resto de cosas les dan igual. Con él aprendías y te descojonabas en clase. Descanse en paz – dijo el chico con sobrepeso.

-¿Ves? Te lo dije. Te recuerdan por cómo eras y cómo les trataste. No tienen ningún rencor, porque con tu forma de ser es imposible que te lo guardasen. ¿Recuerdas a ese profesor que te dijo “nunca cambies, Omar”? Pues aquí tienes una muestra de cómo te verá la gente si sigues siendo el mismo. – dijo el espíritu dirigiéndose a un Omar sonriente.

-A veces cuesta ser así cuando ves que todo se va al garete. Con el corazón roto y un futuro incierto, cuesta creer que haya un futuro para sonreír – respondió Omar mientras aún contemplaba a los dos jóvenes.

-Lo hay Omar. La vida vale la pena precisamente porque las cosas nunca salen como las planeamos, incluso las que prevemos que irán mal. Ahí es donde reside la gracia de estar vivos – contestó la chica espíritu de las calabazas futuras, que después de decir esto, aplaudió nuevamente, y devolvió a nuestro protagonista a su cama de nuevo.

A partir de ese día, Omar aprendió una valiosísima lección. Nunca debemos sucumbir a las inclemencias de la vida, ni nos debemos dejar tumbar por las hostias que nos da nuestro aciago destino. La clave de ser feliz es entender que todo eso forma parte de nuestra vida. Y con esa lección aprendida, durmió toda la noche.


Hasta que apareció otro ser en la habitación…

- ¡Despierta Omar! ¡He venido a salvarte! – dijo el señor, trajeado y con aspecto de salir de un after.

- ¿Otro espíritu? Pero si ya han venido 3…

- ¡Mierda, llego tarde! – dijo el ente mientras se rascaba la nuca – Oye lo que te diré, no te fíes de esos seres, son Gelth, extraterrestres que pretendían controlar tu cuerpo, y puede que hayas sufrido alucinaciones, están formados por gas.

- Pero ¿qué…?

- Créeme, soy doctor – y acto seguido, el personaje salió corriendo, dejando tras de sí un sonido de ondas cósmicas.


- Menuda noche me están dando. Mañana pongo doble cerradura en la puerta…

Oye Cursiva, pues muy bien este episodio de Ataque a los Titanes. Me ha gustado.

“¡Oh, vaya, Omar! ¡Ya has vuelto!”

Sí, eso creo. Bueno. Me voy a poner a escribir la entrada de esta… uh, ¿y todo este tocho que has escrito?


“Nada. Una historia que me ha dado por escribir… Ya sabes que me encanta criticarlo todo”.