miércoles, 27 de enero de 2016

¡VIVE PARA TI, HOSTIA!


Llevo un mes sin subir ninguna entrada de blog y realmente me siento mal por ello. No soy alguien que deje las cosas a medias, y si lo hago me siento como si me quedase una espinita clavada. Las cosas no hay por qué acabarlas a lo grande, pero siempre hay que encontrar un final para todo, y mejor que sea cuando estás arriba del todo.

El caso es que el otro día pensaba en algo que me encendió la bombilla esa que se utiliza para simbolizar que alguien ha sido iluminado. Ya sabéis los que habéis seguido el blog que este no lo escribo para conseguir nada, solo lo hago para ordenar mis ideas y no oxidarme en lo que a redacción se trata. Si quisiera fama o repercusión, haría vídeos chorra en YouTube, y ni creo que los vídeos que subo sean una chorrada, ni pretendo conseguir fama con ellos. De hecho, muchos de mis mejores vídeos no llegan a las 300 visitas.

En definitiva y a lo que venía. ¿Para quién vivís? ¿Vivís para vosotros o vivís para los demás? Creo que esta pregunta nos la deberíamos hacer cada mañana al levantarnos y mirarnos al espejo, ni que sea para darle un sentido al hecho de levantarte por la mañana.

Naces porque otros lo han querido así, creces dependiendo de los demás, y cuando eres adulto, acabas trabajando para una empresa que no se preocupa por ti. Simplemente serás explotado y harás algo que igual no deseas, pero piensas “bueno, hay que hacerlo para poder vivir”.

Caramba, carambita, Carambola. La vida acaba siendo una cosa sujeta al vivir para trabajar y seguir viviendo trabajando.

“Claro, la realidad es dura, pero es la realidad”.

Entonces, querido Señor Cursiva, ¿si dejásemos de vivir, no cree que alguien más acabaría trabajando donde usted?

“Sí, claro, cuando uno muere el mundo sigue girando”.

¿Y que el mundo siga girando no le demuestra que, si uno vive para ser feliz uno mismo en lugar de para hacer feliz a los demás, igual lo que le hace a uno infeliz lo acabe asumiendo alguien que realmente desea eso? Es decir, ¿No cree, Señor Cursiva, que la vida está hecha para ser feliz y que, si cada uno se preocupa por su propia felicidad respetando a la de los demás, ¿puede que la gente no fuese a trabajar con desgana y serían capaces de mirarse al espejo sin desear que el día pasase rápido?

“Me he perdido en el primer “y””.

En resumen. Conozco a demasiada gente infeliz que lo es porque hace lo que cree que debe hacer, porque trabaja para que se le tenga en buena consideración, o simplemente porque cree que llevar una vida pragmática y simple, le facilitará mantenerse con vida hasta llegar a la esperanza de vida del país. Como si alguien de veinticinco o veintiséis años se tuviese que preocupar por la pensión que cobrará cuando tenga 70 años. Si llega.

El modelo social actual está creando una generación de gente infeliz que hace lo que debe y no lo que quiere. Sin duda internet favorece que la gente no haga lo que quiere, no salga a la calle, no se relacione y no vea que hay algo más allá del trabajar o estudiar, dormir, levantarse, salir de fiesta por ahí, alcoholizarse, etc.

 “Hombre, ¿y si uno tiene hijos o gente que depende de él, qué? Qué listo eres…”

¿Y si tienes hijos no serás feliz cuando ellos sean felices, cuando aprendan una lección, o simplemente pasando tiempo con ellos?

"Sí... pero... ¡maldito mago de las palabras, lo has vuelto a hacer...!"

¡Si hemos llegado a ser los primates que somos ahora, con una cultura y el conocimiento suficiente para estar leyendo esto, es porque algunos seres humanos no se han resignado a ser lo que debían y quisieron ser lo que querían ellos!

Imaginad una conversación entre antiguos homínidos:
-Buah, me está apeteciendo un montón comerme esa carne un poquito chamuscada por el fuego, no sé por qué.
-¡Qué dices loco! ¡Eso la haría incomestible y la desperdiciaríamos! Calla, calla, anda, y trae para acá que tu no sabes.
-Pero es que igual está buena...
-Pero es que no piensas, tronco, ¡no ves que si quemas esa carne y luego no se puede comer, estarás desperdiciando alimentos! ¡Estamos en la puta prehistoria!, ¿cómo vamos a sobrevivir sin comida?
-Sí, claro. Tienes razón. Igual cuando se inventen los Mercadona...
-Claro. Tú paciencia, que ya vendrá el día.

¡No importa que no seáis felices porque eso puede llegar a ser simplemente un estereotipo de la sociedad! ¡No tenéis por qué intentar ser los mejores porque simplemente se os haya dicho de serlo! ¡No pasa nada si al final no acabáis ganando suficiente para compraros algo, o no podéis acabar una carrera cuando queríais, o simplemente piensas que no eres suficiente bueno en algo en lo que has trabajado mucho! 
¡Hagas lo que hagas, vive para ti y no para los demás!

miércoles, 30 de diciembre de 2015

Año nuevo, vida nueva.


Bien. Llego ya a la última entrada de blog del año y me toca hacer una reflexión de lo que ha sido este 2015. Como sé que a la mayoría de las personas que pueden llegar a leer esto les puede aburrir, procuraré ser ligerito y resumirlo todo a grandes rasgos.

Este ha sido un año de acabar cosas y empezar otras. Un año de cambio, y todo hace pensar que el que viene también lo será. 

He conocido a muchísima gente genial y especial que me han aportado muchísimas cosas. 
He conocido otras personas no tan especiales que también me han enriquecido mucho, porque de errores también se aprende. 

He trabajado y he estudiado, cosa que no podía decir hace casi 5 años, cuando no trabajaba ni estudiaba. 

He empezado nuevos proyectos y he continuado con otros. Algunos los he dejado aparcados porque no es bueno seguir con algo que no te motiva y hacerlo forzado. Las cosas hay que hacerlas porque a uno le gusta hacerlas, y esa es la única manera de ser feliz en la vida.

He echado mucho de menos a algunas personas que ya no están, pero que siempre estarán. Y entender esto último no es fácil, porque estamos acostumbrados a confiar en lo que vemos, y parece que cuando dejamos de ver a alguien, dejemos de confiar en sus pensamientos. Una persona a fin de cuentas cuando muere, deja sus acciones y sus conversaciones atrás, y mientras eso siga vivo, la persona seguirá con vida. 

En este 2015 he aprendido mucho, y creo que eso es lo más valioso que puedo recordar de haber conseguido este año. El dinero y el poder son meramente anecdótico si con ello no aprendes nada que puedas aplicar en el futuro. 

Además, en este 2015 he tenido la suerte de participar en organizaciones y movimientos sociales muy interesantes que sin duda me han aportado algo como persona, y agradecido me siento obviamente.
Otra cosa que achaco al 2015 es el haber aprendido a decir “no”, y comprender que la dignidad de las personas es una de las cosas más valiosas que tenemos. Esto ya lo sabía, pero hasta que no lo aplicas en primera persona, se queda en mero conocimiento que sabes pero no comprendes. 

Por último, en este 2015 he podido contar con mi familia y amigos, y creo que a fin de cuentas es de los que te acabas acordando cuando miras atrás. Como he dicho miles de veces, el ser humano es gregario por naturaleza, y sin los nuestros, no seríamos capaces de tirar adelante con tantos baches que tiene este pedregoso camino que es la vida. Gracias a todos ellos desde aquí. En 2016 seguiré siendo el pesado cansino que intentará haceros sonreír cuando menos ganas tengáis, y os cuente anécdotas inadecuadas en momentos impropios. Lo siento, soy así. No lo puedo evitar.

Y ya para acabar, he de decir que en estas fechas se acostumbra a hacer eso de los propósitos de año nuevo. Veréis, uno de los propósitos del año pasado era este blog. ¡Y como veis, con más de 30 entradas en 1 año, sin duda se puede decir que ha sido una misión cumplida! 

Los otros propósitos… ya… tal.

Dicho esto, os deseo un 2016 lleno de salud, dinero y amor, y el que tenga esas 3 cosas, que me deje un comentario y...  ¡que rule un poco anda! ¡Besis y os quiero, lectores!

miércoles, 23 de diciembre de 2015

Navidad, navidad, dulce navidad.


Hoy jueves toca entrada. Sí. Se lo que estaréis pensando. Llevo dos semanas sin escribir nada. No ha sido cosa mía, ya sabéis que por estas fechas la gente tiene compromisos y se piden vacaciones en la faena, y a los pardillos como yo nos toca reemplazarlos en sus lugares de trabajo para que el universo siga pareciendo un sitio perfecto pese a que dista mucho de serlo.

El caso es que he empezado a trabajar como enfermero, y podría escribir muchísimas cosas al respecto. Enfermeras buenas, enfermeras menos buenas, calendario incesante, precariedad laboral, pacientes insistentes, otros que son quizás demasiado exigentes con un servicio recortado hasta la saciedad… No me apetece. Ya se habla demasiado del tema y este no es un blog normal y corriente.
Hoy os vengo a hablar de la Navidad. Navidad, por si no lo sabéis, es mañana.

“Vaya, sorpresa, sorpresa”.

Un día genial para trabajar porque cobras una suma bastante interesante, y si eres simpático como yo, hacer compañía a los pacientes que no pueden estar con sus familias por navidad es una experiencia gratificante.

La navidad es una fecha marcada con un alto contenido religioso en sus orígenes, dado que es el cumple de Jesus Christ, el protagonista del libro más vendido de la historia. Pese a este tipo de teología que envuelve a la navidad, es una fecha que otras culturas también celebran, y además es un día de reuniones familiares, cenas, fiestas, jubilo y diversión.

¿Pero por qué hay tanta gente que solo tiene el llamado “espíritu navideño” de generosidad y repartir amor por doquier, únicamente una serie de días al año?

Mi teoría está basada en la historia de “Cuento de Navidad” de Dickens. Los pobres son felices siempre que puedan seguir viviendo en unas condiciones simples y con estabilidad. A los ricos, más de lo mismo. Creo que la distinción normal no se hace entre la gente que tiene dinero y la que no la tiene, y decir que en “Cuento de Navidad” el señor Scrooge es malo porqué es rico me parece una falacia. Los ricos no siempre son malos. Simplemente quieren seguir siendo ricos.

Son los trepas y la gente que se aprovecha de la buena voluntad de los demás, los que realmente pudren a la sociedad. Me explico. En la historia, el señor Scrooge se aprovecha de sus trabajadores para ganar dinero, pero hay diversas formas de poder además del dinero. Por ejemplo, el poder político, o la fuerza física, o el atractivo físico.

Pero volviendo al espíritu navideño, creo que todo el mundo, ya sea un trepa o una persona con principios éticos, no puede ser de ese modo todo el año. Es decir, el ser humano necesita de los demás, y es en eso que llaman “espíritu navideño” que se muestra en las películas y series de televisión, ese sentimiento de compasión, amor o fraternidad hacia los demás, que demuestra un cierto grado de empatía que una persona con psicopatía no podría enseñar.

Igual después de Navidad, el señor Scrooge volvió a ser un cabrón egoísta. De hecho, es lo más probable, y más teniendo en cuenta la visión futurista que le enseña el fantasma del futuro. Aun así, el pequeño Timmy pudo pasar unas navidades con su familia, y si sobrevivió, quizás explicó a sus hijos y nietos cómo comportarse por Navidad, arraigando así este tipo de “espíritu navideño” en la cultura y sociedad.

En definitiva, la cultura es lo que hacemos en nuestro día a día, y eso del “espíritu navideño” es una milonga de las grandes multinacionales para consumir más. Lo que hace falta es un cambio cultural para extender esta manera de ver el mundo que tanta gente solo tiene por estas fechas, hacerlo duradero para todo el año, y así mejorar nuestra sociedad.


Dicho esto, ¡feliz navidad, felices fiestas! ¡La próxima entrada será la última del año!

miércoles, 9 de diciembre de 2015

Cómo estudiar la noche antes - Making Of


Todo empezó una noche de estudio antes del primer examen de Fisiopatología de la carrera (en 2do curso). El caso es que me fui a dormir con la idea que me sabía el temario, cosa que no he podido decir en muchas ocasiones en las que he sacado buenas notas, y otras no tan buenas.
Al presentarme al examen, me enteré que era escrito, cosa que siempre me ha costado bastante pues no soy una persona que plasme correctamente de forma habitual lo que quiere decir en palabras técnicas y específicas, es decir que, si me preguntas alguna cosa concreta y no una simple explicación, me costará horrores dar con las palabras precisas.

Suspendí, y suspendí mucho. Creo recordar que no llegué al 4.

Con la moral baja, pasé de ir a reclamar, ya centrándome en el segundo examen. Nunca he sido de tirar la toalla cuando aún queda todo en juego, pero aunque no lo admitiré nunca, la moral siempre acaba ciertamente tocada cuando el resultado no es para nada el que esperabas.
La noche antes del segundo examen no dormí. Era consciente de la importancia de ese examen. Debía demostrarme a mí mismo que era capaz de aprobar un examen escrito usando términos técnicos y sin cagarla con explicaciones innecesarias.

Suspendí, y fue peor. Esta vez no llegué al 3, y una nota tan baja me hizo dudar si la puntuación era sobre 10. Esta sensación solo la tuve una vez anteriormente en la vida y fue en matemáticas de 1ero de Bachiller, cuando en el último examen del 1er trimestre, saqué un 0,9. Mi primera reacción fue mirar si era sobre 1 o sobre 10. Y era sobre 10. Desde entonces, son contadas las ocasiones que he vuelto a vivir una experiencia similar, y en Fisiopatología fue el caso.

Desesperado, con la moral por los suelos, y sin ningún tipo de esperanza en aprobar una asignatura con 2 exámenes de 3h cada uno, y escritos en la recuperación de junio, fui a hablar con la profesora.
Después de reclamar alguna decimilla en alguna pregunta y con funesto resultado, sintiéndome más bien como el que pide limosna a los pobres, fue cuando las palabras de ánimo de la profesora me iluminaron.


La profesora en cuestión me ofreció las copias de los exámenes, y me propuso que me los mirase, que los hiciese, y los volviese a hacer, y que una vez los hubiese hecho, los volviese a hacer y redactase cada una de las preguntas con sus palabras técnicas y sus especificidades. Que, si lo hacía y lo rehacía hasta la saciedad, podía aprobar el examen de recuperación. Que tenía meses por delante, y que la esperanza es lo último que hay que perder. Que ella iba a estar ahí para lo que necesitase. Que me explicaría otra vez lo que fuese necesario y que me esforzase, que lo conseguiría. Que yo era capaz de eso y mucho más.
Con las copias de los exámenes me fui a casa, las guardé en alguna carpeta y me olvidé hasta un mes antes de las recuperaciones. Entre medias, trabajé la redacción y los tecnicismos de la asignatura, y cuando llegó el tiempo de estudio un mes antes del examen, trabajé muchísimo. Semanas antes, ya me había estudiado el temario y me lo sabía. Lo olvidé y lo aprendí, lo volví a olvidar y lo volví a aprender. Una y otra vez.

Así llegué al examen habiendo repasado toda la noche antes y sin tener toda la confianza en mí mismo que hubiese tenido ahora. Empecé el examen, y en media hora ya había hecho los dos exámenes y me había dado tiempo a repasar. Creo que fui de las personas que más temario tenía para ese examen y de los que acabaron antes.

Salí con la sensación de que había sido demasiado fácil, y de no saber si había puesto el nombre, después de llenar páginas y páginas de redacción. Cuál fue mi sorpresa cuando colgaron las notas y vi que mis 3 y 2 se habían convertido en un 8 y un 9.

En ese momento me di cuenta que nunca, jamás de los jamases, hay que perder la esperanza y la fe en uno mismo. Que el trabajo bien hecho y las ganas de conseguir tus objetivos son lo que mueve el mundo, y que detrás de un estudiante que alcanza el éxito después de haber fracasado, siempre hay un buen profesor o profesora que le dio el empujoncito que le faltaba.

Entonces vi claramente que lo que necesita alguien para estudiar antes de un examen, es motivación, y que, con suficiente motivación, no hay nada imposible.

En ese momento me puse a escribir un guion, y lo grabé durante unos cuantos meses en mis ratos libres. La intención era explicar a la gente que lo primordial para conseguir un buen resultado, es tener fe en uno mismo y trabajar mucho.


Así pues, aquí os dejo el vídeo. Queda dedicado a la memoria de la profesora que en su día me motivó para aprobar Fisiopatología y a quien debo mucho más que una simple nota de una asignatura. Descanse en paz. 


miércoles, 2 de diciembre de 2015

Os presento mi libro


Hoy os voy a enseñar algo que para mí es muy importante. Nada más y nada menos que las primeras líneas del libro que llevo escribiendo desde hace unos meses. Estas líneas son simples y de hecho no explican prácticamente nada de la historia en sí, pero creo que son ilustrativas del tipo de texto que me llevo entre manos.
Sin más dilación, os dejo con él, no sin antes pedir que me dejéis vuestra más sincera opinión. Gracias.

“Las tuyas”.


(Aún no tiene título)

"Esta historia empieza donde el resto de historias acaban. Esta es la historia de alguien normal y corriente a quien le hubiese gustado vivir tranquilo y de forma pacífica, mas la vida a en ocasiones nos regala aventuras pese a no desearlas, y como dice el refrán “a caballo regalado, no le mires el dentado”. Empecemos por algo sencillo, apreciado o apreciada lector o lectora. Hagamos un pacto. Un trueque entre usted, que lee, y yo que escribo. Quisiera que si le gusta la historia aquí escrita, aprenda algo de ella. No le pido que la difunda ni que la recomiende (a no ser que le gustase en demasía, en tal caso, obviamente no le barraré el paso). Simplemente quiero que aprenda algo de ella, pues nada me haría más feliz que enseñar algo a alguien que no conozco en persona. Creo que eso sin duda sería lo mejor que usted me podría ofrecer. A cambio, yo prometo explicarle una historia jamás contada, fruto de mi aburrimiento y mi locura, mezcladas a partes iguales en un cazo cuya temperatura de ebullición se consiguió hace años. No estoy loco. Los locos son aquellos que viven influidos por unos parámetros ficticios a los que llaman cultura, y cuyas reglas banales se compaginan de forma clara con la vida y la muerte del individuo. Pero dejémonos de verborrea sin sentido y vayamos a la historia que seguramente usted debe estar deseándolo.
Toda buena historia que se precie empieza en un lugar tranquilo, donde el protagonista se halla en reposo hasta que un violento cambio de trama le obliga a demostrar sus capacidades ante los cambios que suceden en su vida. Pues bien. Esta historia, nuestra historia, empieza en una ciudad muy transitada por coches de muchos colores y tamaños, motos con 2 o 3 ruedas, y autobuses de todo tipo de longitudes. La típica urbe en la que todo funciona según lo calculado, cuyo asfalto es frío en invierno y ardiente en verano, cuyas plantas se vuelven agresivamente lascivas en primavera, e intoxican a los alérgicos, y cuya atmosfera exilió a los pájaros más sensibles hace décadas. Esa es la urbe en la que iniciamos la historia que nos atañe, apreciado lector. Llueve, llueve muchísimo. Las carreteras están llenas de agua. Las alcantarillas no dan abasto para absorber toda esa cantidad de fluidos. Además, el otoño ha hecho que los pocos árboles de nuestra urbe, hayan perdido las hojas, y estas han bloqueado las alcantarillas generando un atasco en las ya de por sí maltrechas cloacas, que se han colapsado. El pavimento es una piscina y los coches que circulan, lo hacen como en su día hizo Moisés al separar las aguas del Mar Rojo. Agua, agua y más agua. Así es imposible circular si eres peatón, a no ser que lleves contigo un buen par de botas que te alcancen las rodillas y, junto a ellas, un chubasquero que te proteja de las inclemencias del tiempo. Agua, agua y más agua. Algún inocente perdido en el desierto oró en la dirección equivocada y en lugar de llover ahí, llovió en donde el agua ya era una moda. Las farolas de las calles que aún aguantan, chispean luces inconexas como si en algún punto de sus circuitos, alguien hubiese extirpado el cable equivocado y en ellas se fuera a detonar una bomba. Los polluelos que vivían encima de más de una farola, han muerto ya abnegados por semejante turba del líquido de la vida, el mismo disolvente en el que hace miles de millones de años, las primeras proteínas formaron la vida según algunas teorías. El agua de la vida, y el agua de la muerte. Y de esa muerte, vuelve a resurgir la vida para morir y renacer.

En medio de la calle, un grupo de jóvenes embriagados por su edad, andan sin protección alguna, con sus ropajes pegados al cuerpo y mojados hasta el tuétano, pero felices y vivos como nadie en esa ciudad. Ciertamente, andar bajo la lluvia sin protegerse le confiere a uno de la capacidad de sentirse libre de todo juicio moral. Sabes que aparentas ser un loco, pero da igual. Estás vivo. Los muertos no sienten la humedad de la lluvia, igual que tampoco la siente alguien con botas, chubasquero y paraguas. Eres un homínido y te sientes como tal, en una ciudad que ha evolucionado muchísimo, en un asfalto realizado con fósiles de seres prehistóricos, y rodeado de coches cuya pieza más natural es la piel de los zapatos del que lo conduce. Nos preguntamos constantemente si somos libres, y puede que la ley nos ampare para serlo, pero jamás lo seremos tanto como alguien que pasea bajo la lluvia, sin miedo a mojarse. "

miércoles, 25 de noviembre de 2015

El destino y cuándo Dios te guiña el ojo

¡Hola! ¿Qué tal? ¿Todo bien? Yo genial, gracias.

Hoy hablaré de cosas no relacionadas con la política, e intentaré filosofar sobre las reglas universales, la suerte, etc. Este tema es algo que siempre ha rondado en mi cabeza y nunca he contado todo lo que he experimentado con ello pese a que podría explicar muchas cosas. Quizás alguna vez he explicado algo a algún ente de sexo femenino en pleno cortejo con mal final, pero vamos, como el que habla con las paredes.

Menudo loser LOL OMG LMFAO”.

El caso es que no creo en un destino predeterminado, pero no puedo evitar sentirme afortunado con mi vida, y suelo relacionar mis logros con la casualidad y la suerte. No es que me infravalore, pero he vivido ciertas experiencias tan raras que te planteas si tantas casualidades en una misma vida son posibles (lo estoy releyendo y suena raro de cojones).

Un ejemplo es haber entrado en la carrera de enfermería con la nota de corte de la promoción (es decir, la nota mínima que se pidió), después de decidir que quizás no era lo mío, y habiendo pasado un año sabático tras no haber entrado al primer intento. Otro ejemplo es no haber repetido nunca una asignatura pese a haberme presentado a más de 20 recuperaciones en toda mi vida. Otro ejemplo es que cambien los parámetros del examen por una incidencia aliena a mí, y acabar aprobando por la mínima gracias a ello y de forma totalmente rocambolesca. O como la vez que fui escogido "hereu" de la UdG (un concurso de popularidad por así decirlo) por un punto de las bases del concurso. O la vez que...

"VALE, VALE, CREO QUE HA QUEDADO CLARO, ERES UN TÍO CON SUERTE".

Mi vida está totalmente llena de casualidades de ese tipo y a veces son tan raras que me asusto. Seguramente alguien que me conozca y esté leyendo esto, igual ha vivido alguna experiencia casual de estas que me pasan.

Muchas veces me he planteado que a todo el mundo le pasan cosas de este calibre, y tan frecuentemente como a mí. Y no. Se ve que soy muy suertudo, hay algún ente sobrenatural controlando mis acciones, un genio maligno tiene un plan para mí, o igual soy un gilipollas que presta demasiada atención a las casualidades.

Yo apuesto por la última opción”.

El caso es que, la misma chica a quien se lo comenté, me dijo que no habían casualidades y que lo que conseguía era por méritos propios. Supongo que es la típica frase que dice alguien que no cree en las casualidades y que todo lo que consigue lo hace con esfuerzo y sacrificio. Algo así como estar contento porque te ha tocado la lotería, pero pensar que te lo mereces por haber invertido 20 euros.

Contada toda la historia, os voy a explicar mi versión. Una vez mi padre me contó que en esta vida hay que ser positivo para que las cosas vayan bien, y no lo entendí hasta que lo medité con profundidad. Se refería al positivismo. El hecho de ver las cosas positivas por encima de las negativas, prestar atención a las cosas buenas por encima de las malas y pensar que todo lo malo puede mejorar y que somos afortunados. Esa es la clave para que las cosas vayan bien.

Pensadlo. ¿Quién es más feliz, alguien que piensa que todo le va a ir mal y que se merece lo que tiene porque se lo ha ganado con mucho esfuerzo, o alguien que cree que todo irá bien y que más que esforzarse y sacrificarse, lo suyo es divertirse con lo que se hace y que pase a ser un buen recuerdo?

En definitiva. No estamos predestinados. No hay nadie tocado con una varita ni guiado por los ángeles. Solo hay diferentes realidades y formas de mirar nuestras propias vidas. Recordad que la realidad es relativa y que nuestras mejores memorias se crean a base de emociones positivas. Suena muy metafísico, pero es más bien algo psicológico. Aunque tu vida sea basura para ti, será impresionante para otra persona en la otra punta del mundo, y eso ya de por sí es motivo suficiente para no despreciar los detalles increiblemente casuales de nuestra vida y sentirnos afortunados por ello.

miércoles, 18 de noviembre de 2015

Alí Babá, el ISIS y la indiferencia occidental IV

En anteriores episodios…

Os he contado ya la historia del conflicto en Siria y Oriente Próximo, os he explicado las causas de la creación del ISIS e incluso os he susurrado antes que nadie quién era el mecenas del ahora llamado DAESH (va por modas esto).

Ante los atentados de París y la situación de alarma que vive ahora Europa, en la que muchos ciudadanos, sean de la cultura o religión que sean, viven con temor de ser la próxima víctima del ISIS, me veo en la obligación de explicaros cómo ha avanzado la cosa. Ya sabéis que yo me basaré en hemeroteca, y que si alguien quiere otro tipo de noticias, para eso tenemos a JL en YouTube, que seguro habrá encontrado alguna relación entre los reptilianos y el ISIS.

Volviendo al tema, nadie habla del drama sirio si no hay un atentado en occidente, o como mínimo la prensa lo ignora de forma escandalosa, superponiendo el peinado de Ramos a las muertes de civiles (seres humanos como el que escribe esto o tú que lo lees) día a día, en la otra costa del mismo Mediterráneo donde muchos veraneamos.


Hago una puntualización. Cuando digo “dividido entre los partidarios” me refiero a que unos pocos tienen el poder, y los otros bajan la cabeza, dicen “sí” a todo, y si no es así, acaban con su vida, sueños, aspiraciones, rutina, estudios, esfuerzos, etc. de un balazo. Todo esto se acaba cuando matan un joven francés en la discoteca “Bataclan”, o cuando matan a un joven sirio mientras va a comprar la ración de pan que sustentará a su familia toda la semana las pocas horas al día que no hay fuego cruzado en las calles.

A nosotros, occidentales, nos molesta que los chicos franceses cometan atentados aquí, cunde el pánico unos días y mucha gente piensa “estos moros son todos unos violentos asesinos”, pero imaginad qué deben pensar ahí cuando un francés va a su país a matarlos. Igual piensan “estos franceses son todos unos violentos asesinos”.

Entonces, ¿somos iguales?

Volvamos a la guerra. Se plantean muchas maneras de enfocar ahora el conflicto. En Francia, los Reyes (presidente, primer ministro, etc. que tienen un poder absolutista ahora mismo en estado de excepción), hablan ya de guerra abierta (curiosamente cuando ya llevan meses bombardeando Siria). Además, este viernes se celebra una cumbre de ministros de interior para abordar el tema y ver si se va a cambiar el tipo de actuación en Siria.

Tres posibilidades se abren ante los políticos (y digo políticos porqué a la población mundana solo nos queda recibir los balazos que se pierdan en el conflicto y acrecentar el número de víctimas para que algún día se estudie la cifra y nuestros nietos se lleven las manos a la cabeza en clase de historia).
 
La primera posibilidad es la una intervención militar terrestre de los ejércitos implicados en el tema. Yo la descarto, pues EEUU y las potencias europeas se han posicionado claramente en contra de enviar soldados al terreno después del desastre de Irak y Afganistán.

La segunda es seguir bombardeando como hasta ahora, cosa que bueno... Es como intentar apagar un fuego con un lanzallamas. Matas a gente inocente, y al final les estás dando argumentos para ganar más adeptos. 

La tercera es cooperar con los ejércitos de la zona, opción muy y muy compleja, y a la que se han negado Francia hasta ahora. No hace mucho Kerry dijo que la única opción que quedaba era la de trabajar junto Al Assad, visión que Rusia e Irán siempre han tenido. No obstante, Al Assad no es ningún santo, y apoyarle sin acordar un arreglito “democrático” para echarlo de su puesto, no es fruto de buen gusto para Francia, que desde el principio apoyó a los rebeldes sirios. Además, una parte de la población se ha posicionado en contra de Al Assad desde el principio del conflicto, cosa que lo ha dificultado todo.


“Yo sí. Y que el dinero que das a la gente que pide limosna, se lo gastan en drogas siempre y todos ellos”.

Por si fuera poco, a sus fuentes de recursos hay que añadir las donaciones árabes, qataries, y de (no me sé el gentilicio) Bahrein, los talibanes, y alguna que otra gran empresa de Wall Street (y no solo las de seguridad y venta de armas, que también). Aunque eso son especulaciones mías...

Los medios siguen con su campaña del terror, haciendo los deberes al DAESH con tal de vender más, y demostrando una y otra vez que la sociedad ha llegado a un nivel que solo la autodestrucción nos apartará del progreso.


Dicho esto y ya para acabar, os digo que siento mucho que esté creciendo la islamofobia actualmente, pero lo entiendo. Por unos pocos homosexuales con sida, se ha etiquetado a un colectivo de por vida. No me quiero ni imaginar cómo avanzará la cosa en los próximos meses en este sentido. Lo que más terror me causa es volver a etiquetar a un colectivo por ser de un origen o una religión en concreto, como ya se hizo con los judíos en la 2da Guerra Mundial. Le temo realmente al clima de crispación que está generando toda esta violencia y asesinatos al mundo.