En este blog hablaré de las cosas que pasan en nuestro día a día y que no nos paramos a analizar por pereza a calentarnos la cabeza en demasía y parecer gente demasiado seria.
Hará algo más de 5 años, leí “El fantasma de la ópera”. En
ese libro, más allá de las peripecias de un señor deformado que secuestra una
chica, también se habla de una pieza musical, el “Don Juan Triunfante”,
compuesta por el mismo fantasma y que jamás vio la luz. Una pieza musical que
según la persona que relata la historia, es quizás la pieza musical más bella
que jamás había oído. Desafortunadamente, según la novela, nunca quedaron
restos de esa composición y por ello nunca se pudo volver a oír. No olvidemos
este punto del relato.
Cuando vamos a la escuela, en clase de historia nos cuentan
cómo ha avanzado la humanidad, desde que los primeros homínidos bajaron del
árbol para vivir en las praderas, hasta la formación de las primeras colonias,
la transmisión de la cultura y el conocimiento, los diferentes mecanismos de
escritura que han existido, los inventos que han sido creados por manos humanas
hasta la actualidad, y hasta los niños más pequeños se dan cuenta que hemos
avanzado muchísimo en las últimas décadas comparado con cómo se vivía antes.
Otro dato que podemos apreciar son las cifras de analfabetismo
mundial, que en el último siglo se ha reducido exponencialmente hasta las
cifras actuales (86% de alfabetismo mundial).
Tener nociones de lectura y escritura capacita a una persona
de aprender y enseñar de forma más eficaz y simple, y no hace falta ser muy ávido
para darse cuenta que el progreso de la humanidad en los últimos años ha estado
estrechamente ligado a la reducción del analfabetismo mundial.
No obstante, creo que podría ser mejor. Algo me dice que el
hecho o no de ser analfabeto no es lo único que permite a una persona conseguir
alcanzar un objetivo que ciertamente acaba comportando un avance para la
sociedad en su conjunto, y es ahí donde entra el Fantasma de la Ópera, y es que
todo el mundo tiene la típica idea, el típico sueño, o el típico proyecto que
acaba guardado en un cajón porque no se ve capacitado para llevarlo a cabo por
el motivo que sea.
Permitidme volver al ejemplo del Fantasma de la Ópera. Si en
lugar de encerrarse en las más profundas cámaras de la Ópera para ocultar su
deformado rostro, hubiese decidido salir, mostrarse, y demostrar sus
capacidades, seguramente en un principio hubiese contado con el rechazo de la mayoría
de personas que le viesen, pero estoy convencido que una vez demostrase sus
capacidades musicales y de composición, la gente se hubiese rendido a sus pies.
Obviamente es una novela de ficción, pero lo que no es ficción es lo que nos
pasa a todos nosotros.
Todos tenemos miedo a que se nos rechace en algún momento
por alguna idea que es demasiado loca, quizás demasiado transgresora o puede
que incluso inoportuna. Acabamos escribiendo la idea quizás, y la guardamos en
un cajón, puede que con la esperanza que algún día reunamos el suficiente valor
como para hacerla pública. Yo también me he encontrado muchas veces en esa
situación, y es bastante frustrante, porque tengo los cajones llenos de ideas y
cuando quiero hacer limpieza al final acabo desechando algunas de ellas pese a que
pudiesen ser buenas en otro momento y para otras personas. A todas las mentes
inquietas nos pasa.
Ahora, ¿qué pasaría si el primer ser humano hubiese pensado “¿quemar
la carne? ¡Qué barbaridad! ¡Así no habrá quien se la coma!”? ¿Hubiésemos
llegado donde estamos si los impulsores de las revoluciones hubiesen pensado “¿quitar
el poder a los poderosos? ¡Qué locura!”?
Mi teoría es que no. Si somos capaces de tener una idea,
plasmarla y darla a conocer, lo peor que podemos hacer es guardarla en un cajón
para siempre o desecharla como si no tuviese precio alguno. Al ser humano le
hacía y aún le hace falta mejorar sus tasas de alfabetismo, pero también le
hace falta recuperar su fe y confiar en sus ideas.
“Muy listo Omar, pero ¿y si Hitler hubiese guardado sus
ideas nazis en un cajón? ¿No sería este un mundo mejor?”.
La historia es algo que no se puede cambiar, solo podemos
aprender de ella para no repetir los errores del pasado. Punto primero, el
alfabetismo nos llevará a la cultura. Punto segundo, la cultura nos llevará a
aprender del pasado para no cometer los mismos errores. Punto tercero, la fe en
nuestras ideas nos llevará a impulsarlas para hacer de este un mundo mejor. Y
punto cuarto y definitivo, la misma sociedad misma se encargará de corregir las
ideas que no estén en el lugar adecuado y en el momento adecuado, de otro modo
no se avanzaría.
A raíz de los atentados de Bélgica, han vuelto a surgir
voces reclamando respuestas a la pregunta sobre la causa por la que un chico de
aquí de religión musulmana, se radicaliza y mata a gente como él.
“¡Qué huevos hay que tener para que alguien que se ha criado
aquí, acabe matándonos!”
Ante todo, esta entrada no es una justificación en absoluto
de los atentados. Simplemente un vídeo me abrió el apetito de redacción y una
cosa llevó a la otra. No es lo que parece.
“Mi esposa me dijo lo mismo mientras buscaba las llaves del
coche de mi vecino en nuestra cama y tuvo que desnudarse junto a él para no
manchar las sábanas”.
Concretamente el señor del minuto 5:00
Nadie sabe ni por qué ni cómo se han llegado a radicalizar
de ese modo. Bueno, sí, los supuestos expertos afirman que se radicalizan
siendo captados a través de internet, pero antes que alguien se dedicase a
captar a la gente por internet, alguien debía captarlo a él. Ahí algunos
supuestos expertos afirman que fueron captados en mezquitas.
No es por deslegitimar a esos expertos. Obviamente parte de
razón tienen, pero como cargarse internet o cerrar todas las mezquitas no es la
solución, aún nos falta indagar más en el tema para comprender el motivo social
que lleva a esto. Está claro que un mensaje convincente no es el único motivo
por el que alguien va a matar a otros humanos.
“Ya, supongo que como mucho te pueden convencer para votar a
un partido que entre en una guerra y así acabar matando indirectamente”.
Pues bien, os voy a contar una parte de mi vida y espero que
la cojáis con pinzas porque soy muy melodramático con mi biografía. Al acabar
bachiller no entré en la universidad hasta el año siguiente y tuve que hacer un
año sabático, que no fue tan sabático porque estudié inglés, me saqué el
teórico del carnet de conducir, y tuve mucho tiempo para reflexionar acerca de
todo. Para mí fue un año en el que aprendí muchísimas cosas, y aunque suene muy
típico de alguien que justifica su fracaso académico, aprendí cosas que no se
enseñan ni en la escuela ni encontrarás en ningún libro.
Una de mis reflexiones fue la que llamo “Teoría del banco de
peces”. Por aquel entonces solo era una idea que comentaba a algunas personas
de mi entorno, pero no me atreví a plasmarla en papel con una extensa y
metódica explicación hasta años después.
Los peces forman lo que se conoce como “cardumen” o “banco
de peces” cuando se desplazan en grupo a través de kilómetros y kilómetros en
el océano. Esto les proporciona ventajas y desventajas. No obstante, también
hay peces que se aíslan del banco, y estos también tienen ventajas, e
inconvenientes.
La aplicación en la sociedad actual es bien simple y está relacionada
con la marginalidad social. La gente que se aleja de la sociedad, según ellos,
lo hacen por su bien, mientras que verán la sociedad como algo de lo que
alejarse por no poder sacar beneficio de vivir ahí, algo sucio y muy manido. En
cambio, la sociedad los verá como individuos desplazados y marginales, nadie
sabrá por qué se han alejado con lo genial y fabulosa que es la sociedad, y
verá su modo de vida como algo horrendo.
Esta teoría ya la he aplicado en trabajos de la universidad,
y algo me dice que mis profesores creen que estoy loquísimo por inventarme algo
tal que comparar a humanos con peces. Yo creo que, en definitiva, el
comportamiento humano en la sociedad es tan básico que no necesita más que una
comparación así de simple para explicarla. No somos peces, pero tampoco nos
comportamos socialmente como homínidos.
Esta última semana he estado con el equipo de la
Universidad de Girona, en una competición de debate que se disputaba en
Valencia. Concretamente era el capitán, pero al fin de cuentas todos acabamos
asumiendo el rol que hacía falta cuando es necesario, y es aquí donde empieza la historia.
La Universidad de Girona llevaba dos años seguidos llegando
a las semifinales de la competición, y este año nos podíamos dar con un canto
en los dientes si repetíamos por tercera vez las semifinales. Aun así, al
principio de la competición no todo dependía de nosotros, sino que el resto de
equipos también jugaba un papel importante en esta difícil tarea.
Habíamos estado trabajando las líneas argumentales desde
febrero, y el trabajo era evidente en tanto que nunca anulamos ninguna
preparación y nos dedicamos a hincar codos desde el principio. Renunciamos a muchísimas cosas y mucho tiempo para preparar todo. No obstante,
hasta que no estás ahí, delante del público y el jurado, por mucho que prepares
algo, puede que no salga como te lo esperabas.
Habiendo perdido el primer debate os podéis imaginar que los
ánimos del equipo no fueron demasiados, pero sabíamos que por perder un debate
no quedábamos fuera. Era algo que nos podíamos permitir relativamente, y que si
ganábamos el resto de debates podíamos clasificarnos para semis. No dependíamos de nosotros solos, pero podíamos lograrlo.
Y así hicimos. Nos pusimos a trabajar duro en ello toda la
tarde, y trabajamos muchísimo todos los aspectos que habían fallado. Nos
reorganizamos y empezamos a focalizar esfuerzos donde era necesario ponerlos.
Una derrota no acabaría con nosotros.
En esta foto estamos penúltimos, pero luego la URV ganó a la URL y nos avanzó.
Habíamos trabajado mucho y ya no
llegaríamos donde queríamos. Símplemente no podíamos.
Y es aquí donde entra Sam Sagaz:
“Pero henos aquí. Igual que en las
grandes historias, las que realmente importan, llenas de oscuridad y de
constantes peligros, esas de las que no quieres saber el final por que… ¿cómo
van a acabar bien?
Pero al final todo es
pasajero, como estas sombras, incluso la oscuridad se acaba para dar paso a un
nuevo día y cuando el sol brilla, brilla más radiante aún.
Esas son las historias
que llenan el corazón, porque tienen mucho sentido, aun cuando eres demasiado
pequeño para entenderlas, pero creo, que ya lo entiendo, ahora lo entiendo, los
protagonistas de esas historias se rendirían si quisieran, pero no lo hacen, siguen
adelante, porque todos luchan por algo”.
En efecto, todos luchábamos por algo. Éramos un equipo y
equipo íbamos a acabar, así que decidimos acabar la liga de debate de forma
digna pese a no tener posibilidades de llegar a semifinales después de dos
derrotas. Pero el caprichoso destino siempre guarda una última bala en la
recámara, la que los desesperados usan para acabar con su sufrimiento y los
valientes intentan jugar a su favor.
Así pues, esa tarde nos dimos cuenta que, si ganábamos los
dos últimos debates con suficiente diferencia, por una carambola de aquellas
que solo pasan una de cada mil veces, podíamos entrar a semifinales. Esto nos
pilló cuando ya estábamos trabajando para acabar dignamente la liga, y solo
hizo que nos lo tomásemos más enserio. Obviamente éramos conscientes de la
dificultad de algo así. Era una auténtica proeza desbancar a los dos únicos
equipos que habían ganado dos debates y solo habían perdido uno, nosotros que
los dos que habíamos disputado en ese momento, los habíamos perdido. Y como
proeza que era, nosotros simples mortales, no acostumbrados a grandes ni heroicas
gestas, no sabíamos sí podríamos o no.
Y pese a esa desconfianza luchábamos por algo, algunos incluso por alguien, lo cual nos
daba fe para seguir adelante. Además, puede que no confiásemos en nosotros
mismos, pero confiábamos en nuestros compañeros de equipo, y eso es algo de lo
que siempre guardare un buen recuerdo. Un equipo unido, por mucho que pierda,
jamás será vencido.
Pero volvamos a la historia en sí. El mismo jueves teníamos
dos debates, uno por la mañana y otro por la tarde, y estábamos obligados a
ganar los dos con muy buena puntuación, y que como mínimo uno fuese por 3-0 (en
cada debate hay 3 jueces y cada juez emite un veredicto propio, así que uno de
los debates lo debíamos ganar por unanimidad de jueces).
Sí, sí era posible lograr lo que el día antes era
impensable. Del pozo miramos al cielo y pensamos “esas estrellas han de ser
mías”, y avanzamos. Toda la tarde trabajamos en mejorar los argumentos,
arreglar detalles y practicar la oratoria, corregir tics, etc. No nos dimos por
vencidos en ningún momento. Sabíamos que ganar 3-0 a la segunda mejor universidad
del grupo, que había ganado todo y que solo había perdido un debate por un
ajustado resultado, era algo muy y muy difícil, pero para nada imposible, porque
ni antes éramos tan malos, ni ahora éramos tan buenos.
Como capitán me dio la sensación que ganábamos pero que
difícilmente conseguiríamos un 3-0. Ellos eran muy buenos oradores, y eso
dificultaba más la faena de convencer al jurado que nosotros éramos mejores en
el debate. Cuán fue mi sorpresa cuando el cabeza de jueces nos dio las
puntuaciones y vi obrada la gesta. Habíamos ganado 3-0 y pasábamos a
semifinales. En ese momento mantuve la mente fría, saludé a la capitana rival,
le di la enhorabuena por el trabajo que habían hecho durante la liga, y
felicité al equipo rival por el trabajo hecho. Realmente lo hice con completa
sinceridad. Cuando pierdes, es cuando valoras el trabajo que cuesta ganar, y
cuando luego ganas, entiendes por lo que pasa el rival al perder. Es otra de
las lecciones que aprendimos en esta liga.
Al llegar donde mis compañeros, exploté en júbilo. Lo
habíamos logrado. Habíamos superado la fría y oscura noche, y el sol empezaba a
brillar. La sensación era indescriptible. Todos lo habíamos pasado mal, y en
ese momento toda la tensión de los últimos días se acabó liberando en una
explosión de felicidad. Felicidad en equipo, que se disfruta más y mejor.
Volvimos al hotel, preparamos la semifinal (que además nos
tocaba con nuestros amigos de la Universidad Jaume I a quienes mando un saludo desde aquí), y fuimos a dormir
pronto. Sabíamos que el camino había sido duro, pero que aún nos faltaba un
último paso, quizás el más duro.
Nos levantamos temprano. Era la última jornada de liga de
debate, y pasase lo que pasase, ya habíamos logrado lo imposible, aquello por
lo que cualquiera hubiese tirado la toalla. Nosotros no. Teníamos la ilusión de ver al sol brillar con más fuerza después de la noche oscura.
Sin trampa ni cartón, superamos las adversidades y lo hicimos juntos, dejando atrás los reproches y trabajando unidos, remando en una misma dirección, como en las mejores películas. Aquellas en las que salen equipos cuyos miembros son distintos entre sí pero se complementan a la perfección. Aquellas películas en las que los protagonistas fracasan pero lejos de rendirse, vuelven a intentarlo, y muchas veces pese a darlo todo, vuelven a fracasar, pero no se rinden, porque tienen las agallas para seguir luchando porque tienen un objetivo claro.
Mis 30 segundos de gloria en la entrega de premios.
Y puede que después de tomar otra vez la determinación de luchar, vuelvan a fracasar, pero lo seguirán intentando hasta agotar todas las posibilidades, esforzándose hasta el límite de sus fuerzas, hasta que finalmente logran el objetivo. Es entonces cuando miras atrás y te das cuenta que valió la pena. Todo aquello que perdiste por el camino, todo aquello que invertiste en ello, todo lo que sacrificaste y todo en lo que te apoyaste. Todo eso valió la pena porque lo has logrado, y puede que no logres lo máximo, pero si consigues superar a tu yo de ayer, ya estarás listo para mañana, poder superar a tu yo de hoy.
Porque en una competición, superas a equipos rivales (y en este caso amigos), pero el
más grande rival eres tú, y superarse a uno mismo es la mayor proeza que se
puede lograr, tanto en una liga de debate como en la vida en sí.
Pd: Otra de las cosas que he aprendido en mi paso por la liga de debate es que no es racional quejarse de los jueces, porque eso es algo que no se puede cambiar. Es como intentar mover una montaña porque te obstaculiza el paso. Lo más inteligente es rodearla, o en el caso de los jueces, cambiar tu argumento, que en definitiva es lo único que se puede hacer. Si los estudias al detalle y mejoras tu técnica y argumentación hasta la perfección, por mucha antipatía que provoques al juez, acabará aceptando tus argumentos.
Como en el fútbol, quejarse de los árbitros es poco inteligente, lo suyo es entrenar más. El resto son escusas que nos ponemos a nosotros mismos para justificar nuestra pereza o nuestra falta de motivación.
Prometí a un buen amigo que dedicaría una entrada del blog a
este vídeo, y por eso esta semana toca faena doble.
Pero como toda buena historia, empezaré por el principio.
Llevo en YouTube casi 10 años de diversos modos. Ya en mi
adolescencia, me dedicaba a subir vídeos de series a un canal que ahora cuenta
con más de mil suscriptores y más de un millón de visitas. Ahí es donde empecé,
pero lo abandoné durante un tiempo hasta que hace 4 años recuperé mi afición
por los vídeos.
Fue entonces cuando un buen amigo me invitó a usar
determinados programas de edición ya que yo empecé usando el After Effects, y
quien sepa un poco del tema sabrá que ese programa lo usan los profesionales
para hacer efectos especiales guay. El caso es que me pasé al Adobe Premiere y
la verdad, bien contento que estoy.
Hace 3 años y medio, abrí mi segundo canal de YouTube, donde
empecé a subir vídeos propios editados, y fui aprendiendo paso a paso cómo
mejorar. Aparte de un par de tutoriales, todo mi aprendizaje sobre edición de
vídeos ha sido por experiencia, cosa que se aprecia mucho si comparamos mis
primeros vídeos del canal, con los actuales, y eso vamos a ver.
Pero el tema que nos trae aquí hoy no es la historia de cómo
aprendí a editar, sino otra historia. Una sobre drogas. O más bien sobre un
concurso de cortometrajes contra las drogas.
Hace ahora 3 años que participé por primera vez en el 2do
concurso de cortos contra las drogas de “TuPunto” con el vídeo “Draw Her Life –
Si bebes no conduzcas”.
Todo fue porque me enteré una mañana en Twitter que mi universidad estaba
adherida a ese concurso, y me dije “¡qué cojones!”. Así es como empiezan todas
las grandes historias, con un “¡qué cojones!”.
Ese año no gané nada, pero conseguí muchas visitas y muy
buenas críticas que podéis ver en los comentarios. Con esa carrerilla y esa
experiencia, me decidí al año siguiente a participar al 3er concurso de cortos.
En ese concurso decidí hacer algo más elaborado e hice el vídeo “Alter Locus”
que en latín significa algo así como “Otro Lugar” y donde hago de chico con
múltiples adicciones que queda inconsciente, sueña con que habla consigo mismo,
y luego despierta y bueno… aquí lo podéis ver.
Tampoco gané ese año, pero me di cuenta que el trabajo había valido la pena
tan solo por la experiencia obtenida.
Al año siguiente pensé que podría hacer algo más corto y con
un mensaje más claro, así que decidí hacer algo más sencillo y con algún toque
de humor, así fue como creé el “Jajaja no”.
Ni que decir queda que no gané nada, pero tampoco estuvo mal para
demostrarme que aún tenía guerra por dar.
Y así fue como ese año, después de mucho pensar, muchas
noches en vela y estrujarme el cerebro, se me ocurrió un guion de vídeo un
tanto diferente. Ya que ganar no es posible porque vivimos en un mundo cruel y
tampoco es que me haga más ilusión que simplemente plasmar lo que tenía en la
cabeza, me decidí a hacer el “Mi Punto” para el 5to concurso de cortos. Mi
última participación en el concurso.
Esta vez necesitaría a mucha gente para, grabar, opinar y
testar el vídeo. El trabajo ha durado meses, y el esfuerzo de edición ha sido
realmente duro. Seguramente se puedan mejorar muchas cosas, pero por mi parte,
me doy con un canto en los dientes. Estoy realmente contento del resultado, y
nada me llena más que haber podido compartir un proceso como este con tanta
gente que me ha ayudado tanto y de forma desinteresada.
Actores impresionantes, opiniones críticas inmejorables, y
realmente buenos consejos. Creo que con todo eso y la más buena de mis
intenciones, me puedo despedir del concurso con un buen punto. Mi punto, y
vuestro punto. ¡Gracias a todos los que habéis colaborado! ¡No ganaré pero me llevo algo más valioso!
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Si habéis llegado hasta aquí, seré sincero con vosotros, que os lo merecéis. El objetivo de este vídeo no es ganar. Ni tan solo es aprender a grabar ni a editar. El objetivo de principal de mi última participación en ese concurso es quejarme de la bazofia sin sentido que se hace una vez y otra, para concienciar a los jóvenes que no se droguen. Lo hace gente que no tiene ni idea de por qué se drogan ni qué son las drogas realmente, y pretenden explicar a alguien que sí sabe lo que son las drogas (parcialmente), qué creen ellos que son las drogas.
El vídeo muestra diferentes visiones de cómo ha de ser un corto contra las drogas, desde la más empírica sobre teorías de aprendizaje, a las más usadas usando las emociones como canal para llegar al espectador, como otras que prefieren crear vínculos de proximidad a partir de parecidos con la realidad, incluso quien piensa que el mensaje ha de ser subliminal para acabar alterando la idea sobre las drogas de la gente, o los que prefieren usar el humor o el humor sin límite. Hasta los que creen que el mensaje ha de quedar claro (aunque no sepan cual ha de ser el mensaje ni si es el más indicado). Con toda esa mezcla de tendencias a la hora de hacer vídeos, se acaba olvidando el principal motivo por el que hacerlo.
El principal mal en este sentido es la ignorancia, tanto del que se droga como del que le dice que no se drogue, y la solución no pasa por hacer un vídeo emotivo, triste, gracioso o informativo. Da igual si el mensaje está claro o es subliminal. El verdadero punto clave es hacer entender que para no drogarse, o para educar en la salud, o sacar a alguien de las drogas, lo que realmente hace falta, lo que necesita, lo que implora una situación como esta, es INFORMACIÓN Y CONOCIMIENTO.
Vivimos en la era de la
comunicación y estamos incomunicados, siendo así inconscientes de lo que pasa
en nuestro alrededor, de los dramas, los problemas de nuestros vecinos y las
vidas de nuestros allegados más allá de lo que nos muestran.
Dicho esto, os muestro un vídeo:
Este espeluznante vídeo que
acabamos de ver es uno más de los vídeos sobre “Ana y Mía” (Anorexia y Bulimia)
que podemos encontrar en YouTube. Básicamente lo que podemos encontrar en su
mayoría, son vídeos con consejos sobre cómo ser anoréxica o bulímica, cosa que
obviamos como algo ilegal a más no poder, pero que sigue ahí, como la pornografía
infantil, los ciber-acosadores, etc.
Pero no estamos aquí para hablar
de todos los males de internet, porque ya hay gente que se dedica a
perseguirlos y denunciarlos a las autoridades. Ya existen héroes anónimos en internet
que dedican su tiempo libre a cazar a ese tipo de plagas, peses a que son pocos y en
ocasiones no cuentan con suficiente apoyo gubernamental.
El caso del que vengo hablar es el
de “Ana y Mía”. ¿Cómo puede ser que un portal como YouTube tolere que existan
canales como el que hemos visto anteriormente, con una cantidad de suscriptores
remarcable y que sin duda logran repercusión mediática?
“Bueno, la libertad de expresión…
Ya… Tal…”.
¿Quién con dos dedos de frente
permite que existan vídeos en su portal que dan consejos para enfermar de algo
que puede llevar a la muerte, y luego se dedica a censurar vídeos que muestran relativa
desnudez, o simplemente dicen palabras malsonantes?
No son pocos los canales que nos
muestran vídeos de este tipo:
Y así podría seguir horas y horas
desgranando los canales favoritos de cada una de las anteriores referencias
hasta esquematizar un entramado de canales cuyos vídeos repugnarían a muchos.
“Vale Omar, ¿qué pretendes con
esta entrada?”.
Os explico. El objetivo de esto
no humillar a la gente que ve este tipo de vídeos, ni denunciarlos a las
autoridades, ni tan solo decirles que lo que hacen está mal. No creo en el
aprendizaje de ese modo. Lo que realmente pretendo es que veáis que, internet
es muy grande. Demasiado. Y no es un lugar seguro para gente que no se
cuestiona las cosas.
Lo que quieren las personas que
realizan esos vídeos son dos cosas. La primera, hacer que más gente tenga el
mismo problema que ellas, siguiendo el principio de “mal de muchos, consuelo de
tontos”. Para eso se aprovechan de los valores preconcebidos de la sociedad por
los cuales una princesa ha de ser delgada y cuanto más delgada, mejor (véase el
ejemplo de Barbie).
La segunda intención es llamar la
atención y sentirse el centro de algo, que la gente la siga y claro, como la
otra gente le valora positivamente, ellas también se valorarán así. Son
personas sin autoestima, y sin autoestima seguirán hasta que no se den cuenta
del verdadero valor de los seres humanos, que trasciende lo visual.
Para concluir me gustaría acabar
con una reflexión. La solución no es cerrar esos canales. La solución puede pasar por borrar vídeos, pero los canales no deben ser cerrados. Esos canales han de
servir como nexo para llegar a la gente con esos problemas en concreto, y crear
ahí contenido para girar la tortilla y explicarles que los consejos ahí
aportados no son los adecuados.
Ahora mismo que estoy escribiendo esto son las 10 de la
noche y lo que me pide el cuerpo es estirarme en la cama a dormir. Me he pasado
todo el día haciendo cosas que debía hacer y por las cuales sé ciertamente que
vale la pena luchar. He dado todo lo que he podido para lograrlo, y para
lograrlo todo, y no solo gastar todo el esfuerzo en algo para abandonar otras
cosas que a mi entender valen la pena también.
“Bueno, va, cuéntame algo que me interese”.
Todos hemos tenido la sensación de haber tenido un día muy
largo y hemos percibido la necesidad del cuerpo de descansar. Pero al
estirarnos en la cama en ocasiones acabamos leyendo o mirando el móvil cuando
podríamos estar haciendo otras cosas para mejorar nuestro día a día. Os propongo algo (sin erótico resultado).
Pensad cada noche que os tumbéis a dormir, si lo que habéis
hecho ese día ha valido la pena. Pensad si repetiríais todos y cada uno de los
gestos, frases y acciones, si tomaríais las mismas decisiones y si cargaríais con el
peso de las responsabilidades que habéis asumido.
Pensad también en por qué habéis elegido lo que habéis
elegido, y si creéis que quizás había otras opciones. Recordad los momentos que
os han angustiado y si quizás era tan angustiante como en realidad lo habéis
percibido en ese momento.
Luego meditad sobre los objetivos a largo término que tenéis
y si lo que vais a hacer mañana es más de lo mismo. Si mañana va a valer la
pena, o si vais a introducir cambios a partir de lo que habéis aprendido hoy.
Y, por último. Pensad el por qué vale la pena lo que hacéis.
“Ya está idealizando las vidas de la gente el irresponsable
este…”.
Muchas veces cuando indagas en las causas que lleva a la
gente a tomar la decisión de estudiar algo o trabajar de algo, acabas
descubriendo que lo que realmente sueñan, sus ambiciones y sus metas no tienen
nada que ver con lo que hacen en su día a día. Están centrando sus esfuerzos
diarios en hacer algo sin saber por qué lo hacen.
Ojo, no digo que solo se pueda trabajar de lo que has soñado
siempre. No pretendo que ahora la gente que trabaja de reponedora en el
supermercado empiece a dejar sus empleos para iniciar sus carreras de
futbolistas o diseñador de moda. No quisiera que el señor Mercadona o la señora Lidl me viniesen a buscar a casa para culparme de su incapacidad para encontrar mano de obra barata.
En la vida hay que tener muy claros los objetivos por los
cuales nos movemos y debemos tener unas metas bien definidas. Si no, somos como
un barco sin rumbo que simplemente de deja llevar por el viento, es decir,
acabamos trabajando en algo que no nos gusta por un motivo que ya hemos
olvidado.
Una vez hice un taller de autoconocimiento y al margen de
las amistades que saqué de ahí, solo me dejó una cosa muy clara y no era
precisamente lo que enseñaba la persona que lo dirigía.
Aunque te digan que no te conoces, si sabes qué quieres y
por qué lo quieres, ya sabes quien eres.
Lamentablemente toca volver a hacer una entrada en esta
serie de blogs sobre el conflicto en el próximo oriente, y probablemente, por desgracia
tocará volver a hacer más de estas entradas en el futuro, incluso si fuesen
buenas noticias.
El caso es que, actualmente estamos en un clima bastante
crispado y tenemos ante nosotros un círculo que se retroalimenta, pero vamos
por pasos que os lo voy a explicar lentamente.
Conocemos que, en Siria e Irak, un grupo terrorista llamado “DAESH”
ha ocupado un territorio y lo ha hecho llamar “Estado Islámico”. Estos
terroristas, en nombre de Dios y manipulando a su antojo textos de hace siglos,
cometen atrocidades de las que muchas personas huyen. A esas personas se añaden
las que huyen de la guerra civil siria (a raíz de la “primavera árabe” de la
que hablé en el primer episodio de esta serie de blogs), y también de
Afganistán y los talibanes. Y cuando digo “huyen”, me refiero a que escapan con
lo primero que agarran de su casa, se pegan centenares de kilómetros a pie,
otros tantos en bus, etc. Muchas veces arriesgan sus vidas para llegar a un
campo de concentración de inmigrantes embarrado donde la lluvia encharca todo.
Por nuestra parte, los europeos no los queremos aquí. Ni en
un campo de concentración, ni en las calles. Somos así de guapos todos, que los
refugiados ensucian mucho la imagen de nuestro país, además que cometen muchos
delitos y nuestro país es católico de siempre, como van a venir estos
musulmanes moros a invadirnos no hombre no que dices que no me da la gana un
Cid hace falta ya está bien encima les pagamos toma ya estamos pagando su
comida y sus mantas que rabia que trabajen hombre vienen a quitarnos el
trabajoblablablabla.
“Me siento reflejado en algunas de esas cosas que has dicho”.
Mal por ti, voz cursiva. Pero iremos desgranando la
situación poco a poco.
A este coctel, añadiremos que Europa decidió pagar a Turquía
para que se quedase con los refugiados, que Turquía por su parte se dedica a
bombardear al ejercito kurdo en posiciones de Siria e Irak, es decir, que
Europa está pagando las bombas que Turquía lanza a los kurdos.
Unos kurdos que están luchando contra el DAESH, es decir,
contra el causante de todo. Así pues, Turquía está ayudando al DAESH cuando se
carga a sus enemigos, y Europa está financiando a Turquía para que haga esto, a
cambio de que se quede con los refugiados.
Pero por si fuera poco, dos días después de la detención
del cerebro de los atentados en París, Salah Abdeslam, Bélgica, lugar de la
detención del terrorista, sufre su peor atentado terrorista con más de treinta
víctimas mortales y cientos de heridos. Que dices, “¿no se habían preparado
para evitar posibles represalias?”. Ni idea, my friend.
Pero añadamos más leña al fuego. Los partidos de la extrema
derecha tienen la excusa perfecta para alimentar la islamofobia creciente a raíz
del éxodo de refugiados, con la excusa que son terroristas, o pueden serlo, y
que mejor no tenerlos aquí. La clave de esto la encontramos en Twitter, donde
encontrábamos el “Trending Topic” (tendencia destacada) #StopIslam, con
mensajes xenófobos y bastante racistas. Que no pasa nada, eh. Cada uno con sus
problemas psicológicos y su falta de cariño.
“A mí no me gustan tus blogs y no por eso hago “trendins
topis” de esos contra ti”.
Pero pensemos en el círculo. Los refugiados huyen de las
atrocidades del DAESH a Europa. En Europa se encuentran las puertas de los
gobiernos cerradas, y los expulsan a Turquía. Turquía quiere dinerito para
tenerlos concentrados en barrizales (porque claro, no los vayas a poner en un
sitio donde se sientan estables y seguros, que luego se sentirán humanos). Con
ese dinerito, aprovecha y compra bombas a… no sé… ¿Estados Unidos? Para matar
kurdos mientras estos luchan contra el DAESH. Así el DAESH no encuentra
oposición a su paso, y ocupa territorios. La gente huye a Latakia (ciudad
portuaria de Siria) por ejemplo, pillan un barco y se van a Grecia. Ahí son
deportados a Turquía. Esta recibirá dinerito…
Mientras, recordemos que los autores de los atentados son
europeos, con pasaporte europeo y vida europea. Son gente como tú, querido
lector, y como yo (bueno, como yo no, olviden eso agentes del CNI). No son
refugiados. Su problema fue otro, concretamente el de no sentirse parte de una
sociedad que no les reconocía como parte de esa sociedad. Redundante, lo sé.
Toda la entrada habla de redundancias.
En definitiva. Como veis, el conflicto cada vez se complica
más. Casi que la única noticia positiva que podemos sacar de todo esto es el
alto al fuego que hay en Siria por el momento, y que cuelga de un hilo. A ver
qué acaba pasando…