miércoles, 18 de mayo de 2016

La amorosa teoría del coche fantástico de Omar Habbab


Hoy vengo con una entrada sobre el amor porque sí, en este blog también se habla del amor. He hecho en la segunda entrada, recuerdo haber intentado formular una serie de frases para ligar parafraseando a Mao Zedong.

Como ya comenté en la anterior entrada, yo por cosas de la vida, realicé un año sabático en el cual pude reflexionar sobre diversas cuestiones relacionadas con la sociedad y el rol que jugamos las personas en ella. Anteriormente he hablado de mi teoría de “El Banco de Peces”, y hoy os traigo amor.

“Bueno, yo como lector crítico que soy he de decir que tú dando lecciones de amor, suena raro”.

Todo empieza con un sueño que tuve en el cual una chica me decía una frase muy interesante. Es decir, no me la decía nadie. Era mi subconsciente que se inventó todo. No sé por qué, siempre suelo soñar y francamente, mis sueños suelen ser ciertamente reales, así que parecen películas. De hecho, muchos de los vídeos que he hecho a lo largo de mi experiencia en YouTube, están basados en ideas de sueños que he tenido.

Pero volviendo al sueño en cuestión. Esa chica que, de hecho, nunca llegó a existir, me dijo “el amor no es ciego, el amor te ciega”.

La frase es cuanto menos curiosa porque reformula de algún modo la idea que siempre hemos tenido pululando en el subconsciente colectivo sobre la ceguera del amor, que todo el mundo se puede enamorar de todo el mundo y esas cosas que parecen más bien sacadas de la película “Love Story” pero sin ese final tan… ¿Cómo decirlo sin hacer spoiler…? Tan curioso.

Aquí hay que hacer previamente dos consideraciones a esta premisa básica de “el amor es ciego”. Creo, y aquí vierto mi opinión personal, que para llegarte a enamorar de alguien o algo (y aquí abro un paréntesis para explicar que una persona también se puede enamorar de su trabajo, de alguna afición o de su casa, por ejemplo), primero te ha de gustar la persona o cosa. Es decir, que aquello conocido como “amor a primera vista” no existe. Es una mera invención para justificar el “por qué” de que algo nos guste en la primera impresión, y todos sabemos que la primera impresión es muy importante.

Una vez aclarada la diferencia entre “amor” y “gustar”, queda patente que el amor no puede ser ciego pues en la línea temporal, previamente a enamorarse, ha de gustarte eso, y sin conocimiento para poder decir "me gusta", no puede saber si quieres estar con esa persona o dedicarte a eso. Por poner un ejemplo, antes de decir "me gustan las patatas chips", has de haber comido patatas chips. De igual modo antes de llegar a decir "me pasaría toda la vida comiendo patatas chips", te han de gustar las patatas chips, porque las has de haber probado. Pero, y aquí viene la parte importante de la cuestión, ¿qué pasa si lo que te gusta tiene defectos, pero prefieres sus cosas buenas a sus cosas malas?

Una vez que ya has visto que algo te gusta, y a partir de ahí has conocido más en profundidad el tema o la persona en cuestión, es cuando te enamoras. Ahí es cuando el amor te ciega y hace que los defectos de la cosa o persona pasen a segundo plano. No los dejarás de ver ni percibir, pero preferirás centrarte solo en sus cosas buenas, a no ser que descubras algo terriblemente malo, cosa que desequilibrará ligeramente ese pensamiento hasta incluso romperlo todo y acabar con esa “ceguera parcial”.

Pero con tantos conceptos es realmente fácil liarse. Voy a poner un ejemplo.

“Sería de agradecer la verdad. Me está costando pillar tus sueños de nini”.

Ha salido un nuevo modelo de coche y tú lo miras en una revista de coches, en YouTube o en cualquier web donde ofrezcan sus prestaciones. Y cuando lo ves, te gusta. Algún analfabeto lo llamaría “amor a primera vista”. Incluso algún infeliz que no hubiese leído esta entrada de blog pensaría “vaya, con lo que gasta ese coche, está claro que el amor es ciego”.

Vas al concesionario, y lo pruebas, verificas que te gustaba y lo compras. A partir de ahí vives tu idilio amoroso con tu coche. Has de pagar su combustible, lo cual te deja arruinado, pero como estás enamorado del coche, pues no pasa nada. Hasta renuncias a pagar tus alimentos, el colegio de tus hijos o la hipoteca, por tal de mantener tu amorío. En ocasiones hay que sacrificarse por tal de disfrutar en pareja (aunque tu pareja tenga más plástico en las ruedas que Pamela Anderson).

Y ahí reside el problema. ¿En qué momento el perjuicio que aguantas por amor, acaba siendo superado por tus expectativas previas, haciéndote una persona infeliz?


Es ahí donde llegamos al principio de la teoría. El amor no es ciego, el amor te ciega, y en ocasiones tanto que acaba sobrepasando el lindar de la infelicidad. 

domingo, 8 de mayo de 2016

La reflexiva teoría de la canción jamás cantada, de Omar Habbab


Hará algo más de 5 años, leí “El fantasma de la ópera”. En ese libro, más allá de las peripecias de un señor deformado que secuestra una chica, también se habla de una pieza musical, el “Don Juan Triunfante”, compuesta por el mismo fantasma y que jamás vio la luz. Una pieza musical que según la persona que relata la historia, es quizás la pieza musical más bella que jamás había oído. Desafortunadamente, según la novela, nunca quedaron restos de esa composición y por ello nunca se pudo volver a oír. No olvidemos este punto del relato.

Cuando vamos a la escuela, en clase de historia nos cuentan cómo ha avanzado la humanidad, desde que los primeros homínidos bajaron del árbol para vivir en las praderas, hasta la formación de las primeras colonias, la transmisión de la cultura y el conocimiento, los diferentes mecanismos de escritura que han existido, los inventos que han sido creados por manos humanas hasta la actualidad, y hasta los niños más pequeños se dan cuenta que hemos avanzado muchísimo en las últimas décadas comparado con cómo se vivía antes.

Otro dato que podemos apreciar son las cifras de analfabetismo mundial, que en el último siglo se ha reducido exponencialmente hasta las cifras actuales (86% de alfabetismo mundial).

Tener nociones de lectura y escritura capacita a una persona de aprender y enseñar de forma más eficaz y simple, y no hace falta ser muy ávido para darse cuenta que el progreso de la humanidad en los últimos años ha estado estrechamente ligado a la reducción del analfabetismo mundial.

No obstante, creo que podría ser mejor. Algo me dice que el hecho o no de ser analfabeto no es lo único que permite a una persona conseguir alcanzar un objetivo que ciertamente acaba comportando un avance para la sociedad en su conjunto, y es ahí donde entra el Fantasma de la Ópera, y es que todo el mundo tiene la típica idea, el típico sueño, o el típico proyecto que acaba guardado en un cajón porque no se ve capacitado para llevarlo a cabo por el motivo que sea.

Permitidme volver al ejemplo del Fantasma de la Ópera. Si en lugar de encerrarse en las más profundas cámaras de la Ópera para ocultar su deformado rostro, hubiese decidido salir, mostrarse, y demostrar sus capacidades, seguramente en un principio hubiese contado con el rechazo de la mayoría de personas que le viesen, pero estoy convencido que una vez demostrase sus capacidades musicales y de composición, la gente se hubiese rendido a sus pies. Obviamente es una novela de ficción, pero lo que no es ficción es lo que nos pasa a todos nosotros.

Todos tenemos miedo a que se nos rechace en algún momento por alguna idea que es demasiado loca, quizás demasiado transgresora o puede que incluso inoportuna. Acabamos escribiendo la idea quizás, y la guardamos en un cajón, puede que con la esperanza que algún día reunamos el suficiente valor como para hacerla pública. Yo también me he encontrado muchas veces en esa situación, y es bastante frustrante, porque tengo los cajones llenos de ideas y cuando quiero hacer limpieza al final acabo desechando algunas de ellas pese a que pudiesen ser buenas en otro momento y para otras personas. A todas las mentes inquietas nos pasa.

Ahora, ¿qué pasaría si el primer ser humano hubiese pensado “¿quemar la carne? ¡Qué barbaridad! ¡Así no habrá quien se la coma!”? ¿Hubiésemos llegado donde estamos si los impulsores de las revoluciones hubiesen pensado “¿quitar el poder a los poderosos? ¡Qué locura!”?

Mi teoría es que no. Si somos capaces de tener una idea, plasmarla y darla a conocer, lo peor que podemos hacer es guardarla en un cajón para siempre o desecharla como si no tuviese precio alguno. Al ser humano le hacía y aún le hace falta mejorar sus tasas de alfabetismo, pero también le hace falta recuperar su fe y confiar en sus ideas.

“Muy listo Omar, pero ¿y si Hitler hubiese guardado sus ideas nazis en un cajón? ¿No sería este un mundo mejor?”.

La historia es algo que no se puede cambiar, solo podemos aprender de ella para no repetir los errores del pasado. Punto primero, el alfabetismo nos llevará a la cultura. Punto segundo, la cultura nos llevará a aprender del pasado para no cometer los mismos errores. Punto tercero, la fe en nuestras ideas nos llevará a impulsarlas para hacer de este un mundo mejor. Y punto cuarto y definitivo, la misma sociedad misma se encargará de corregir las ideas que no estén en el lugar adecuado y en el momento adecuado, de otro modo no se avanzaría.


Esa es la teoría de la canción jamás cantada.

La sosa y aburrida teoría del banco de peces de Omar Habbab


A raíz de los atentados de Bélgica, han vuelto a surgir voces reclamando respuestas a la pregunta sobre la causa por la que un chico de aquí de religión musulmana, se radicaliza y mata a gente como él.

“¡Qué huevos hay que tener para que alguien que se ha criado aquí, acabe matándonos!”

Ante todo, esta entrada no es una justificación en absoluto de los atentados. Simplemente un vídeo me abrió el apetito de redacción y una cosa llevó a la otra. No es lo que parece.

“Mi esposa me dijo lo mismo mientras buscaba las llaves del coche de mi vecino en nuestra cama y tuvo que desnudarse junto a él para no manchar las sábanas”.

Concretamente el señor del minuto 5:00 
Nadie sabe ni por qué ni cómo se han llegado a radicalizar de ese modo. Bueno, sí, los supuestos expertos afirman que se radicalizan siendo captados a través de internet, pero antes que alguien se dedicase a captar a la gente por internet, alguien debía captarlo a él. Ahí algunos supuestos expertos afirman que fueron captados en mezquitas.

No es por deslegitimar a esos expertos. Obviamente parte de razón tienen, pero como cargarse internet o cerrar todas las mezquitas no es la solución, aún nos falta indagar más en el tema para comprender el motivo social que lleva a esto. Está claro que un mensaje convincente no es el único motivo por el que alguien va a matar a otros humanos.

“Ya, supongo que como mucho te pueden convencer para votar a un partido que entre en una guerra y así acabar matando indirectamente”.

Pues bien, os voy a contar una parte de mi vida y espero que la cojáis con pinzas porque soy muy melodramático con mi biografía. Al acabar bachiller no entré en la universidad hasta el año siguiente y tuve que hacer un año sabático, que no fue tan sabático porque estudié inglés, me saqué el teórico del carnet de conducir, y tuve mucho tiempo para reflexionar acerca de todo. Para mí fue un año en el que aprendí muchísimas cosas, y aunque suene muy típico de alguien que justifica su fracaso académico, aprendí cosas que no se enseñan ni en la escuela ni encontrarás en ningún libro.

Una de mis reflexiones fue la que llamo “Teoría del banco de peces”. Por aquel entonces solo era una idea que comentaba a algunas personas de mi entorno, pero no me atreví a plasmarla en papel con una extensa y metódica explicación hasta años después.

Los peces forman lo que se conoce como “cardumen” o “banco de peces” cuando se desplazan en grupo a través de kilómetros y kilómetros en el océano. Esto les proporciona ventajas y desventajas. No obstante, también hay peces que se aíslan del banco, y estos también tienen ventajas, e inconvenientes.

La aplicación en la sociedad actual es bien simple y está relacionada con la marginalidad social. La gente que se aleja de la sociedad, según ellos, lo hacen por su bien, mientras que verán la sociedad como algo de lo que alejarse por no poder sacar beneficio de vivir ahí, algo sucio y muy manido. En cambio, la sociedad los verá como individuos desplazados y marginales, nadie sabrá por qué se han alejado con lo genial y fabulosa que es la sociedad, y verá su modo de vida como algo horrendo.

Esta teoría ya la he aplicado en trabajos de la universidad, y algo me dice que mis profesores creen que estoy loquísimo por inventarme algo tal que comparar a humanos con peces. Yo creo que, en definitiva, el comportamiento humano en la sociedad es tan básico que no necesita más que una comparación así de simple para explicarla. No somos peces, pero tampoco nos comportamos socialmente como homínidos. 

domingo, 1 de mayo de 2016

Samsagaz y la liga de debate


Esta última semana he estado con el equipo de la Universidad de Girona, en una competición de debate que se disputaba en Valencia. Concretamente era el capitán, pero al fin de cuentas todos acabamos asumiendo el rol que hacía falta cuando es necesario, y es aquí donde empieza la historia.

La Universidad de Girona llevaba dos años seguidos llegando a las semifinales de la competición, y este año nos podíamos dar con un canto en los dientes si repetíamos por tercera vez las semifinales. Aun así, al principio de la competición no todo dependía de nosotros, sino que el resto de equipos también jugaba un papel importante en esta difícil tarea.

Habíamos estado trabajando las líneas argumentales desde febrero, y el trabajo era evidente en tanto que nunca anulamos ninguna preparación y nos dedicamos a hincar codos desde el principio. Renunciamos a muchísimas cosas y mucho tiempo para preparar todo. No obstante, hasta que no estás ahí, delante del público y el jurado, por mucho que prepares algo, puede que no salga como te lo esperabas.

Así pasó, el primer debate lo perdimos, y por poca diferencia, pero lo perdimos. La Universidad Politécnica de Valencia hizo un muy buen debate. Para entender la importancia del asunto, hay que comprender la estructura de la liga de debate de la que hablo. Consiste en una competición con dos grupos de liguilla, de siete equipos cada grupo. Los dos primeros equipos mejor posicionados se clasifican para las semifinales, y por cada fase de grupos, cada equipo ha de competir en 4 debates, de manera que un equipo con dos derrotas tiene prácticamente imposible clasificarse.

Habiendo perdido el primer debate os podéis imaginar que los ánimos del equipo no fueron demasiados, pero sabíamos que por perder un debate no quedábamos fuera. Era algo que nos podíamos permitir relativamente, y que si ganábamos el resto de debates podíamos clasificarnos para semis. No dependíamos de nosotros solos, pero podíamos lograrlo.

Y así hicimos. Nos pusimos a trabajar duro en ello toda la tarde, y trabajamos muchísimo todos los aspectos que habían fallado. Nos reorganizamos y empezamos a focalizar esfuerzos donde era necesario ponerlos. Una derrota no acabaría con nosotros.

Al día siguiente tuvimos el segundo debate. Y sí, volvimos a perder por un estrecho margen, esta vez contra la Universidad Pompeu Fabra. Imaginad la impotencia, la rabia y la tristeza de nuestras caras. Clasificarse para semifinales ya parecía imposible y lo más sencillo y sensato era bajar los brazos.

En esta foto estamos penúltimos, pero luego la URV ganó a la URL y nos avanzó.

Habíamos trabajado mucho y ya no llegaríamos donde queríamos. Símplemente no podíamos. 


Y es aquí donde entra Sam Sagaz:

“Pero henos aquí. Igual que en las grandes historias, las que realmente importan, llenas de oscuridad y de constantes peligros, esas de las que no quieres saber el final por que… ¿cómo van a acabar bien?
Pero al final todo es pasajero, como estas sombras, incluso la oscuridad se acaba para dar paso a un nuevo día y cuando el sol brilla, brilla más radiante aún.

Esas son las historias que llenan el corazón, porque tienen mucho sentido, aun cuando eres demasiado pequeño para entenderlas, pero creo, que ya lo entiendo, ahora lo entiendo, los protagonistas de esas historias se rendirían si quisieran, pero no lo hacen, siguen adelante, porque todos luchan por algo”.

En efecto, todos luchábamos por algo. Éramos un equipo y equipo íbamos a acabar, así que decidimos acabar la liga de debate de forma digna pese a no tener posibilidades de llegar a semifinales después de dos derrotas. Pero el caprichoso destino siempre guarda una última bala en la recámara, la que los desesperados usan para acabar con su sufrimiento y los valientes intentan jugar a su favor.

Así pues, esa tarde nos dimos cuenta que, si ganábamos los dos últimos debates con suficiente diferencia, por una carambola de aquellas que solo pasan una de cada mil veces, podíamos entrar a semifinales. Esto nos pilló cuando ya estábamos trabajando para acabar dignamente la liga, y solo hizo que nos lo tomásemos más enserio. Obviamente éramos conscientes de la dificultad de algo así. Era una auténtica proeza desbancar a los dos únicos equipos que habían ganado dos debates y solo habían perdido uno, nosotros que los dos que habíamos disputado en ese momento, los habíamos perdido. Y como proeza que era, nosotros simples mortales, no acostumbrados a grandes ni heroicas gestas, no sabíamos sí podríamos o no.

Y pese a esa desconfianza luchábamos por algo, algunos incluso por alguien, lo cual nos daba fe para seguir adelante. Además, puede que no confiásemos en nosotros mismos, pero confiábamos en nuestros compañeros de equipo, y eso es algo de lo que siempre guardare un buen recuerdo. Un equipo unido, por mucho que pierda, jamás será vencido.

Pero volvamos a la historia en sí. El mismo jueves teníamos dos debates, uno por la mañana y otro por la tarde, y estábamos obligados a ganar los dos con muy buena puntuación, y que como mínimo uno fuese por 3-0 (en cada debate hay 3 jueces y cada juez emite un veredicto propio, así que uno de los debates lo debíamos ganar por unanimidad de jueces).

El debate de la mañana fue contra los amigos de la Universidad de Islas Baleares, una gente con ideas originales, que además tenían buena capacidad de oratoria y su argumento tenía buenos puntos. Por nuestra parte, habíamos practicado muchísimo la oratoria y habíamos perfilado al mínimo detalle el argumento. Ese debate al final lo ganamos 2-1. El resultado nos obligaba a ganar el de la tarde por 3-0, pero el hecho de pasar de ser colistas de grupo con ninguna victoria, a jugarnos el pase a semifinales en un solo debate, consiguiendo así igualar el mejor resultado de nuestra universidad en la competición, nos dio el refuerzo anímico que nos faltaba para acabar de afrontar las últimas horas previas al debate.

Sí, sí era posible lograr lo que el día antes era impensable. Del pozo miramos al cielo y pensamos “esas estrellas han de ser mías”, y avanzamos. Toda la tarde trabajamos en mejorar los argumentos, arreglar detalles y practicar la oratoria, corregir tics, etc. No nos dimos por vencidos en ningún momento. Sabíamos que ganar 3-0 a la segunda mejor universidad del grupo, que había ganado todo y que solo había perdido un debate por un ajustado resultado, era algo muy y muy difícil, pero para nada imposible, porque ni antes éramos tan malos, ni ahora éramos tan buenos.

Empezamos el debate contra la Universidad Ramón Llull, y casualmente el argumento del rival era similar al nuestro pero opuesto, y con menos explicaciones, ejemplos y metáforas. Ellos no se lo esperaban, nosotros tampoco, pero íbamos a muerte a por la única luz de esperanza en la oscura cueva en la que nos encontrábamos.

Como capitán me dio la sensación que ganábamos pero que difícilmente conseguiríamos un 3-0. Ellos eran muy buenos oradores, y eso dificultaba más la faena de convencer al jurado que nosotros éramos mejores en el debate. Cuán fue mi sorpresa cuando el cabeza de jueces nos dio las puntuaciones y vi obrada la gesta. Habíamos ganado 3-0 y pasábamos a semifinales. En ese momento mantuve la mente fría, saludé a la capitana rival, le di la enhorabuena por el trabajo que habían hecho durante la liga, y felicité al equipo rival por el trabajo hecho. Realmente lo hice con completa sinceridad. Cuando pierdes, es cuando valoras el trabajo que cuesta ganar, y cuando luego ganas, entiendes por lo que pasa el rival al perder. Es otra de las lecciones que aprendimos en esta liga.

Al llegar donde mis compañeros, exploté en júbilo. Lo habíamos logrado. Habíamos superado la fría y oscura noche, y el sol empezaba a brillar. La sensación era indescriptible. Todos lo habíamos pasado mal, y en ese momento toda la tensión de los últimos días se acabó liberando en una explosión de felicidad. Felicidad en equipo, que se disfruta más y mejor.

Volvimos al hotel, preparamos la semifinal (que además nos tocaba con nuestros amigos de la Universidad Jaume I a quienes mando un saludo desde aquí), y fuimos a dormir pronto. Sabíamos que el camino había sido duro, pero que aún nos faltaba un último paso, quizás el más duro.

Nos levantamos temprano. Era la última jornada de liga de debate, y pasase lo que pasase, ya habíamos logrado lo imposible, aquello por lo que cualquiera hubiese tirado la toalla. Nosotros no. Teníamos la ilusión de ver al sol brillar con más fuerza después de la noche oscura.
El debate de la semifinal fue muy reñido y desde el público no sabía sinceramente quien iba a ganar. Imaginad la sorpresa cuando me dijeron los jueces que nos daban la victoria a nosotros. Después de tanto trabajo y tantas penurias, llegamos a la final. La final de la competición de la que hacía apenas 24 horas éramos colistas absolutos. Increíble.

La final la perdimos contra la Universidad Pompeu Fabra y acabamos siendo subcampeones con un resultado igualado, disfrutando de la final como nunca, y con la gesta ya hecha,el sol había salido, y brillaba como nunca había brillado en Girona. Conseguimos aquello que cualquiera hubiese calificado de “imposible”. Habíamos escrito el final que todo cuento con un principio terrible, oscuro y tenebroso, pero con gente maravillosa en él, merece. Luchamos por lo que queríamos, y lo logramos.

Sin trampa ni cartón, superamos las adversidades y lo hicimos juntos, dejando atrás los reproches y trabajando unidos, remando en una misma dirección, como en las mejores películas. Aquellas en las que salen equipos cuyos miembros son distintos entre sí pero se complementan a la perfección. Aquellas películas en las que los protagonistas fracasan pero lejos de rendirse, vuelven a intentarlo, y muchas veces pese a darlo todo, vuelven a fracasar, pero no se rinden, porque tienen las agallas para seguir luchando porque tienen un objetivo claro.

Mis 30 segundos de gloria en la entrega de premios.

Y puede que después de tomar otra vez la determinación de luchar, vuelvan a fracasar, pero lo seguirán intentando hasta agotar todas las posibilidades, esforzándose hasta el límite de sus fuerzas, hasta que finalmente logran el objetivo. Es entonces cuando miras atrás y te das cuenta que valió la pena. Todo aquello que perdiste por el camino, todo aquello que invertiste en ello, todo lo que sacrificaste y todo en lo que te apoyaste. Todo eso valió la pena porque lo has logrado, y puede que no logres lo máximo, pero si consigues superar a tu yo de ayer, ya estarás listo para mañana, poder superar a tu yo de hoy.

Porque en una competición, superas a equipos rivales (y en este caso amigos), pero el más grande rival eres tú, y superarse a uno mismo es la mayor proeza que se puede lograr, tanto en una liga de debate como en la vida en sí.

Así pues, esta historia, como conté el jueves en el desayuno a mis compañeros, cuando aún estábamos en el fondo del pozo, la contaré a mis nietos algún día. Porque sí, los brazos nunca hay que bajarlos, y mientras haya un resquicio de vida, habrá una esperanza a la que agarrarse. 

Pd: Otra de las cosas que he aprendido en mi paso por la liga de debate es que no es racional quejarse de los jueces, porque eso es algo que no se puede cambiar. Es como intentar mover una montaña porque te obstaculiza el paso. Lo más inteligente es rodearla, o en el caso de los jueces, cambiar tu argumento, que en definitiva es lo único que se puede hacer. Si los estudias al detalle y mejoras tu técnica y argumentación hasta la perfección, por mucha antipatía que provoques al juez, acabará aceptando tus argumentos. 

Como en el fútbol, quejarse de los árbitros es poco inteligente, lo suyo es entrenar más. El resto son escusas que nos ponemos a nosotros mismos para justificar nuestra pereza o nuestra falta de motivación.

sábado, 23 de abril de 2016

“Mi punto” – 5to concurso de cortos contra las drogas


Prometí a un buen amigo que dedicaría una entrada del blog a este vídeo, y por eso esta semana toca faena doble.

Pero como toda buena historia, empezaré por el principio.

Llevo en YouTube casi 10 años de diversos modos. Ya en mi adolescencia, me dedicaba a subir vídeos de series a un canal que ahora cuenta con más de mil suscriptores y más de un millón de visitas. Ahí es donde empecé, pero lo abandoné durante un tiempo hasta que hace 4 años recuperé mi afición por los vídeos.

Fue entonces cuando un buen amigo me invitó a usar determinados programas de edición ya que yo empecé usando el After Effects, y quien sepa un poco del tema sabrá que ese programa lo usan los profesionales para hacer efectos especiales guay. El caso es que me pasé al Adobe Premiere y la verdad, bien contento que estoy.

Hace 3 años y medio, abrí mi segundo canal de YouTube, donde empecé a subir vídeos propios editados, y fui aprendiendo paso a paso cómo mejorar. Aparte de un par de tutoriales, todo mi aprendizaje sobre edición de vídeos ha sido por experiencia, cosa que se aprecia mucho si comparamos mis primeros vídeos del canal, con los actuales, y eso vamos a ver.

Pero el tema que nos trae aquí hoy no es la historia de cómo aprendí a editar, sino otra historia. Una sobre drogas. O más bien sobre un concurso de cortometrajes contra las drogas.

Hace ahora 3 años que participé por primera vez en el 2do concurso de cortos contra las drogas de “TuPunto” con el vídeo “Draw Her Life – Si bebes no conduzcas”.
Todo fue porque me enteré una mañana en Twitter que mi universidad estaba adherida a ese concurso, y me dije “¡qué cojones!”. Así es como empiezan todas las grandes historias, con un “¡qué cojones!”.

Ese año no gané nada, pero conseguí muchas visitas y muy buenas críticas que podéis ver en los comentarios. Con esa carrerilla y esa experiencia, me decidí al año siguiente a participar al 3er concurso de cortos. En ese concurso decidí hacer algo más elaborado e hice el vídeo “Alter Locus” que en latín significa algo así como “Otro Lugar” y donde hago de chico con múltiples adicciones que queda inconsciente, sueña con que habla consigo mismo, y luego despierta y bueno… aquí lo podéis ver. 
Tampoco gané ese año, pero me di cuenta que el trabajo había valido la pena tan solo por la experiencia obtenida.

Al año siguiente pensé que podría hacer algo más corto y con un mensaje más claro, así que decidí hacer algo más sencillo y con algún toque de humor, así fue como creé el “Jajaja no”. 
Ni que decir queda que no gané nada, pero tampoco estuvo mal para demostrarme que aún tenía guerra por dar.

Y así fue como ese año, después de mucho pensar, muchas noches en vela y estrujarme el cerebro, se me ocurrió un guion de vídeo un tanto diferente. Ya que ganar no es posible porque vivimos en un mundo cruel y tampoco es que me haga más ilusión que simplemente plasmar lo que tenía en la cabeza, me decidí a hacer el “Mi Punto” para el 5to concurso de cortos. Mi última participación en el concurso.

Esta vez necesitaría a mucha gente para, grabar, opinar y testar el vídeo. El trabajo ha durado meses, y el esfuerzo de edición ha sido realmente duro. Seguramente se puedan mejorar muchas cosas, pero por mi parte, me doy con un canto en los dientes. Estoy realmente contento del resultado, y nada me llena más que haber podido compartir un proceso como este con tanta gente que me ha ayudado tanto y de forma desinteresada.

Actores impresionantes, opiniones críticas inmejorables, y realmente buenos consejos. Creo que con todo eso y la más buena de mis intenciones, me puedo despedir del concurso con un buen punto. Mi punto, y vuestro punto. ¡Gracias a todos los que habéis colaborado! ¡No ganaré pero me llevo algo más valioso!

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Si habéis llegado hasta aquí, seré sincero con vosotros, que os lo merecéis. El objetivo de este vídeo no es ganar. Ni tan solo es aprender a grabar ni a editar. El objetivo de principal de mi última participación en ese concurso es quejarme de la bazofia sin sentido que se hace una vez y otra, para concienciar a los jóvenes que no se droguen. Lo hace gente que no tiene ni idea de por qué se drogan ni qué son las drogas realmente, y pretenden explicar a alguien que sí sabe lo que son las drogas (parcialmente), qué creen ellos que son las drogas.

El vídeo muestra diferentes visiones de cómo ha de ser un corto contra las drogas, desde la más empírica sobre teorías de aprendizaje, a las más usadas usando las emociones como canal para llegar al espectador, como otras que prefieren crear vínculos de proximidad a partir de parecidos con la realidad, incluso quien piensa que el mensaje ha de ser subliminal para acabar alterando la idea sobre las drogas de la gente, o los que prefieren usar el humor o el humor sin límite. Hasta los que creen que el mensaje ha de quedar claro (aunque no sepan cual ha de ser el mensaje ni si es el más indicado). Con toda esa mezcla de tendencias a la hora de hacer vídeos, se acaba olvidando el principal motivo por el que hacerlo.

El principal mal en este sentido es la ignorancia, tanto del que se droga como del que le dice que no se drogue, y la solución no pasa por hacer un vídeo emotivo, triste, gracioso o informativo. Da igual si el mensaje está claro o es subliminal. El verdadero punto clave es hacer entender que para no drogarse, o para educar en la salud, o sacar a alguien de las drogas, lo que realmente hace falta, lo que necesita, lo que implora una situación como esta, es INFORMACIÓN Y CONOCIMIENTO.




miércoles, 13 de abril de 2016

Tips para Ana y Mía. El drama silenciado



Vivimos en la era de la comunicación y estamos incomunicados, siendo así inconscientes de lo que pasa en nuestro alrededor, de los dramas, los problemas de nuestros vecinos y las vidas de nuestros allegados más allá de lo que nos muestran.
Dicho esto, os muestro un vídeo:

Este espeluznante vídeo que acabamos de ver es uno más de los vídeos sobre “Ana y Mía” (Anorexia y Bulimia) que podemos encontrar en YouTube. Básicamente lo que podemos encontrar en su mayoría, son vídeos con consejos sobre cómo ser anoréxica o bulímica, cosa que obviamos como algo ilegal a más no poder, pero que sigue ahí, como la pornografía infantil, los ciber-acosadores, etc.
Pero no estamos aquí para hablar de todos los males de internet, porque ya hay gente que se dedica a perseguirlos y denunciarlos a las autoridades. Ya existen héroes anónimos en internet que dedican su tiempo libre a cazar a ese tipo de plagas, peses a que son pocos y en ocasiones no cuentan con suficiente apoyo gubernamental.

El caso del que vengo hablar es el de “Ana y Mía”. ¿Cómo puede ser que un portal como YouTube tolere que existan canales como el que hemos visto anteriormente, con una cantidad de suscriptores remarcable y que sin duda logran repercusión mediática?

“Bueno, la libertad de expresión… Ya… Tal…”.

¿Quién con dos dedos de frente permite que existan vídeos en su portal que dan consejos para enfermar de algo que puede llevar a la muerte, y luego se dedica a censurar vídeos que muestran relativa desnudez, o simplemente dicen palabras malsonantes?

No son pocos los canales que nos muestran vídeos de este tipo:

-          “Anorexic Crazy” https://www.youtube.com/channel/UCS4xftzk49Oz7PAHQVjXBBA/feed
-          “Pretty Dolls”: https://www.youtube.com/channel/UCGYt9lEiVRzBti6f7WE2e_A/feed

Y así podría seguir horas y horas desgranando los canales favoritos de cada una de las anteriores referencias hasta esquematizar un entramado de canales cuyos vídeos repugnarían a muchos.

“Vale Omar, ¿qué pretendes con esta entrada?”.

Os explico. El objetivo de esto no humillar a la gente que ve este tipo de vídeos, ni denunciarlos a las autoridades, ni tan solo decirles que lo que hacen está mal. No creo en el aprendizaje de ese modo. Lo que realmente pretendo es que veáis que, internet es muy grande. Demasiado. Y no es un lugar seguro para gente que no se cuestiona las cosas.

Lo que quieren las personas que realizan esos vídeos son dos cosas. La primera, hacer que más gente tenga el mismo problema que ellas, siguiendo el principio de “mal de muchos, consuelo de tontos”. Para eso se aprovechan de los valores preconcebidos de la sociedad por los cuales una princesa ha de ser delgada y cuanto más delgada, mejor (véase el ejemplo de Barbie).

La segunda intención es llamar la atención y sentirse el centro de algo, que la gente la siga y claro, como la otra gente le valora positivamente, ellas también se valorarán así. Son personas sin autoestima, y sin autoestima seguirán hasta que no se den cuenta del verdadero valor de los seres humanos, que trasciende lo visual.

Para concluir me gustaría acabar con una reflexión. La solución no es cerrar esos canales. La solución puede pasar por borrar vídeos, pero los canales no deben ser cerrados. Esos canales han de servir como nexo para llegar a la gente con esos problemas en concreto, y crear ahí contenido para girar la tortilla y explicarles que los consejos ahí aportados no son los adecuados.

Dicho esto, os invito a opinar sobre el tema. 

jueves, 31 de marzo de 2016

¿Por qué vale la pena?


Ahora mismo que estoy escribiendo esto son las 10 de la noche y lo que me pide el cuerpo es estirarme en la cama a dormir. Me he pasado todo el día haciendo cosas que debía hacer y por las cuales sé ciertamente que vale la pena luchar. He dado todo lo que he podido para lograrlo, y para lograrlo todo, y no solo gastar todo el esfuerzo en algo para abandonar otras cosas que a mi entender valen la pena también.

“Bueno, va, cuéntame algo que me interese”.

Todos hemos tenido la sensación de haber tenido un día muy largo y hemos percibido la necesidad del cuerpo de descansar. Pero al estirarnos en la cama en ocasiones acabamos leyendo o mirando el móvil cuando podríamos estar haciendo otras cosas para mejorar nuestro día a día.  Os propongo algo (sin erótico resultado).

Pensad cada noche que os tumbéis a dormir, si lo que habéis hecho ese día ha valido la pena. Pensad si repetiríais todos y cada uno de los gestos, frases y acciones, si tomaríais las mismas decisiones y si cargaríais con el peso de las responsabilidades que habéis asumido.

Pensad también en por qué habéis elegido lo que habéis elegido, y si creéis que quizás había otras opciones. Recordad los momentos que os han angustiado y si quizás era tan angustiante como en realidad lo habéis percibido en ese momento.

Luego meditad sobre los objetivos a largo término que tenéis y si lo que vais a hacer mañana es más de lo mismo. Si mañana va a valer la pena, o si vais a introducir cambios a partir de lo que habéis aprendido hoy.

Y, por último. Pensad el por qué vale la pena lo que hacéis.

“Ya está idealizando las vidas de la gente el irresponsable este…”.

Muchas veces cuando indagas en las causas que lleva a la gente a tomar la decisión de estudiar algo o trabajar de algo, acabas descubriendo que lo que realmente sueñan, sus ambiciones y sus metas no tienen nada que ver con lo que hacen en su día a día. Están centrando sus esfuerzos diarios en hacer algo sin saber por qué lo hacen.

Ojo, no digo que solo se pueda trabajar de lo que has soñado siempre. No pretendo que ahora la gente que trabaja de reponedora en el supermercado empiece a dejar sus empleos para iniciar sus carreras de futbolistas o diseñador de moda. No quisiera que el señor Mercadona o la señora Lidl me viniesen a buscar a casa para culparme de su incapacidad para encontrar mano de obra barata.

En la vida hay que tener muy claros los objetivos por los cuales nos movemos y debemos tener unas metas bien definidas. Si no, somos como un barco sin rumbo que simplemente de deja llevar por el viento, es decir, acabamos trabajando en algo que no nos gusta por un motivo que ya hemos olvidado.
 
Una vez hice un taller de autoconocimiento y al margen de las amistades que saqué de ahí, solo me dejó una cosa muy clara y no era precisamente lo que enseñaba la persona que lo dirigía.


Aunque te digan que no te conoces, si sabes qué quieres y por qué lo quieres, ya sabes quien eres.